¡Hola! Voy a publicar esto como capítulo "piloto" y con el tiempo si les gusta veré si sigo subiendo más capítulos. Es una historia que llevo escribiendo y reescribiendo hace mucho tiempo. Espero que les guste y ¡No duden en hacerme saber qué les pareció!


—Me falta un pan, ¿dónde has puesto el pan?

—-¡Pero si lo dejé ahí arriba hace un segundo!

Ambas cocineras intercambiaron una mirada suspicaz. En un lugar como la Academia Militar 109, sólo podía haber una explicación.

Mirando hacia todas partes y atravesando la larga mesa, Mildred se dirigió con cautela a la puerta del enorme armario mientras Hanna se ocupaba de la puerta de entrada. Mildred tuvo solo unos segundos para identificar una silueta en las sombras antes de quedarse ciega. La puerta se abrió de un tirón y una bolsa abierta de harina le dio en la cara.

—-¡Rata inmunda! —- gritó la otra cocinera.

La enorme cocina se había llenado de polvo blanco, pero Hanna pudo identificar una silueta negra que saltaba encima de la mesa. Armada con el palo de amasar, corrió hasta el individuo y consiguió alcanzarle en la espalda justo cuando se perdía por la ventana de la cocina hacia el patio trasero.

La silueta tropezó y cayó al suelo con un golpe.

—-¡Al ladrón, al ladrón! —-Gritaron a la vez Mildred y Hanna sacando la cabeza por la ventana. Inmediatamente, cuatro hombres armados empezaron a correr detrás del intruso.

—-¡Ay, madre! ¡Todos me quieren a mí! —- se oyó gritar al ladrón mientras giraba para dar la vuelta al edificio.

Para cuando los cuatro hombres llegaron a la esquina, el ladrón había desaparecido.

—-Ylli, Kamil, probad de nuevo en la bodega, vosotros tenéis mejor ojo.

El vestíbulo del colegio se había convertido en un caos de pasos ajetreados y hombre portando armas.

—- A la orden, Ryan Uno —- dijo Ylli, y ambos se perdieron de vista. Se referían a él con nombre y apellido como forma de cortesía hacia alguien de rango mayor. Era algo muy común en aquel lado del mundo.

Delegado de clase y tres veces campeón del concurso de caza anual, Ryan Uno era uno de estos alumnos que servían de modelo y títere para los Sigmur, los dueños de la casa. Si hubiera habido algún cuadro o condecoración en los muros de aquella escuela, habría sido de Ryan. Su hobby favorito a parte de hacerle la pelota a los Sigmur era participar en cualquier follón que tuviera lugar.

Como un león, se paseaba orgulloso y sigiloso, rifle en mano, atento a cada sombra, cada puerta que se abría, cada paso, cada…

—Va a ser esta noche...

Cada voz. El susurro venía de la puerta que llevaba al sótano. Ryan pegó el cuerpo a la puerta, inmóvil como la roca de las paredes.

—Yo no sacaría conclusiones...—dijo otra voz. Ryan creía identificar quienes eran, pero no acababa de estar seguro.

—Kennez, escúchame. Ellos saben que el arma está en la escuela. No les interesa poseerla.

Las voces se apagaron porque se había abierto una puerta a lo lejos. Ryan no entendía qué podía querer decir todo aquello. Kennez era un chico de décimo o undécimo curso que pasaba bastante desapercibido y sin ningún cargo importante en la escuela. ¿Qué podía saber un simple alumno sobre el mundo exterior que Ryan no supiera? ¿Le habían ocultado algo los Sigmur? No… eso no podía ser.

En ese momento atravesaba el vestíbulo un muchacho de largo pelo castaño recogido en una coleta.

—-¡Alan! ¡Alan! ¿A dónde crees que vas? —

—-Creo que voy a mear—- dijo Alan Once mirándolo fríamente — Ya he limpiado los establos, dado de comer a los cerdos, cargado un montón de mierda al almacén y ayudado a poner la mesa para que nuestros humildes amos puedan darse su banquete semanal. Hoy toca pavo a la wingaresa con papas al horno. ¿Se me permite mear, Ryan, o eso es un privilegio demasiado desorbitado para los de mi quinta?

Acentuó ese "Ryan" en tono desafiante.

—-Ten cuidado, Alan — dijo Ryan deteniendolo con una mano para que no escapara —No te estás haciendo ningún bien a ti mismo.

—-Tienes razón Ryan —- respondió él apartándole la mano violentamente—- Es que estoy demasiado ocupado sirviéndoos a vosotros como para pensar en mí.

Y dicho esto, se perdió escalera arriba.

En realidad Alan no tenía ganas de mear. En cuanto estuvo seguro de que nadie le veía, subió hasta el tercer piso y silbó dos veces. Una trampilla se abrió del techo y alguien le pasó una escalera.

—¡Alan! —La voz de Holly se oyó antes de que el muchacho hubiera terminado de subir al pequeño desván. Era un cuartucho con paredes de madera y una pequeña ventana enrejada donde apenas cabían cinco personas sentadas, pero para ellos era el lugar perfecto para huír de los Sigmur y sus secuaces.

—Hombre, ¡Mira quién tenemos aquí!— dijo Jet

—Shhh—susurró Elmir—vais a despertar a los Sigmur

—¡Qué los vamos a despertar, anda!—protestó Jet

—Déjalo que hable, Elmir— dijo Alan— con ese vozarrón de campesino que tiene, si le oyen quizás tenemos suerte y les provoca un infarto.

