CAPITULO 1

ORIGEN

C"Intento cambiarlo, tan solo soñarlo

En el borde del precipicio

Donde el primer paso es el vacío,

Sin poder pensar y menos imaginar

Donde el peso no cae en los demás (…)"

(En el borde del precipicio)

C

omenzaba a tener un extraño presentimiento sobre lo que pasaría hoy, y estaba inquieta a la vez que nerviosa por estar sentada en el autobús escolar, rumbo a la Academia Sebastian Borg.

Como todos los años en mi clase visitamos a diferentes escuelas, pero esta en particular me ponía los pelos de punta, y no podía dejar de mover de una forma histérica el pie, mientras miraba por la ventana. Pensando en lo que pasaría una vez dentro.

—Grace, ¿Me escuchas?

Tal vez, por cuarta vez, la chica sentada al lado me llamó, quien es por cierto mi única amiga en la clase.

—S-sí, perdón, estaba distraída— Admití.

—Pues, ¿En qué pensabas?— Habló en un tono molesto, aunque sabía que no lo estaba lo suficiente.

—Pensaba en cómo será aquella academia, ya que… es sólo para personas "adineradas".

Sí, la academia es bastante reconocida por ser un centro estricto para millonarios específicos. La verdad es que nadie sabía mucho sobre la institución.

No le quise dar mucha importancia al asunto y seguí mirando por la ventana.

—No tienes de qué preocuparte, mientras yo esté a tu lado todo estará bien, ¿Sí?— Intentó aliviarme.

—Siempre sabes qué decir.

Le sonreí y aparté la mirada del vidrio, el paisaje se hacía cada vez más cercano.

—Es por eso que no sabes vivir sin mí— Reímos hasta sentir un temblor del colectivo al frenar, lo que indicaba que habíamos llegado a la Academia Sebastian Borg.

Salimos del autobús, y miramos con asombro a la estructura enfrente nuestro, más bien boquiabiertos. Era una academia de dos pisos, pero lo suficientemente hermosa como para que todos queramos entrar lo antes posible y ver qué otra cosa igual de sorprendente podría llegar a mostrarnos.

—Sin duda alguna este lugar es de ricos. Resulta extraño que nos invitasen a su escuela. No podríamos pagar todo esto por más que tuviésemos una feria dentro de nuestra escuela.

Me llamó la atención una fuente de agua en medio de la sala principal.

Debajo tenía una placa con las palabras de "Director y fundador Sebastian Borg" grabados en plata. Las paredes estaban decoradas por hermosas figuras doradas, pero aquella fuente era el centro de atracción.

Nos dirigimos a la sala del comedor, cuyo techo tiene colgado candelabros, de seguro bastante costosos.

Ambas escuelas se sentaron en mesas separadas. Se escuchaba un gran ruido y murmullos provenientes de nuestras mesas, aunque en mi clase somos una cantidad menor que ellos. En cambio en las suyas gobierna el silencio, con apenas algunas voces hablando ordenadamente y con respeto. Me incomodé por la actitud de mis compañeros, acomodándome en la silla.

Minutos después nos embriagó el olor de la comida, también con buena apariencia como todo en esta escuela.

Cuando terminamos, mis compañeros se levantaron y comenzaron a relacionarse con los demás alumnos de la Academia Sebastian Borg.

Me encuentro todavía sobre el asiento con mi amiga, observando con ansias a los demás, hasta que ellos le hacen un gesto indicándole que se les una.

A pesar de que ella me insistió en que la acompañara cientos de veces, determiné en negarme una y otra vez, hasta que se fue.

No me es desagradable estar en soledad; prefiero eso antes que hablar con gente desconocida, esforzándome en sonreir ante los demás.

Me cansé de seguir sentada, a veces mirando a la nada o las acciones de las personas, y otras veces usando el celular fingiendo chatear con alguien; entonces decidí pararme y deambular por la escuela, dejando pasar el tiempo.

Llegué a la fuente con la estatua, y haciendo caso omiso a la tentación (algo que usualmente no podía negarme a hacer) me dirigí y atravesé una puerta aunque esta no tenía grabados dorados como las otras. Al entrar allí noté el apagado y sombrío color del cuarto.

Alimentando a la curiosidad me dirigí a otra puerta que estaba en el mismo cuarto, y jalé con lentitud la manija, intentando olvidar el miedo y la ansiedad por saber qué hay detrás de la puerta o peor aún, que me descubran.

Con el objetivo de seguir deambulando me adentré, y cerré la puerta detrás de mí, rechinando. Me voltee pensando que alguien más abrió la puerta, pero no era así; y me encontré cara a cara con un ser extraño y con apariencia bizarra.

— ¿Un Espíritu?— Susurré confundida, y al instante entrando en shock. No lo podía comprender, ¿En verdad en frente mío había un fantasma? O más bien, un espíritu. Y lo más extraño, ¿Cómo sé que es un espíritu exactamente?

No pude dejar escapar ningún otro ruido por mi boca, y apenas logré dar un paso hacia atrás. Cuando la situación al fin se me hizo clara, sin darme cuenta pronuncié palabras que me resultan incomprensibles.

"No clama, no grita,

no se escucha su voz en las plazas.

No rompe la caña doblada

ni aplasta la mecha que está por apagarse,

sino promuevo la justicia en la verdad.

No se dejará quebrar ni aplastar,

hasta que establezca el derecho en la tierra.

Las tierras de ultramar esperan su ley"

(Isaías 42,2-5)

Y simplemente hablando, recitando frases irónicas; vi al ser desvanecer.

Repentinamente una palabra cruzó por mi mente, "Exorcismo".

CAPITULO 2

LA ELEGIDA

"(…)El caminar es arriesgado

Y si erras estás acabado,

Esto no es un simple juego

Tendrías que haber practicado;

Fallar no es una opción,

Pensar que tu destino es perder h (…)"

(En el borde del precipicio)

M

e abrumó una estampida de sentimientos que me volvían loca, esta situación parecía irreal. Mi corazón latía con fuerza, sin hallar una explicación para lo que acababa de suceder.

De pronto sentí un escalofrío recorrer por mi espalda, haciendo que salga del trance. Por instinto me voltee aunque todavía dudaba por el miedo, además de estar temblando. Pero, al darme vuelta, vi a una persona y recordé su rostro, era el director de esta Academia, vistiendo un traje adecuadamente caro.

Me pregunto durante cuánto tiempo me estuvo observando. Sus ojos curiosos se veían reflejados en sus anteojos diminutos que caían de su nariz redonda y pequeña.

Si logró ver todo lo transcurrido tal vez piense que soy una clase de wicca o seguidora de alguna loca religión al pronunciar las palabras anteriores que todavía no logro comprender cómo fui capaz de pronunciarlas.

Sólo sé que provienen de la Biblia, pero no sabía en lo absoluto que podían utilizarse en alguna clase de "exorcismo".

Mi mente estaba en blanco, no sabía qué decirle al respecto. Él dio unos pasos hacia delante, mirándome con expresión seria, hasta que finalmente dijo:

—Sospechaba que pronto llegarías...

— ¡No es lo que piensa!— Le interrumpí, no quería que me acusase de algún acto de brujería o algo parecido.

—Estoy totalmente seguro de que eres tú, y ahora que lo vi no hay duda alguna de esta certeza.

Se aproximó un par de pasos más, y yo retrocedí, chocando contra uno de los sillones desgastados del despacho.

— ¡Esto es un gran malentendido! ¡Por favor, no llame a la policía!

— ¿Por qué habría de hacerlo? Con tu presencia, ya no hay peligros.

Por unos segundos lo vi sonreír, y luego volvió a su expresión seria, rascando su barba blanca y mal cortada a la vez que levantaba una ceja.

— ¿Qué no iba a acusarme de brujería y quemarme viva?

—No… ¿Brujería?

—Sé que parece tonto, pero no fui consciente al pronunciar esas palabras, así que, señor creo que… ¡Soy víctima de brujería!— Intenté explicar como pude, aunque dudo que comprenda lo que estoy tratando de decir, la verdad es que en este momento ni yo me entiendo.

—Creo que eres tú al parecer la que no entiende.

Realmente concuerdo en eso.

—Lo que sucedió hace un momento no fue brujería, se trata de exorcismo.

Exacto, lo de las películas de terror: "Exorcismo", la palabra que me vino a la mente.

—Escucha, tú…— Buscó las palabras correctas antes de hablar, el temor se podía ver con claridad en mi rostro, y en un movimiento en falso saldría corriendo en cualquier momento de ese pequeño cuarto oscuro —Eres especial, tienes… sangre exorcista y, aunque resulte difícil de comprender… eres la elegida, nacida para salvar al mundo.

— ¿Sangre exorcista? ¿Elegida?— No podía creer que hasta el director de esta academia pudiese estafarme —Esto no puede ser verdad, mis padres nunca se relacionarían con esas cosas. Simplemente somos personas comunes y ni siquiera… este… no interesa— No quería mencionar ante un extraño el hecho de que no íbamos a misma todos los domingos como buenos santos, aunque no es como si estaríamos involucrados en esas actividades —El punto es que si no cumplimos con los requisitos adecuados, es imposible que mi familia, mi sangre esté implicada en ese "culto" del que habla.

—Quizá ellos son personas comunes, pero eso no significa que tú no. Te resumiré lo que está pasando.

Nos sentamos en uno de los sillones desgastados y polvorientos, dudé al principio de acompañarlo y quedarme parada, pero por muestra de buena educación también me senté, no sin antes sacudir el polvo.

—Hace mucho tiempo atrás conocí a tu abuela, en ese momento estaba siendo atacado por un espíritu cercano al bosque, y ella lo exorcizó de un modo similar al que hiciste tú. Desde ese día ella me otorgó información esencial sobre los espíritus, demonios y sobre cómo derrotarlos; me había transformado en su compañero de batalla, aunque cada uno tenía su vida por separado. Hasta que… un demonio, demasiado fuerte, nos atacó. Ambos sabíamos que no podríamos exorcizarlo, entonces ella se paró al frente, aceptando todos los riesgos, y con mucha concentración y poder espiritual, lo hizo, logró exorcizarlo, pero cayó rendida. Esa fue su última batalla que lidiar. Y estaba feliz, sabía que el cielo la esperaba, y antes de marcharse me dijo:

"Debes encargarte de ella, mi descendiente será la próxima y la elegida. Ella tendrá el poder para derrotar todo mal existente en el mundo, debes entrenarla y ayudarla; al igual que yo lo hice contigo."

Lo miré atónita y con las palabras de "¿Me lo dice en serio?" escritas en el rostro. Esto no podía ser verdad. Es decir, ¿Justo ahora? ¿En este momento y lugar? Si habría sido mucho antes cuando era una niña le creería enseguida, sin falta de explicaciones, pero que te lo diga el director de una academia desconocida y repleta de secretos… me hace pensar que está un poco mal de la cabeza.

—Esas fueron sus últimas palabras. Y su deseo fue entrenarte para que logres salvar al mundo.

—Disculpe… esa historia fue realmente bonita, pero… no le creo; y mi madre nunca en la vida me dijo algo con respecto a la vida de exorcista.

—Eso fue porque tu abuela la dejaba al cuidado de tu abuelo; no quería relacionarla con este mundo, a menos que hubiese sido la elegida. Pero resultaste serlo tú.

Intenté pensar dos veces lo que estaba diciendo.

—Estuve esperando mucho tiempo para este momento, ya que… no fue del todo clara con el hecho de quién de sus descendientes lo sería.

—Pero... esto no puede ser.

—Al encontrarte con ese espíritu una parte de tu poder se activó y lo exorcizó.

¿Y si en verdad soy aquella chica de la que habla? No todos se encuentran con un espíritu porque sí ¿O no?

—Eso podría haberlo hecho cualquiera.

No estaba segura si cualquiera podría hacerlo, pero al menos debía intentar decirlo para escapar de la situación.

—No cualquiera puede hacerlo. La manera correcta es utilizando una cruz, pero tú demostraste que eres la elegida y lo exorcizaste sin tenerla en tu mano.

—No estoy completamente segura de todo esto… pero, si fuera el caso, ¿Qué se supone que debo hacer ahora?

Decidí intentar confiar en él, quizá lo que dice es cierto. Debo arriesgarme, no todos los días te dicen que eres la "Elegida" y debes salvar al mundo.

Él sacó un objeto pequeño de su bolsillo y me lo dio.

— ¿Qué es esto?— Le señalé la tarjeta que me acabó de entregar.

—Es una invitación para quedarte en la academia, allí está nuestro número de teléfono.

— ¿Está diciendo que me cambie de escuela?

— Eso es algo que tú tienes que decidir.

No podía creérmelo, para nada ¿Y más aún, que el director me lo proponga?

—Yo… tendré que preguntárselo a mis padres...

Miré la tarjeta con duda. Decía su nombre.

— ¿Usted… su nombre es Willson?

—No, es mi apellido. Todos me dicen Director Willson.

Vaya, y ni siquiera me dice su verdadero nombre.

—Entonces… soy Grace Shawin.

—Mucho gusto, señorita Shawin. No se olvide de mostrarles la tarjeta a sus padres. Nos veremos pronto, espero.

Y dejando la última oración en el aire, salió de la puerta con tranquilidad, sosteniéndose ambos brazos detrás de la espalda.

Esperé unos minutos antes de salir del despacho. Las piernas me temblaban, pero no era exactamente por el miedo que causó en mí aquel espíritu. Era algo más…

CAPITULO 3

ACADEMIA SEBASTIAN BORG

"(…) Sin voltear ni dudar,

Sigilosa y sin piedad

Con las rocas te has tropezado

Casi todo ha terminado. (...)"

(En el borde del precipicio)

¡Grace!

—Oye, ¿Qué ocurrió? ¿Por qué me buscas?

Tannya, mi única amiga en todo el mundo, de cabello castaño y largo hasta la cintura me estaba buscando.

— ¡Grace! ¿Qué estabas haciendo? Te estuve llamando hace bastante tiempo, ¡Me había desesperado porque no te encontraba!

Gritó eufórica, haciendo que su cabello dance en el aire.

—Lo siento mucho, estaba… recorría la escuela. Me aburrí.

—Me hubieras dicho que lo estabas...

—En fin —Interrumpí antes de que siguiera preguntando por mi paradero— ¿Qué ocurrió?

—Cierto, tenemos que irnos, la profesora está llamando a todos. Ya deben estar cerca del autobús.

—Oh, perdón. Vámonos ya.

La empujé por la espalda, no era difícil hacerlo por su estatura pequeña, parecía una muñequita.

