Hola buenas días, tardes o noches dependiendo del lugar desde donde me estén leyendo quiero compartir este pequeño one-shot que tiene algunos elementos inspirado en el cantar de los nibelungos, como otras obras dedicadas a los personajes de esta historia, básicamente tomo los personajes de la mitología nórdica en parte para desarrollar esta obra y espero que se de su agrado a pesar que sea algo corta en el fondo más que nada es para divertir.


...Y por desobedecer los designios de su padre Odín como el lamento de sus hermanas por su destino. La valquiria Brunilda fue condenada a dormir eternamente rodeada de llamas para protegerla en el interior de un castillo en el punto más lejano de los nueves mundo hasta la espera de aquel valiente que pudiera romper aquel hechizo...


-¿Quién soy?...¿Cuánto ha pasado?...¿Volveré a ser libre?...o ¿Solo deberé esperar hasta el final de los tiempos?- eran las preguntas que invadían su mente en medio de su letargo.

El tiempo solo continuaba mientras se encontraba durmiendo pero todo seguía su curso en los nueve mundos, a pesar de su castigo podía soñar con cada sitio visitado en el pasado antes de cumplir su castigo.

-¿Dónde estoy?- se pregunto. –¡Oh!...recuerdo esto es antes de mis castigo…son mis hermanas.

La valquiria recordaba a sus hermanas como los incontables viajes a cada uno de los mundos especialmente sus viajes como vivencias en Midgard o ir a la batalla en contra de los gigantes de Jotunheim, a lomos de su corcel blanco empuñando su espada, lanza y escudo.

-Asgard, Alfheim, Nilfheim, Helheim, Jotunheim, Vanaheim, Svartálheim, Muspelheim y Midgard….he recorrido en incontables ocasiones aquellos mundos.

En compañía de sus hermanas a lomos de los hermosos corceles blancos como la nieve, no importaba donde fueran. Las hermosas valquirias debían continuar viajando entre los mundos para cumplir los designios del dios padre e incluso estar preparadas para el final de los tiempos, cuando llegara finalmente aquel día conocido por todos como Ragnarok.

Brunilda como la hija favorita de Odín solía ser enviada a cumplir ciertas tareas como visitar los dominios de Hela, tratar con los codiciosos enanos o los hermosos elfos de Alfheim y hasta mantener a raya al temible Surt como sus gigantes de fuego ansiando ser libres para ocasionar el caos.

Los sueños ahora la ubican en un sitio cubierto de tinieblas pero aquel sonido metálico seguido de canciones tan antiguas como el tiempo mismo, tenues llamas obligaban a las sombras a retroceder, el golpe de metal contra la piedra encontrándose frente a frente con los responsables.

Eran seres de baja estatura, encorvados, con largas barbas y sus ojos reflejaban la codicia que los consumía, en tiempos remotos habían recibidos incontables nombres pero eran conocidos por todos como los Nibelungos, habitantes subterráneo de Midgard. Buscando en las entrañas del reino de los mortales, los preciosos metales como oro, plata, piedras preciosas e incluso su propia avaricia los lleno hasta escavar a los más profundos acumulando una inmensa fortuna en sus salones pero entre ellos destacaba uno en especial pero su amor por el oro como otras riquezas lo tentaron a cometer ciertos crimines.

-¡Fafnir!- murmuro ella.

Aquel Nibelungo comenzó a engullir piezas de oro como piedras preciosas lentamente se fue convirtiéndose en un enorme dragón símbolo de la avaricia, obligando a sus congéneres a buscar refugio en otros mundos pero la raza maldita de Fafnir comenzó a sufrir las consecuencias de sus actos y lentamente aquel pueblo se vio al borde la extinción por dejar su hogar.

Entre los Nibelungos se encontraba uno llamado Mime a diferencia de Fafnir o de muchos otros, era reconocido por ser un gran maestro en la fragua y creador de maravillas mezclando el oro, plata y piedras, su exilio lo llevo hasta los bosques antiguos olvidados por todos para residir, en su interior un gran resentimiento iba creciendo por perder todo lo que alguna poseyó, esperando oculto en aquel sitio hasta recuperar nuevamente su hogar y la muerte del temible dragón.

Lo último en atestiguar por medio de sus sueños era la visita ultima a Völva, la más antigua de las brujas residente en el pantano que conectada a Jotunheim y Midgard. Su última visita fue en torno a su decisión por desobedecer los designios de Odín luego de tomar partido por un mortal que carecía del favor del dios padre, destinada aquel sitio hasta ser liberada.

-Brunilda….pasaran los siglos, mientras los nueve mundos continúan cambiando por el paso del tiempo antes de despertar…pero aquel que porta la espada que mate al dragón maldito será el responsable en buscarte, romper el hechizo y gobernaran sobre los mortales hasta que tu vida cumpla su ciclo- predijo Völva.

