Hola lectores de "Las Crónicas de los Lobos Fantasmales". Les saludo cordialmente trayendo con ustedes un nuevo capítulo.

¡Whoa!... ha pasado un largo tiempo, doy las correspondientes disculpas por el caso. Incluso tuve que ver nuevamente la última publicación pero ya recordé todo lo que debe suceder en esta publicación como en la siguiente.

Primero redacte esta publicación con gran entusiasmo donde muchas cosas sucederán y otras serán demasiado impredecibles.

Obviamente retomaremos desde el punto de vista de Lothar. Como otros personajes sobre lo sucedido en publicaciones anteriores, espero que lo disfruten y sin mayores palabras, iniciamos:

(Como recomendación sugiero discreción tendremos escenas con alcohol, lenguaje vulgar, escenas de desnudos, gore y entre otras cosas por esa razón se clasifica en categoría T y un Leve M según lo amerite).


Los hombres civilizados son menos amables que los salvajes porque saben que pueden ser más descorteses sin correr el riesgo de que les partan la cabeza.

Conan el Cimmerio. De Robert E Howard.


El Rey y El Cardenal

Desde Lothar…

–No llores, mi pequeño. Debemos huir lejos y estar a salvo– arropando al infante y asegurando la espada envainada que cargaba consigo.

–¡¿Quién eres?!– se pregunto.

La mujer alzo la vista estudiando los alrededores del bosque y arropando al infante. La lluvia continuaba cayendo, sus huellas resultaban ser la guía perfecta y los rastreadores le pisaban los talones. Lothar, solía tener sueños o pesadillas dependiendo del caso pero aquel sueño con la mujer que cargaba al bebé entre sus brazos, corriendo bajo la lluvia y tratando de huir.

Lo perturbaba completamente.

–Solo un poco más… mi pequeño. Llegaremos a un sitio seguro y podremos vivir en paz, debemos ser fuertes sin tu padre.

–Frank, es el nombre de mi padre– se dijo y recordando la palabra "brujo". –Mi madre se llama Ruth y mi hermana Irene. ¡Ellos me adoptaron y criaron como un hijo!...

La extraña mujer lucía una piel de lobo cubriendo parte de la espalda, hombros y el rostro. El bebé finalmente logró tranquilizarse, mamar del pecho de la mujer y dormir tranquilamente. Lothar percibió el sabor de la leche materna, el calor proveniente de la extraña y la débil canción que emitía lo tranquilizo.

–Mi valiente hijo, viviremos en el exilio por el resto de nuestros días y olvidaremos quienes fuimos– dijo la mujer viendo directamente Lothar.

–¡¿Madre?!– pregunto Lothar.

Despertando abruptamente.

La chica inconscientemente se acurruco junto a él y rodeándolo con su brazo. Torvi, le señalo que las noches en el Gran Bosque Sombrío solían ser frías, compartir el calor corporal resultaba ser una buena idea y especialmente con un lobo.

Viento Blanco, estudio fijamente a Lothar por unos segundos y cerrando nuevamente los brillantes ojos. Los primeros rayos tardaban en llegar.

En cambio, esa joven de nombre Torvi. No parecía ser la protagonista de los cuentos infantiles, la denominada doncella en peligro sino resultaba ser una especie de amazona del bosque bastante fiera junto a su particular compañero lobuno. Pero, Lothar tampoco podía negar esa belleza salvaje procedente de los bosques aledaños a Theodor.

En el pasado, había frecuentado una que otra joven. Ya fuera la hija de un carpintero o la hija del herrero pero la vida de un soldado theodoriano, apenas permitía mantener siquiera un intento de cortejo o darse el lujo de pensar una vida de casado con alguna buena joven para desposar.

Lothar intentaba librarse del brazo de Torvi pasado por su pectoral recubierta por una camisa teñida de sangre, sudor y mugre, una cota de malla y un abrigo desgatado con parches en las mangas. Finalmente, logrando apartarse con bastante suerte y deslizándose fuera del refugio edificado con piedras. Contemplo los primeros rayos del sol, escuchando a lo lejos a las aves y quitándose la ropa.