Nos dirigimos al autobús y entramos en él. Antes de subir miré atrás, hacia la academia mientras esperaba a que Tannya subiera ¿Qué había pasado exactamente allí dentro?

Al llegar a mi casa esperé el momento oportuno para hablarle a mis padres sobre la tarjeta y explicarles que, por lo más raro que sonara, el director de la academia a la que fuimos a visitar me invitó a asistir allí.

Ellos se quedaron estupefactos al oírme contarles la historia entera. Además de eso, no pude contener la intriga, y aunque lo dudaba, les pregunté sobre los exorcistas, conté mi anécdota y la historia que el director Willson me explicó. Traté de decirlo lo más detalladamente posible.

Al terminar de hablarles no me encontré con la expresión que pensaba que tendrían, y mucho menos la de mi madre. Así que interrumpí el incómodo silencio que invadió la casa.

— ¿Sucede algo? No parecen sorprendidos

—Es que...

Habló papá, pero se detuvo al ver a mamá, ella iba a tomar la iniciativa, así que respiró profundo y empezó a hablar.

—Escucha cariño, lo que aquel director dijo, aunque parezca en lo absoluto raro y absurdo… es cierto.

Al final fui yo la que quedó sorprendida.

—Al crecer, mi padre... tu abuelo, me contaba historias de fantasmas, ya sabes... mitos y leyendas urbanas, pero las que él me contaba no aparecían en ningún lado. Así que un día me atreví a preguntarle de dónde sacaba esas historias, entonces me contó lo que hacía mi madre, tu abuela...

—Y si ustedes ya lo sabían... ¿Por qué nunca me lo contaron?

Exigí, estaba molesta, pero no absolutamente con ellos, también conmigo. Sabía que el mundo era extraño desde antes, pero resulta que lo raro estaba en mí...

— ¿Estás enojada?— Preguntó papá, él no tenía la culpa, no tiene la sangre de exorcista. Aunque tampoco podía culpar a mamá. Querían que tuviese una vida normal antes de afrontar la verdad.

—Sí... Pero no con ustedes. Lo estoy conmigo, no entiendo cómo no pude darme cuenta antes, siempre sentí que algo pasaba...

Me abrazaron por unos largos minutos y me solté de ellos.

—Pero no entiendo por qué el director Willson quiere llevarme a aquella academia ¿Qué tiene de especial?

—Grace, esa escuela en secreto es utilizada como una "Academia de Exorcistas".

Ahora las cosas parecían más absurdas de lo que son.

—Es para entrenar a otras personas que quieren serlo. Ellos serán tus soldados en la guerra.

Y eso lo hizo sonar aún más patético, ¿Soldados en la guerra? ¿Yo? Apenas si puedo dirigir un grupo escolar.

—Entonces... ¿Me llevarán a esa escuela?

No quería irme de la mía, estoy muy feliz aquí, tengo a Tannya. Y, supongo que de cierta forma me siento cómoda en esta escuela, no en una para adinerados privilegiados que en secreto son exorcistas.

Es absurdo, en este momento a todo lo encuentro distorsionado.

—Sí... sabemos que no quieres hacerlo. Pero como ya sabes la verdad, y tus poderes están despertando... no tenemos otra opción.

Poderes… el pensar que tengo "poderes" es patético.

—Pues... Tal vez, y sólo tal vez… pueda llegar a adaptarme.

No quedaba de otra por más que quiera. Si es mi destino, a por él.

Vi a mi mamá agarrando el celular.

—Entonces llamaré a la escuela para avisarle al director de que irás, y que nos expliquen sus normas y el tema del pago para asistir.

Una vez la atendieron no despegó el celular de su oído.

Luego de varios minutos escucho un grito de alteración, por el cuál la miré confusa junto a papá.

— ¿Cómo? ¡Qué! No... Pero…

No lograba adivinar de qué discutían.

—De acuerdo...

Dejó el celular y nos observó con cierta pena reflejada en sus ojos.

—Me atendió la secretaria de la escuela, y... es una instalación permanente, es decir que Grace debe quedarse allí hasta terminarla.

¿Qué debo quedarme pupila en esa academia? ¿Sin poder salir al mundo exterior ni ver a mis padres?

—No tenemos otra opción.

Mis padres se abrazaron, parecía que mamá caería al piso en cualquier momento.

—También dijeron que, como ella fue invitada por el director, todo es gratis, y además tiene que usar un uniforme; ya le di el talle…

Inesperadamente oportuno.

— ¿Cuándo debo irme?— Pregunté con un nudo en la garganta, no soportaba la idea de irme de casa y dejarlos solos, abandonar todo por una realidad que acababa de enterarme.

—Mañana por la noche… Un auto vendrá por ti.

Noté en su voz lo nerviosa que estaba. Sabía que ella era feliz porque me entrenarían para salvar al mundo como una "heroína", pero por otro lado detestaba al igual que yo tener que distanciarnos por... ¿Cuánto tiempo? No lo sabría.

Realmente no podía dormir, mi cabeza estaba repleta por un nido de confusión y desesperación conjunta. Todo estaba pasando demasiado rápido, aunque sin querer hacerlo los párpados lentamente lograron cerrarse.

Al despertar, mi madre estaba allí, abrió la persiana y corrió las cortinas, impidiéndome poder cerrar los ojos para seguir durmiendo.

—Buenos días— Tenía una sonrisa forzada marcando las arrugas de su cara.

—...Buenos días— Le respondí entre bostezos.

—En la academia tendrás que empezar a poner alarma, mi niña.

No soportaba que me dijera apodos, era suficiente con Grace.

—Mamá, no hables de esa forma, me haces querer llorar al escuchar que me iré esta noche.

Estábamos en medio de un silencio incómodo, y esta vez yo metí la pata.

—Además, ya tienes que parar de decirme apodos, tengo 16 años.

Inventé una excusa para acabar con ese molesto "silencio incómodo" que tanto odio, además debía aclararle las cosas con ese asunto en el que llevábamos años discutiendo.

—Ya lo sé, es que te ves tan pequeña... para mí siempre serás mi dulce hijita.

¿¡Pequeña!? ¿¡Hijita!? Ahora sí, se ganó un enemigo.

— ¡Mamá!

Estaba furiosa, pero ella siempre toma mis enojos como un chiste.

—No soy pequeña, soy más alta que tú.

A no ser que pensara que medir 1,68 metros es ser baja.

—Vamos, es verdad, eres mi enorme hijita.

— ¿Enorme? Ahora me dices gorda.

Me crucé de brazos, haciendo muecas que le dan gracia junto con mis quejas.

—Ya vístete, son las 12:15hs.

— ¿Y hasta esa hora me dejaste dormir?

Estaba irritada, pero ver a mi madre sonreír me hace feliz.

Ella se fue de la habitación y yo me cambié. Me encaminé hacia el comedor y la comida ya estaba en la mesa; al terminar fui a mi cuarto para empacar mis pertenencias, o al menos las que podría llevarme.

Cuando acomodaba mis cosas el tiempo pasaba lento; como quería que ocurriera, aunque esta vez resultó lo contrario, y fue más rápido de lo normal, por estar pensando en tantas cosas que definían esta frase:

"¿Qué me deparará el futuro?"

Crucé la puerta del auto y también abracé ferozmente (unas mil veces) a mis padres, hasta que entré al auto, despidiéndome una vez más por la ventana; en fin de cuentas era otro paso para mi madurez como adolescente.

Estuve pensando millones de veces en qué cara pondría mi amiga Tannya al enterarse que me fui de la escuela.

En sí no me preocupaba irme, ya que faltaban muy pocos días de clases y sospechaba que había aprobado; pero me daba mucha pena dejarla estos últimos días sola, además de no enviarle ningún mensaje cordial salvo del único breve que se me ocurrió:

"Mis padres decidieron transferirme hoy mismo a una nueva escuela y debo irme, te extrañaré mucho ¡Seguro que parecerá como una prisión! Te quiero, adiós."

Me faltó agregar "hasta nunca", porque estoy segura de que nunca más la volvería a ver.

Al llegar vi otra vez a esa lujosa y magnífica Mansión-Escuela que tanto detesto, sentí que iría para que me disciplinen, y tal vez encerraran de por vida, ¡Idéntico a una cárcel! No mentía cuando escribí eso en el mensaje.

Entré con las maletas y vi al director Willson esperándome, lo saludé y él me dio la Bienvenida cortésmente. Luego me dirigió hacia mi nueva aula, al parecer me iban a entrenar igual que a los demás, después de todo él es el director y debía actuar como tal, sin excepciones.

Una vez cerca de la puerta del aula me dejó sola, ¿Qué era lo malo que podía pasar? Ahora no me podía perder estando tan cerca de allí.

Di unos pasos y estos parecían ser de robot. Estando no más de los diez pasos a la puerta, sentí un empujón que me tiró al suelo ¡Perfecto!

— ¡Oye, cuidado por dónde vas!— Le grité, eso era lo último que me faltaba para creer que esta escuela es mi maldición escrita y firmada en papel.

—Lo siento, ¿Te lastimé?

La persona que me empujó o mejor dicho "Él", me extendió la mano, parecía un ángel preocupándose por mí.

—N-no, estoy bien, no te preocupes.

Agarré su mano, y cuando me iba a levantar... ¡BOOM! Él deja de sujetarme y caí de nuevo al piso.

—Uf, menos mal que no debo preocuparme por ti, pensé que te había matado, anciana.

Me quedé enmudecida, pensando en lo que acababa de pasar.

— ¿Anciana?

Nunca en mi vida me dijeron algo así, y eso que de tantos apodos que me decían, este logró detestarme.

Miré al muchacho enfrente de mí. Su apariencia luce como la de un ángel con sus ojos celestes y expresión inocente, pero sin duda alguna en su interior no muestra lo mismo.

Al por fin poder levantarme y sacudir mi ropa, lo vi abrir la puerta en la que yo también tengo que entrar.

No sabía qué sentir, pero sin duda tenía las mejillas hirviendo de tanta furia. Esa mirada y ese rostro tan "perfecto" sin duda no encajan con su comportamiento; seguramente lo expulsaron del cielo por eso mismo, no cabe duda.

Saliendo de las tontas imaginaciones mías decidí finalmente entrar al aula.

CAPITULO 4

MIRADAS

"(…) Si intentas arriesgas,

Más vale llegar a la meta

El vértigo está en tu cabeza

Y de aquello ni te has dado cuenta.

Sin apurar pronto llegarás

El camino es engañoso

y con fe lo arrasarás (…)"

(En el borde del precipicio)

A

brí la puerta del aula y ante mis ojos apareció una cantidad inimaginable de estudiantes. Al ser una asociación secreta había creído que sólo seríamos unos pocos, aunque seguro no superamos los 30.

Al frente, algunos estaban parados en hilera, uno al lado del otro, preparados para presentarse ante todos. Olvidé por completo aquel asunto, ni siquiera tengo planeado una presentación.

Al último momento entró el profesor al aula y nos ordenó casi al instante que empezáramos a presentarnos. No quise darle mucha importancia, no quería realmente conocer a los demás y esforzarme en agradarles. Vine aquí para cumplir el destino del que me hablaron: convertirme en exorcista y salvar al mundo. Aunque hasta en mi propia cabeza suena ilógico.

La chica a mi lado me dio unos toquecitos en el brazo y levanté la vista para saber qué sucedía: ya era mi turno de dar el "discurso".

—Yo… mi nombre es Grace, Grace Shawin, y vine para ser una exorcista.

Oí unas débiles risas desde el fondo del salón. Cuando tenga la suficiente fuerza me las pagarán.

Siguieron un par de estudiantes más después de mí, aunque entre ellos reconocí una voz muy particular, entonces me asomé discretamente para ver el rostro de aquella persona y confirmar quién era.

Y junto a mi mala suerte, al hacerlo estuve cerca de caerme y como esperaba de mi absurda torpeza, aquella persona me vio y volvió a sonreírme, con aquella típica sonrisa burlona.

Sí, era él, y vio mi fracaso al intentar verlo; pero no fue un absoluto fracaso, ya que supe quién era y su nombre. Según parece, el sujeto es Peter Rendic.

El profesor nos indicó los asientos individuales en que deberíamos permanecer el resto del año, y escribió en el pizarrón el horario y cada materia que tendríamos. Mientras que éste escribía, saqué de mi mochila la carpeta y la cartuchera para escribirlo.

Al parecer no sólo es una escuela para exorcistas, también debemos hacer las tareas de las escuelas normales. Después de todo somos adolescentes.

La mayoría de aquí parece tener entre los 16 y 17, o 18 años. Aunque algunas caras gritan ser mayores de los 18.

Mi vista recorrió todas las materias de las escuelas comunes que el profesor había escrito, hasta que frené en una que me llamó la atención: "Exorcismo, todos los días, 2 horas extracurriculares".

El profesor, un hombre con cabello ondulado y rojizo, se paró a un lado del pizarrón y se presentó:

—A partir de hoy seré su profesor oficial, mi nombre es Andrew. Cada mes llegan nuevas personas que aspiran a ser exorcistas. Aunque como siempre advierto, no será para nada un camino fácil y tampoco piensen que pueden saltearse las normas.

A pesar de ser adolescentes, el venir a este lugar significa una vida llena de esfuerzo y dedicación para salvar personas, ya sea sus vecinos, familias o seres que antes eran cercanos a ustedes. Aquí deberán abandonar todo rastro mundano para convertirse en algo mucho más grande: exorcistas.

Al cabo de decir esas palabras se oyó un grito de afirmación por parte de todos. Inspiraba seguridad.

—Al cabo de la hora vendrán los demás profesores de sus respectivas asignaturas, conmigo tendrán Matemática.

Y aquí ya se fue el optimismo.

—Tendrán la primera hora conmigo, y por lo tanto, me corresponde decirles que sean Bienvenidos a la Escuela Sebastian Borg y que mantengan el espíritu firme durante el transcurso del año.

Quería preguntarle de qué trataría la materia de exorcismo, pero… preferí quedarme sentada en mi lugar sin hacer ninguna pregunta en toda la clase.

Al término de la hora me sorprendió no tener deberes, quizá fue porque en mi antigua escuela ya habíamos visto ese tema, menuda suerte, aunque no creo que dure tanto.

Para tener el recreo no salimos al patio como solía hacerlo antes, sino que fue adentro, en la misma aula; así que seguí sentada, saqué el celular y los auriculares e hice lo que siempre suelo hacer: escuchar música.

A cada estudiante (al apenas poner un pie en la escuela) se nos restringe el celular y nos borran cualquier contacto o método de comunicación con el exterior, además que, de alguna manera bloquean esa opción.

