Hola lectores de Ciclo de Magna-Terra I, les saludo cordialmente con una nueva actualización.

Realmente ha sido una recepción del Ciclo de Magna-Terra I... ¡Bastante Genial!.Tenemos varios capítulos por delante y nuevos personajes.

Una de las tramas centrales resulta ser en Nordheim o el hogar de los belicosos nórdicos pero con tintes de otras culturas que se irán desarrollando en este primer ciclo.

Especialmente, por lo sucedido en la anterior publicación con el valeroso mago Ewix y su trágico final. En lo personal, a partir de esta actualización... dentro de los próximos eventos todo se sumirá con cierto impulso y relacionado... a otros eventos que veremos a futuro.

Sin mayores palabras comenzamos este capítulo con una breve reflexión:

(Como recomendación sugiero discreción tendremos escenas con alcohol, lenguaje vulgar, escenas de desnudos, gore y entre otras cosas por esa razón se clasifica en categoría T y un Leve M según lo amerite).


Los hombres civilizados son menos amables que los salvajes porque saben que pueden ser más descorteses sin correr el riesgo de que les partan la cabeza.

Conan el Cimmerio. De Robert E Howard.


Capítulo II: La Asamblea de Norgoth

Mediados de otoño. Norgoth…

Norgoth –"Nor" proviene de la palabra Norte y "Goth" se traduce como Godos o Gótico. Conformando la palabra, Norgoth– considerada, la única y verdadera ciudad en la fría Nordheim. – Traducido como mundo nórdico– Los belicosos nórdicos reconocidos por sus habilidades salvajes en el campo de batalla, expertos en navegación, comerciantes y extrañas costumbres para el resto de Magna-Terra.

Pero, la inminente llegada del cruel invierno a las tierras de Nordheim, provocada cada año o por incontables siglos. La tradicional Asamblea de Norgoth, donde los poderosos Jarls se reúnen para escuchar las palabras de los tres sumos sacerdotes nórdicos e interpretar los designios de los dioses nórdicos.

Entre las leyes nórdicas, solía existir una en particular o prácticamente inquebrantable para los habitantes de Nordheim. A partir de mediados de otoño y hasta los primeros cinco días de primavera, cualquier combate o dispuesta entre los nórdicos –Independiente de la posición social– quedaban estrictamente prohibidos y quien se atreviera a romper dicha ley con resultado de muerte, sería inmediatamente ejecutado y sus posiciones materiales pasarían a la familia del difunto.

Los Jarls junto a sus séquitos, se presentaban en Norgoth con los más diversos tributos para los dioses. Los tres sumos sacerdotes recibían cada regalo, intervenían en disputas entre los Jarls e intentando llegar a un acuerdo por medio de matrimonios para zanjar diferencias, transmitir las señales enviadas por los dioses e interpretarlas, aconsejar o predecir juicios.

Hasta era consideraba como la única y verdadera ciudad,su puerto principal considerada el gran punto comercial de Nordheim. Los navíos procedentes de Valusia o Urdath, atracaban en el puerto de la ciudad por semanas.

Esa mañana, el primer sumo sacerdote Jorund o apodado Jorund el Vidente por los extraños sueños atribuidos a los dioses. Escuchaba atentamente cada palabra de la Jarl de Heorot –O traducido como el salón del ciervo– en la adusta vivienda del sumo sacerdote.

–¡Matamos a cada uno!– dijo Soléy-Atali. Jarl de Heorot y solo contaba con 60 miembros de su pueblo. Había perdido hace un año a su esposo y posiblemente muerto en las lejanas tierras de Urdath y hace menos de una semana a su pequeño hijo de tan solo 4 años. Los atacantes de Heorot, fue una salvaje horda de Draugrs (No-muertos), el ataque llevado a cabo en plena noche y dejando prácticamente sin oportunidad de defenderse y masacrando indiscriminadamente. Tan solo sobrevivieron un puñado de guerreros pero la gran mayoría resultaban ser mujeres e infantes. Entre ellos se encontraba su prima Kara y Tama, su amiga de infancia y confidente.

–Entraron al salón y luego mataron a los sirvientes o todo aquel inocente tratando de salvar su vida– dijo y entre ellos estaba su pequeño hijo.

La mujer sostuvo firmemente entre sus manos, un juguete tallado de roble con forma de lobo. Un objeto tan insignificante representaba lo más valioso que podía atesorar y mantendría consigo por siempre e incluso más allá de la vida. El primer sumo sacerdote volvía a beber y escupir ese líquido verdoso sobre las piedras ardientes, el vapor inundaba todo el recinto destinado para ayudar a revivir esa fatídica noche.

–¡¿Ves o escuchas algo más?!– pregunto Jorund. Cuidada cada pregunta, evitando revivir una experiencia demasiado traumática y solo debía chasquear sus dedos para romper un denominado "hechizo" tan básico pero a la vez peligroso. La persona quien estuviera profundizando en eventos del pasado, podría quedarse para siempre en sus recuerdos dejando un cuerpo vacío. –¡¿Hablaron entre ellos?!– fue la segunda pregunta.

–No. Solo gruñían y mataban. Lo mataron… ellas intentaron protegerlo.

–¡¿Atali?!– pregunto.

Soléy-Atali le cubría parte del rostro un poco de arcilla y runas dibujadas a partir de un polvo rojizo. Recostada en una losa de piedra con grietas, antiguos grabados de tiempos primigenios y un pequeño altar de la diosa Soléy, donde se realizaba una pequeña ofrenda a la mencionada deidad.

En cambio, el primer sumo sacerdote había cumplido hace menos de dos semanas los sesenta años. En comparación con los otros nórdicos, se representaba como un hombre delgado pero vigoroso, cabello blanco, barba trenzada, en su mano derecha lucia tres anillos y en la mano izquierda se afirmaba en un bastón, ojos claros, vestimenta de lana y cuero, botas forradas en su interior de piel y una gruesa capa.

–Ella ha intentando profundizar demasiado en lo sucedido. Los Draugrs posiblemente fueron controlados por un nigromante procedente de tierras extranjeras.