Minutos después, volvió a colocarse los pantalones y calzarse las botas.

–¡Buenos días!– dijo Torvi desarmando su peinado y sacudiendo su larga melena rojiza. –¡Veo que te bañaste!. ¿Esta fría?– pregunto.

–Algo fría– contesto Lothar.

La melena de Torvi parecía una auténtica cascada de miel y reflectando los débiles rayos del sol. Quitándose parte de las prendas de vestir superior del cuerpo, luciendo una camisa de piel de cervatillo. Ella dijo:

–Por mí, está bien. Y procura mirar hacia otro lado, me voy a lavar.

–¡Sabes!– dijo Lothar. –Puedo huir lejos de aquí. Mientras te lavas y posiblemente tu lobo desee cazar una mejor presa.

–No lo harás– replicó Torvi.

–¿Cómo lo sabes?– pregunto.

–Es fácil. Eres uno de los nuestros, un hermano y deseas vivir aquí en el bosque. Libre y ser parte del clan… ni tengo idea como terminaste con esos theodorianos pero hueles a un lobo-fantasmal. Debes obediencia al Gran Lobo Lunar– replicó. –Y Viento-Blanco con un silbido de mi parte, te traerá a la fuerza.

El lobo había emergido hace segundos y estudiando a Lothar. Él prefirió mantenerse en su sitio y apartar la mirada mientras la joven se lavaba.

Luego de un desayuno a base de carne seca y una horrible leche agria fermentada, reanudaron su camino. Lothar se semejaba a un niño pequeño siguiendo a su señora madre por las calles de la capital del reino y tratando de mantener el paso. La joven con la cicatriz en el rostro podía moverse rápidamente, en los invisibles caminos, esquivando pequeñas piedras o piñas de pino. El hedor de bosque le parecía demasiado intenso. Una mezcla entre los diferentes tipos de arboles, tierra húmeda y desechos animales.

–Pronto llegaremos a casa y podrás hablar con el patriarca. Él es un hombre sabio y honorable, sin importar quien sea… aconseja como un buen padre de familia, nos cuida a todos– comento Torvi.

–¡¿Lo admiras?!– dijo Lothar.

–Es un hombre sabio y honorable– recalcó nuevamente Torvi. –¡Mira esto!– con hacha en mano apuntó a un enorme monolito con un lobo cazando a la luna y el sol.

–¡Fantástico!– dijo Lothar. –William, estudiaría este enorme pedazo de roca con ese lobo y me diría varias cosas...– se dijo.

Torvi, Lothar y Viento Blanco continuaron por el camino invisible e internándose aún más en el Gran Bosque Sombrío.

En reino de Theodor…

El rey Gerad II de Theoder, ingresando por la puerta del comedor donde su única hija y heredera lo esperaba para desayunar.

–¡Buenos días, padre!– dijo Liv, poniéndose de pie pero su señor padre le pidió mantenerse en su lugar.

–Sentada. Deseo desayunar con mi hija como si fuéramos una familia completamente normal y olvidando un poco el asunto que somos la familia real– señaló.

–Sí, padre.

Padre e hija desayunaron a base de pastel de manzana, morcilla, pan tostado y cerveza negra con algo de nuez moscada y miel para reducir los efectos. El rey deseaba hablar sobre los próximos eventos de la vida de su hija, especialmente sobre el compromiso establecido con el joven Sarien o Sarien el Cojo. Por el momento existían otros asuntos más importante o en este caso solo ser padre e hija.

–¿Cómo estuvo la noche?– pregunto Gerad.

–Tranquila. ¿Y la reunión con el cardenal?– replicó Liv, mintiendo sobre su sueño.

–Es un idiota que solo habla de sí mismo– se dijo y recordando que los sirvientes solían tener una boca bastante floja. –Interesante– contesto.

La media docena de sirviente aguardaba a pocos metros y la princesa sabía de la mentira señalada por su señor padre.