Seguro era un trabajo costoso, pero también tedioso para todos nosotros. Sí parecía una cárcel, pero ingresamos voluntariamente. Bueno, yo en parte realmente no.

Podía ver cómo mis nuevos compañeros socializaban con otros, formando así nuevos grupos de amistades; dentro de mi fuero interno estaba arrepentida por no haber establecido una relación con alguien, pero ya me había dicho que no formaría nada con nadie.

Pasaron unos minutos y por mi mente pasó una pizca de curiosidad por saber qué estaría haciendo Peter, no parecía que era de los chicos "buenos", así que por mero instinto miré hacia la primera fila, intentando buscarlo con la mirada, pero al instante en que nuestros ojos se cruzaron me arrepentí de haberlo hecho.

Me atrapó y seguramente estaba ruborizada, y sin embargo no podía apartar la mirada de sus ojos hipnotizantes.

La vergüenza me superó y enfoqué mi vista hacia adelante. Me di cuenta que mis manos sudaban, así que me crucé de brazos. Recordé su mirada intimidante y calma con cierto brillo en los ojos, parecía una persona interesante.

El recreo, como la mayoría de veces, era interminable e infinitamente lento; estaba cansada de escuchar repetidamente canciones, así que me saqué los auriculares y guardé el celular.

La calma que supuestamente tenía se acabó a los segundos que una persona se acercó a mi banco. Buscando una excusa de no entablar una conversación mantuve la cabeza gacha para que (quien se suponga que fuera) entendiera que no quiero hablar con nadie, y aun así sus pies continuaban allí al lado, clavados.

Tomé la última opción. Levanté la cabeza con la mirada más fría que tenía, intentando incomodarlo y lo miré a los ojos; al hacerlo me encontré con la sorpresa de que era una chica, ahora algo asustada.

—Oh.

—L-lo siento— Ella estaba nerviosa, su voz me recordó a una de las chicas que se presentó. No dejaba de agarrarse con esmero de la falda negra de nuestro uniforme.

Permanecimos ambas calladas, en un absurdo y letargo silencio, hasta que no pude seguir aguantando y empecé a hablar. Pensé que si establecía una conversación la chica se iría espantada de lo lamentable que soy para socializar con otros.

—Um... ¿Daisy?— Hablé sin ganas, creo que ese era su nombre.

— ¡Sí!— Afirmó con voz nerviosa y ansias de hablar.

Desee haberme equivocado apropósito, no lo había planeado.

—Así que tú también quieres ser una exorcista…

Era patético, ni yo sabía de qué hablar.

— ¡Sí!

— ¿Y qué te trae aquí? Quiero decir… ¿Por qué quieres ser una exorcista?

— ¡No lo sé!— Elevó la voz, era un milagro que nadie prestara atención.

No pude aguantar el reírme por lo bajo cuando oí su respuesta.

—Entonces, ¿Vienes por cuenta propia?

No sé si hablaba con alguien cuerdo, bueno, hoy en día quién puede considerarse cuerdo...

— ¿Por cuenta propia? —Se la estaba pensando mucho — Sí, y también no.

Me volví a preguntar si realmente esta chica tiene algo en la cabeza.

Se estableció otro silencio incómodo, al menos soportó mis tontas preguntas.

—Daisy, aquí estás.

— ¡Anelis!

Gritó de alegría, casi tirándose arriba de la castaña.

—Daisy, ¿En dónde te habías metido? Esta aula tampoco es muy grande, pero de verdad eres rápida para huir. Oh, lo siento ¿Interrumpo algo?

Se percató de mi presencia.

—No, descuid…

—Estaba charlando con ella, es mi nueva amiga— Habló antes de que pudiese decir alguna otra cosa.

—En ese caso, hola, soy Anelis.

Me tendió la mano, y las ondas en su cabello se cayeron en el hombro. Me pregunto qué clase de shampoo usa para tener el cabello tan brillante.

—Hablábamos de la escuela, ¿Quieres unírtenos?

Habló de una forma acelerada, al parecer es muy energética al igual de despistada.

—Claro.

—Entonces, ¿Qué te parece la escuela...? Um...

Daisy se refería a mí, había olvidado decirle mi nombre. Algunos no prestaban atención cuando nos presentamos.

—Lo siento. Mi nombre es Grace.

—…Grace ¡Cierto! Tú, al igual que Daisy son nuevas aquí.

—Si...— Dije desganada, aún no me siento cómoda estando en este lugar.

—Bueno, yo no soy nada nueva en la academia, así que si tienes alguna duda pregúntamela a mí.

—Si ya llevabas tiempo aquí ¿Entonces por qué estás en nuestro aula?

—Ah, porque simplemente repetí.

— ¿Repetir? ¿Aquí también se puede?

Había olvidado esa parte de las escuelas comunes.

Se volvió a reír.

—Claro que se puede repetir, sólo que la materia de exorcismo promedia más en las notas.

—Ya veo…

Escuchamos un suspiro cerca de nosotras, así que nos giramos hacia Daisy, haciendo un puchero con su diminuta boca.

— ¿Qué ocurre, Daisy? —Preguntó Anelis dándole golpecitos en la cabeza.

—Me dejaron de lado —Se quejó con un tono de voz inocente que hasta a mí logró afectarme.

—Siempre haces esto.

Dejó los golpecitos a caricias leves.

— ¿Desde cuándo se conocen?

No evité preguntarles eso.

—Pues, desde pequeñas, ella siempre fue así —Bufó —Histérica —Dijo por lo bajo, pero logré escucharla. Esa pudo ser la razón por la cual Daisy se unió a la escuela, al saber que se estaba alejando de Anelis.

—Grace es mi nueva amiga, yo también quiero estar con ella.

—Vamos, apenas las conozco, puedo serlo de ambas.

Su mirada de nuevo transmitió cierta pena en mí, no podía negarme en este momento.

—Es decir... ¡Ahora serás nuestra amiga!

Asentí. Tal vez no era una mala idea tener amigas después de todo, tampoco quería pasar los años que restan sola. Quizá me acostumbre a esto.

Ellas volvieron a sus asientos ante la presencia de otro profesor; me di cuenta que Daisy y Anelis estaban cerca de mí, aquello de cierta forma me alivió.

Ubiqué de nuevo a Peter, no sabía qué tenía éste chico, pero no paraba de mirarlo de tal forma que varias veces tuvo que darse vuelta para indicar que me había atrapado. Ya lo tomé como un juego para molestarlo.

Al terminar la hora, estábamos en el agobiante recreo, pero esta vez no me encontraba sola. Con Daisy no parábamos de preguntar a Anelis sobre la escuela, y ella aún agotada nos respondía los que queríamos saber sin chistar.

Hasta que volví a cometer el terrible error de mirar de reojo a Peter, quien otra vez se percató de mi mirada, empezaba a dudar si tenía ojos en la espalda.

Él se levantó furioso de su silla, sin darse cuenta arrastrándola contra el piso, y con largos pasos se dirigió hacia mí, apoyando con rudeza los brazos contra mi banco. Al hacerlo, las tres lo miramos aturdidas.

— ¿Qué tienes conmigo?

Logró llamar la atención de la mayoría de los estudiantes.

— ¿Y-yo? —Con las miradas de los estudiantes rodeándonos, junto a Peter tan cerca, no pude hablar del todo claro. Muy patético de mi parte.

— ¿Qué sucede? —Preguntó Anelis, dudando sobre si debería intervenir o no.

—No lo sé —Intenté murmurar.

—No mientas —Peter continuó hablando hasta que me levanté del pupitre. Nuestras alturas no eran muy diferentes.

— ¿A qué viene esto?

— ¿Cómo "a qué viene esto"? —Elevó la voz. Me pregunto si se da cuenta del alboroto que está haciendo.

— ¡Cálmate! —Esta vez fui yo quien elevó la voz.

— ¡Explícame qué te sucede!

Fuera de sus cabales, sacudió el brazo para agarrarme del cuello de la camisa, hasta tal punto de tener que estar en puntas de pie.

— ¿Que te explique? ¡Suéltame! —Respondí con la voz quebrada, sujetando las manos que me agarraban, casi ahorcándome. Nadie hacía nada al respecto para ayudarme, no sabíamos hasta qué punto podría estar loco.

— ¡Oye suéltala!

— ¡Déjala!

Daisy, al igual que Anelis, eran las únicas que gritaban, defendiéndome.

— ¡Cálmense todos!

Una voz masculina, más gruesa que la de Peter, se integró en nuestro pleito para que me soltara, aunque no comprendíamos realmente cómo empezó todo este lío. ¿Acabamos en esto sólo por haberlo mirado? Si habría sabido que se alteraba con tanta facilidad nunca lo hubiese hecho.

CAPITULO 5

DEMONIO

"(…) En puntas de pie

Es muy fácil caer

Sólo una pulgada falta,

Todo fue por una buena causa.

El esfuerzo valió

Hubieras prestado atención,

Sin distraer y fantasear

Habrías llegado a la cima

en primer lugar (…)

(En el borde del vacío)

D

e repente un nuevo profesor entró al aula, lucía aún más intimidante que el anterior, además de tener una mayor mirada seria y negativa sobre nosotros.

— ¿Qué está ocurriendo aquí?

Nadie contestó, entonces golpeó su escritorio, apoyando las manos bruscamente sobre la madera, provocando a su vez un sonido que retumbó en el aula.

La academia, debido a ser en cubierto un centro educativo para personas adineradas, usaron el dinero recaudado para decorar la estafa: el comedor y la sala principal. En cambio, las aulas (por estar cortos de gastos), son sitios malgastados con varios muebles rotos.

Mantuvo su mirada de desprecio hacia los cinco revoltosos, con tres personas incluidas que no tenían nada que ver en el asunto.

— ¡Ustedes! ¡A la dirección!

Qué… ¿A la dirección? Nunca he estado allí, y ahora sería mucho peor, ya que fue el mismísimo director quien me invitó a la academia.

Peter bajó la cabeza, se mantuvo en silencio y logró soltarme.

El profesor extendió su brazo para indicar que salgamos afuera, en camino a la dirección.

Las piernas me temblaban y mi pulso estaba acelerado, aún más que cuando estaba siendo ahorcada. Sentía que me desmayaría en cualquier momento, algo más que nunca en la vida hice; hasta que una voz cercana interrumpió mis pensamientos.

— ¡Todo esto es tu culpa! —Anelis se dirigió a Peter una vez que habíamos salido y caminado algunos pasos.

— ¿Mi culpa? ¡Es la de ella! —Me señaló, avergonzado.

— ¿Qué tiene que ver Grace con esto? Ella estuvo con nosotras todo el tiempo —Detrás de Anelis, también Daisy me defendió. No pude evitar sentirme incrédula con el asunto.

—Cálmense un poco. Peter, dinos… —Intervino el pelirrojo con pequeñas ondulaciones revoltosas, que también se había integrado a la pelea. Parece que se conocen — ¿Cuál fue el problema por el que te alteraste tanto? —Gritó.

…Y que parecía ser el más tranquilo de los cinco.

—Yo... —Desvió la mirada —Pregúntaselo a ella.

Todos me miraron resentidos. Sonreí, no se me ocurría nada que decir. Lo único que hice fue mirarlo. Tal vez sí mi mirada perturbaba un poco, pero... no, había algo más en mis ojos...

Recordé cuál fue el sentimiento que tenía cada vez que lo miraba: Odio. A veces suelo dejarme llevar por los sentimientos, entonces significa que lo estuve mirando con odio, supongo.

Seguramente pensó que tenía algo en contra de él, y la verdad es que sí, desde la primera vez que lo vi lo detesté; pero eso no justifica el haberse alterado tanto, ¿O esa ya es su forma de ser?

—Pues... Podría decirse que lo estuve mirando con cierto enfado.

— ¿Lo miraste molesta? ¿Sólo eso? —Habló Anelis riéndose y luego asentí algo avergonzada por la situación en que nos metimos.

—Pero eso no explica tu reacción, Peter.

No avanzamos el camino para poder hablar con tranquilidad. Esta vez no fui la única que miró molesta a Peter.

—Así que sucedió otra vez —Habló agarrándose la cabeza con ambas manos.

Vaya, esto da un giro a la historia.

— ¿Otra vez?

De nuevo empezamos a continuar el paso a medida que conversábamos. No queríamos que nos castiguen, y esta vez por no ir a la dirección.

Peter tosió para acomodar su garganta.

—Como ya notaron, tengo problemas de ira y suelo ser agresivo...

— ¿Problemas de ira? Ya lo notamos.

—Cállate, Nick —Al parecer el pelirrojo es Nick —En fin —Miró hacia abajo —Esto comenzó hace dos años atrás… Aunque les parezca raro, lo que sufro no es común en mí, y empezó cuando un demonio me poseyó.

— ¿Que un demonio te poseyó? Había escuchado sobre eso, pero nunca imaginé conocer a alguien que lo haya experimentado.

—Como sea.

Puso los ojos en blanco, algo indeciso sobre seguir contando o no, pero para justificar su reciente comportamiento suspiró para seguir relatando.

—Con el incidente del demonio, ciertamente me volví imparable, y con mis poderes de aquel ser, potente. Casi me sentía indestructible, inestable. Entonces uno de los exorcistas más poderosos del Vaticano apareció e hizo un ritual de exorcismo. Desde ese día cada vez que aparece un demonio, espíritu o algún ser con un gran poder místico me vuelvo agresivo. Por eso mismo, cuando lograra cumplir la edad adecuada, tendría que venir a esta escuela.

—Wow —Daisy parecía realmente emocionada — ¡Eres un detector de seres!

—Yo no lo llamaría así, no es algo bueno.

— ¡Claro que sí! —Sin darme cuenta cerré los puños —Tienes que estar agradecido de haber sobrevivir a tanto… y sólo tener esa marca ¡Muchas personas habrían muerto! Pero tú no.

Miré al suelo.

—Tendrías que estar más complacido.

Ya estábamos a sólo unos pasos de la dirección, pero aun así no entrábamos.

—Grace tiene razón —Colocó su mano en mi hombro —Además no estás solo en esto, ahora nos tienes a nosotros, somos tus testigos después de todo… menos Grace, ella es la cómplice.

—Ya empezó a divagar —Anelis negó con la cabeza e imitó la acción de Nick, pero con Peter.

—Pero… si exclusivamente te comportas violento con la presencia de demonios, espíritus o seres de gran poder místico...

—Ve al punto —La castaña lo interrumpió otra vez, fulminándolo con sus ojos cafés.

—Está bien. Si no había ningún ser así, ¿Entonces por qué actuaste agresivo?

Seguramente fue porque sintió mi poder, después de todo, desde que entramos al aula, Peter estuvo actuando raro. O probablemente estoy imaginándome cosas y siempre es así de brusco.