Jorund el Vidente había ayudado en tres intentos a la Jarl Soléy-Atali e intentando revivir esa fatídica noche. En un intento de descubrir al artífice de dicho ataque pero lamentablemente los esbirros enviados a masacrar a Heorot, quedaba completamente impune. Él considero que debía ser la última vez y antes de chasquear los dedos, dijo:

–¡Lo siento!– pero los muertos solo podían ser recordados por sus acciones o historias contadas por aquellos que los conocieron en vida. –¡Atali, es tiempo!– orando brevemente a los dioses y chasqueando los dedos.

Tan solo oír, el estruendo emitido por los dos dedos. Emergió de aquella nefasta visión e intentando asimilar la realidad.

–¡Solo era un niño!– dijo Atali viendo directamente hacia el pequeño altar de la diosa Soléy.

–¡No eres la culpable!– exclamó Jorund.

Minutos después, recorrían tranquilamente la huerta anexa a la casa residencial del primer sumo sacerdote y charlando sobre la inminente asamblea de Norgoth. Llevándose a cabo al día siguiente a partir del medio-día.

–Nadie conoce el número de nigromantes extranjeros que han elegido refugiarse en nuestras tierras. Cazados en sus propias tierras, consiguen sobornar algún capitán de un navío mercante y ocultarse en los niveles inferiores. Tocan puerto, se ocultan en el bosque o las regiones más apartadas– comento Jorund, cogiendo un par de hongos comestibles.

–¿Por qué atacarían a Heorot?. Ni los otros Jarls intentan atacarnos…– reflexionó Soléy-Atali.

–O quizás– se adelanto el primer sumo sacerdote. –¿Quién desea tomar a la fuerza a Heorot?– planteando una mejor pregunta.

–Jarl Throst, Jarl Hallstein o incluso "Ojos-Fríos"– respondió.

–Throst y Hallstein. Solo saben diferencia entre una espada y un hacha… sería algo muy complicado para esas dos cabezas... carente de visión– replicó Jorund. –Y ni hablar de la magia o nigromancia. En el caso de "Ojos-Fríos". Bueno…. ¡Je!. Es hijo del difunto Jarl Brandr y la Jötnar…

–Hýradr la Cazadora y su terrible jauría de valravnes.

–Criado y educado por su madre por cerca de diez años– replicó Jorund. –Aprendió. Bueno, ciertas cosas y llevar en sus venas sangre Jötnar le permiten ser en cierto grado algo muy diferente. Pero, posiblemente tiene mejores asuntos entre-manos y ni se molestaría, en aterrorizar a sus vecinos. Solo pronunciar Ulrich hijo de Brandr y la Jötnar Hýradr u Ojos-Fríos, bastaba para infundir un grado de terror.

–Y todos le temen por saber algo más de la magia de los Jötnar– contesto Soléy-Atali. –Tal vez, tenía unos 15 años y él posiblemente 11 años, al conocerlo. Nadie le gustaba acercarse a Ojos-Fríos o hablar… naturalmente era repelido.

–¡Je!– fue la única respuesta de parte del primer sumo sacerdote. –Y es el único Jarl ausente. Posiblemente se niegue. Y sobre el otro asunto.

–¡¿Mi nuevo esposo?!– bufó Soléy-Atali. –¿Quién de estos bastardos ha pedido mi mano?– pregunto.

–Nadie– contesto. –En la asamblea anunciare que estas dispuestas a tomar un nuevo esposo. Solo deseo poner a salvo a la hija de mi buen amigo y garantizar un futuro a Heorot. Son tiempos extraños.

–¡Extraños!– pensó.

Las banderas procedentes de los numerosos ondeaban suavemente en dirección oriental. El sol anunciaba la llegada del medio-día.

Desde Soléy-Atali…

–¡Mañana en plena... asamblea se anunciara!– dijo Soléy-Atali o simplemente llamada Atali.

–¡¿Los otros Jarls, por lo menos lo saben?!– pregunto Sóley-Kara, prima de Sóley-Atali o simplemente llamada Kara.

–Tal vez– dijo Tama, amiga de infancia de Sóley-Atali y hábil arquera.

Restando poca importancia a la densa bruma que se formaba en torno a la ciudad. La fundación Norgoth, se puede ubicar aproximadamente a varios siglos y siguiendo las antiguas leyendas procedentes de tiempos primigenios. Específicamente con un príncipe con ayuda del dios-padre y diosa-madre logrando la expulsión de un siniestro ser con aspecto de batracio y fieles seguidores.

Aquel príncipe pactando con los antiguos dioses de los Jötnar y erigiendo la capital nórdica, instalando el templo de los dioses como señal de gratitud, lentamente la ciudad fue creciendo y dejando al templo en el centro de la urbe.

En siglos venideros se construyeron murallas, mejoró notoriamente el gran puerto, el mercado estaba a metros del puerto y los habitantes de la ciudad se consideraban afortunados por estar bajo el amparo de los dioses o servir directamente los tres supremos sacerdotes. Pero, Jorund hablaba de un renacimiento de toda la raza nórdica, recordar viejas raíces y ver hacia un futuro diferente.

Posiblemente en la asamblea, se explicaría con más detalle dicho "Renacimiento" y pasos a seguir o el camino hacia futuro que se deseaba alcanzar por parte del primer sumo sacerdote.

–"Las guerreras nunca han sido conquistadas con los burdos cuentos de princesas. Solo un tonto puede pensar algo así"– pensó Soléy-Atali. Cumplido recientemente los veinticuatro años, cabellera rubia rojiza, ojos azules profundos, leves cicatrices en el rostro, complexión atlética. Llevaba una camisa de piel de cervatillo, una túnica de color azul, pantalones de cuero y un par de botas altas.

Una cota de malla con manchas de óxido, armadura de cuero con el símbolo del ciervo grabado en el pecho de la coraza, una piel de lobo sobre los hombros, protectores en los brazos y canilleras de cuero en las piernas. Portando una espada, dos cuchillos a la cintura y una hacha corta de combate. En batalla acostumbraba portar un yelmo y un escudo.

Por su parte, Kara y Tama vestían atuendos similares pero esta última por ser una hábil arquera, portaba una armadura ligera y luciendo un carcaj repleto de flechas. Tensando ocasionalmente su arco, buscando alguna presa que pudiera estar merodeando por la zona. Kara resultaba tener el cabello rubio oscuro y ojos apagados.

Tama lucia una melena castaña oscura y ojos pardos. Ambas abrigadas con gruesas capas y capuchas forradas con pieles de hurones.

