Corría, notaba sus miradas sobre mí, pero seguía corriendo, aun sabiendo que era inútil, solo jugaban conmigo, ellos eran más veloces, y más fuertes.

Más rápido, me estaban alcanzando, notaba su respiración sobre mi nuca, los vellos de mi cuerpo erizándose mientras suprimía un escalofrío. Tomé una bocanada de aire mientras, obviando el dolor de mis piernas desnudas, me esforzaba por correr aún más rápido. Nunca había sido una gran deportista, aunque jamás imaginé encontrarme en una situación como esta, una rama golpeó mi mejilla al pasar junto a un enorme fresno, ¿dónde demonios me encontraba? Las ramas y la piedras herían mis pies mientras yo corría con todas mis fuerzas por este bosque que parecía no tener fin, miré durante un segundo hacia el cielo, sólo para encontrarme con más ramas y hojas, las copas de los árboles eran tan altas y espesas que ni siquiera la luz podía pasar a través de ellas, ni si quiera podía saber en qué franja horaria me encontraba.

Un aullido hizo que me parara en seco, había sonado cerca, debía correr más rápido, retomé el ritmo que llevaba diciéndome a mí misma que no podía parar, escuchara lo que escuchara, viera lo que viera, tenía que continuar, no quería volver allí, no, por favor, no otra vez. Pero, ¿qué era 'allí'? Ni siquiera recordaba lo que me habían hecho, no sabía si quería recordarlo tampoco, lo único que sabía era que no debía volver, tenía que seguir corriendo, no importaba nada más. Un borrón negro en mi visión periférica hizo que girara mi cabeza a la derecha, no había nada, y de repente, estaba cayendo, parecía haber una especie de hoyo en mi camino, y yo había caído en él.

El sabor salado de las lágrimas hizo que me percatara de que estaba llorando, ¿cuánto tiempo llevaba haciéndolo? No lo sabía, intenté levantarme solo para descubrir que me había torcido el tobillo, notaba la zona ardiendo, solo esperaba no tener nada roto, yo no era ningún médico, y aunque lo fuese, dudaba que pudiera hacer algo estando en medio de un bosque, saqué fuerzas de donde no tenía y me levanté, subí, cojeando, la cuesta para salir del hoyo, y después corrí de nuevo, mi paso se veía aletargado debido a la cojera, pero eso no hizo que mis esperanzas murieran, podía oír sus risas en mis oídos, en mi cabeza, pero ya no sentía sus miradas sobre mí, ¿había conseguido perderles la pista?

Seguí mi camino, podía ver luz, furtiva, colándose entre los árboles que había ante mí, me dirigí hacia allí, corrí como pude hasta que los rayos de luz cegaron mis ojos, parpadeé para adaptarme a la luz del sol, solo para encontrarme que, ante mí, se hallaba un enorme acantilado, no sabía cuánta altura podría haber entre el mar y el suelo a mis pies, ¿50, 60, 70 metros? ¿Mar? Donde yo vivía no había ninguna costa cercana, no por primera vez volvía preguntarme ¿dónde estaba?

Un gruñido hizo que lentamente girara sobre mi propio eje solo para encontrarme tras de mí, y frente a la hilera de enormes árboles de los que yo, deduje, había salido un enorme perro… no, lobo, un lobo negro, tenía el hocico hacia atrás mientras me enseñaba los dientes y gruñía, instintivamente di un paso hacia atrás, ¿qué estaba pasando? El acantilado a mis espaldas impedía que me moviera más, y cuando me di cuenta, el lobo había saltado hacia mí, empujándome, y haciendo que ambos cayéramos por el precipicio, no pude reprimir el aterrorizado gritó que escapó de mis labios, caía cada vez con más velocidad, miré a mi alrededor, pero el lobo ya no estaba, cerré mis ojos con fuerza, ¿no había caído él también? Sí, era imposible que hubiera conseguido quedarse arriba mientras ella caía, ella lo había visto, lo había agua cada vez se encontraba más cerca, lo sentía, y justo cuando estaba a punto de golpearla, abrí mis ojos y desperté.

Me incorporé en la cama jadeando, mirando a mi alrededor, todo parecía normal, notaba las lágrimas cayendo por mi cara, ¿qué había sido eso? ¿Había sido solo una pesadilla? No se había sentido como tal, pero debía serlo, de otra forma cómo a haber llegado a mi cama tan rápido, sí, eso debía haber sido, una pesadilla. Me levanté de la cama con cuidado, sintiendo una punzada de dolor en mi tobillo, no podía ser, todo había sido una pesadilla, una muy movida, debía haberme golpeado con algo y ya no lo recordaba, sí eso debía ser, me auto convencí, ¿qué día era? Me encontraba tan confundida, me dirigí al baño, ignorando la irritación que sentía en la planta de mis pies y lavé mi cara, quizás así se fuera algo del estupor que nublaba mi mente, sin embargo, no pude evitar que un grito de horror se me escapara al verme en el espejo, había sido una pesadilla, todo un sueño, un producto de mi muy retorcida imaginación, pero si eso era así, ¿por qué sentía mis las plantas de mis pies adoloridas? ¿Por qué tenía el tobillo hinchado, rojo y caliente? y sobretodo, ¿Qué otra cosa más que una rama podía haber causado el arañazo que ahora había sobre mi mejilla, rojo, sangrante y reciente. Todo había sido un sueño, ¿verdad?