—Quizá se debió a la presencia del profesor que entró, el de la materia de exorcismo. De seguro que él tiene un gran potencial —Añadió Daisy, jugando con sus pies.

—No lo creo. Sé que actué de esa forma por la presencia de un poder, pero para provocarlo tiene que tratarse de un gran potencial. Quizá se activó por el profesor, o por algún estudiante.

Empecé a transpirar al recordar que el director Willson, antes de entrar al aula me suplicó que guardara el secreto de quién soy en verdad.

—Qué conmocionada visita.

Oímos una voz detrás de nosotros. Justo a tiempo, el director se encontraba parado al lado de la puerta, mirándonos y escuchándonos, al parecer hace bastante tiempo.

—Di…director —Daisy hizo una reverencia.

— ¿Nos castigará por no haber entrado a la dirección?

—La verdad es que no —Su respuesta nos sorprendió a todos —Los llamaron a la dirección por una pelea, pero arreglaron su error tras haber razonado entre ustedes y de cierta forma perdonado.

Lo miramos fijamente, y por un instante la estricta figura del director desapareció.

—Así que ganaron diez puntos de compañerismo, pero los perdieron por haberse peleado antes.

Volvió a ser el director de siempre, a pesar de hablar en un tono pacífico.

—Y, tras haber empezado esa pelea perderán la clase que les corresponde, de exorcismo; para limpiar los baños, y también perderán el recreo estando en la dirección, como debían.

A pesar de estar castigándonos sonreía con normalidad, ¿Le estará divirtiendo esta situación?

—Por cierto, el profesor de exorcismo les dirá algo cuando se encuentren en la dirección. Eso es todo.

A los segundos que el director entró a la dirección, nos fuimos al armario del conserje para buscar los elementos de limpieza. Los baños de las mujeres quedaban a la otra punta de los hombres, así que nos separamos.

Una vez dentro nos dedicamos a limpiar sin protestar, aunque estaba distraída pensando una y otra vez lo que Peter nos había acabado de contar.

Así que él también entró a la academia por una invitación, pero por un exorcista del Vaticano ¿Tan poderoso tuvo que ser Peter como para mandar a un Exorcista de aquel nivel?

Por lo que entendía, cuando una persona lograba ser poseída por un demonio, es porque tuvo en extremo fuertes sentimientos de culpa, pena, odio... que son considerados pecado. Algo irónico, ya que cualquiera puede sentirse así.

Aunque no sólo era eso, cuando un demonio quiere el control de tu cuerpo tiene que convencerte (según lo que sientas) diciendo conclusiones que supuestamente sólo él puede lograr.

Una vez de que la víctima aceptara el trato, el demonio tiene total acceso a tu cuerpo. Claro que la persona no sabe que está haciendo un pacto con el demonio. Y, antes de hacer lo que quiera, tiene que cumplir el trato; luego de lograrlo puede hacer lo que con su voluntad desee.

Cuando se agotara la energía (poder y alma) de la persona, el demonio debe salir del cuerpo, ya que significa que el recipiente falleció…

¿Qué habrá sentido Peter? ¿Y qué fue lo que negociaron para aceptar la propuesta? Escuché que el trato que el demonio ofrece es muy tentador, y muy pocos pueden escapar de ello, pero, cuando te controla… asesina a cualquiera que se interponga en su camino, sin piedad. No puedes detenerlo, sin importar que seas consciente de a quién lastimas.

CAPITULO 6

ESCALAS

"(...) Lástima que la neblina

a estorbado tu precisión

Pronto te las pagará,

¡Cuidado!

El tiempo no llega a tu dirección (...)"

(En el borde del precipicio)

C

uando terminamos de limpiar los baños, hicimos lo siguiente que debíamos: entrar a la dirección como tendríamos que haber hecho antes.

Al poner un pie en ese lugar, dentro de mí me invadieron sentimientos de culpa y ansiedad que nunca antes había experimentado.

Las cosas eran muy complicadas para mí en este lugar, y me sentía entre la espada y la pared. El primer día de clase es un completo caos y terminé en la dirección con personas que apenas conozco, pero que tal vez me agraden; aunque lo peor de todo es que estamos en este lugar por un supuesto malentendido que indicaba ser mi culpa por todas direcciones.

Finalmente los castigados entramos a la dirección. Observé las expresiones de algunos de mis compañeros, y por alguna razón Nick no parece preocuparse, por el contrario de Daisy que está a punto de soltar las lágrimas.

Como el director nos había avisado, el profesor de exorcismo está junto a nosotros dentro de la dirección, sentado en frente con una mirada de rabia intensa.

Al aproximarnos hacia él y poder verlo con claridad a los ojos, notamos que aquella persona en realidad era alguien muy joven comparado a los demás profesores. Podría afirmar que estaría alrededor de nuestra edad, y unos ojos azules que parecían olas. Si no estuviera siempre frunciendo el ceño podría decir que es realmente atractivo. Lo miramos curiosos.

— ¡Tendrían que tener vergüenza! —Gritó y luego nos miró de pie a cabeza.

Nos volvimos a sorprender por su apariencia y personalidad brusca; pero extrañamente Peter no parece impactarse al igual que nosotros.

—Encima tú, Peter. Tendrías que estar apenado porque por tu culpa tus compañeros están en dirección.

Mientras él seguía gritando y discutiendo con Peter, los demás nos mantuvimos en silencio, algunos con la vista en el suelo.

—Pero lo que más me desconcierta es ¿Por qué actuaste de esa forma? ¡Aquí adentro no puede entrar ningún espíritu o demonio al menos que lo permitamos!

Tragó saliva y aprovechó para respirar.

— ¿Y por qué te desquitaste con una de tus compañeras si no tenía nada...? —Me miró y noté un cierto brillo en sus ojos —Al menos que... —Susurró pero lo alcancé a oír, deseando que nadie más también lo oyera.

Tosió para acomodarse la garganta

—No discutiré más sobre el tema, Peter.

Se cruzó de brazos y nos observó con prudencia.

—Debo decirles que, como tuvieron que ausentarse en la hora que les correspondía por razones conocidas, tendrán que realizar lo que acabamos de elaborar mientras no estaban.

Se levantó y nos repartió unos papeles a cada uno.

Nos sentamos en la extensa mesa de la dirección y agarramos del centro de mesa lapiceras para responder lo que fuera que dijera el papel.

Al terminar de leerlo me quedé boquiabierta tras no comprender lo que estaba escrito en el papel. Habían palabras como, "Rezadores", "Cazadores", "Videntes", "Rastreadores", "Alquimistas" y por último, "Exterminadores"; eso sin contar lo más raro e incomprensible para mí, un extraño esquema debajo de aquellas palabras.

Escuché a Daisy acercándose a Anelis para susurrarle algo al oído, pero por el abundante silencio en la sala todos logramos oírlo.

— ¿Qué se supone que hagamos con esto?

El profesor la miró con frustración, como si ya debíamos entender lo que la hoja decía cuando nunca antes la habíamos visto, y explicó:

—Peter, hazme el favor de leer lo que dice el papel.

Peter se impuso a hacerlo, pero luego de unos minutos de nuevas discusiones con el profesor, no le quedó otra alternativa que obedecerlo.

—"Como siguiente, escriba el nombre de alguna escala que aparece en el esquema. Este papel sirve para confirmar la clase de Exorcista que usted elegirá ser por el resto de su vida, así que elija con cuidado..."

Leyó sin ánimo. Pasó la lengua por su labio superior y siguió leyendo.

—"Este es un prototipo que se utiliza como esquema de la escalas de los diferentes tipos de Exorcista:"

(Imagen de esquema en papel viejo y colorido con detalles evangelicos y con forma de arbol:)

Sacerdote

Vidente naciente-Videntes-Vidente hábil- Vidente supremo

Exterminador novato-Exterminadores-Exterminador extremo

Rezador veterano-Rezadores-Rezador potencial

Rastreador principiante-Rastreadores- Rastreador experimentado

Cantor secundario-Cantores-Cantor principal

Alquimista aprendiz-Alquimistas-Alquimista sabio

Peter finalizó de leer el papel, del cual sólo logré entender su finalidad.

—Para que les quede claro, les explicaré qué es cada escala con su rama.

Rodeó los ojos, de nuevo esperando más de nosotros.

—Existen diferentes clases de Exorcistas y estas se dividen por escalas. Cada escala tiene diferentes "ramas", que son las clasificaciones de estas: de menor o mayor poder, es decir, que para empezar a estudiar alguna escala deben iniciar por su menor rama. Ahora les definiré lo más resumido posible las diferentes escalas con sus ramas, y les explicaré el orden iniciando por los de menor jerarquía:

(video detallada sin hoja pq esta hablanda daah, de cada escala con su uniforme de pelea y todo pero en boceto, nada complejo, e ir anotando a medida que habla esto:)

Alquimista: Preparan pociones anti demonios y espíritus. Lo hacen con hierbas, partes de cuerpos, entre otras cosas. Su rama menor es Alquimista Aprendiz, consiste en saber las pociones básicas, sin tanta importancia. El que decida estudiar Alquimia y vaya por su Rama Menor, se le asignará a un Rezador por el cual tendrá que servir; preparar pociones para ellos.

En cambio, su Rama Mayor es Alquimista Sabio, sabe sobre más hierbas, etc... Y los llaman para preparar pociones más a menudo. Además, a ellos no se le asignan a un Rezador, deben servir a los Videntes; pero los alquimistas que llevan más tiempo en eso o incluso los más destacables deben servir a un Sacerdote.

Cantor: Cantan alabanzas y predicciones no muy certeras. Su Rama Menor es Cantor Secundario, dicen algunos versos cortos, y necesitan siempre estar en grupo; además no pueden cantar predicciones. Pero su Rama Mayor, Cantor Principal, recitan versos largos, y empiezan a cantar predicciones que pueden cambiar con el transcurso del tiempo.

Rastreador: Localizan demonios y espíritus. Razonan las situaciones y lugares en que pueden estar, buscando rastros que identifiquen al ser; por ejemplo, sangre, líquido, manchas, entre otros. Además estudian a éstos seres para tener más información de ellos y así les resulta más fácil atraparlos. Su Rama Menor es Rastreador Principiante, sabe algunas funciones del rastreo y poca información de seres. Su Rama Mayor es Rastreador Experimentado, sabe absolutamente todo relacionado con seres, e igual del rastreo.

Rezador: Rezan el rosario para exorcizar seres. Su Rama Menor es Rezador Veterano, recita versos que pueden ser tanto largos o cortos. Su Rama Mayor es Rezador Potencial, cada uno recibe un rosario individual y único; empieza a usar talismanes y pociones para exorcizar seres, además de tener a un Alquimista personal para prepararlos, aunque deberán de servir a algún sacerdote.

Exterminadores: Pelean contra demonios y espíritus "especiales" con armas que contienen agua bendita o están hechas de esta. Pueden usar cualquier tipo de arma, ellos eligen con cuál quedarse. Su Rama Menor es Exterminador Novato, conoce las técnicas básicas de ataque y defensa, y empieza el camino de conocer a su arma. Su Rama Mayor es Exterminador Extremo, sabe todas las técnicas de combate y comienza a personalizarlas a su gusto, también tiene acceso a las armas especiales, son como la que eligieron pero… con algún secreto que las hacen únicas.

Vidente: Como dice su nombre, "ven" el pasado y futuro. Y los Videntes no tienen dos únicas ramas como las demás escalas. Tienen tres. Su Rama Menor es Vidente Naciente, simplemente pueden ver el pasado. Su Rama Mayor es Vidente Hábil, pueden ver el pasado con más detalles y precisión; además del futuro, siempre y cuando pueda cambiar. Su última rama, la que muy pocos y sólo los privilegiados de gran poder pueden pasar: la Rama Superlativa del Vidente Supremo, ven absolutamente "todo", y sus visiones son siempre exactas, sin errores. Suelen causar temor fuera a donde vayan, y al llegar tan lejos pasan a formar parte de la nobleza.

Sacerdote: Con ayuda de las ramas anteriores, el sacerdote logra exorcizar al ser, a distancia o cerca; junto con la frase que dice "Que Dios se apiade de tu alma". El Sacerdote debe de tener gran confianza en sí mismo, es decir, fuerza de voluntad espiritual. A decir verdad, el Sacerdote es fundamental, aunque al igual que videntes en su rama mayor, existen pocos sacerdotes. Ellos no sólo exorcizan a uno a la vez, sino que también pueden exorcizar a una masa enorme de seres malignos. Para conseguir formar parte de esta escala, que es la superior de las que se puede estudiar aquí, primero hay que pasar por la escala de Rezador y Exterminador, y de ambas haber llegado a su Mayor Rama; una vez hecho esto se puede entrenar para ser Sacerdote.

Así finalizó la larga e interminable explicación del papel a rellenar, pero gracias a esto ahora no tengo duda alguna de qué debo hacer.

—Ah, cuando terminen de escribir, entréguenme los papeles. Y también debo decirles que cada escala, como está dividida, debe de estudiarse en un aula individual. Es decir, que cuando tengan clase con la materia de exorcismo tienen que ir a un aula diferente, sabrán a cuál ir porque en la puerta estará escrita la escala que eligieron con su Rama Menor. Cuando entren, habrá personas entrenando para la misma rama que ustedes, de diferentes edades. Todos los cursos en la academia están unidos allí. No es mentira cuando decimos que es demasiado difícil aprobar una rama, no se fíen.

Empezamos a pensar y otros a escribir lo que decidieron. Mientras tanto, no estaba segura sobre cuál escoger.

Me gusta la escala de Cantores, pero no canto del todo bien y me avergonzaría tener que hacerlo enfrente de cada exorcismo. Supongo que enseñarán a afinar la voz.

También me gusta la rama Alquimista, pero no soy buena con las hierbas, especímenes, cuidado de las plantas y aquellas cosas.

Pensé que quizá me iría bien con la de Vidente, parecía todo un desafío, pero no me agrada la idea de ver hechos que pasaron o pasarían, prefiero tomar mis propias decisiones aunque sean las incorrectas antes de saberlas.

Entonces pensé en la escala de Exterminador, eso sí que parecía todo un reto, y me gusta la espada porque desde pequeña me llevaban a una actividad para aprender a defenderme, y me enseñaron a usarla.

Pero, por desgracia, al mirar hacia el frente para escribir en mi hoja, por error miré la de Peter (se sentó a delante de mí) y logré ver con su letra delicada palabras que formaron:

Exterminador.