Decidieron dar un paseo por fuera de la ciudad y olvidarse por unas horas de los problemas mundanos. Especialmente por perder su hogar, parte de su pueblo, esposo e hijo.

Montaron los únicos caballos que poseían, saliendo por la puerta principal bajo la atenta mirada de los centinelas de Norgoth y disfrutando de unos momentos de completa paz, bajo el amparo de una piedra medianamente destruida de color negra con extraños símbolos procedentes de tiempos primigenios.

Soléy-Atali o simplemente llamada Atali, dijo:

–No veo problema que podamos quedarnos en Norgoth por el invierno. Hablare con el sumo sacerdote Jorund… aún cuento con un pueblo que cuidar y cuidarlas a ustedes.

Kara intercambio una mirada con Tama. Y la hábil arquera contesto:

–No te culpo. Por pensar sobre "sí unos de los otros Jarls… ¡Es un descerebrado!– sujetando firmemente su arco.

–¡Son despreciables, prima!– contesto Kara. –La mayoría ya tienen una esposa por lo menos. Otros una segunda o hasta tercera concubina, o son muy viejos…

–O se creen demasiado inteligente– replicó Soléy-Atali.

–El sumo sacerdote Jorund siempre suele mencionar que "Ojos-Fríos" es el más inteligente entre los Jarls– señaló Tama.

Discutieron sobre esa singular simpatía del primer sumo sacerdote Jorund el Vidente. La presencia de "Ojos-Fríos" nunca pasaba desapercibida especialmente por "aquellos" tratos con los valusianos o Jötnar.

Los primeros o conocidos comúnmente llamados hombres-serpientes por sus características bípedas y tecnología más avanzadas, a diferencia de los magna-terranos.

Los valusianos solían verse regularmente en Norgoth. Fuera negociando pieles en el puerto de la ciudad-capital de Nordheim o atracando en el puerto de Hrafnagard, hogar del actual Jarl Ulrich u "Ojos-Fríos". En cambio, los enigmáticos Jötnar procedente de los rincones más profundo de Nordheim... podían dejarse ver y resultaba ser un evento especial.

Apenas se dejaban ver en los asentamientos de poder de los Jarls y prefiriendo residir en las montañas, siniestros bosques o volcanes.

Tal vez, preferían guardar extraños secretos o costumbres procedentes de tiempos primigenios. Coincidentemente, charlaban a metros del camino principal hacia Norgoth y notando extrañamente la presencia de cuervos posándose sobre la derruida piedra azabache, lanzando repetitivos graznidos y a lo lejos, un aullido escalofriante.

Tama requirió algo de impulso y escalando la piedra negra. El tacto le permitía percibir, una extraña sustancia aceitosa proveniente de la misma piedra e increíblemente ni señales de alguna mancha sobre la ropa. Agudizando su mirada hacia los cuatros vientos y viendo un estandarte a la distancia.

–¡Un valravn parado sobre sus dos patas con las alas extendidas!– anunció Tama, bajando rápidamente.

–¡Ojos-Fríos!– exclamó Kara.

Soléy-Atali estudio minuciosamente aquel estandarte perteneciente al enigmático Jarl de Hrafnagard y calculando un total de treinta miembros del séquito. A la cabeza iba el propio Ulrich "Ojos-Fríos" con ver a las tres mujeres realizaría un alto a la marcha hacia Norgoth e intercambiar unas pequeñas palabras con Soléy-Atali.

Desde Ulrich…

Un valravn –Significa: Cuervo de los Caídos, procedente del danés– se consideraba una autentica quimera nórdica o en otras palabras retratado como un monstruo mitad cuervo y mitad lobo. Existían ciertas historias de los blasfemos orígenes de un valravn, solía hablarse de un cuervo, alimentándose de los cadáveres de los caídos en batalla o consumir el corazón de un niño. El animal cosido en la tela representaba perfectamente al mencionado ser.

La cabeza de cuervo estaba perfectamente proporcionada con el cuerpo de un lobo y un par de alas emplumadas que permitían volar grandes distancias, garras afiladas, ojos brillantes, pelaje grisáceo y plumas negras. El estandarte ondeaba suavemente con el viento y admirado por las tres mujeres.

–¡La Jarl de Heorot!– dijo Hodur o simplemente llamado Hod, amigo de infancia de Ulrich y el mejor rastreador de Hrafnagard. Un hombre fornido cercano a los treinta años, cabello y barba castaña rojiza, carente del ojo izquierdo cubriéndole con un parche negro, ropas de lana y cuero, una espada corta, armadura ligera para el combate y una capa con capucha.

–¡Lo sé!– contesto Ulrich, apodado Ojos-Fríos. Alzando la mano y deteniendo por completo a su séquito. –Ella perdió todo– dijo con voz pesada y conteniendo un bostezo.

–¡¿Naglfar?!– pregunto Hod. –O intentando descifrar los hechizos correspondientes a esa "cosa" dejada a su suerte en la tundra. Sabes que tus hábitos de lecturas deben dejarse de lado por unos días y ser nuestro Jarl de Hrafnagard– indicó.

–Ya he leído casi todos los pergaminos y me falta comprender unas cosas… ¡Naglfar será mía!– contesto Ojos-Fríos.

–Y sin mencionar que debemos pelear contra los habitantes de la tundra. Esos simios caníbales con solo vernos, nos atacaran inmediatamente y posiblemente terminemos en un estofado o los cráneos convertido... en una bonita copa decorativa– replicó Hod.

Ojos-Fríos se reservo una carcajada y un comentario sarcástico. Hod prefería reír y dijo:

–Soléy-Atali suele tener un carácter un tanto complicado. Intenta ser algo más "agradable"…

Ulrich estaba entrando recientemente en sus 20 años, cabello rubio pero increíblemente más oscuro de lo esperado para un nórdico, peinado hacia atrás y atado con un fino cordón de cuero, ojos carentes de color o en realidad, esa ausencia de coloración se debía a su herencia jötnar por parte de madre y origen de su apodo, carente de vello facial. Vestía una camisa de piel de lobo, una túnica de mangas cortas de color rojo, pantalones negros y un par de botas altas.