–¡Pueden retirarse!... deseo hablar con mi padre a solas. ¡Ahora!– ordenó Liv.

Gerad o Gerad el Demonio de Theodor, por su destacada ferocidad en el campo de batalla. Pero, los tiempos de luchar como los caballeros de los cuentos infantiles habían quedado atrás. Su difunto padre le arreglo un buen matrimonio con una mujer de noble corazón, lamentable nacida con una condición física débil y muriendo en el parto de Liv.

Irónicamente, la princesa Liv resultaba ser la séptima miembro de la familia real de Theodor. En llevar dicho nombre que significaba años de prosperidad para el reino e incluso una paz garantizada por lo menos de una década. Según ciertas suposiciones por parte del pueblo llano.

Ni deseaba tratar sobre Sarien el Cojo proveniente del reino vecino. Aquel joven debido a su discapacidad de montar debió olvidarse completamente de una carrera militar y centrándose exclusivamente en los estudios, rodeándose de cada libro o pergamino que cayera en su mano. Convirtiéndose en un joven erudito, educado y el prometido ideal, en la opinión de Gerad.

–El Alto Clero de Magia siempre ha tenido una buena opinión de nuestro reino. Lamentablemente el nuevo cardenal demostraba cierta xenofobia contra… ya sabes. Ellos, los extraños…¡Lobos Fantasmales!– señaló Gerad.

–Los Lobos Fantasmales suelen ser bastante "tímidos" o evitar tener contacto con nosotros– replicó Liv.

–Ellos evitan contacto con nosotros. Lamentablemente como parte de los reinos del norte tuvimos una gran guerra y perdimos. Esos dicen nuestros historiadores y cronistas.

–Mi tutor hablo una vez de esa guerra.

–¡¿Has escucho del Syr-Blaiddaid-Ysbrydior?!– pregunto el rey de Theodor.

La joven princesa le parecía escucha un trabalenguas por tal término y negando con la cabeza.

–Suena a un trabalenguas. O algo que pudiera comerse– respondió Liv.

–¡Jajajaja!... es un término antiguo, cariño. Mi abuelo estudiaba bastante sobre los primeros años de nuestros reinos y la situación de aquel entonces. Al decir: Syr-Blaiddaid-Ysbrydior… hablaba de un importante líder o en este caso de un tal Björn Vǫlsungr. Perteneciente a un importante linaje…– continúo hablando.

Aquel hombre llamado Björn Vǫlsungr afirmaba ser descendiente del "Gran Lobo Lunar" como sus antepasados. Los miembros de los clanes respetaban al mencionado "héroe" o llamado comúnmente Syr-Blaiddaid-Ysbrydior… blandiendo una mágica espada llamada Balmung y esgrimida con gran habilidad. Los Lobos Fantasmales siguieron a la batalla a su denominado líder y poniendo de rodillas a los reinos del norte y el Alto-Clero de Magia. En una época datada de hace 600 años.

–Mi abuelo solía decir: Los Lobos Fantasmales siempre están cerca puedes que no estén visibles. Pero, solo esperaban el momento propicio para atacar y solo escucharas un escalofriante aullido.

El rey Gerad le parecía ver a su difunto abuelo y enseñándole todo lo relacionado a los reinos del norte.

–Entonces. Sí, perdimos esa guerra y nos encontramos hasta hoy en día aquí en el norte del continente. Tuvo que existir alguna tregua o una especie de tratado– inquirió la princesa.

–Lo mismo le pregunte a mi abuelo– contesto el rey.

El rey nuevamente hizo memoria y hablando con ciertos detalles de aquel, llamado: Syr-Blaiddaid-Ysbrydior… un hombre mortal, honorable y sabio para los Lobos Fantasmales. Colocando a los reinos del norte completamente de rodillas e imponiendo tan solo dos condiciones para el fin de la guerra.

Los reyes norteños debían quedarse al sur del Gran Bosque Sombrío y olvidar cualquier intento de expansionar sus reinos hacia más allá del bosque. Aparentemente los monarcas aceptaron dichos términos. El Alto Clero de Magia actuó como testigo y árbitro, poniendo fin a las hostilidades.