Otra vez él lograba fastidiarme. No me gusta ninguna de las otras escalas, pero... acabo de recordar una, Rezador. Es la indicada, como anillo al dedo; no muestra ningún grado de incomodidad, parecía ser útil, y cuando llegara a la Rama Mayor podría usar talismanes y pociones, además de tener a alguien quien hiciera las pociones por mí, aunque significara estar a servicios de un sacerdote.

Escribí el nombre de la escala y me levanté para entregar el papel, y al hacerlo me percaté de que todos ya habían terminado y yo era la única que faltaba.

El profesor se fue con los papeles y nosotros nos quedamos adentro para cumplir con los minutos que quedaban para poder salir.

CAPITULO 7

SECTOR SUICIDA

"(…) Estás a ciegas,

Pierdes tu encanto

Y los pasos que diste los has rebajado,

La seguridad te carcome y suplicas piedad

¿Qué pasó con las advertencias?

¿Qué no eran tu prioridad? (…)"

—A(En el borde del precipicio)

hora sí —Nick fue el primero en hablar —Dime ¿Qué eres de aquel profesor? —Dejó elevar un poco la voz y podría jurar que casi se agarraría de los pelos —Lo conozco perfectamente, he venido aquí millones de veces. No soy nuevo en esta escuela, y nunca en toda mi vida dentro de la dirección vi a ése profesor ser tan amable —Se cruzó de brazos para tener a sus manos bien controladas.

— ¿Amable? —Anelis levantó la mirada —Estás chiflado, a Peter le faltaba muy poco para que le obligara a ponerse vestido y cantara villancicos.

No pude evitar imaginarme a Peter con aquella ropa mientras cantase, y resistí la risa, aunque también oí que Daisy la estaba conteniendo.

— ¿Chiflado? La verdad es que quisiera estarlo, pero creo ciegamente en mis instintos.

Por alguna razón le guiñó el ojo a Anelis ¿Es que ambos tienen algo? Lo dudo, los únicos momentos en que estuvimos juntos se dedican a pelear.

—Está bien..."aquel" es mi primo.

Olvidamos el asunto de los villancicos y el guiño, para mirarlo boquiabiertos. Eso explicaba algunas cosas, destacando la personalidad y el aspecto, sobre todo el cabello castaño, aunque Peter lo tiene más claro.

—Y no es "ése profesor", es el Profesor Pedro. Es decir..., si me llegara a escuchar llamándolo así me mataría.

—Parece que tienen un buen trato —Intervine.

—Así es —Me miró, y recordé la razón del castigo —Luego de que me poseyera el demonio, pude reaccionar y volver en sí para darme cuenta de que ya era tarde…

Permanecimos en silencio, esperando a que Peter estuviese listo para continuar con la frase.

—Porque yo… asesiné a mi familia.

De manera casi instantánea Daisy se tapó la boca con las manos.

—L-lo siento —Dije temblorosa, ahora ya no lo odiaba tanto como antes, sentía pena absoluta por él. Me mordí la lengua por el discurso que di antes de limpiar los baños.

—Eso fue hace mucho tiempo... En fin, luego de enterarme de lo ocurrido me paralicé, entré en shock y cuando realmente recobré la conciencia me percaté de que estaba dentro de un hospital, había estado en coma durante meses. Pero luego es todo mucho más feliz.

La familia de mi padre me cuidó hasta hoy en día, claro que ahora sólo somos mi primo y yo.

Terminamos la hora del castigo y la chica encargada de los cuartos de la escuela nos acompañó a nuestros dormitorios individuales.

Fue un largo día, me acosté y cerré los párpados, quedándome plenamente dormida y tumbada sobre la cama.

Al abrir los ojos nuevamente, me levanté y salí del dormitorio para desayunar en el comedor de la escuela, el único salón donde nos reunimos todos y cada uno de los estudiantes; el cual ya había estado antes, en el día que todo se descubrió y cambió mi vida, poniéndola por completo de cabeza. Incluyendo en esta a demonios y espíritus, de los cuáles nunca había sabido de su existencia, aunque de cierta forma siempre supe que existían, en mi fuero interno.

Llegué al comedor, y por primera vez vi a todas las personas allí reunidas, eran muchos más de los que había visto pocos días antes. Me sentí realmente incómoda. Estaba acostumbrada a que no existiera un comedor en la escuela donde la cantidad sublime de estudiantes (que no son sólo menores) te pudiesen ver. Quería salir corriendo y desayunar en casa.

Avancé con pasos indecisos hacia una de las mesas de las esquinas, sin tener planeado qué iba hacer cuando llegara allí. Anhelaba que no me dijeran, "Oye, siéntate con nosotros, chica que nunca nos habló". Y peor aún luego del escándalo con Peter. Mi reputación está sumamente arruinada.

Una vez cerca de la mesa de la esquina, noté una señal de brazos de un grupo situado al lado de aquel sitio, supuestamente la señal era para mí y querían que me acercara. Antes de ir lo pensé dos veces, ¿Qué pasaría si no era para mí? o ¿Si era una broma pesada? Quedaría completamente en ridículo, pero no pensé más sobre el tema y me dirigí hacia el grupo de personas.

Eran cuatro, dos chicas y dos chicos. Al aproximarme y verles la cara recordé que ya los conocía. Usualmente no tengo problemas para recordar a las personas, y menos las olvidaría, ya que estuvimos un día completo juntos.

Quizá no los recordé debido a la presión e incomodidad que sentí en esos momentos, aunque todavía perdura un poco aquel sentimiento en mí.

— ¡Vaya! Por un momento creí que ya no nos recordabas —Anelis corrió los mechones ondulados hacia su espalda. Ahora que la iluminación es mejor, envidio su piel cuidosamente bronceada, en comparación a la mía que es pálida y sin color.

—Um, lo siento —No sabía qué más decir y me senté al lado de ella con ambos chicos al frente nuestro.

—No te olvidaste de mí ¿Verdad?

—Por supuesto que no, Daisy —Me reí al ver su gesto recobrando la alegría. Sus mejillas se tiñeron de un ligero color rosa.

—Ahora sí estamos todos juntos, ya habíamos comenzado a preocuparnos porque no venías con nosotros.

—De verdad lo siento...

—Déjala, quizá sufre de amnesia —Acusó Peter con expresión de burla, levantando una comisura de sus labios.

Entrecerré los ojos en forma de amenaza al oírlo decir aquello. Desde que llegué a la academia no me dejaba en paz.

— ¡Que no es para tanto! Otra vez llevas la misma coraza para agrandar las cosas.

— ¿Qué dijiste…? ¿Coraza?

—Sí, porque actúas como un chico malo, pero usas esa coraza porque lloras por dentro.

Los demás rieron al vernos pelear de nuevo, al parecer siempre iba a ser así, después de todo es su forma de ser.

—Esa es la venganza por ayer llamarme anciana.

Le mostré la lengua de forma graciosa, hasta que llegaron los empleados a servirnos el desayuno.

Con mi curso nos dirigimos a una zona descubierta de la academia, sin paredes ni techo y con mucha vegetación. Este sitio es el sector de gimnasia, y al parecer no consiste en las actividades físicas comunes que realizan todas las escuelas, supuestamente, por lo que logramos escuchar de estudiantes que ya tuvieron esta materia.

Aquí se elaboran ejercicios extremos, considerados como parte del entrenamiento para ser un exorcista, tanto aprender técnicas de ataque como defensa, entre otras...

—A-Anelis...

Daisy estaba temblando, se la escuchaba tartamudear y agarró firmemente el brazo de Anelis.

— ¿Es verdad q-qué hacen actividades... —Tragó saliva —Extre...mas...?

—Daisy, no hay razón para tener miedo.

Le habló de forma dulce y miró hacia el frente.

— Aunque tengo que admitir, al principio me costó mucho pasar esta materia… Además de eso ¿Qué puede ocurrirte? Romperte una pierna, el brazo, dislocártelo o doblarte algún extremo... ya pasé por eso y me llevaron a la enfermería.

También empecé a temblar, en mi vida ordinaria hacía aikido, ya sabía unos trucos, y allí aprendí a ser ágil, resistente y un poco más fuerte. Pero también está la opción de cometer un paso en falso y romperme un hueso... ¿Qué clase de materia es esta?

—Tranquilas —Nick fue atraído por nuestro visible estrés —Yo también estuve aquí antes... con Anelis.

Al igual que ayer, le guiñó el ojo.

—Pero con la práctica y el tiempo lo superarán, ¿Cierto? Miren a Peter, él no parece estar asustado.

Era verdad, pero al verlo con el uniforme de gimnasia notamos sus músculos, seguramente se ejercita y sabe cómo superar estas circunstancias; además de estar con el ceño fruncido, mirando fijamente al profesor que continúa hablando por celular sobre alguna fiesta en la discoteca exclusiva de exorcistas.

El profesor al acabar, lo primero que hizo fue hacer sonar el silbato atado a su cuello para silenciarnos a todos. Me sentí aún más débil y nerviosa, pero debía superar esta materia si quería avanzar para alcanzar mi objetivo, además ¿Qué podía salir mal? Después de todo en lo único a lo que siempre fallo es atajar a la pelota, porque al estar siempre y cada segundo nerviosa, mis manos sudan sin parar.

—Muy bien, vengan todos aquí, agrúpense alrededor mío. Yo soy el profesor Jacobo. Y como ya pudieron notar, este sitio es el sector de gimnasia.

Sigo asustada sobre cuáles serían las actividades que realizaríamos, esperaba el momento en que las dijera para que luego me agarrara un ataque cardíaco antes de empezar, buena excusa para irme.

Mi corazón latía a mil por hora; me pregunto que, si ya estoy así de nerviosa por querer saber qué haríamos, ni me quiero imaginar cómo actuaría cuando me entregaran algún examen.

El profesor se limitó a leer los papeles que sostenía en una de sus manos, podía ver sus bíceps.

—Escuchen, ya saben, esta materia es para realizar distintas actividades físicas; pero como de seguro también escucharon decir de otros, aquí no realizamos las actividades físicas normales... hacemos otras para aprender los movimientos y ataques de un exorcista. Así que, cuídense porque pueden ser mortales.

Nos quedamos boquiabiertos y sorprendidos. Esto es mucho peor de lo que decían.

—Tranquilos, es broma, siempre caen... —No creo que realmente todos piensen que se trata sólo de una broma —En fin, ahora practicarán un poco de artes marciales.

¿Artes marciales? ¡¿Aquí?! ¿Así, ahora? Lo sabía, nos quiere matar.

—…Veamos… Como es sólo práctica, y no todos saben cómo funciona esto, los dividiré en grupos de a dos.

¿Ahora grupos?

—Es para que luchen mano a mano entre ustedes, haciendo lo que saben. Son libres de ejercer karate, yudo, aikido… incluso dar bofetadas si saben hacerlo.

La persona con la que les tocará será su rival en la lucha. No se sobresalten, los grupos que formaré será de fuerza igualada, al menos por lo que opino de ustedes.

¿Formará grupos según nuestra apariencia? Apuesto que me tocará con Daisy, las dos parecemos débiles, excepto que ella es mucho más delgada, y eso la hace parecer aún más frágil.

—...Aunque en cierta forma tendrían que preocuparse un poco, porque los elegiré según cómo se vean... fuertes o débiles, y como dice el refrán, las apariencias engañan.

Éste profesor se está ganando la medalla de los no deseados.

—Casi lo olvido. Mientras luchan los evaluaré, así también formaré los grupos para la próxima clase. A partir de ahora son todos "rivales".

Concluyó la explicación, mis piernas no paraban de temblar ¿Sería esta mi muerte?

El profesor empezó a caminar de un lado a otro sin parar de mirarnos fijamente; en cualquier momento este lugar se transformaría en un campo de batalla, seguramente terminaré en la enfermería con varios moretones y uno que otro hueso roto...

Él pronunciaba los nombres de cada uno de los alumnos, algunos que ya conocía y con otros tuvo que leer del papel en su mano. Estaba extremadamente atenta a lo que decía, pero lo estuve aún más cuando escuché los nombres Anelis Balbontin, Daisy Von Muhlenbrock, y a los segundos después Nick Walker Filitz.

Esperaba con impaciencia y nervios en todo mi cuerpo, creí que cuando me llamara ni siquiera sería capaz de caminar, pero me decidí por respirar profundo y esperar a que todo pase. Hasta que de pronto logro oír mi nombre y de la persona que sería mi rival. Al instante en que lo pronunció pude sentir a mi corazón detenerse y el tiempo ir en cámara lenta...Grace Shawin y Peter Rendic.

Este lugar no es un sitio de entrenamiento ¡Es el Sector Suicida!

CAPITULO 8

ALPHA Y OMEGA

"(…) Antes todo te daba igual,

Tuviste que caer al hoyo del conejo

Para saber lo que valía en verdad (…)"

(En el borde del precipicio)

Estaba estupefacta, no entiendo cómo el profesor pudo imaginarse que mi fuerza es igualada a esa masa de músculos. ¡Peter me mataría! Me mataría sin dudarlo un segundo, me detesta, nos detestamos, aunque podría decirse que ese desprecio es parte de nuestra amistad; somos algo parecido a amigos más que conocidos, él no me mataría ¿No?

Nos acercamos y caminamos rodeándonos continuamente, mirándonos fijo a los ojos, él tenía el ceño fruncido.

Era el Alfa, firme, decidido y seguro en lo que hace; en cambio yo, yo soy la Omega, asustadiza, patética y confundida.

Cuando estábamos listos para atacar... ¿Listos? Sólo él está listo, yo estaba aterrada y en conflicto con mi cerebro por tener cien pensamientos a la vez y no poder reaccionar.

Se escucha un aturdido y estruendoso sonido, igual de irritante que un silbato.

— ¡Alto! —Gritó el profesor luego de sonar el chifle.

Por un instante tuve la esperanza de que parara esta matanza y dijera que en realidad se trataba de una prueba de valor.

—Hay una regla. No se puede matar ni causar daños permanentes, aprendan a defenderse y medir su fuerza para no causar al rival una herida seria.

Mi poca esperanza se derrumbó, no como mi mala suerte.

¿Y si… Peter no controla su fuerza? Empecé a rezar para mis adentros, quizá eso me ayudaría en algo.

Él se abalanzó fugaz y ágilmente sobre mí, dándome una patada con zapatillas talla 43 que sentí en el estómago, casi vomito. Se apartó.

Su mirada era penetrante, y logró hacerme temblar, no sabía qué hacer.

—Lo siento, ¿Fui muy rudo anciana?

Otra vez ese tono burlón y aquel apodo que aprendí a despreciar.

Él empezó a moverse en círculos, alrededor mío, en cambio yo continúo inmutada. Peter sólo me había golpeado en el estómago y casi me caigo. No tengo oportunidad de ganar esta.