Una armadura de cuero con el valravn grabado en el pecho, protectores en los brazos, un cinturón de cuero que colgaba una espada corta, un cuchillo curvo llamado kukri procedente de la Estepa-Sangrieta traída por los valusianos a modo de obsequio y una capa gruesa.

–¡Alto!– dijo Ulrich, descendiendo de su montura.

Soléy-Atali ni demostró una pizca de temor hacia Ulrich. Ni existía, un motivo concreto decirse alguna palabra desagradable o agresión provocando... una batalla entre las dos facciones, solo se observaron fijamente y estrechando el antebrazo del otro, en señal de saludo y respeto mutuo.

–¡Ha sido un largo tiempo, Ojos-Fríos!– dijo Soléy-Atali. Pensando solo en esas palabras.

–Eso creo– fue la respuesta de Ulrich observando a Kara y Tama detrás de Soléy-Atali. –¡Un gusto en conocerlas!...

–Igual…– contesto Kara.

–Un paria y brujo…– se dijo Tama. –Nadie puede confiar en él– dijo en voz baja a Soléy-Atali.

–No busca pelea…– replicó Soléy-Atali.

–Ni deseo una pelea.

El apodo de Ulrich estaba acorde a esa mirada gélida de nacimiento y carente de color. Los nórdicos reconocían aquella herencia de los gigantes nórdicos.

Hacer un par de años, Ulrich fue relacionado con "El Inefable" y su consorte oscura con aspecto de cabra. La jötnar Hýradr la Cazadora enfureció por escuchar tal rumor y enviando a su jauría de valravnes contra aquellos que difamaron a su hijo, cesando definitivamente cualquier comentario que pudieran relacionarlo a tan terribles deidades procedentes de tiempos primigenios.

–Mejor cierra tu boca o sino… te golpeara tan duro. Él no ha buscado pelea y solo deseaba demostrar sus correspondientes respetos– dijo Soléy-Atali a Tama.

–Y dar mis correspondientes condolencias por su hijo y fieles seguidores perdidos en el ataque– replicó Ulrich. –Y Hrafnagard fue atacado…– lanzando un silbido.

Hod cogiendo un saco que portaba consigo y sacando del interior, una cabeza de Draugr cubierta de brea. Las tres mujeres intercambiaron una mirada por unos segundos y escuchando las palabras de Ulrich.

Hace un par de noches, los vigías de Hrafnagard detectaron un grupo cercano de repulsivos Draugrs. Ulrich decidió darles cierta oportunidad, permitiendo abrir de noche las puertas de su asentamiento y mordieron el anzuelo.

–Los matamos a todos e intentado obtener respuestas. Conseguí algo…– dijo Ulrich exhibiendo un extraño medallón grabado con la imagen de un ser de aspecto simiesco con ciertas cualidades de quiróptero y anfibia. –¡Ese canalla que habita las montañas orientales de Nordheim!– indicó.

–¡Cykroggua!– exclamó Soléy-Atali.

Un nombre que no debemos olvidar y especialmente deseoso de poner sus manos peludas y viscosas sobre Nordheim.

Gran salón de Norgoth…

El primer sumo sacerdote Jorund, la segunda suma sacerdotisa Siv y el tercer sumo sacerdote Arnor. Dieron inicio a la "Asamblea de Norgoth" con un festín a base de arenque ahumando, carne de cerdo o de ciervo, panecillos de cebada o avena, tubérculos, coles y abundante cerveza fabricada a partir de miel.

Los belicosos nórdicos se le daban bastante bien los festines. Especialmente al momento de reunirse en Norgoth y presentar los correspondientes tributos a los tres sumos sacerdotes.

Un bardo cantaba una canción obscena provocando más de una carcajada o comentarios aún más obscenos. Las siervas se encargaban de llenar los prominentes cuernos cerveceros o traer comida en enormes bandejas e incluso dos siervos preparaban un monstruoso cerdo a las brazas. El aroma de las hierbas sobre la carne del porcino inundaba todo el recinto.

El Jarl Ulrich y la Jarl Soléy-Atali junto a Hodur, Soléy Kara y Tama compartían la mesa. En cambio, los miembros de cada séquito de los Jarls, festejaban por toda la ciudad y esperando que la asamblea finalizara para dar pie a los festejos de la noche.

Los nórdicos bebían, comían o charlaban. Pero la mesa donde se ubicaban los dos mencionados Jarls, se convertían en el centro de atención o llevándose una serie de comentarios.

Tradicionalmente, sí… dos o más Jarls compartían una mesa durante la asamblea, los siervos dispondría un enorme cuerno de cerveza que compartirían y los acompañantes de cada uno recibían cuernos más pequeños para beber. Ulrich y Soléy-Atali increíblemente preferían saborear la cerveza de color dorada y charlan entre medio del festejo.

Hodur o llamado simplemente, Hod. Estudiaba inquisitivamente a su amigo de infancia pero intentaba mostrarse encantador con Soléy-Kara y Tama.

–¡Somos el centro de atención!– indicó Ulrich.

Y confirmando las palabras, los otros Jarls inmediatamente apartaban sus miradas o fingían hablar otras cosas. La bebía nunca faltaba o la comida, los viejos juramentos volvían a ser escuchados, las maldiciones e incluso un pequeño homenaje por parte de un Jarl a otro.

–¡Ojos-Fríos!– dijo el Jarl Egil, convirtiéndose en el centro de atención del salón. –¡Mis espadas, son tus espadas!– y Ulrich contesto con solo alzar el cuerno de cerveza que compartía con Soléy-Atali.

E inmediatamente. El Jarl Lodmund, dijo:

–¡Navegaremos bajo una sola bandera. Y esa será, el abominable valravn!– y el círculo personal del Jarl Lodmund alzaron sus armas y rectificando las palabras de su líder.

Soléy-Atali clavo los ojos sobre su particular acompañante en la mesa. Intentando dimensionar las palabras de los otros dos líderes nórdicos y Ulrich dijo:

–Planeamos un ataque a Mhuroth.

–¡¿Mhuroth?!. ¿Región?– replicando dos preguntas inmediatamente.

–¡Thrugge!– respondió Ulrich. –Planeamos atacar la región de Thrugge. Egil y Lodmund tienen cuentas pendientes en la ciudad Thrugge.

–¡¿Y tus razones?!– pregunto Soléy-Atali.

