Renuncia de derechos: en el transcurso de la historia, quizá aparezcan detalles que son de otras personas, así que denles el debido crédito. Como lo demás será mío, me reservo su uso.

Esta historia participa en el Reto Anual del Tanit Dribs (hashtags del reto en redes sociales: #TanitDribs #12M12RMaster), en su Modo Fácil, organizado por TanitbenNajash.


Enero: Relato libre (1000 Palabras).


En el que se celebra una fecha.

Era un día cualquiera para muchísimas personas.

Amaneció con un viento helado proveniente de la costa, el cual agitaba las aguas, pero no las hacía mortalmente peligrosas. Si bien la mayoría de los trabajadores del puerto se ponían en marcha sin importar el clima, esa mañana habían estado un poco reacios, pues bien mirado, ¿desde cuándo sentían que se les cortaba el aliento de aquella manera tan inusitada?

Nadie quería arriesgarse ese día, no en ese país.

Sin embargo, a diferencia de algunas naciones, el que la fecha se considerara fiesta nacional, no significaba que el trabajar fuera ingrato o causara envidia. Los elegidos para desempeñar sus tareas en esa ocasión, solo se resignaban a ello y consagraban sus labores a los dioses. Sabían que en otros sitios lo hallaban sumamente extraño, mientras que unos pocos les tenían envidia.

Sinceramente, les importaba muy poco.

En la capital, la fiesta se desarrollaba en la Plaza de la Independencia, un espacio amplio y sencillo, pero cercado de manera agradable por numerosos árboles que, en aquella época, estaban casi desprovistos de hojas. Lo que faltaba en verdor en ese momento, los lugareños lo compensaron con papel picado de múltiples colores, revoloteando entre las ramas con graciosa brusquedad y, por fortuna, sin desbaratarse.

Aunque a ojos ajenos luciera normal, la ciudad estaba envuelta en un ambiente relajado, expectante, en el cual las personas no dejaban de sonreír, aparentemente sin razón, mientras hacían sus diligencias o disfrutaban del tiempo libre, según fuera el caso.

Los niños abundaban en las calles, delatando así que era un día festivo. Por lo menos, era la primera pista del asunto que recibía quien no fuera nativo de aquel país. Parecía algo universal el que los primeros en ser dispensados en esas ocasiones, fueran los infantes, nadie lo podía negar.

Hacia el mediodía, el frío disminuyó, lo mismo que el viento. El papel picado en la Plaza de la Independencia pasó a ondear con suavidad, lo cual dio la sensación de que abanicaban a los transeúntes que comenzaban a congregarse por allí, todos ataviados con distintas prendas de abrigo y protegiéndose los ojos del brillante sol con sombrillas, gorras o sombreros.

Solo un extranjero sinceramente interesado se habría interesado en preguntar cuál era la fiesta en cuestión, y más aún el hacerlo con genuino interés y no una curiosidad morbosa.

—A mediados del siglo dieciocho, se comenzaron a desarrollar los eventos que desembocaron en la Declaración de Independencia y, por consiguiente, en el Movimiento Separatista.

Los recorridos turísticos eran variados en todo el país y más en la capital, pero en ese día de fiesta, solo uno de ellos se daría en la Plaza de la Independencia, teniendo fama de interesante y alegre. Por lo tanto, no era de extrañar que, pese al clima y el ambiente ligeramente solitario de la plaza, un nutrido grupo de extranjeros siguiera de cerca al guía en turno.

—Mientras que el resto de la república parecía conforme con el desarrollo que estaba mostrando, nuestra humilde nación tenía su propia noción de las cosas, que desafortunadamente no coincidía con la mayor parte de lo deseado por la república. Fue por eso que aquí, en la Plaza de la Independencia, se hizo la Pira, lo que pasó a ser el evento inicial del Movimiento Separatista. Hoy se conmemora dicho evento: en el día tendremos varias presentaciones artísticas, iniciando en una hora aproximadamente. Y les recomiendo no faltar por la noche, que se tendrá una representación de lo sucedido cuando se encendió la Pira.

Con semejante explicación, era de esperarse que más de uno se procurara un lugar cómodo y con buena visibilidad de la plaza.

Los arreglos para lo que aquel guía llamara la Pira, eran notorios al centro de la plaza, pues de forma lenta, se alzaba lo que semejaba una enorme y torcida pirámide de leños y hojarasca. Si alguien se acercaba lo suficiente y sabía de plantas, habría descubierto que el material de la pirámide venía de los árboles en torno a la plaza.

No, los turistas no estaban para descubrir sutilezas como esa y ciertamente, los nativos estaban demasiado enfrascados en sus preparativos como para que quisieran entretenerse en detalles como aquel, que de todas formas, los foráneos no lograrían entender.

Poco a poco, parte de la luz solar dejó de caer sobre la plaza y otros edificios, causando que varios levantaran la vista hacia lo que causara el fenómeno.

Las repentinas sombras no eran producto de nubes especialmente densas, sino de algo indudablemente humano, una representación de lo que el país tuvo para ofrecer al mundo, demostrando así que podían ser ellos mismos, aunque estuvieran unidos al continente por medio de otra nación que poco o nada se preocupara por su bienestar en el pasado.

Esa fue la señal para que empezara a sonar la música, en la cual abundaban los sonidos rápidos, producto de lo que podría considerarse un instrumento de percusión común en esos lares.

A su vez, la gente fue congregándose en la plaza y recorrió con interés los simpáticos puestos que tenían más de un tipo de mercancía qué ofrecer, desde comida tradicional hasta recuerdos, pasando por prendas típicas y objetos terriblemente sencillos pero bonitos que aludían a la fiesta que estaba por desarrollarse.

Los turistas no dejaban de maravillarse por lo que veían, por supuesto, disfrutando tanto del jolgorio como del perfumado aire marino a su alrededor. Solo unos pocos se preguntaban si las condiciones atmosféricas no les jugarían una mala pasada con lo de la Pira, que en términos más simples, era básicamente una hoguera gigante. ¿Acaso nadie estaba preocupado por la humedad circundante? ¿Nadie temía a las corrientes de aire que a veces, solo a veces, parecían querer arrancar el papel picado que revoloteaba por encima de sus cabezas?

Tal parecía que no.

El día siguió su curso y la mayoría de la gente de la ciudad podía verse en la Plaza de la Independencia para cuando surgió en el firmamento la primera estrella.