Seguía avanzando con velocidad, pegándome con patadas y puñetazos... todo dolía, no quería golpearlo, no sabía qué hacer, tenía miedo.

No paraba de atacarme con rapidez, hasta que se acercó lo suficientemente cerca de mi oído y susurró:

—Él está mirando, tienes que hacerlo.

¿Hacerlo? ¿A qué se refiere? Sólo sentía dolor por los moretones y zonas de mi cuerpo que ahora están hinchadas.

Llegó hasta un punto donde mi entorno se nubló, y caí de rodillas y... espera un segundo. No me voy a dejar perder así tan fácilmente, no de esta manera, sin intentarlo al menos. Fue así cómo comprendí sus palabras, "Él está mirando, tienes que hacerlo".

¿Quién está mirando? El profesor ¿Hacer qué? Golpearlo.

Pero no quiero hacerlo, es Peter pese a todo.

Recordé las palabras que el profesor dijo, sólo que no me había percatado del detalle, "...aprendan a defenderse..."

Este lugar no será mi tumba, no ahora que sé qué hacer. Fui completamente ingenua.

Bajé la cabeza, escupí brutamente la sangre que contenía en mi boca, hice a un lado el dolor que sentía por los golpes y las ganas de llorar, entonces me armé de valor y concentré todos los sentimientos de odio e ira que sentía, no sólo en ese preciso momento, también mis recuerdos más dolorosos, acumulados en lo más profundo de mi ser.

Finalmente agarré al toro por los cuernos.

Levanté lentamente la cabeza, lanzándole una mirada de furia. Esto es lo que Peter quería que haga, concentrarme en mi dolor, adueñarme de mis miedos para usarlos como escudo y seguir adelante.

Por eso me insultó, él quería que sus palabras me hagan daño, o al menos eso interpreto.

Me levanté muy rápido y grité dejando escapar mis sentimientos; me dirigí hacia él, intentando golpearlo con mi puño cerrado.

Él lo esquivó, aunque pude sentir en mi piel que lo había tocado, aunque sea sólo un roce. Con simplemente un roce insignificante me llené de gloria, creía que podría acabar con esto.

Quizá el Omega se pueda convertir en Alfa. Sólo quizá, pero esa esperanza me era suficiente para creer que podría vencerlo.

No aguanté esa sensación triunfante y esbocé una ingenua sonrisa acompañada de una leve risita. Sabía que él había sentido mi roce y lo veloz que fui. Quería considerar el hecho que era más rápida que él, aunque obviamente me superara de fuerza.

De un momento a otro logramos asimilarnos a dos auténticos lobos, ambos luchando para liderar la manada, para comprobar quién es el mejor.

Nos golpeábamos, corríamos e incluso reíamos. Irónico. A pesar de las heridas que recibí al principio, me divertía luchando contra Peter.

Memorizaba sus movimientos y él también los míos, por eso realizábamos técnicas nuevas. Luego de la diversión el lugar se tornaba cada vez más serio.

Antes sólo pensaba en ¿Moriré aquí? Pero ahora sólo pienso en ¿Quién ganará? Después de todos los conflictos que tenemos, somos amigos... pero es Peter y no lo voy a dejar ganar así de fácil. La diversión se apagó y volvimos a la verdadera lucha. La lucha por quién aprobará la materia, ese sería el trofeo del ganador; pero el perdedor debía aceptar su derrota, quedándose con los "débiles".

Ambos nos miramos, saltando y corriendo por doquier, seguíamos defendiéndonos y atacándonos sin parar.

Y... ¿Se acuerdan del paso en falso que tenía miedo de cometer? pues sí, eso ocurrió. Cometí el grave error de repetir un movimiento. Sólo eso bastó para que Peter me derribara con una de sus talentosas y muy efectivas "patadas voladoras".

Caí en seco. Listo, pensé, Él ganó. Seguía conteniendo el nudo de la garganta.

Lo miré, se aproximaba hacia mí con una mirada amenazante. No sabía que le había causado tantos problemas, después de todo éramos el show del profesor y de los demás que se rindieron o ya habían acabado.

Vi su sombra cada vez más cerca. Él también estaba agotado pero no tanto como yo lo estoy en este momento. Acerqué mi mano hacia mi rostro a medida que me levantaba, y pude ver cómo una gota de sangre se deslizó.

Su exótica patada había surgido efecto; y al tan sólo pensar en eso, el dolor que tanto me esforzaba por retener apareció. Era desastroso. Sentí cómo una lágrima bajó de mi mejilla, me estaba desarmando; tenía que hacer algo o todos mis intentos habrían sido un fracaso.

Miré desesperada a mis alrededores, lo único que veía eran las miradas de todos en nosotros dos. Levanté la vista y él estaba a una distancia razonable como para hacer sólo un ataque. Un único movimiento que quizá me salvaría de perder. Sabía que entre poco tiempo perdería la conciencia, pero debía intentar algo, o significaría que todo se acabó. El fin.

Puse todas mis fuerzas para poder mantener el equilibrio y levantarme. Para no soltar ningún grito mantuve los dientes bien apretados.

Al verlo nuevamente con una sonrisa torcida, dibujada en la cara, me alteré y sólo quería hacer una cosa que podría hacer o no efecto.

Me tambalee ante él, estaba lo suficientemente cerca. Peter no hacía ningún movimiento, sabía que con sólo tocarme con la punta de sus dedos me caería al suelo. Así que se quedó allí, inmóvil, con una sonrisa perturbadora en la cara. En cualquier momento me caería, pero con la última fuerza de voluntad, me abalancé hacia él.

Logré golpearlo con lo menos estratégico que pensé hacer. El ataque que realicé no fue ni nada más ni nada menos que un bofetazo en su mejilla, una bofetada que marcó la huella de mi mano con la sangre que se desliza por mi brazo, con la misma sangre que él provocó.

Mi bofetada no era lo que él esperaba.

Simplemente con esa acción, hice desvanecer aquella sonrisa pícara, y ambos quedamos exhaustos, rendidos. Porque sabíamos que el último que estaría en pie sería el ganador. Nos mantuvimos varios minutos allí parados, o al menos intentando estarlo. Sentía las penetrantes miradas a nuestro alrededor que provocaba que nos faltara el aire. Ya nadie más estaba luchando exceptuando nosotros.

Y de pronto... llegó el momento más esperado, la caída de alguno, esa caída que daría la sentencia. Nuestro público continuó atento, casi tanto como nosotros, mirándonos fijamente a los ojos; nuestros ojos celestes...

De pronto sentí la vista borrosa, pero eso no me impidió verlo. Verlo caer al suelo. Verlo imitar el movimiento de mi cuerpo. Vernos inconscientes, ver de pronto a todos acercándose, escuchar pasos que luego parecían ecos, escuchar un fino silbido y aquella voz gruesa llamando por el celular a varias enfermeras. Ver a Daisy, ver a Anelis, a Nick... ver a Peter en frente entrando a la inconsciencia, algo que yo en cuestión de segundos también haría.

Fue de este modo cómo sucedió. Terminó nuestro combate, nuestra lucha por sobrevivir, por ganar. Alfa y Omega, principio y fin.

Pero esto no fue el principio de un ganador y el fin de un perdedor; porque después de todo ambos fuimos ganadores y ambos perdedores. Habíamos empatado aquella lucha que pareció eterna. Alfa y Omega. Aunque no lo parezca, son iguales.

CAPITULO 9

VICTORIA

"(…) Te ahogas y arrastras

Ya no hay opción,

Sigues persistiendo

Como si ya no habría diversión (…)"

(En el borde del precipicio)

M

e encontraba sobre algo blando y con uno o dos bultos. Lo primero que hice fue estirar el brazo para ver mi mano ¿Ver mi mano?, ¿Qué sentido tenía?

Recuerdo sangre... sí, sangre en mi mano, y a Peter...Pero, ¿Qué hacíamos? ¿Por qué estábamos luchando? Si eso era lo que se supone que hicimos.

Giré la cabeza hacia un lado y lo vi recostado, durmiendo sobre una cama a mi derecha. Imágenes borrosas me vinieron a la mente, y ahora lo recordaba con claridad. Es patético creer que luchamos para aprobar la materia, sin importar que fuera de la escuela, nos dejamos llevar al límite. Es como si un extraño apareciera de la nada y te dijera que pelees contra tu amigo cuerpo a cuerpo. Pero lo teníamos que hacer, nuestro futuro dependía de eso.

— ¿Estoy en el cielo?

Fue lo primero que se me vino a la mente, podría haber estado allí con las señales de una sala totalmente blanca, recuerdos de sangre y estar muerta, así que lo dije de la nada pensando que no podría decirlo ¿Quién sabe si en el cielo puedes hablar?

Peter abrió los ojos, se veía muy pacífico estando confundido, sin recordar por un instante al igual que yo.

— ¿Estamos en la enfermería? —Dijo mientras bostezaba. Ahora miré más atentamente a mi alrededor y recapacité en la opción de estar vivos al escuchar el lugar que pronunció.

—Sí... —Afirmé, disminuyendo el tono de voz. Es raro hablar con él con normalidad. Ahora que lo pienso, nunca estuvimos en un lugar los dos solos.

—Es increíble que hayamos luchado casi hasta el borde de nuestras vida —Habló con ironía. Me sentí culpable porque estaba exhausto, se nota en su voz; mientras yo sólo me siento un poco dolorida, pero después de todo estoy... bien. Quizá se deba a los poderes de la elegida, porque si no fuera así ya estaría al borde de la muerte, incluso mucho peor que Peter.

Nos levantamos de las camas, a él le costaba caminar. Mis heridas ya estaban curadas, nunca en mi vida había participado en una pelea, aunque siempre deseé participar en una real; sólo para saber cuáles eran mis límites. Hace unas horas había participado en una, pero no era del todo real, y todavía sigo desconociendo cuáles son mis verdaderos límites. Debo entrenar más, mucho más.

Ambos salimos de la sala y nos encontramos con Daisy, Anelis y Nick que parecían estar dirigiéndose a la enfermería para visitarnos.

Al vernos, Daisy corrió hacia nosotros y saltó para darnos un abrazo, colgándose de nuestros hombros debido a su baja estatura. Al hacerlo Peter largó un chillido de dolor.

—Al parecer no fue tan grave, sigue siendo nuestro Peter — Nick entrecerró sus ojos ámbar para sonreír.

—De carne y hueso... aunque con varios moretones y golpes —Dijo Anelis —Todavía me cuesta comprender que la causante de "eso" es Grace —Me miró de arriba abajo —Y no pareces estar muy adolorida que digamos.

Ahora sí que estaba nerviosa, ¿Y si descubren mi secreto? ¡El director sería el que me mataría! Aunque técnicamente no podría hacerlo porque soy la única elegida; pero podría castigarme con incluir muchas más actividades como entrenamiento.

Empecé a temblar levemente, y Daisy (que ahora sólo me estaba abrazando mí), echó todo su peso encima para comprobar si era cierto o no lo que Anelis decía.

Al hacerlo simulé un grito de dolor, debo admitir que me costó demasiado procurar que no se notara la imitación.

—Lo siento —Se disculpó Daisy, soltándome y agachando la cabeza.

—No importa —Le sonreí e hice caricias a mi hombro siguiendo la simulación de dolor.

Todos nos dirigimos a nuestros dormitorios para concluir el día, pero cuando me iba a dirigir al mío, una mujer adulta, aparentando tener unos 26 años apareció al frente nuestro, impidiendo que siguiera mi camino.

La secretaria de la academia me envió un mensaje diciendo que tenía que dirigirme a la dirección cuanto antes.

Ella me acompañó hasta la sala y al llegar a la puerta se apartó, dejándome sola. Decidí entrar, no tenía miedo, al contrario de cuando fui por un castigo.

El director se hallaba sentado detrás del escritorio y cuando me vio entrar me dedicó una cálida sonrisa. Se paró y nos saludamos, como ya habíamos hecho la primera vez que nos vimos, dirigiéndonos por nuestros apellidos.

A continuación me preguntó con tono preocupado sobre cómo me había sentido estos días en la escuela, y luego cómo experimenté las actividades de gimnasia. Los rumores de mi gran hazaña corrían por los pasillos.

Al oírme relatarlo se asombró por mi resistencia y experiencia para el combate, me felicitó y esbozó una leve sonrisa como la de antes.

Le alegró que no haya salido herida permanentemente y que sólo haya sido por unos instantes. Nos despedimos agarrándonos las manos y me dirigí a mi dormitorio.

Hablar con él me recordó a mi entrada en el mundo de lo paranormal, cuando aún vivía con mis padres e iba a la otra horrorosa escuela.

Deseé poder hablar más con Tannya, mi preciada y dulce amiga que nunca más la volvería a ver ni escuchar.

Por unos momentos me sentí vacía... fría y amargada de ser quien me tocó ser. Pero me tranquilizó la idea de que quizá algún día el destino nos reuniría de nuevo.

Abrí los ojos por el destello de una luz molestando. Me había quedado profundamente dormida. Me levanté, aseé y aun en estado zombie, me dirigí al aula donde estarían mis compañeros. Es difícil tomarme todo esto con calma.

Cuando entré, todo el curso pareció ponerse de acuerdo para ser irritantes por un día entero, o eso realmente espero.

Supongo que se preguntarán por qué. Al entrar al salón, como el profesor de la materia correspondiente de literatura no estaba, todos decidieron gritar y hacer gestos de celebración ante mi llegada, referido a la victoria de ayer en gimnasia. Pero más que victoria, al increíble empate con Peter.

Era de esperar que todos se enloquecieran, nunca habían visto (igual que yo) una batalla tan épica como la que ambos ejecutamos. Era fácil mirar como espectador que participar como luchador, sentir los golpes y resistirlos hasta el final; que por cierto aquí fue cuando nos desmayamos.

Al observar fijamente el aula, quise liberar una carcajada por encontrar a Peter sentado en su pupitre, rodeado de varios estudiantes que lo acosaban vitoreando; con los codos apoyados arriba de la carpeta y las manos sujetándole la cabeza.

Se podía ver con facilidad que no hacía ningún esfuerzo para ocultar lo irritado que estaba, pero me revoleó algo en el estómago al notar que no sólo chicos estaban a su lado, sino que también mujeres.

Sin darme cuenta esbocé una mueca de desaprobación y me dirigí a mi pupitre, pensando en ponerme los auriculares para ignorar a todos a mi alrededor hasta que llegara el profesor. Que por cierto, está demorando demasiado.

A medida que avanzaba, unas manos me jalaron para sacarme del camino. Me sentía confundida y alterada, así que con el ceño fruncido miré hacia quien me había jalado, y abrí bien grande la boca para contestarle gritando. Pero al mirar a los ojos de la persona cambié totalmente de opinión.

