Genero: Fantasía Oscura/Realismo/Humor/Drama

#52RetosLiterup


Los muertos no cuentan cuentos.


La muerte puede llegar a ser confusa, sobre todo cuando mueres dentro de un túnel del metro luego de un derrumbe.

Laura siempre se quejó de la forma en que su ciudad había sido construida, y tal parece que las entrañas de la propia metrópoli le respondieron "¡Ah! ¿Eso crees? Está bien, toma".

Pero el colmo no era haber muerto aplastada, como al menos, otras cien personas, dentro de un bloque de metal cuyo único trabajo era llevarla a la universidad.

No, lo indignante de verdad, era el trato en el más allá, que te dan los servicios públicos no dista mucho del trato que recibes en vida en el IMSS*, esperando que te atiendan.

Y es que no podía creer que en México fuéramos tan ratas, como para aun después de muertos andar robándole a la "Parca" su guadaña, y dejar a la pobre esperando que sus superiores le digan qué hacer con un grupo tan grande espíritus esperando que los guie al Mitlan**.

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Al parecer, ese día las parcas estaban hasta el tope de trabajo, pues hubo un siniestro grave en toda la ciudad de México, tanto Laura como otros fantasmas exigieron ver a sus familiares que hayan sobrevivido la catástrofe; pero "la Parca", les dijo claramente, con aquella extraña voz en off que Laura no sabía exactamente de donde provenía y simplemente oía en su cabeza:

"No puedo dejarles salir del metro en ruinas sin advertencia, si salen del lugar del que murieron me temo que ya no poder llevarles al Mitlan y se volverán almas en pena"

A muchos pareció darles igual, vagar por la eternidad en la misma delegación por la eternidad; pero a Laura, aquella situación empezó a estresarla.

¿Vagar por la eternidad en las calles de una de las delegaciones más feas de la ciudad, o ir a ver si su familia estaba bien por un par de minutos? He ahí un verdadero dilema, no como Hamlet y sus pendejadas.

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¡Aquella era la idea más idiota y brillante que había oído desde que esa mañana decidió irse en metro a la escuela!

Pero al tener más puntos buenos que malos, le daría una oportunidad.

El pequeño grupo de gente con el que se juntó, que de hecho consistían en una enfermera muy chaparrita, como de cuarenta años; un compañero de la facultad, al que nunca le había hablado; la prima de su ex novio, la cual resulto no ser rubia natural; un metalero de segunda, quien parecía decepcionado de que no hubiera un infierno en el mas allá; y un señor que parecía estar a punto de entrar a su tercera edad, con traje todo muy elegante y estereotípico de un trabajo de oficina bien pagado.

Por alguna razón todo ellos parecían encontrar interesante la idea de la prima de su ex. Lorena.

Y bueno, la verdad Laura estaba en el grupito porque no quería estar sola en el mas allá, y Lorena era la única cara conocida en la otra vida.

La dichosa idea consistía en buscar entre las ruinas de la línea del metro, la guadaña de la parca, para que pudiera empezar a mandarlos al Mitlan. Si la encontraban, posiblemente La Parca no sería tan mamona y los pasaría sin problemas.

Laura no tenía suficientes bases para debatir esa lógica.

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Poco después de que inicio su expedición por aquellas cavernas que alguna vez fueron los túneles del metro de la ciudad de México; se habían vuelto extrañamente aterradoras, incluso para un grupo de fantasmas como ellos.

Y es que, al menos Laura, tenía esa sensación de sentirse observada y perseguida; como si hubiera algo pisándole los talones y asechando entre los escombros y la oscuridad.

Muy pronto se dio cuenta que no era la única de los presentes que sufría aquella "paranoia", y trataron de hacer platica para tranquilizarse.

Muy pronto conoció los nombres e identidades de sus acompañantes, como el señor Godínez*** de casi tercera edad, que realmente se apellidaba Godínez, y que tenía una hija unos cinco años más que ella, y tenía una nieta recién nacida, por suerte ellas vivían en Guadalajara, por lo que no había gran problema; también estaba el joven metalero, que se presentó como Toño Fernández, y que el día anterior había cumplido treinta años; casualmente, Lorena también se apellida Fernández, tanto de primer como segundo apellido, y ninguno de los dos tenía relación alguna con el otro; la enfermera, era una madre de un par de gemelos de doce años, se llamaba Guadalupe Estrada, y se puso a llorar antes de poder decirles con palabras coherentes su segundo apellido.

