Conforme la noche se hacía evidente, yo sabía que mi destino estaba sellado, por más que tratara de escapar podía escuchar a esa cosa, paso a paso se acercaba, sin importar a donde fuera me seguía, las tablas crujían a cada paso, el sudor frió recorría mi cuerpo conforme le escuchaba caminar, se movía lentamente, pero nada detenía a esa bestia, sus ojos rojos y penetrantes revisaron meticulosamente la habitación, mientras que yo temblaba tras algunas viejas cajas.

Sus pasos pesados se dirigieron hacia mí, sentí la pesada aura de esa cosa cada vez más cerca, sin poder hacer nada, no podía gritar, correr o luchar, solo me quedaba esperar el inevitable fin, mientras que poco a poco sus garras movían las cajas, al tiempo que su hedor pútrido llenaba mi nariz, mi corazón se aceleraba a un ritmo infartante, tenía que hacer algo, pero justo entonces una voz familiar se escuchó, sabía quién era, al igual que la monstruosidad que estaba por ponerme fin, pero antes de poder reaccionar esa cosa comenzó a caminar hacia la voz.

Corrí, solo para que la bestia me escuchara, de pronto dejo de ser lenta, la podía sentir detrás, esa señal de muerte segura, ese fin que nadie podría evitar, corrí hacia donde pensé venia la voz pero era una trampa, la criatura me hizo creer que había esperanza, pero seguí corriendo, las garras resonaban contra el suelo conforme me acortaba más y más distancia, su aliento era cada vez más fuerte, más cercano.

Finalmente logre entrar a este cuarto, ahora estoy solo, encerrado, mirando la puerta mientras cruje por los golpes de la bestia, temblando, en completo pánico, nada que hacer más que esperar mi pronto final, solo puedo ver como lentamente la puerta cede a sus golpes para finalmente poder…


Tiverius Pascal