— ¿Nick? —Le dije con una expresión en el rostro casi ridícula, no entendía por qué hizo eso— ¿Po-por qué hiciste eso?

—Oh, lo siento Grace —Se disculpó soltándome y pasando su mano por la cabeza.

Miré alrededor y a su lado se encontraba Anelis junto a Daisy.

— ¿Anelis...Daisy? ¿Sucede algo?

—Pues... lo siento mucho por la acción brusca —Dijo Daisy, cerrando tímidamente los ojos. Ya me estoy acostumbrando a su actitud extremadamente tímida, pero no logro entender por qué a la vez le gusta ser el centro de atención de sus conocidos.

Parece adorable con las mejillas ruborizadas

—No... está bien, Daisy

— ¿Qué está bien? Parecía que a mí me estabas por asesinar verbalmente ¡Y a ella le dices que está bien! —Nick se alteró e incluso exageró lo que dijo... bueno, sólo un poco.

—Nick, no debes aclarar todo lo que sientes en cualquier momento y en cualquier lugar.

Me empezaba a integrar poco a poco a este raro y alocado grupo.

—Anelis... Para que entiendas, está bien aclarar las cosas antes de que no sepan cómo te sientes al respecto —Le sonrió guiñándole el ojo, además de soltar una carcajada al terminar de pronunciar su nombre. No pude deducir si lo decía por una razón especial o sólo bromeaba.

—Me asqueas cuando haces eso...

— ¿Hacer qué? ¿Acaso me miraste?

Le guiñó otra vez, y Anelis desvió la mirada, sólo eso bastó para que me riera de la situación, algo vergonzosa para ellos dos, pero claro, a Nick nada le resulta vergonzoso, todo lo que hace de un modo u otro termina por causarle gracia.

Anelis tuvo que tomar una gran bocanada de aire antes de seguir hablando—En fin, lo de hace un rato fue porque... ¿No es mejor estar aquí con nosotros en vez de que te rodeen como lo hicieron con Peter?

Al pronunciar su nombre no pude evitar girar para echarle un vistazo. Pareciera que estaba mirándonos, ya que al instante de haberme girado se volteó, mirando hacia la ventana al lado suyo, aun estando rodeado de personas. Reí para mis adentros.

—Sin olvidar que también lo hice para que las demás chicas sepan que soy amigo de la chica #1 de combate.

Nick rió y acomodó sus brazos sobre la cintura.

—Nick... —Anelis frunció el ceño y lo miró furiosa, sólo él lograba hacerla molestar las veces que deseaba. No quiero saber qué fue lo que hizo el año pasado para provocar que ella perdiera todos sus estribos.

— ¿Qué Anelis, estás celosa? —Se volvió a reír y sacó la lengua de forma totalmente tierna, nunca habría creído que Nick podría parecerlo, según lo que las chicas me comentaron.

—Grace, ¿Te sientes mejor por lo de ayer? —Daisy creyó que lo mejor sería despejar la conversación.

—Um, sí, mucho mejor ¿Ven? —Levanté mi brazo como demostración.

A los segundos, escuchamos pasos acelerados y una respiración descontrolada, aproximándose al aula. Observamos abrirse la puerta con una persona adulta atravesándola.

—...Lo-Lo siento por llegar tarde... —El hombre vestía un traje formal con parches en los codos y un moño verde en la camisa. Además sus mejillas estaban completamente rojas y no paraba de respirar agitado —Soy su profesor de historia y literatura, Bartolomé, es un placer conocerlos a todos, y de veras lo siento mucho por llegar tarde y hacerlos esperar.

Se giró y se sentó en su sitio al igual que todos. Por cierto, de una manera bastante torpe, pero él no era el único que ejercitó aquella maniobra, desde luego que yo también.

—Bueno… como verán, esta materia tampoco es como la de las escuelas comunes, o normales, como prefieran decirles.

Hizo una pausa y sacó una botella de agua de su maleta, me pregunto si había perdido el taxi para llegar hasta la academia.

—Aunque en cierta forma tampoco es tan diferente que las de allí... En fin, aquí aprenderán sobre la historia del exorcismo y la Biblia. Investigaremos sobre todos los sucesos que ocurrieron desde hace años, y por supuesto también la explicación de los milagros y entre otras cosas. Por eso esta materia abarca la historia y literatura, unidas. Ahora les daré algunos libros que traje para que vayan leyendo sobre el pasado, así que por favor esperen.

Estuvimos varios minutos en extremo silencio, algo muy raro que suceda tratándose de mis compañeros, y escuchamos las quejas del Profesor Bartolomé sobre no encontrar algunos libros, hasta que lo hizo y los repartió para cada uno de nosotros.

Los libros resultaban bonitos y antiguos, con una portada misteriosa. Cada uno tenía los mismos libros, algo que me hizo dudar sobre cuántos como estos existen en el mundo.

Él nos dijo que empezáramos a leer, así que lo hicimos. Abrí el maravilloso libro y empecé a leer poco a poco las letras que contenía, a la vez que la tinta desvanecía y asimilaba ser arena negra, flotando en el aire.

CAPITULO 10

PROFETA

"(…) El aire se agota, las lágrimas resbalan

Creíste que todo sería fácil,

Pensaste que valdría en vano;

Ahora quieres subir,

Probar avanzar;

Yo te diré que ya diste marcha atrás (…)"

(En el borde del precipicio)

¿Alguna vez desearon ser contenido de un libro, ser parte de su historia? En ese preciso momento no lo había pensado, no lo deseé, pero, de alguna forma, lo hice... me metí al libro.

Sentí a mi cuerpo caer y mi mente apagarse para luego brillar. Esos segundos transcurrieron como horas, horas en cámara lenta. No sentí nada. No vi nada. Y así de la nada, desfallecí. Desfallecí y aparecí de repente en otro sitio con un paisaje diferente.

Sé que ese letargo en realidad fue sólo segundos, pero me parecieron horas... trillones de horas. Es difícil de explicar todo lo que está sucediendo, ni siquiera entiendo por qué o cómo está pasando.

Desperté en una zona aislada, se veía arena sin fin a donde mirases; era un desierto.

Caminé durante mucho tiempo, bastante tiempo hasta caer de la nada. Cerré los ojos pensando en que iba a morir. Mi muerte: ser teletransportada a un desierto sin saber por qué. Causas: estaba en el aula leyendo un libro.

Caí rendida al suelo. Imágenes, estas inundaban mi mente. Pero no las imágenes que uno dice de ver su vida pasar ante sus ojos a los segundos de llegar al fin. Fue diferente, al menos a mí me parecía eso.

Oscuridad. Luz. Agua. Plantas. Estrellas. Animales. Polvo... Nubes.

No lo entendía. Lo veía, parecía tan real, pero el escenario estaba mudo, lleno de colores pero en silencio. El silencio invadía el lugar.

A continuación vi a un hombre, un hombre andando en cuatro patas por así decirlo, me miraba confundido. Detrás de él apareció una mujer muy hermosa. Ambos estaban completamente desnudos.

Miré a mi alrededor, allí se encontraba abundante vegetación con animales entre ella. Era un lugar puro. Volví a girar sobre mi eje con una sonrisa en mi rostro, era impresionante; pero esa sonrisa se desvaneció al verlos de nuevo.

Aquellas personas ya no estaban a mi lado, sino alejados, muy lejos pero aún los veía. Estaban con... una serpiente, y parecía hablar con ellos. No me importó mucho ese detalle, sino lo que vino después; y ese después fue el que me hizo recordar la situación y el lugar que me encontraba.

El Jardín de Edén. Adán y Eva. La Serpiente maldita. El Primer Pecado.

Corrí, no tengo idea de por qué, pero lo hice. Corrí con todas mis fuerzas, lo más rápido que pude, pero aquello pasó todavía más rápido y yo parecía una hormiga corriendo en cámara lenta.

No lo podía creer ¡Estaba dentro del libro! viviendo ante mis propios ojos el Primer Pecado.

Quería impedirlo a toda costa, pero no pude y llegué muy tarde. Tan tarde que el suelo en donde pisaba ya no era pasto verde. No era nada, tierra seca que luego se fue tornando negra, tan negra hasta llegar a la nada.

Y luego... Una piedra, muerte. Humanos, más humanos; desesperación, horror. Mar; Madera. Torre; envidia. Distintos; confusión.

De un abrir y cerrar de ojos desperté en una sala blanca que ya conocía.

— ¿La enfermería? —Dije, aún confundida. Todo lo que vi pareció un sueño, pero ¿Un sueño pudo mostrarme todas esas cosas? Seguía en desacuerdo conmigo misma.

Escuché a la puerta abrirse, el director estaba allí parado junto a otra persona que lo acompañaba, ¿El profesor Bartolomé?

—Así que ya regresaste —Habló el hombre de mayor edad.

— ¿Regresar?

Parece como si él conociera mucho mejor cada cosa que me está pasando que yo misma.

—Cada cosa que viste, no fue un sueño —Esta vez fue el profesor quien abrió la boca, confirmando mi sospecha.

—Esperen ¿Ustedes sabían que esto pasaría? — Dije dubitativa, el director sólo asintió —Pero... no lo entiendo ¿Cómo...?

— ¿Cómo es posible que te puedas meter en un libro? —Me interrumpió el Willson —Algunos de los profesores con los que ya estuviste te pusieron algunas pruebas para verificar que eres la elegida.

Ahora lo entendía menos ¿Desconfiaban de mí?

—Por ejemplo, con el profesor Pedro, él te puso a prueba usándote con Peter, él puede sentir las presencias poderosas, y te sintió a ti.

También pasó lo mismo con el profesor Jacobo, su prueba fue que tú seas la ganadora en aquella pelea, y en cierto sentido lo fuiste.

Hasta llegar a este momento, con el profesor Bartolomé. Él te dio un libro hechizado, un libro donde sólo tú puedes entrar, y pasaste la prueba.

—El libro... ¿El libro se trataba sobre el principio de los tiempos? ¿Adán y Eva? ¿El Arca de Noé? ¿La torre de Babel?

—Sí, felicidades, recibiste un 10. Antes de que te desmayaras les dije a todos que para la próxima clase escribieran un argumento sobre el contenido del libro.

Ellos se fueron, así que yo también. El director me había advertido sobre algo muy importante, algunos de los profesores de las siguientes materias me pondrán a prueba. Una prueba que me puede costar la vida.

Me dirigí hacia el comedor para encontrarme con mis nuevos amigos, y al llegar como siempre lo suele hacer, Daisy se abalanzó sobre mí. Tuve que ponerme firme para no caer, aunque no me tomó tanto trabajo ya que Daisy era liviana como una pluma.

— ¡Grace! ¿Qué te sucedió? ¿Te sientes bien, estás mejor? — Me bombardeó con preguntas. Estaba gritando pero no lo suficientemente fuerte como para que todos nos prestaran atención.

—Sí, Daisy... Em, ¿Puedes dejar de sujetarme por tan sólo un momento?

Le rogué, traté de decirlo lo más suave posible buscando las palabras precisas, pero no me salió del todo blando.

—Um, s-sí... lo siento mucho... otra vez —Se ruborizó y nos sentamos.

— ¿Te sientes mejor, Grace? —Apoyó su mano zurda por debajo del mentón, mientras esperábamos la comida en la mesa.

—Sí, mucho mejor.

— ¿Qué te pasó? —La chica esbelta y bronceada entró en escena, su voz tomó un tono de preocupación.

—Nada importante, sólo... creo que fue por el cansancio de la pelea

—Vamos Grace, dínoslo, nadie te va a culpar...

Al escuchar a Peter me puse como piedra, ¿Acaso ya lo descubrió? Nunca fui una buena actriz, ¡pero esta vez me esforcé mucho para ocultarlo!

Me observaba con sus ojos celestes de forma penetrante, a la vez que se hamacaba en la silla con aire desinteresado.

—Diles a todos que fingiste el desmayo para perderte la clase —Sonrió de lado.

¿Era una broma?

— ¿Por qué lo hiciste, Grace? No me digas que esa materia no te gusta, ¿Qué puede ser más aburrido que historia?, ¿No Grace?

Con cada palabra que oía salir de su boca sentía a la yugular palpitando.

— ¿Qué puede ser más aburrido que historia? ¡Las Matemáticas!

— ¿Matemática? ¿Matemática te parece aburrido? ¡Es la materia más fácil que existe!

Se levantó de su asiento.

— ¿Fácil? ¿A ti te parece fácil?

Lo imité levantándome junto a él, haciéndole competencia.

— ¿Qué más fácil puede existir que unos números?

—En Historia y literatura sólo hay que leer, en cambio en matemática hay que pensar, sumar y...

—Exacto, sólo hay que pensar, pero en historia hay que leer e imaginarse todo... aburrido.

—Eso es lo que digo de las matemáticas —Ambos nos sentamos y cruzamos de brazos, refunfuñando.

Escuchamos unas risitas de nuestros amigos.

— ¿Qué es lo gracioso? —Peter desvió la mirada y volvió a hamacarse. Deseaba que se cayera e hiciese el ridículo frente a toda la academia.

—Viven peleándose, pero son exactamente iguales —Anelis se secó las lágrimas de tanto reír.

—Eso mismo —Acompañó Nick. Con Peter intercambiamos una breve mirada y de inmediato volvimos la cara, mirando hacia lados diferentes y sin darnos cuenta nos sonrojamos.

—Son como almas gemelas —La risa de Daisy resonó como un cascabel.

—… Miren quienes hablan —Murmuró Peter lo suficientemente fuerte como para que lo escuchemos los cuatro.

CAPITULO 11

PRUEBA MORTAL

"(…) Sigues suplicando, sabiendo que no hay elección,

Me agrada cómo te arriesgas

Y no te rindes, ya tienes mi atención (…)"

(En el borde del precipicio)

Oímos el timbre, señal de dirigirnos a las aulas, y lo hicimos. Entramos para la hora de Señales, una de las materias incluidas por el exorcismo.

—Anelis, ¿Cómo es esta materia? Su nombre es algo extraño Le susurró Daisy, pero la oí.

—El nombre de esta materia no es el más raro, créeme. Y, si mal no recuerdo es sobre los diferentes sellos que aprenderemos.

— ¿Sellos? —Pregunté, metiéndome en su conversación poco discreta.

—Sí, pero es mejor que el profesor se los explique.

Giramos a la dirección de la puerta y lo vimos pasar, era un hombre adulto, con la mirada firme y rígida, me sorprendió bastante esa seriedad, parecía competir con el profesor Pedro.