—¡Eh!—dijo Jet—¿Qué quieres pelea otra vez?

—Ya estamos—dijo Enia poniendo los ojos en blanco, y dirigió la vista hacia la ventanita que tenía al lado. Enia se pasaba la mayor parte de esos encuentros concentrada en esa ventana.

—¡PAN!—chilló Holly al ver la enorme masa que Alan sacaba de su bolso y que ya empezaba a cortar y repartir.

—¡Shhhh!

—¡Pan y algo más!—dijo Jet, quién había estado esperando a Alan para sacar el porrón de vino que había conseguido.

—¿De dónde lo habéis sacado?—preguntó Elmir mirando su rebanada de pan con desconfianza mientras Jet le servía un vaso de vino.

—Verás, querido Elmir—dijo Alan cruzando las piernas para sentarse mejor y mirándolos a todos ahora muy serio— resulta que cerca de la bodega, tras la puerta de enfrente, se encuentra un armario de la limpieza que, los domingos no porque es fiesta, pero a partir del lunes te teletransporta a un mundo mágico…

—Qué gracioso.

—¿No habréis estado robando otra vez, verdad?—dijo Holly sintiéndose enormemente culpable pero a la vez hablando con dificultad por todo el pan que se había metido en la boca de un solo bocado.

—¡Qué dice!—dijo Jet claramente sorprendido

—¡Cómo te atreves!—replicó Alan

—¿Nosotros?—dijo Jet—¿de verdad nos crees capaces...?

—Esto…. yo...—dijo Holly sintiéndose aún más culpable

—Holly, enserio. No puedo creer que nos creas capaces de algo así—dijo Alan

—Entonces, ¿Os lo han dado o no?—preguntó irritada la muchacha.

—¡Claro que nos lo han dado!— dijo Alan

—¿Seguro?

—Holly, que lo han robado.— dijo Enia mirándolos severamente, e inmediatamente ambos chicos rompieron en carcajadas. Incluso Elmir esbozó una media sonrisa.

—¡No tiene gracia!—protestó Holly al borde de las lágrimas pero sin poder dejar de masticar—¡Sabéis que no me gusta que hagáis eso! ¡Jo! ¡No sabéis lo mal que me siento ahora!

Los chicos ya derramaban lágrimas de risa, sin apenas escucharla.

—¡Ya os vale!—protestó enfurecida Holly— ¡Sois unos delincuentes los dos! ¡Enia! ¡Enia, diles algo!

—Creeme, Holly. Nada me gustaría más que poder cantarles las cuarenta a estos dos bastardos. Pero es que yo tampoco soy la más indicada para hablar.

Y con una sonrisa pícara, sacó una bolsa de pastelitos de manzana.

Durante la cena, aún seguían bromeando al respecto

—Este caldo sin verduras es muy nutritivo—dijo Jet—pero creo que ya no me entra una cucharada más

—Calláos ya que nos van a pillar—dijo Alan entre risas.

—Y tanto que nos van a pillar—dijo Elmir severamente mirando a ambos lados— y esta vez nos tocará algo mucho peor que pasar la noche tiritando entre los maizales.

—Ace, pásame el pan—dijo Jet sin escucharlo. Ningún castigo al que los Sigmur pudieran someterles era suficientemente doloroso como para resistirse al sabor de aquellos pastelitos de manzana.

Cerca de Jet estaban sentados Ace y Winni, quienes no habían tenido la suerte de haber comido pan y pastelitos antes de la cena y por eso sus cuencos de sopa habían sido vaciados en menos de cinco minutos.

—¡Ace! ¡Aquí no!—dijo Winni apartándole la mano de su cintura—no quiero que nos encierren en el sótano otra vez.

—Winni...—susurró Ace solemnemente—cuando termine este año nos van a deportar al ejército y no volveremos a vernos. ¿Qué puede ser peor que eso?

Ambos eran alumnos de último año, lo que significaba que les quedaban pocos meses juntos antes de que marcharan a servir a frentes diferentes.

—¡WINNI!— la desesperada llamada hizo que la chica se levantara de un salto. Kennez venía muy preocupado abrazando a su hermano pequeño— Oye Winni, ya sé que es tu único descanso pero…

Le mostró la cara del muchacho, que sangraba ávidamente por una herida en la cabeza. Sin pensarlo dos veces, Winni los condujo a la enfermería.

—¿Cómo ha sido?—preguntó mientras buscaba vendas entre los cajones.

—Aún no puedo entenderlo—dijo Kenez—él dice que se peleó con un chico, pero que no llegaron a pegarse, ¿no es así?

El niño estaba demasiado asustado como para contestar

—Al parecer cayeron los dos de lado. El otro salió ileso, pero Kail chocó contra un muro.

—No fue así—dijo Kail hablando por primera vez—fue como magia

—Claro que sí.—Kennez rió y le acarició el hombro.

—Kail, cariño—dijo Winni acercándose con el material—necesito que estés muy quieto ahora, ¿Vale?

—¡No!—gritó el chico al borde de las lágrimas.

—Kail... —dijo Kennez en un suspiro

—¡NO!—gritó apartando la mano que le dirigía Winni.

—¡AH!

Fue solo un segundo. Hubo un pequeño destello de luz blanca y violeta y Winni cayó hacia atrás.

—¡¿Qué ha pasado?!

—Ha sido… ha sido como una descarga—dijo Winni asombrada.

—Bueno, bueno, bueno…

En el umbral de la puerta se encontraba Ryan. "Ahora empiezo a entender muchas cosas" pensó.