Ulrich emitió un particular brillo gélido proveniente de los ojos y una misteriosa sonrisa.

–Leonhard, rey de Thrugge. Conocerá, el fuego frío…– contesto Ulrich, moviendo levemente la mano derecha. Ella noto cierto destello, pasando prácticamente desapercibido para el resto de los presentes. –El asesino de mi padre– se dijo.

El primer sumo sacerdote Jorund estudio inquisitivamente a Ulrich y Soléy-Atali. Personalmente, prefería mantenerse apartado en cuestiones de uniones matrimoniales y por al menos una vez, podía mover uno que otro hilo.

Una idea inesperada o simplemente los dioses permitieron dentro de la asamblea, unir a esos dos y asegurar la herencia de Heorot. El primer sumo sacerdote debía manifestar a los Jarls y sus séquitos, ciertas palabras discutidas con Siv y Arnor.

–¡Hermanos y hermanas!– dijo Jorund. Los asistentes de la asamblea callaron inmediatamente y escuchando. –¡Vivimos tiempos difíciles!– comenzó.

El discurso apuntaba a mantener un "buen" comportamiento mientras duraba el invierno y evitar peleas por determinados territorios. Idealmente cada nórdico ansiaba conseguir un combate por diversión o zanjar cuentas pendientes.

Lamentablemente, el invierno significaba una época del año diferente y las rivalidades debían ser puestas a un lado, y pensar en el bien común o por lo menos una vez acorde a las estaciones del año. Aquel o aquella que intentara resolver una rencilla que podría terminar en una muerte segura. Sería llevado a Norgoth y enjuiciado inmediatamente, la decapitación implicaba ser la sentencia habitual para tales casos.

Retomando las palabras del primer sumo sacerdote continuaba insistiendo sobre "el Renacimiento de Nordheim" e intentar elegir un líder único. Los Jarls junto a los hombres y mujeres de mayor confianza, intentaban dimensionar en elegir un nuevo líder absoluto o en otras palabras... el próximo monarca. La anterior familia real se había extinto hace siglos y las autoridades religiosas nórdicas fueron elegidas por los propios Jarls, otorgándoles la tarea de gobernar sobre toda Nordheim.

El primer sumo sacerdote intentaba elegir un digno monarca pero cada uno de los Jarls, tan solo pensaban en su posición y la forma de incrementar cuantiosamente sus arcas con las más inimaginables riquezas o poseer nuevas tierras. Por años intento encontrar una forma de elegir un nuevo monarca, pensando en alguna clase de votación popular que cada Jarl alzara su mano o manifestara por quien sería un candidato digno.

–Solo piensan en acrecentar su propio poder. Obtener tierras y redadas en verano... – se dijo Jorund, el primer sumo sacerdote. Coincidentemente, mantenía su mirada sobre Ulrich y Soléy-Atali pensando sobre una unión matrimonial y los mutuos beneficios.

Luego, hablo la segunda suma sacerdotisa Siv y finalmente, el tercer sumo sacerdote Arnor hablarían.

Jorund mantenía fija la mirada en el Jarl de Hrafnagard y la Jarl de Heorot. Pensando, detenidamente y pidiendo a un siervo que le comunicara sobre una reunión a los dos mencionados líderes.

Esa noche…

–¡¿Es media-noche?!– pregunto Ulrich.

–Solo un poco más…– replicó Hodur.

Tradicionalmente, la asamblea en la capital de los territorios nórdicos, fácilmente duraban entre dos días a tres días, respectivamente. Todo dependían las condiciones climatológicas o la nieve pero afortunadamente solo habían caído ligeras lluvias y permitían el viaje de regreso a los correspondientes asientos de poder de cada asistente.

Luego del gran festín que se extendió hasta entrada la tarde y cerca del anochecer. La noche daba inicio a la segunda parte de la gran asamblea o en este caso, la tradicional celebración nocturna donde se aprovechaba la ocasión de limar asperezas, fraguar alianzas por medio de matrimonios o planificar un ataque a Mhuroth.

Ojos-Fríos permitió a los miembros de su séquito deambular por Norgoth por algo de diversión y evitar en lo posible peleas innecesarias. El mensaje le fue comunicado por un siervo e indicando la media-noche para la "reunión secreta" junto a Soléy-Atali y los tres sumos sacerdotes.

Posiblemente, explicar sobre el extraño medallón con la imagen grabada de Cykroggua y relacionado a los ataques de Draugrs por todo Nordheim. Solo esperaban la hora señalada y aprovechaban de deambular por el área colindante del Gran Templo de los Dioses.

–¡¿Qué piensas?!– pregunto Hodur.

–Cykroggua, puede tener fácilmente una treintena de magos o brujos bajo su control y conjurar legiones completas de guerreros muertos, e invadir cada pueblo o asentamiento de poder… – contesto Ulrich.

–Bueno. ¡Jejeje!... no me refería a eso– replicó Hodur. –Sino, a nuestra bella acompañante del festín. Ustedes dos… "se llevaban bastante bien"…– escupiendo al suelo.

–¡Solo intentaba ser "civilizado"!– contesto Ulrich. –Ya es suficientemente malo. Ser tratado como una especie de paria…o algo peor.

Los otros nórdicos festejaban entre abundante cerveza dulce, apuestas, mujeres engatusando algún Jarl o guerrero de renombre. Una competencia intentando dar en el blanco con dos competidores completamente borrachos.

–¡¿O eres de los tímidos?!– dijo Hodur con sutil sarcasmo y recibió una mirada gélida, fue suficientemente poderosa para callarlo o reservarse cualquier chiste.

Los comentarios despectivos dirigidos a su persona le parecían un burdo intento de intimidación o provocar una pelea. En cierta oportunidad, tres pescadores que ofrecían su mercancía en el mercado local de Norgoth, arrojaron a los pies del propio Ulrich, tripas de pescado y riéndose de tal afrenta.

Ulrich, en persona o en este caso, encaro a los tres hombres que provocaron tal ofrenda y dejándolos completamente quemados por hielo. Ni se molesto en explicar, la capacidad del hielo en causar tal efecto sobre los tres pescadores.

Nadie intento buscar venganza o reclamar a los tres sumos sacerdotes. Quedando en la memoria de los presentes y distorsionando completamente aquel evento.

