Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por "De aquí y de allá" by TanitBenNajash"

Enero.

Consigna: relato libre

Titulo: Con una sonrisa

Estas cansada, no hay forma de que sigas adelante si no es a rastras. El frió se te va colando entre la ropa hasta tocar tu piel con sus largos dedos ¿cómo habías terminado así? Sola entre la espesura sin lograr ver la luz de luna. No lo sabes.

Ha pasado tanto tiempo que no lo recuerdas, tus cabellos canos siguen las ondas del aire y casi puedes ver su color blanquecino rondandote en espirales. Lo que no puedes olvidar pese al paso del tiempo son los roces de sus labios sobre tu piel.

Sentada frente a esa cabaña vieja que no reconoces, pero que en su momento juntas la escogieron para pasar el resto de sus días. Suspiras como si hubiese sido ayer cuando sus manos de dedos delgados recorrieron tu brazo hasta llegar a tu rostro.

Con tu propia mano suave y arrugada intentas imitar la sensación de su palma acariciandote. Y cierras los ojos para imaginar que su aliento te golpea la cara, riéndote bajito con el sonido escapando entre los dientes que te faltan en un destello fugaz recuerdas su primer beso. Fue horrible.

Estaban tan nerviosas que se dieron un golpe en la frente y después sus narices se habían metido en el camino, para terminar con tu labio roto por culpa de sus braquets; pero aun así lo atesoras como el mejor beso porque fue el primero que te dió.

Eran un par de chiquillas desatravancadas cuando descubrieron el amor y el placer de enredarse en las sabanas los fines de semana, cuando la juventud se les fue consumiendo entre trabajos mal pagados y tarros de cerveza con pizza fría por la mañana, la tranquilidad de tenerse fue la cura a la desesperación de sus peores años. Y cuando todo cayó en su lugar la felicidad se respiraba a su alrededor.

Sientes una mano posándose en tu hombro, asustada respingas y levantas la mirada. Es ella. Ha venido por ti, sonríe de la misma forma en que lo hacía cuando le comprabas un helado de nuez, con una alegría infantil contagiosa que se esparce por el ambiente y te arrastra con ella. Tu cabeza se siente más ligera y los huesos ya no te pesan.

La vitalidad te llena tan rápido como la vida se te escapa de las manos: sin darte cuenta y con una sonrisa. Te vas con ella, tomándola de la mano con ganas de vivir el resto de la eternidad con la nariz pegadita a su cuello, oliendo su aroma a durazno.

Y cuando te encuentren un par de horas después llorarán, pero en el fondo se les impregnara el deseo de morir igual que tu, con una sonrisa.