–Los monarcas norteños y el clero estuvieron de acuerdo en el tratado. Björn Vǫlsungr y su esposa Atali-Torvi simplemente tomaron a sus seguidores regresando al Gran Bosque Sombrío.

Inesperadamente, las puertas del pequeño salón comedor se abrieron y el mayordomo Ebbo dijo:

–¡Majestad!. ¡Princesa!. Disculpad mi atrevimiento pero el capitán Frank, el joven mago William y el archimago Cian han regresado de una expedición del sitio del ataque.

El rey y la princesa dejaron aquella charla incompleta por el momento. Ebbo añadió:

–Y el cardenal Roose, lo espera en el salón del trono junto a los recién llegados.

Minutos después, desde William…

La guardia real del castillo, el heraldo, el mayordomo, los sirvientes esperando instrucciones, el cardenal y su séquito personal escuchaban cada detalle proporcionado por el capitán Frank. El rey Gerad solo escuchaba sin emitir alguna palabra que pudiera interrumpir los detalles.

El archimago Cian con cierto reojo estudiaba al cardenal que expresaba bastante con su mirada. La princesa Liv ocultaba cualquier emoción por medio de un rostro neutro. En cambio, el joven mago de nombre William deseaba tomar la iniciativa dando un gran discurso sobre buscar un posible rastro de su amigo y vengar a los caídos, cazando a los Ettins que continuaban merodeando por las inmediaciones de la capital del reino de Theodor.

–¡Vamos, William!... toma la maldita palabra y trata de dar un gran discurso o al menos convence al rey de elegir, un grupo de selecto de soldados y compañeros magos– se dijo William.

Lothar habitualmente le daba ese pequeño empujoncito que necesitaba el joven mago. Pero, esa actitud algo carente de decisión le había jugado reiteradamente malas pasadas y ahora debía dar un gran paso para ayudar a su amigo perdido.

–¡Hazlo, William!– se dijo Liv. La princesa sabia de esa falta de actitud pero necesitaba ver al joven mago dar el siguiente paso. –¡Solo habla!– pensó.

–¡Majestad!– dijo el archimago Cian. –¡No debemos pasar por alto, la presencia de este grupo de Ettins!...

–Los Ettins suelen ser criaturas estúpidas y salvajes. Dudo completamente, un intento de ataque hacia el poderoso reino de Theodor– dijo el cardenal Roose.

William debía hablar ahora o nunca.

–Los Ettins pueden fácilmente lanzar un ataque contra granjas o las caravanas de comerciantes que viajan por el reino. Debemos garantizar a cada ciudadano o extranjero... una apropiada circulación– intervino William.

Lo había dicho y debatiendo abiertamente al cardenal Roose, la nueva máxima autoridad religiosa de Theodor. El maestro Cian levemente movió los labios por ver a su mejor estudiante tomar iniciativa y sintiéndose orgulloso del joven mago.

–¡Así se hace!– se dijo Cian.

El joven mago apelando a la importancia de defender a los débiles y desamparados. Liv como el capitán Frank intercambiaron una breve mirada centrándose nuevamente en el joven mago.

William argumento que los Ettins debían ser exterminados inmediatamente del reino o los otros reinos vecinos sufrirían severas consecuencias y responsabilizando a Theodor. El cardenal fácilmente podía verse disgustado por mantenerse en un segundo plano.

Los miembros del Alto Clero de Magia habitualmente daban su opinión sobre determinados asuntos de estados o aconsejaba el mejor camino a seguir. Roose, odiaba verse en un segundo plano y juzgando a William. En lo personal, ni le interesaba arruinar una carrera de un joven mago y a futuro podría tenerlo bajo su servicio, cumpliendo en cierta medida su voluntad.

–Puede tener algo de peso dentro de la corte del rey Gerad. Quizás, pueda tenerlo de mi parte y ofrecerle un buen lugar– se dijo Roose y centrándose en el archimago Cian. –Y este resulta de los problemáticos– pensó.