Y mentirían al decir que el llanto no se contagiaba.

Laura de pronto quiso desviarse para ir a ver a sus papas, y a sus hermanos.

Ella era la más chica delos siete hermanos, pero la única hija del matrimonio de los papas; quienes ya estaban muy grandes, y francamente no sabía cómo le vendría esta noticia a su papá, que estaba muy delicado del corazón.

Don Godínez también empezó a llorar, y luego se les unieron los dos Fernández al mismo tiempo.

No pudieron parar hasta que la luz blanca y potente de una ¿linterna? Los deslumbro en la oscuridad y un grito los hizo girarse. Aquella nueva voz, era aún más tétrica y profunda que la de la parca que había ido a recoger sus almas al metro.

Aquella voz sonaba... casi humana.

De hecho es que era aquel "casi" el que los aterraba, porque ahí había algo que los hacía sentir escalofríos, cuando se supone que ya no podían estar más fríos.

"¿Están perdidos?"

¿Conocen ese momento en que una luz te deslumbra, pero luego de pestañear un poco tus ojos se acostumbran a la luz y empiezas a ver todo claramente?

Bien, pues por más que Laura y los demás trataran de llegar al punto en el que ya todo se veía claramente ante aquella interna cegadora, que parecía apuntarles directo en la cara, ninguno lograba hacer que sus ojos se adaptaran. ¿Sería un efecto secundario de la muerte? ¿Aquello realmente era una linterna?

"¿Quién eres?". Pregunto Guadalupe, esperando recibir respuesta, al igual que todos.

No supo identificar el sonido que el aludido dio como respuesta, acaso ¿chasqueo la lengua?, la verdad no importaba, porque el sonido importante fue aquel que imitaba a un cascabel, aquellas pisadas rápidas de un animal que corre deprisa.

Y la luz apagándose de golpe.

Fue cuando los gritos empezaron, inicialmente de susto… luego oyó claramente como los gritos de auxilio empezaban y cada uno de ellos parecía haber intentado escapar de algo.

Aquello era una cacería y ellos las presas.

¡¿QUÉ DEMONIOS HABÍA AHÍ?!

No tuvo mucho tiempo para hacer el intento de esconderse, porque pronto algo la agarro de las piernas y la tumbo sobre un suelo empapado de agua, y empezó a arrastrarla clavando las garras más largas que pudo haber imaginado en sus piernas.

Grito como loca, y se retorcía sin saber cómo soltarse.

Era instinto de supervivencia.

Y de pronto solo oyó el silbido de viento cuando lo cortas con algo afilado, y algo pesado cayó al suelo.

Ya no la jalaban y juro ver una silueta con una guillotina en mano.

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"Es lo más estúpido que he escuchado"

Había dicho Sicarú, la parca que los había salvado de las creaturas que los habían atacado en el metro, respecto al plan de Lorena y la Guadaña. Porque, bueno, desgraciadamente solo salvaron a Don Godínez, Lorena y Laura.

"Creímos que…"

Sicarú no dejo que Lorena terminara de explicarse, y mientras los guiaba de vuelta al lugar donde murieron, empezó a hablar.

"El problema querida novata, es que las guadañas de las parcas no pueden ser levantadas por un espíritu cualquiera, y a menos que alguno de ustedes hubiera tenido alguna habilidad sobrenatural en vida de la que quieran comentarme, aun si hubieran encontrado la dichosa guadaña, no tendrían la fuerza para levantarla si quiera"

Sicarú miro a Lorena de reojo, o al menos esa fue la impresión que le dio a Laura, la verdad es que el hecho de que tanto su iris como su pupila fueran negros; además de ponerla nerviosa, también la desconcertaba.

Sicarú, desconociendo estos pensamientos, prosiguió con aquella pequeña explicación del "la otra vida".

"La razón por la que la parca que los encontró les ordeno que no salieran de su recinto no tiene nada que ver con que ya no puedan pasar al otro lado, eso fue más por cuestiones de organización; cuando los envíen al Milán, y alguien no está cuando se lleve a cabo la ceremonia, será el equivalente a haber perdido un avión y no poder comprar otro boleto en mucho tiempo, e incluso puede que nunca más tengan esa oportunidad…"

"Como Toño y Guadalupe"

Dijo Laura en un audible susurro. Los cuatro se detuvieron un segundo, y Sicarú asintió con la cabeza.