En los años venideros aquellas visiones continuaron repitiendo una y otra vez pero las palabras de Völva comenzaron a romper aquel eterno ciclo, cuando un nuevo sueño la llevo hasta un lugar apartado en el bosque donde observo a un niño durmiendo plácidamente.

-¿Quién eres?- se pregunto.

Los ojos de la valquiria estudiaron al niño que resultaba pertenecer a la raza de los hombres pero aquel sitio lo reconoció de inmediato, resultaba ser hogar de Mime aquel maestro que dominaba con gran destreza los elementos para crear los más bellos objetos.

-¿Quién eres?- se pregunto nuevamente.

Ella tomo lugar en el borde la cama estudiando al niño hasta la llegada de un nuevo amanecer, las preguntas en su mente surgieron en torno aquel cachorro de hombre.

-¿Qué haces aquí?...- se volvió a preguntar. –Mime el desgraciado….¿Es el responsable de tu cuidado?.

-Brunilda….pasaran los siglos, mientras los nueves mundos continúan cambiando por el paso del tiempo antes de despertar…pero aquel que porta la espada que mate al dragón maldito será el responsable en buscarte, romper el hechizo y gobernaran sobre los mortales hasta que tu vida cumpla su ciclo- recordando la palabras de Völva.

Los sueños habían tomado un rumbo muy diferente al acostumbrado pero siempre estaba aquel niño cuidado por el infeliz Nibelungo, viviendo en el exilio en el bosque.

-¡Siegfried!- dijo Mime.

-¡¿Siegfried?!- se dijo. –Su nombre es Siegfried…¿este niño es el responsable de mi liberación?- reposando en su mente su presagio.

Aquel niño como todos los mortales fue creciendo hasta llegar a ser un hombre destinado a la grandeza y convertirse en el soberano de sus congéneres.

Los sueños nuevamente la llevaron hasta el olvidado hogar de los Nibelungos viendo a Siegfried en solitario entrar en los dominios malditos del dragón, en cuanto al desgraciado como rencoroso Mime esperaba pacientemente el regreso de su hijo adoptivo para reclamar el anillo del dragón Fafnir que representada

-Sera mío…ni Siegfried…podrá quitármelo, debo sacarlo de mi camino para ser el gran señor del reino y recuperar su grandeza- se repetía Mime mientras su propia envidia lo consumía por completo.

Y su destino final solo fue soñar con la gloria de antaño como las riquezas oculta a los nueves mundos, lanzando su último suspiro con los primeros rayos del sol convirtiéndolo en un mero testigo del nacimiento del legendario mata-dragones, Siegfried descendió hasta las profundidades del reino de los Nibelungos encontrándose al dragón Fafnir aguardando su llegada.

Fue un combate intenso entre Siegfried y Fafnir, resultado vencedor aquel niño de sus visiones para bañarse en la sangre del temido dragón, convirtiéndolo completamente invulnerable exceptuando por un punto en especifico en su espalda.

La última parte de su sueño era verse a sí misma durmiendo pero la figura de un hombre se presento junto a ella y nuevamente sus ojos poseedores de un color similar a la luna volvieron abrirse encontrándose con el responsable de su libertad.

-¡Siegfried!- murmuro Brunilda viendo al legendario mata-dragones cargándola entre sus brazos.


Brunilda volvía a contemplar nuevamente un nuevo amanecer a orillas del eterno mar mientras su larga caballera castaña rojiza era mecida suavemente por el viento, podía sentir bajos sus pies la arena y sus ojos de color de la luna destellaban continuamente por ver los extensos cielos. Habían pasado solo un par de días desde su despertar, ahora se encontraban reuniendo lo necesario y abordar el barco construido por Siegfried para cruzar el mar eterno hacia su destino en Midgard.

-¡¿Brunilda?!

Escucho girándose de inmediato encontrándose con Siegfried que la estudio detenidamente por unos segundos, vistiendo aquellas pieles que trajo consigo y cubriendo su desnudez.

-¡Hola!- contesto. –¿Acaso ya va siendo tiempo de partir?- pregunto.

-Si…

Cuando el navío comenzó a surcar el mar eterno en dirección de Midgard, poso su mirada hacia los cielos viendo a sus hermanas a lomo de sus magníficos corceles acompañándolos en su largo viaje e incluso dos cuervos se posaron en el mástil graznando continuamente. Brunilda volvía a ser libre eligiendo pasar su vida mortal junto a Siegfried e incluso convertirse en la madre de un gran linaje para reinar sobre los mortales.


Así concluye este one-shot, espero que fuera de su agrado y muchas gracias por leerlo, en relacion a la imagen de la portada no me pertenece pero le doy los correspondientes agradecimiento a su creador.