El archimago Cian reconocido por su habitual falta de delicadeza, expresando abiertamente su opinión y a ciertos excesos que involucran romper el celibato impuesto por el Alto Clero de Magia. E incluso fue parte de la nomina para ocupar el puesto de cardenal de Theodor. Debido a reiteradas infracciones del código moral del clero, le valió ser apartado de dicha lista y solo servir al nuevo cardenal.

Un hombre como Cian era bastante conveniente tenerlo cerca y soportar hasta su excesiva labia.

–Su carrera llegó a su fin. Y William, puedo aprovechar su inexperiencia, teniéndolo de mi parte y ganarme la confianza de los salvajes theodorianos– reflexionó Roose.

Unos minutos después, el joven mago finalizaba sus palabras. El rey colocándose de pie alzando la mano y dijo:

–¡No pienso permitir a los Ettins que merodeen libremente por Theodor!– decretando inmediatamente el exterminio de los invasores y sobre el asunto de Lothar. –Capitán, puede elegir a hasta diez soldados experimentados e incluso el maestro Cian y William pueden ir con usted.

–¡Majestad, se lo agradezco eternamente!– contesto Frank con una reverencia y arrodillándose inmediatamente.

Finalmente concluida la audiencia con el rey. El cardenal Roose deseaba tener unas breves palabras con William.

–Grandes palabras para ser joven. Veo que has recibido el don de la elocuencia, joven William– dijo Roose. –Una virtud muy importante para los magos.

–Lo agradezco, cardenal– contesto William.

–Me parece muy conmovedor por parte del capitán Frank. Buscar a su hijo o darle un entierro apropiado pero me han llegado rumores sobre cierta carencia de sangre– dijo Roose. –Dicen que Lothar resulta ser una especie de "brujo". O eso me han dicho los miembros de mi séquito.

–Lothar no es un "brujo". Extrañamente tiene ciertos instintos.

–¡¿Instintos?!– pregunto el cardenal con falsa humildad. –La princesa demostró abiertamente cierta preocupación– se dijo y notando cada expresión de Liv.

–Es algo complicado de entender pero…– replicó William dando mayores detalles del particular don de Lothar y de la historia personal que lo rodeaba.

En cambio, la princesa intercambiaba unas palabras con su fiel confidente y dama de compañía. En lo personal desconfiaba del cardenal Roose.

En cambio, aposentos de la princesa Liv…

–¡Aquí lo tiene princesa!– dijo Hilda seguida de William y emergiendo por un pasillo secreto de la habitación para casos de emergencias.

–¡Solo tengo unos minutos y mi maestro cubrirá mi ausencia!– dijo William.

La princesa heredera deseaba saber con más detalles de lo que encontraron en el sitio del ataque o algún rastro que pudiera indicar del paradero de Lothar. William solo repitió lo mencionado en la audiencia sobre el rastro dejado por el salvador de Lothar. Liv decidió expresar ciertas preocupaciones abiertamente.

–Toma asiento– indicó Liv. –Hilda, deseo que te quedes aquí y todo esto debe ser el más estricto de los secretos.

– ¡Sí, princesa!– contesto Hilda.

–¡Por supuesto!– respondió el joven mago.

Liv manifestó abiertamente hacia su dama de compañía y amigo de infancia, sobre su opinión hacia el nuevo cardenal. En lo personal, aquel hombre le parecía ocultar muchas cosas por medio de un rostro de falsa modestia y desinterés hacia el prójimo. El joven mago particularmente se sintió algo ofendido y pensaba que el cardenal podía aportar al reino con nuevas ideas o consejos.

En cambio, la dama de compañía compartía en cierto modo el pensamiento de la princesa pero aquel séquito traído por el cardenal. Tenía un marcado aire de matones profesionales por ir constantemente armado o portando los báculos para lanzar hechizos.

