PILOTO, PARTE II

—Oye Enia— dijo Jet—¿Crees que alguno de estos libros explica cómo sacarte esa cara de sosaina que tienes?

—Pues seguramente, Jet—respondió la chica—pero para enterarte de cómo hacerlo, tendrías que aprender a leer, ¿no?

La Academia Militar 109 era un lugar fuera de lo común no solo por ser la única academia mixta del estado, sino por ser la única que contaba con una biblioteca. Aunque sus alumnos tenían prohibido el acceso.

—Chicos...—dijo pensativo Elmir—Estáis seguros de que no nos estamos subiendo un poco de tono por hoy…?

—¿A qué te refieres?—preguntó Jet, que sostenía una bolsa del tamaño de un elefante donde Alan, Enia y Holly no paraban de meter libros.

—Por el amor de Dios, Elmir—dijo Alan—Dudo que los Sigmur vayan a entrar aquí en los próximos tres meses ¿Tú has visto lo lerdos que son?

—Solo digo que cometer cuatro robos en un día no es muy inteligente. Sobretodo teniendo en cuenta que Ryan Uno y sus amigos siguen buscando al culpable. Nos estamos jugando que nos deporten antes de tiempo.

—A todos nos van a deportar algún día, Elmir—dijo Alan

Abajo, Ryan ya salía de la enfermería con Winni pisándole los talones

—¡Ryan Uno!—imploraba ella—¡Espera! ¡No puedes contarle a nadie esto!

—Tengo que hacerlo, Winni. Es por el bien de todos.

—¡Vas a hacer que deporten a Kail! ¡Lo van a convertir en…!

—¡En un arma!— dijo Ryan deteniéndose y mirando a Winni, de pronto muy emocionado—¿No lo ves, Winni? Ese chico podría ser nuestra salvación. Podríamos ganar la guerra. Imagina un mundo donde reine la paz, donde la Corona de Ylmir, la Província de Wingar y el Estado de Sigmur volvieran a estar unidas en una sola región...

...

—Deberíamos escaparnos—dijo Jet, que se había quedado sentado pensativo mientras escuchaba a sus amigos solo a medias.

—Otra vez con eso—dijo Alan

—Lo digo enserio, chicos—dijo Jet

—Eso nos temíamos—dijo Elmir

—Ya lo han hecho antes.

—No sabemos si eso es verdad—le recordó Enia

—¿Y a dónde iríamos?—preguntó Holly

—A Gwennfeld

—acercáos todos muchachos, tomad asiento—dijo Alan— es la hora del cuento con Jet Siete.

—Cállate, capullo

—¿Qué es Gwennfeld?—preguntó Holly.

—Gwennfeld, la provincia perdida—dijo Elmir— ¿Nunca te han contado la historia? Se decía que una vez el mundo estuvo repleto de árboles, flores y plantas de todo tipo. Animales salvajes también.

—Pero los Sigmur lo destruyeron todo—dijo Alan

—No todo—aseguró Jet—Según la leyenda, Gwennfeld sobrevivió y está oculta en algún lugar del mundo. Dicen que jamás ha sido vista dos veces en el mismo sitio...

Holly los miró durante un segundo. Después estalló en carcajadas.

—Ay, perdón...—dijo.

—Nunca ha tenido ni pies ni cabeza esa historia—dijo Enia

—Pues yo voy a encontrar Gwennfeld algún día—dijo Jet haciendo girar el pomo de la puerta de la biblitoeca—ya lo veréis.

Lo que encontró Jet, en realidad, fue a Devan Tres, con quien se dio de bruces al salir. Los otros cuatro se quedaron helados, libros en mano.

—Mal asunto—dijo Devan agarrando a Jet por el brazo

—¡Quítame esa mano!—bramó Jet

—¿sabéis cuál es la pena por robar libros en esta academia?

La respuesta de Jet fue un escupitajo que entró limpiamente por la nariz de Devan

...

—¿Te duele mucho?—preguntó angustiada Holly

—¡En qué coño estabas pensando, Jet!—gritó Alan—¡Cuando te pillan te pillan! ¡No empiezas una pelea!

—Ya lo-¡au!- ya lo sé, Alan, tío ya he dicho que lo siento.

—¿Lo siento? ¿Y de qué cojones nos servirán tus disculpas cuando estemos todos en el frente?

Enia y Elmir ya se habían ido a dormir. Alan sabía que no iba a conciliar el sueño aquella noche.

—¡Todos vamos a ir al frente algún día, Alan! ¡Tú mismo lo has dicho! ¡A ver si te aclaras, capullo!

—¡Vete a la mierda!—respondió, y se perdió de vista. Llegó a oír el portazo de Jet mientras descendía y se sentaba en el último escalón

No supo cuánto tiempo estuvo allí, quizás una hora o dos, hasta que oyó la voz de Holly.

—A mí no me engañas, a ti hoy te pasa algo

—¿A mí? ¿Porque le he gritado a Jet?

Holly se sentó a su lado.

—Porque hoy he visto el miedo en tus ojos—Alan giró la cabeza—Te conozco desde que éramos niños, Alan. Siempre haces lo mismo. Robas a los Sigmur, te metes con Ryan... nos haces creer que lo tienes todo bajo control. Nadie se da cuenta cuando tienes un mal día. Nadie excepto yo.

—Hoy es mi cumpleaños.

—Lo sé. No he querido recordártelo.

Los ojos de Alan se llenaron de lágrimas. Holly apoyó su cabeza en el hombro de él. Cumplía dieciséis años.

—Nunca te lo he contado, ¿verdad?

—No.

—Me dieron en adopción. La mayoría de las familias Sigmur son muy selectivas. Se toman tres años para decidir si vas a ser un niño pulcro y obediente o no. Conmigo tardaron menos de dos meses. Mis padres adoptivos, en cambio, no eran así. No. No les importaba. Porque ellos eran rebeldes.

Alan miró a la muchacha. Sus ojos marrones estaban llenos de compasión

—Por eso los mataron. Ese día yo cumplía siete años.

Holly lo abrazó fuertemente.

—Yo ni siquiera sé quiénes son mis padres. Solo os tengo a vosotros. Y ¿sabes qué? Para mi es suficiente.

—Holly… tengo un mal presentimiento.

¡BOOOOM!

Y sin previo aviso, el vestíbulo se convirtió en un mar de llamas y escombros, y las escaleras en las que habían estado sentados se rompieron en mil pedazos. Alan había sido despedido diez metros hacia adelante.

—¡HOLLY!

Al incorporarse, no podía ver más que una nube de polvo iluminada por el fuego.

—HOLLY, ¡¿DÓNDE ESTÁS?!


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