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Quedaban pocos días para Navidad, y un hombre tacaño veía la televisión. Odiaba todo; su esposa era una compradora compulsiva y sus hijos, un par de malcriados.

De repente, llamaron a la puerta. Un policía estaba parado en el umbral.

―¿Qué quiere?

Tras confirmar su identidad, el oficial le dijo:

―Lo siento. Hubo un accidente automovilístico. Su esposa e hijos no sobrevivieron.

Después de oír aquello, el hombre miró atentamente al policía y posteriormente echó un vistazo a su bolsillo: su regalo navideño había llegado por adelantado.