Sobre las tierras sureñas era sabido de los castigos a los cardenales con aires de grandeza, habitualmente uno que otro ambicioso lograba ser enviado a un remoto reino e influenciado algo a los miembros de la realeza pero otros casos terminaban en el ahorcamiento de un cardenal codicioso. En el reino de Theodor apenas se toleraba la traición o los perjuros.

En el caso del archimago Cian habitualmente involucrado en ciertos escándalos, solía ser perdonado fácilmente por sus acciones en nombre de Theodor y sus habitantes. Siempre luchaba por el reino o mantenía alejados a las potenciales amenazas. El reino contaba que el joven mago fuera un digno sucesor del archimago Cian pero sin aquellos excesos.

El joven mago prefirió reservarse cualquier respuesta al abierto cuestionamiento de la princesa. E Hilda dijo:

–Nadie parece feliz por su llegada. El anterior cardenal resultaba ser de aquí pero este hombre, aparentemente deseaba ocupar este puesto vacío y más.

–Ni yo confió en él– dijo Liv, pasando al siguiente asunto. –Anoche tuve un sueño extraño.

Liv jugaba contra el tiempo y su señor podría llamar a la puerta. Relatando parte de su sueño e intentando darle algo de coherencia.

El joven mago dijo:

–Algunos dicen que los sueños son una ventana hacia el futuro.

Continuando con el sueño y explicando cada detalle que recordaba, especialmente verse a sí misma liderar a los extraños con máscaras, luciendo una cabeza de un extraño reptil que fue incapaz de describir y aquel sentimiento de pena.

William sabia que los sueños podían tener un significado bastante profundos y prometiendo a la princesa, en dar con ciertas respuestas. Unos minutos después, quedando a sola nuevamente y tras despedir a su fiel dama de compañía que guiaría al joven mago fuera del castillo por los pasillos secretos y prometiendo que daría con Lothar.

–William traerá de vuelta a Lothar– se dijo Liv, pensando en aquel llamado "brujo". Coincidentemente, el llamado de su padre fue motivo suficiente de centrarse nuevamente y recibirlo como una buena hija.

–Pronto tendré una reunión con mi consejo especial por el asunto de los Ettins.

–Por supuesto, padre.

–Y Debemos hablar. Nuevamente hablar y ahora como padre e hija.

–¿Qué sucede?– pregunto Liv viendo a su padre.

–El príncipe Sarien viene en camino, pequeña– respondió el rey. Exhibiendo el mensaje enviando por el propio Sarien.

Esa tarde, habitación privada de Roose….

Roose inspeccionó cada línea, oración y palabra de la carta. Los miembros del clero decidieron que los reinos norteños del continente mantenían ciertas prácticas impías procedentes de tiempos primigenios. Lamentablemente, la princesa heredera al trono de Theodor demostraba demasiada simpatía hacia un hereje llamado Lothar e hijo adoptivo del capitán Frank.

En su humilde opinión, un soldado debía cumplir su deber pero un muchacho adoptado de la última gran guerra norteña y tachado de "brujo" requería una pequeña charla algo más minuciosa, especialmente sobre ciertos "dones mágicos" procedente de un infante de pecho encontrando a su suerte. El cardenal Roose impondría su autoridad en los reinos norteños, limpiaría toda la inmundicia hereje y pondría castigos ejemplares pero requería de cierta ayuda.

–¡Dan!– dijo Roose y extendió la carta a su principal mago-sacerdote. –¡Enviad esta carta inmediatamente y procura tener todo listo para la Compañía Wyvern!. El comandante Waldemar reciba habitaciones cómodas, se mantendrán aquí en este reino impío por un buen tiempo. El rey Gerad ni podrá oponerse a la autoridad de Waldemar o la mía.

Waldemar, líder de la temible Compañía Wyvern y reconocidos por las brutales tácticas militares. Aquel hombre con solo recibir aquella carta tomara a su compañía compuesta de trescientos hombres y se presentaría en Theodor.

