Estoy un poco lastimado, pero no estoy muerto. Me recostaré para sangrar un rato.
Luego me levantaré a pelear de nuevo.
-John Dryden

Hay días en los que el cielo llueve como si alguien le hubiera roto el corazón, y en esos días, cuando la lluvia moja los recuerdos, es difícil que las lágrimas no mojen las mejillas.

Hay noches en las que las estrellas están apagadas, como si alguien las hubiera decepcionado, y en esas noches, cuando la oscuridad cubre el firmamento, es difícil que la penumbra no cubra los pensamientos.

Te sumerges en un pozo profundo y aparentemente sin fondo, tratas de salir, pero es tan difícil, tan doloroso, y te preguntas si sirve de algo tratar de subir cuando sabes perfectamente que una vez en la cima volverás a caer, con más fuerza que la vez anterior.

Tal vez no sirva de nada, tal vez lo único que consigas es herirte más, pero es así como funciona.

Así es la vida.

La vida te derriba, te pone de rodillas, te aprieta la columna vertebral y presiona cruelmente contra tu corazón. Te encoges y sientes que te vas a romper. Pero te enojas, Te das fuerza a ti mismo y te convences de que vale la pena, así que aprietas los dientes, encuentras una razón. Una razón para continuar.
Entonces te levantas

Y entonces te levantas, preparado para otro impacto, listo para caer y para tratar de subir de nuevo, y así en un bucle infinito.

Tú decides; puedes dejarte arrastrar hasta el fondo y quedarte ahí, o luchar por llegar a la cima sin importar lo complicado de la escalada, sin importar lo lejano de la meta.
Tal vez nunca puedas llegar, pero lo habrás intentado, y eso es lo que en verdad importa.

Es inevitable caer, pero es decisión de cada uno hacer algo al respecto.

Entonces te levantas.