–Ella perdió a su esposo e hijo. No creo que desee buscar a un idiota que le caliente el lecho… por placer. Esa mujer tiene un terrible carácter…– dijo Ulrich.

–Es una belleza.

–Una belleza con carácter– replicó. –¡Y creo que es hora!– indicó.

Los dos hombres se desplazaban por las concurridas calles de Norgoth. Los nórdicos continuaban bebiendo, comiendo o buscando una pareja para compartir por al menos una noche el lecho. Algunas mujeres con solo ver a Ojos-Fríos con solo verlo preferían buscar una mejor compañía.

–Mi madre solían decir que una Jötnar de las montañas podría ser una esposa ideal– comento a Hodur.

–Y creo que puede tener razón– replicó Hodur. –Y vivir juntos en una cueva.

–Una cueva, es agradable en invierno o verano.

Ambos rieron por tal mal chiste y continuaban caminando por una calle anexa e intentando pasar desapercibido por al menos una noche. Giraron a la derecha, bajaron otras tres calles e ingresaron una entrada secreta del Gran Templo de los Dioses.

Golpearon tres veces la puerta de entrada secreta trasera e ingresando.

Un siervo de 12 años sosteniendo una linterna de hierro y guiándolos hacia el interior del templo. El templo imponían su figura por toda la ciudad, los nórdicos sin excepción alguna buscaban entregar las ofrendas o el favor de los dioses u oficiar matrimonios.

Las estatuas de los dioses nórdicos debían tener una altura cercana a los cuatro metros y fabricadas de piedra por los propios Jötnar. Hodur evitaba tener contacto directo con los dioses, las miradas severas daban a entender un juicio directo y silencioso.

El dios-padre Guðbrandr (Dios-Fuego/Espada procedente del antiguo nórdico) y la diosa-madre Sóley (Sol en femenino procede de Islandia). Precedían el particular juicio, los otros dioses y diosas… fuera el dios del hielo Ymir, la diosa de la sabiduría Gróa, el dios de la guerra Hýtr, la diosa cazadora Skadr y entre otros. Atestiguaban a los dos particulares visitantes y parecían murmurar brevemente por Hodur…o tal vez, Ulrich.

–Mi madre suele encomendarse a Ymir y Skadr. Afirma que los otros dioses suelen ignorar sus rezos pero Ymir y Skadr, la ayudan en las cacerías…– comento Ulrich.

–Yo solo deseo estar en buenos términos con el dios-padre Guðbrandr– indicó Hodur.

–¡Por aquí!– dijo el niño y alzando la linterna, iluminando la siguiente parte del camino y descendiendo hacia niveles inferiores del templo.

En el segundo nivel subterráneo, debieron caminar aproximadamente unos quince metros por el extenso pasillo, ignorando a obesas alimañas o cosas peores.

–¡Este sitio suele estar reservado para ciertos asuntos!– dijo Ulrich.

–Y extraño– replicó Hodur.

Todo lo concerniente a los sumos sacerdotes implicaban cierta extrañeza o completamente prohibido a los nórdicos. Las historias eran incontables y hablaban sobre ciertos secretos bajo los niveles inferiores del templo.

Ulrich, cuestionaba abiertamente sobre la veracidad de las extrañas historias. Y postulaba teorías a cada una de ellas, básicamente sus compatriotas preferían seguir creyendo absurdas fantasías y llenar las cabezas de los niños por tales cuentos. Era extraño para un mestizo criado en territorio Jötnar y educado en antiguas tradiciones.

Su educación estaba basada en historias de tiempos primigenios. Contemplo a criaturas procedentes de las más blasfemas mentes de Magna-Terra.

Cantos impíos de los gigantes montañeses o los extraños hijos del bosque que hablaban en una lengua prácticamente gutural de abominaciones ocultas bajo tierra. Los habitantes de la tundra aullaban en la quincena o veintena de cada mes a su dios-fantasma y monolitos destruidos por los antiguos nórdicos. Ulrich creció entre tantas historias dándole una perspectiva diferente, gracias a la educación otorgada por Hýradr la Cazadora.

–¡Aquí!– dijo el niño.

El cuarto del nivel subterráneo podía albergar fácilmente hasta cincuenta personas, un enorme candelabro, un brasero de acero negro y ardiendo violentamente, una mesa y sillas para cada uno de los invitados, un pequeño festín, los tres sumos sacerdotes, Soléy-Atali, Soléy-Kara, Tama y finalmente Ojos-Fríos en compañía de su fiel amigo, Hodur.

–¡¿Qué significa esto?!– pregunto Ulrich.

–Lo mismo podría decir– replicó Soléy-Atali.

–¡Ustedes dos!... – dijo el primer sumo sacerdote, Jorund. –Y lo he discutido con la sacerdotisa Siv y Arnor.

–Apoye la decisión– dijo la segunda suma sacerdotisa, Siv.

–Y garantizamos la supervivencia de Heorot– rectificó el tercer sumo sacerdote, Arnor.

El primer sumo sacerdote señalo a los dos Jarls acercarse y dijo:

–Una boda es importante. Debemos aprovechar esta oportunidad de asegurar ambos linajes y proteger las tierras ancestrales de Heorot. ¡Comencemos!...

A la mañana siguiente…

Soléy-Atali despertó con el sonido de los cuervos y voces lejanas.

–¡¿Ulrich?!– con voz cansada y acomodándose junto a su nuevo esposo. –¡Ulrich!...

Él murmuró un par de palabras y contestando:

–¡¿Amaneció?! Y… ¡¿Cuánto bebimos anoche!– aparatando la gruesa colcha compartida por ambos. –¡La boca me sabe horrible!...

–Bebimos medio barril y comimos…– contesto ella.

En otras palabras, la ceremonia llevada a cabo la noche anterior careció de los tradicionales ritos.

Especialmente, la gran fiesta donde los familiares de la respectiva pareja pronta a casarse debían reunirse en un gran festín que duraría hasta entrada la noche, el intercambio de obsequios y beber hidro-miel, en abundancia para aumentar considerablemente las opciones de fertilidad. E incluso una boda era idealmente realizada a comienzos de otoño.

