Julio: Un relato sobre el paso del tiempo (400 palabras)


En el que todo lo que inicia tiene un final.

Conforme se extinguían las últimas brasas de la Pira de ese año, K'awil se permite recordar.

No quiso pensar en sus inicios, cuando la idea de su existencia apenas se estaba formando en la conciencia del pueblo de aquellas tierras; por lo tanto, era una época confusa, pues no tuvo mucha noción de sí mismo ni de lo que realmente podía hacer.

Prefirió rememorar los años en los cuales la Pira había nacido. Quiso asegurarse de que no había olvidado todo lo que llamó su atención entonces, desde los sonidos que inundaban las calles hasta los distintos acentos de las personas al hablar.

A K'awil lo fascinaba el progreso de los cambios, que la gente no solía notar por estar inmersos en ellos. No era fácil para alguien percatarse de que tal o cual cosa ya no era lo mismo que tiempo atrás si no le afectaba de manera significativa.

—No es como antes —musitó.

Apartó la vista en las últimas ascuas y sus débiles señales de calor. Conforme paseó los ojos por la gente que se retiraba de la Plaza, el ruido en el ambiente disminuyó, dando paso al lejano rumor del oleaje del mar, que quedaba relativamente cerca de allí.

—Sabía que estarías aquí.

Frunciendo ligeramente el ceño, K'awil siguió su contemplación del cielo. Gracias a que se reducía considerablemente la iluminación eléctrica por unas horas (en teoría, para hacer lucir más la Pira), al anochecer la Plaza se convertía en un mirador bastante bueno.

—No entiendo por qué sigues viniendo. Estos seres nos olvidaron hace muchas generaciones.

—Tal vez no lo habrían hecho si…

—¿Si qué? ¿Si hubiéramos intervenido en sus vidas? Sabes lo que pasó las pocas veces que lo hicimos. No fueron muchos los que trataron nuestra bondad con el respeto que se merecía.

—No pienso discutir por eso por enésima vez. ¿Por qué estás aquí, Ku?

Hacía mucho tiempo, K'awil deseó que Ku lo escuchara, que acudiera a alguno de sus múltiples llamados, pero fueron pocas las respuestas y ninguna de ellas en persona.

Ku era bastante egoísta cuando quería y casi siempre en el peor momento.

—De verdad me importas, Wil —aseguró Ku con voz seria y cautelosa—. Quería que lo supieras.

Sabía que aquel día llegaría, pero K'awil no sabía que sentiría semejante desolación por alguien que lo había ignorado durante tanto tiempo.

El poderoso K'ukulk'an lo había buscado para bien morir.