"Como Toño y Guadalupe" Dijo Sicarú, dándole la razón a Laura. Lorena gimió conteniendo el llanto; ignorándola, Sicarú decidió responder la pregunta que seguía en el aire, la que los tres apensumbrados espíritus que había salvado querían saber y al mismo tiempo les aterraba enterarse.

"Cachinipas"****

"¿Que?"

Pregunto confundido Don Godinez, a los que Sicarú detuvo su marcha y les miró con el ceño fruncido, parecía irritado.

"Las cosas que los atacaron, se llaman Cachinipas, y lo único que deben saber sobre ellos es que buscan devorar las almas perdidas de la gente; y si su parca no les hablo de ellos, es porque posiblemente no esperaba que fueran tan idiotas como para arriesgarse a un eternidad en el limbo, ya tenían suficiente en haber muerto como lo hicieron, no necesitaban enterarse de lo que había al otro lado."

Sicarú dio por finalizado el sermón, y siguió caminando entre los escombros subterráneos usando su guadaña como bastón.

Los tres espíritus le siguieron en silencio, pues no era como si quisieran saber más.

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Cuando regresaron al desastroso lugar, una serie de luces de colores rojizos y aire nocturno hizo que Laura pensara que habían llegado justamente en el momento del hechizo y apresuro el paso; pero en realidad se encontró con… humanos.

Humanos, paramédicos, bomberos, cuerpos de rescate, sacando cadáveres y civiles que solo querían ayudar; todos estaban sacando piedras, cadáveres y heridos.

Mientras los fantasmas veían aquella operación, algunos se divertían echando porras; otros, inspeccionaban morbosamente los cadáveres buscándose; e incluso, había quienes seguían a los heridos que conocían.

"Tal parece que no iremos al Mitlan hoy"

Dijo Laura volteándose a ver a Sicarú, quien se cruzó de brazos, y la miro alzando una ceja.

"¿Por qué crees que estoy aquí?"

Sicarú y la primera parca se saludaron y empezaron a reunir a los fantasmas, de repente Laura se sentía apurada y desesperada; si ya se iban…

"Espera, yo… ¡Quiero despedirme!"

Las dos parcas se voltearon a verla mientras varios de los espíritus corrían la voz de que todo el mundo debía agruparse; entre el gentilito, Laura sintió las dos voces de las parcas en su cabeza, segura que solo ella podía escucharlos.

"No eres la única, lo siento pero no hay excepciones"

No pudo decir nada, porque antes de que pudiera reclamarles algo, una luz cegadora y blanca se expandió por todo el recinto y la devoró, como a todas las almas que se encontraban en el lugar.

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Se despertó de repente, bañada en sudor, sintiendo que no podía respirar y tratando de ver en la oscuridad cuando sus ojos trataban de ajustarse a esta, gracias a que las primeras luces matutinas se colaban por las ventanas, y unas pocas siluetas de la habitación cobraron sentido para ella.

Aquella no era su habitación.

Aquella era una… ¿habitación de hospital?

No podía incorporarse, pero parecía estar cubierta en vendas, parecía que sus terminaciones nerviosas no le respondían, y que no podía girar el cuello.

Unas lágrimas cayeron por los ojos de Lorena, no sabía porque, tenía la desagradable sensación de haber sido dejada atrás.

¿FIN?


Reto #41: Acabar un relato con "un sueño de Resines".


GLOSARIO:

*IMSS: Institución Mexicana del Seguro Social.

**MITLAN: Inframundo Azteca. (No existe división entre el cielo o el infierno y todas las almas acaban en el mismo lugar, a menos que hayan alcanzado un nivel de sabiduría superior, en ese último caso Quetzazltcoalt u algún otro dios lo recibirá en alguno de sus paraísos; algo así como invitado V.I.P a un olimpo solo para dioses).

***Godínez: Es un apellido mexicano, que en los últimos años también se convirtió en un apodo para referirse a los oficinistas.

****Cachinipas: Criaturas de la mitología azteca. Dentro del folklore mesoamericano los Cachinipas eran espíritus malignos que tendían a perjudicar a los humanos.