Luego de recoger la cosecha, sacrificar los animales y recolectar la miel a la inminente llegada del invierno. Y boda debía ser efectuada en el quinto día de la semana frente a un altar en honor a la diosa-madre Soléy. La ceremonia de matrimonio organizada por los tres sumos sacerdotes careció complemente de las habituales tradiciones pero el excesivo consumo de hidro-miel fue cumplido.

En el segundo día de la asamblea y siguiendo las antiguas tradiciones. Se concretarían exclusivamente en una segunda reunión de todos los Jarls y escuchar la voz de cada uno de los presentes, especialmente de los tres sumos sacerdotes.

Una hora después, y representado a un matrimonio pero con la excepción de mantener una condición socio-político similar y prontamente causarían un gran revuelo entre los nórdicos. Norgoth parecía una ciudad completamente diferente en el segundo día de asamblea.

Campesinos vendiendo parte de sus cosechas o intercambiaron por otros productos, los comerciantes extranjeros cargaban los navíos y emprendiendo el viaje de regreso. El invierno fue anunciado por medio de la interpretación de intestinos animales, el comportamiento de las abejas o la migración de enormes caribúes hacia zona con más verdor.

Finalmente, los respectivos líderes de Nordheim se reunieron nuevamente en el Gran Salón del Templo. El primer sumo sacerdote llamaba a mantener la paz entre los nórdicos y cooperar mutuamente a tal inclemente invierno que reclamaba vidas por igual.

En cambio, el asunto de la nefasta presencia del siniestro Cykroggua junto a la horda de magos y brujo renegados que le servían incuestionablemente, solo lo dejarían pasar y se mantendría en su remota fortaleza urdiendo planes contra toda Nordheim. En el pasado los nórdicos habían lidiado con siniestro seres provenientes de las inmundas entrañas o procedentes de otros planetas deseosos poner a Magna-Terra, en un ciclo de tiempo de autentica orgía de sangre y demencia por igual.

Retomando la asamblea y esperando la llegada de los tres sumos sacerdotes. Soléy-Atali y Ulrich se ubicaron precisamente en los primeros puestos por su posición de poder un poco más privilegiada. Uno que otro líder nórdico, le parecía "molesto" el puesto de honor que poseía Ojos-Fríos y agravando la situación.

Egil y Lodmund, intercambiaron una mirada con Ulrich. Reafirmando su alianza y esperando la llegada de primavera, buscando venganza contra el rey Leonhard de Thrugge.

Los sumos sacerdotes con solo colocar un pie en el interior del Gran Salón del Templo. El primer sumo sacerdote dijo:

–¡Hrafnagard y Heorot, resultan ser uno!– y provocando cierta sorpresa entre los presentes. –¡Jarl Ulrich y Jarl Soléy-Atali, han contraído nupcias y uniendo definitivamente a dos antiguos linajes. En una nueva casa e invitó a cada uno a presentar sus debidos respetos…

Una treintena de Jarls parecían prácticamente sorprendidos, otros simplemente o una gran mayoría estaba de acuerdo en tal unión matrimonial y una docena de Jarls enfurecidos.

Desposar a Soléy-Atali, significaba elevar considerable el estatus social y garantizar una vida con incontables privilegios. El hombre "afortunado" resultaba ser un descendiente de uno de los linajes más antiguos como lo era Hrafnagard por el lado paterno y el materno una herencia tan antigua como las montañas de Nordheim, conocer de un sinfín de secretos prohibidos para los nórdicos que escapaban a toda comprensión.

La docena de Jarls preferían lanzar fieras miradas a Ulrich. Soléy-Atali mirada con desprecio a la docena de enfurecidos hombres, prefería centrarse en las repetitivas palabras del primer sumo sacerdote del "Renacimiento" dentro de toda Nordheim.

Elegir un monarca ayudaría a estabilizar a cada uno de los asentamientos de poder y permitir un gobierno único pero las disputas internas o entre los Jarls impedirían lograr tal objetivo. Hablaron de garantizar el mutuo apoyo entre los nórdicos, olvidarse de las venganzas personales y en lo posible sobrevivir a tan cruel invierno.

Ulrich "Ojos-Fríos", ni parecía prestar atención a los ojos inquisitivos deseoso de reclamar un combate uno a uno o tal vez, esperar la llegada de la primavera. Desposar a Soléy-Atali ni parecía ser un obstáculo a sus planes a futuro contra el reino-feudal de Thrugge, en Mhuroth.

Cualquiera que intentara dimensionar ciertas reflexiones, planes o pensamientos de Ulrich. Ni podía suponer una importante parte de los planes pero él solo estaba centrado en su viaje hacia la inhóspita tundra de Nordheim.

Ulrich con solo alzar su mirada continuaba en sus propios asuntos.

–Naglfar– fue el único pensamiento de Ojos-fríos y jugándose todo por obtener un premio codiciado por generaciones entre los nórdicos. Un navío sepultado y custodiado por los habitantes de la tundra que procuraban mantenerlo bajo su poder esperando que el mundo cambiara antes de verlo nuevamente surcar los cielos de Magna-Terra, sin mencionar sobre cierto trato con los valusianos a cambio de cierto "poder".

Y escuchando las últimas palabras de los tres sumos sacerdotes y finalizando la asamblea de Norgoth.

Días después, hacia Hrafnagard…

Habían transcurrido cerca de dos días y dos noches. Norgoth, quedaba atrás por lo menos hasta la próxima asamblea o por cualquier situación que pudiera requerir, la opinión de los tres sumos sacerdotes y emitir una sentencia.

Los nórdicos procuraban preservar y administrar cada grano de provisiones, rezando a los dioses y deseando ver un nuevo amanecer hasta la llegada de la primavera.

El campamento liderado por Ulirch y Soléy-Atali, se instalaron en las proximidades de un conjunto de antiguos monolitos con grabados rúnicos posiblemente tallados por los Jötnar o una raza aún más antigua de tiempos primigenios. Solo se requería una hora para montar el campamento, designar a los guardias y encender pequeñas hogueras y mantener lejos a posibles depredadores o seres revividos por medio del oscuro arte de la nigromancia.

Esa noche, o específicamente cerca de la media-noche, los guerreros de Ulrich o el grupo destinado a montar guardia aseguraban que la zona carecía de potenciales peligros pero Soléy-Atali exigía que se mantuvieran atentos a cualquier potencial amenaza y pudiera caer sobre el campamento.