El cardenal estaba dispuesto a poner algo de orden y dar caza a los herejes "Lobos Fantasmales" ocultos en el Gran Bosque Sombrío. Sí, lograba exterminar a la antigua estirpe podría someter a toda la región norteña y ascender en la rígida jerarquía eclesiásticas.

–¡Como ordenéis, cardenal!– contesto Dan.

–¡Y Dan!– dijo el cardenal. –Dile al resto de los integrantes de mi séquito. Mantener vigilado al rey Gerad, la princesa Liv, Cian y su pupilo William e incluso al capitán Frank. Ese tal Lothar puede ser la llave que deseo.

–¡Entendido!– dijo Dan, realizando una reverencia y guardando apropiadamente la carta para Waldemar.

Una vez a sola y confirmando que nadie lo molestaría por la siguiente hora. Roose colocó sobre su escritorio un antiguo libro con cubierta de cuero, paginas amarillentas y bajo el titulo: "La Gran Guerra de los Reinos Norteños y los Lobos Fantasmales"… escrito por John de Prezet.

El libro registraba con detalles sobre la gran guerra entre los reinos norteños y los Lobos Fantasmales. Las primeras quince páginas explicaban sobre los primeros tres años de guerra donde los reyes norteños definían sus fronteras pero los Lobos Fantasmales guiados por el Gran Rey Björn del clan Vǫlsungr impidiendo apoderarse del Gran Bosque Sombrío y someter a los incontables clanes.

Pero, el legendario rey unión a todos los clanes de los Lobos Fantasmales y ganado cada batalla. La historia escrita por John de Prezet narraba detalladamente dichos eventos y finalmente acabando en el sitio del reino de Prezet. A finales del cuarto año de guerra, los reyes norteños y el rey Björn firmaron un acuerdo de paz dejando en claro que el Gran Bosque Sombrío pertenecía únicamente a los Lobos Fantasmales. Y los reinos norteños juraron mantenerse lejos de aquel sitio pero el cardenal Roose había nacido con grandes ambiciones y deseaba lograr coronarse como la máxima autoridad de la orden eclesiástica.

Su plan consistía básicamente en lograr dominar el Gran Bosque Sombrío y aplastar a los Lobos Fantasmales. Cambiando de página, estudio inquisitivamente un dibujo exacto del legendario rey Björn del clan Vǫlsungr y blandiendo una espada mágica, según la leyenda descrita por John de Prezet.

–¡Balmung, espada del rey Bjorn Vǫlsungr!... solo un miembro perteneciente al linaje Vǫlsungr. Esgrimirá a Balmung en la hora más oscura de los clanes de los Lobos Fantasmales y guiándolos hacia la victoria contra los enemigos de los clanes– leyó para sí. Roose esbozó una siniestra sonrisa y recordando cierta historia sobre el linaje Vǫlsungr.

Aparentemente, el linaje del rey Björn había desaparecido hace tan solo 18 o 20 años aproximadamente. Y los Lobos Fantasmales caerían como mosca con la ausencia de un heredero del legendario rey.

–Los Lobos Fantasmales aullaran como fantasmas por el resto de la eternidad y mi nombre pasara a la historia– reflexionó Roose. –El impío Syr-Blaiddaid-Ysbrydior o el Rey de los Lobos Fantasmales. Ha desaparecido.

Tanto los Lobos Fantasmales, el reino de Theodor y el Alto Clero de Magia volverían a colisionar.


Y continuara en el próxima actualización, queridos lectores.

Esperando que disfrutara de este capítulo les recomiendo mantenerse al tanto, muchas cosas han sucedido y especialmente sobre los próximos eventos que deben venir.

En la siguiente publicación se pondrá algo más turbulento especialmente con el cardenal Roose y su séquito. El siguiente titulo será "El Clan de los Garras Gélidas Parte I"… y ahora vamos con los reviews:

Sugar: Gracias, bueno esos dos pronto o gradualmente comenzaran a llevarse bastante bien.

Finalmente, agradezco a todos los lectores que han seguido mi historia y tendremos varias sorpresas en el transcurso del año, nos vemos.