Y Hodur dijo:

–¡No se preocupe!. Sera una noche tranquila y podrán disfrutar de una encantadora velada– con un descarado sarcasmo y lanzando un mensaje especial a Soléy-Atali.

Soléy-Atali se aseguro que cada miembro sobreviviente de Heorot, estuviera al menos "cómodo" o contara con todo lo necesario para pasar la noche y continuar el viaje rumbo a Hrafnagard. La media-noche estaba cerca, la mayoría de los integrantes de la caravana dormían o vigilaban los alrededores del campamento y ella se dirigía a la tienda que compartía con su nuevo esposo.

–Ulrich ni apesta a sudor o alguna clase animal. Extrañamente… es limpio, a diferencia de otros Jarls. Esos tatuajes en la espalda y torso deben ser de origen Jötnar– reflexionó Soléy-Atali. En la noche previa a dejar Norgoth, consumaron el matrimonio y esperando que la semilla proveniente de Ulrich, diera frutos en el interior de Soléy-Atali.

Ni emitió alguna queja contra él o se refirió sobre lo sucedido a la hora de mantener relaciones sexuales. Él tampoco parecía quejarse por desposar a una mujer viuda y carente de poder con un puñado de seguidores. Un matrimonio extraño en diversos aspectos.

Dirigiéndose al pabellón con la gruesa lona puesta e instalada en el corazón del conjunto de monolitos. Ingreso en el interior, observando a Ojos-Fríos leyendo un pergamino con extraños dibujos bajo el amparo de una linterna de hierro con la mitad de la vela consumida colgada de los maderos centrales, mantenían en pie al pabellón. Solo contaba con unas pieles lo suficientemente gruesas para evitar morir congelados y un cuenco con carne seca de oso mezclada con salmón.

Esa comida podía ser considerada como una verdadera asquerosidad por los extranjeros. En Nordheim mezclar carne de oso y salmón ayudaba al cuerpo a recibir los nutrientes necesarios en las extensas expediciones fueran marítimas o terrestres. El cuerpo requería una comida que le proporcionara dicho impulso a la hora de remar o combatir en tierra firme.

–¡¿Media-noche?!– pregunto Ulrich, apenas apartando la vista del pergamino.

–Cerca pero siempre sueles estar metido con esos pergaminos. Pensaba que los Jötnar eran celosos con sus secretos especialmente con nosotros…– señaló Soléy-Atali.

Ulrich solo debió esbozar un débil mueca y retomando su actitud estoica. Y respondió:

–Cuando creces... en una cueva con un montón de valravnes, sueles aprender muchas cosas. Especialmente, asistiendo a las reuniones secretas de los Jötnar y callado en todo momento… los más ancianos relatan viejas sagas o explican el significado de cada runa y comprendiendo– contesto Ulrich.

Tal respuesta podía tener una réplica a cada revelación. Solo se preguntaba tan solo una cosa:

–¡¿Es Broma?!.¿Creciste en una cueva con un montón de valravnes?– y dimensionado que por ser parte Jötnar tenía derecho en aprender de su herencia.

–Mi madre mide un poco más de seis pies de altura y una fuerza monstruosa con tan solo disparar una flecha. La cueva o en la parte más profunda y cálida en toda época del año. Las pieles estaban colgadas y los huesos animales utilizados para confeccionar puntas de flechas.

Ulrich recordaba con profundo afecto sus años junto a su madre, Hýradr la Cazadora. Cumpliendo 10 años debió dejar la cueva y pasando al cuidado de su padre Brandr. En los siguientes años, aprendió todo lo requerido por un Jarl o en este caso ser el siguiente Jarl de Hrafnagard.

Hrafnagard, bajo el mando de Ulrich se volvieron impredecibles y atrevidos en los ataques de los territorios occidentales de Magna-Terra. Los nórdicos reconocidos por los sagaces ataques a poblados o ciudades costeras obligaban a los monarcas de Mhuroth tomar duras medidas contra los nativos de Nordheim. Pero, todo cambio radicalmente con Ulrich y sus navíos.

Mhuroth contaba con un sinfín de acceso a las tierras más alejadas del mar. Los navíos procedentes de Hrafnagard navegaban por los ríos, asaltaban cada poblado ribereño o atacaban ciudades bajo determinadas condiciones. Algunos importantes "Lores" de Mhuroth ofrecían cuantiosas recompensas por asesinar a Ojos-Fríos y quemar en el proceso a los navíos nórdicos.

Siempre lograba burlarse y cargar los navíos con los tesoros obtenidos en las redadas. Soléy-Atali le parecía extremadamente enigmático y ahora nuevamente compartirían el improvisado lecho matrimonial. Cada uno se quedo con la camisa de piel animal, los pantalones y quitándose las botas.

–¡¿Qué decía ese pergamino?!– pregunto Soléy-Atali acurrucándose junto a él.

–Naglfar– contesto.

–Eso es imposible. Esa "cosa" ha estado enterrada bajo la nieve por siglos y la tundra resulta ser un sitio inhóspito habitado por "ellos"– replicó Soleý-Atali.

Ulrich debía seguir estudiando los antiguos pergaminos y textos, escritos por la mano de los Jötnar. Tan solo requería tiempo y cumplir ciertos tratos con los valusianos.

–Solo es cuestión de tiempo y debo seguir leyendo– dijo Ulrich rodeando con el brazo a su señora-esposa y permitiendo que lo últimos vestigio de la vela fuera consumida completamente. En la oscuridad solo escucharon las débiles voces provenientes del bosque y a la distancia un aullido se encargo de marca, la llegada de la media-noche.


Y continuara en el próximo capítulo. Espero que disfrutaran de la nueva actualización especialmente por demorarme algo en sacarlo y pudieran leer tranquilamente.

Lentamente voy desarrollo uno de los centrales argumentos del Ciclo Magna-Terra I... a futuro quien sabe el total de ciclos que vendrán. Pero, vamos tranquilamente viendo cada punto de vista y sucesos que acoplarán hasta el final de este primer ciclo.

Especialmente en cierto punto a futuro de las próximas publicaciones se deben sumar otros personajes. Y el siguiente titulo es:

Capítulo III: Hrafnagard.

Continuando con Ulrich "Ojos-Fríos" y Soléy-Atali. Sin mayores palabras, nos vemos.