—Anelis... ¿Ése es el profesor? Estoy segura de que puede matarte con la mirada

— ¿De veras que sí? —Le respondió a Daisy —Es muy intimidante.

—Casi supera al Profesor Pedro —Lo miré impaciente, él se sentó en su escritorio sin saludar y estaba leyendo algo.

—Te equivocas —Nick estaba en el banco del lado derecho de Anelis, por lo que nos llegó a oír y se incluyó también a la conversación —Pedro es más intimidante que él y lo sé, llevo un año aquí.

—Y por meterte en problemas repetiste.

—Y tú por no estudiar, Anelis.

Volvió hacer el gesto que a la castaña esbelta tanto le irrita: guiñar el ojo.

—En fin, Pedro es mucho más gruñón y estricto hasta límites que no te puedes imaginar, me da escalofríos sólo hablar de él…

En cambio, él es serio y sombrío, nunca lo verán estar en el aula sin fruncir el ceño.

El profesor dejó los papeles que antes leía en el escritorio con rudeza, haciendo resonar el ruido por el aula entero. Se levantó y paró delante del escritorio.

—Seré su profesor de Señales. Mi nombre es Tadeo, es un placer.

Sus palabras no coincidían en ese momento con su voz.

Seguro se preguntarán qué es esta materia. Se los resumiré. Aquí les enseñaré los distintos significados y formas sobre cuáles y cómo hacer variedades de sellos, aunque también existen distintos nombres para identificarlos según su uso.

Estos sirven, como dice su nombre, para sellar espíritus. Se llevan a cabo en un lugar sólido, ya sea en el piso o una pared. Son sellos de habilidad, así que según el nivel de potencial de cada uno de ustedes los sellos podrán ser más duraderos y poderosos.

Sobre ejercer el potencial del vigor, que es su espíritu interior, se lo enseñarán en la clase de exorcismo.

Pasaron unos minutos, de los cuales no hicimos... nada, sólo susurramos entre compañeros, impacientes para que el profesor nos asignara alguna tarea.

Mientras tanto, él se dedicaba a leer una y otra vez alguna clase de papeles, y nosotros susurrábamos por riesgo de empezar a gritar y éste hacernos quién sabe qué.

Faltaba poco para finalizar la hora, pero aun manteníamos la esperanza de realizar alguna actividad, aunque se esfumo toda posibilidad cuando oímos la campana.

—Señorita Shawin —Al instante Tadeo me llamó desde su asiento.

—Grace... —Daisy me miró con tristeza, transmitiendo el pésame.

—Eh… ya voy Profesor.

—Suerte —Dijo Nick dándome la espalda y dirigiéndose hacia afuera del aula, al comedor.

Ellas se fueron por la amenazante mirada del profesor.

— ¿Ne-Necesita algo?

—Así que eres la supuesta "elegida".

Se paró y me miró. Por instinto de supervivencia mi mente gritaba que saliese corriendo.

—Sí... ¿y usted me hará una prueba? —Le pregunté agachando la cabeza, me sentía como una hormiga indefensa, incapaz de decirle alguna palabra.

—Sí, no me creo que vayas a ser la elegida —Vaya, qué lengua más afilada... me hizo sentir fatal.

—Y... ¿Cuál sería mi prueba?

Lo miré a los ojos, era muy alto, eso que ya lo soy para mi edad.

—Tu prueba, será hacer un sello.

— ¿Un sello? —Lo observé histérica —Pero todavía no nos enseñó cómo hacer ninguno. Soy incapaz de crear uno en este momento...

Me arrepentí al decir eso cuando terminé.

Frunció el ceño aún más de lo que ya lo hacía.

—Así que dices ser incapaz... si no puedes hacerlo entonces no eres la elegida.

— ¡Sí lo soy! Sólo que... no sé cómo hacer un sello.

Me sentí inútil. A decir verdad al principio yo tampoco lo creía, pero luego de la aparición del primer espíritu y las pruebas con los anteriores profesores empiezo a creer cada vez más en mi destino, o al menos eso intento.

—Te explicaré cómo hacer uno normal, entonces tendrás que hacer un sello en el piso, al primer intento, y luego lo harás en el aire.

— ¿Al primer intento? ¿En el aire? Pe-Pero usted dijo que era imposible hacer uno en el aire, que tenía que ser al contacto de cualquier cosa.

—Bueno, Imposible no. Nosotros no podemos hacerlo, pero si eres la elegida como afirmas serlo, entonces serás capaz de hacer un sello a la primera vez y otra en el aire.

Se cruzó de brazos y se acercó al escritorio, donde sacó de una caja alguna clase de tiza extraña.

— ¿Una tiza?

—Sí, pero no es una simple tiza como las que conoces. Esta es una tiza exorcizadora, sin una de estas no podrás elaborar un sello.

Tragué saliva y él se acercó hacia mí.

—Como es un sello de habilidad, desaparecerá cuando el propietario lo desee, o cuando halla atrapado a un espíritu, o incluso cuando al propietario se le acabe el vigor.

—Antes habló acerca del vigor, y dijo que es el espíritu interior. Entonces, ¿Qué pasa cuando ese vigor se acaba?

—Espíritu interior, o en una palabra, "vigor". Básicamente es la fuerza o actividad notable de las cosas animadas o inanimadas.

Entonces aquí viene la respuesta, si resumiendo, el vigor es nuestra fuerza vital; cuando se acaba entramos en una especie de coma, que tampoco es común al de todos.

Es por eso que aquí les enseñamos a elevar su potencial, que es la cantidad de poder, para que no entren en coma.

—Aun así, a mí no me enseñaron tal cosa —Estaba temblando, si cometía un movimiento en falso todo terminaría.

—Si supuestamente eres la elegida, tendrás un gran potencial que te permitirá elaborar varios sellos. Pero si como lo sospecho no eres la elegida, entonces entrarás en coma.

— ¿Cuánto tiempo dura ese coma?

—Puede durar meses, o incluso años. Así que te doy la oportunidad de declarar que no eres la elegida.

—Pero...

Ahora estaba en juego mi vida, mi vida estando consiente. Todas las veces que el poder surgió de mí no fue conscientemente, salió de la nada, y ahora tenía que controlarlo pese a todo.

O simplemente podría negar ser la elegida y salvarme, pero irme de aquí para siempre. No quería eso, no quiero irme.

pero si no lo hago podría pasar mi vida entera en una cama, no muerta, sino viva pero sin poder decir una sola palabra.

Tampoco quería eso, así que lo único que puedo hacer es lograrlo; lograr hacer un sello de una vez en el piso del aula, sin saber hacer uno; y luego hacer otro pero en el aire, en un lugar donde nadie fue capaz de hacerlo.

—Y, yo... lo haré, voy hacer los sellos.

Levanté la cabeza de nuevo para así mirarlo a los ojos.

— ¡Y lo lograré porque soy la verdadera elegida!

CAPITULO 12

SELLOS INCONSCIENTES

"(…) La neblina desvaneció, vamos,

La meta puedes cruzarla hoy,

Sólo de un salto te debes valer

Quizás se trate de fe

O con el que debas perder (…)"

(En el borde del precipicio)

Ahora sí, me metí en un gran lío, ni siquiera sé de dónde saqué el coraje para decir algo, hablarle al profesor Tadeo.

Él a fin de cuentas me demostró cómo hacer un sello.

Sostuvo en su mano izquierda la tiza de habilidad, y con la otra mano, levantó sólo el dedo índice y el mayor, tocándose.

Concentró su energía en aquellos dedos, dijo que un exorcista para elaborar hechizos debe concentrar su energía en alguna parte del cuerpo, sino no funcionaría y no realizaría nada.

Al terminar de transferir una parte de su vigor a otro extremo de su cuerpo, aquella extraña tiza empezó a elevarse de la nada y siendo controlada por Tadeo, escribió unas extrañas palabras dibujando un círculo.

Parecía hablar latín. Y por un breve instante pude entender lo que decía:

"Redit generatio alterius;

terra autem in æternum stat.

Oritur sol, et occidit sol,

et modo cogitet iterum relinquo"

"Una generación va y viene la otra;

pero la tierra permanece siempre.

El sol sale, el sol se pone,

y no piensa más que en salir de nuevo"

(Eclesiastés 1, 4-6)

Aquel aro exorcizador brilló, salió de allí una luz radiante de un lindo color esmeralda. El profesor hizo desaparecer el sello.

—Listo, hazlo tú ahora.

Sin embargo... no estaba lista. Respiré profundo y me dije inhalando y exhalando que todo saldrá a salir bien.

Traté de imitarlo exactamente: agarré la misma tiza que tenía él, hice aquella acción con las manos, concentré la energía en mis dedos, provocando que brillaran con una bella luz alrededor de estos, al igual que él, aunque que cada exorcista tiene una luz propia, y la mía es de color azul.

La tiza luego de unos desesperados minutos empezó a flotar y con mucho esfuerzo y concentración, escribí las mismas palabras que él en el suelo.

Solo faltaba esperar a que aquel aro brillara, para así transformarse en un sello.

Esperamos impacientes, en el aula invadía un incómodo y absoluto silencio, tenía un nudo en la garganta que amenazaba con desatarse y salir, creando gotas que bajarían de mis ojos hacia las mejillas.

Pero no podía rendirme tan fácilmente, no ahora, no cuando ya había enfrentado varios desafíos y llegado a este punto.

Cerré los ojos, si no seguía aguantando me desmayaría en cuestión de minutos, algo que nunca solía hacer hasta que llegué a esta escuela.

Me esforcé mucho, demasiado, y ahora tendría que esforzarme el doble, pero no como lo hacía antes estudiando y comportándome bien con todos; sino esforzarme mentalmente, con mi ser.

Seguí esperando con los ojos abiertos, hasta que decidí que debía esforzarme a tope, sin importar qué me suceda.

Todavía sigo siendo yo misma, no importa si era la supuesta "elegida", era yo sin importar nada, y me esforzaría hasta llegar a mi meta, porque lo importante es esforzarme mucho pase lo que pase.

Me había olvidado lo primero y más importante que hay que hacer siempre, aceptarse a uno mismo. Con todas estas dudas que me habían plantado estaba desconfiando y olvidé el por qué vine hasta aquí, para salvar al mundo porque soy la elegida; vine para estar preparada, para afrontar los retos que construirían mi camino.

Una maravillosa e increíble luz azul apareció del aro exorcizador, transformándose así en un sello.

—Lo... ¡Lo hice! —Sonreí y dejé salir aquellas lágrimas que ahora eran de pura felicidad.

—Veamos, sí, lograste hacer un sello a la primera vez. Pero a simple vista cualquiera podría decir que gastaste demasiado vigor.

— ¿Y eso es malo?

—Sí, aunque seas la "elegida" estarás muy débil. Los beneficios de serlo sólo son de tener más capacidad de potencial y vigor que cualquier otra persona, pero debes llenarlos.

Es como una caja, todos tenemos una caja en nuestro interior, que sería nuestra fuerza vital. Nosotros podemos tenerla grande o pequeña, no cambia de tamaño desde el día en que nacemos. Pero la elegida tiene dentro una gran caja de enorme tamaño. A esas cajas, los exorcistas la vamos llenando con potencial a medida que entrenamos.

—Es decir que ahora mismo tengo una gran capacidad, pero poco potencial.

Todavía me es difícil comprender todas las definiciones y conceptos con el que ellos hablan, pero al menos lo intento.

—Eso es correcto, pero al ser la elegida los seres te detectan, saben, presienten que tienes un gran potencial.

—Espere, ¿Está diciendo que cree que soy la elegida?

—No.

Debí de haberlo esperado.

—No hasta que logres hacer un sello en el aire. Lo que hiciste pudo ser suerte de principiante.

—Entonces ¿Significa que ahora debo de hacer uno en el aire para terminar la prueba?

—Así es.

Respiraba profundamente una y otra vez para intentar controlarme, pero aun así no lo lograba. Pensar en hacer algo que nadie más hizo me provocaba cosquilleos

—Está bien... aquí voy.

Estaba muy nerviosa, esta era la última prueba con él y resultaba horrible no poder controlarme.

Me alisté de igual manera como hice el sello anterior. Con la tiza hice la acción con las manos; concentré la energía en mis dedos, provocando brillar aquella luz azul.

La tiza flotó e intenté escribir la frase anterior, pero algo, no sé qué pudo ser, no me permitía escribir las palabras.

Intenté seguir escribiéndolas, pero algo dentro de mi interior las rechazó y no pude retenerme y terminé por escribir otra cosa.

Al escribirlas quedé exhausta, no sólo por escribir la frase anterior en un intento fracasado, sino porque introduje demasiado vigor en retenerme.

Lo que me pareció un instante fueron realmente minutos, de los cuales cada segundo gasté vigor, debilitándome aún más.

"Ventum austrum et aquilonem,

conversus et conversus egerit regreditur.

Omnia flumina intrant in mare

et mare non redundat;

per easdem vias suas opes viderent

habet et abiit iterum in via."

"Va el viento hacia el sur, y luego gira al norte,

y girando y girando, vuelve sobre sus giros.

Todos los ríos van al mar

y el mar jamás se llena;

por los mismos cauces que veían sus caudales

ha pasado de nuevo su curso."

(Eclesiastés 1, 6-8)

Lo único que me faltaba hacer era esperar a que el sello brillara, pero también para lograr este objetivo debía transferir vigor al sello para activarlo.

Y para eso debía concentrar no un poco, sino el doble de vigor.

Estaba en peligro, en peligro de no pasar la prueba, de demostrar accidentalmente y errónea que no soy la elegida, de ser un fracaso total y lo peor de todo, de entrar en un coma impreciso

Tenía miedo, mucho miedo. Mis piernas me temblaban y el sudor frío se deslizaba por mi cuello. Llegó un punto en que pensé que mi corazón estallaría, hasta que el sello fue quien explotó, inundándose con una radiante luz azul, serena.

Parecía ser la cosa más bella que vi en toda mi vida. Quería que me abrazara y hundirme, olvidar todo. Tenía destellos celestes igualados al color de mis ojos.

Daba la impresión de que aquel sello tenía vida propia, y que las hondas azules simulaban al océano, anhelando con despegarse del sello y escapar a donde sea.

Entonces comprendí lo que era realmente el sello de la elegida

Quería saltar de alegría y abrazar al profesor Tadeo, por más difícil que fuera imaginarlo.

Pero en este momento no pude hacerlo. Mis piernas se debilitaban cada vez más, y mis ojos amenazaban con cerrarse, además de sentir a mi pulso disminuir.

En cualquier momento caería, y lo sabía. Sería el fin, el final de todo aquello que conocía, y quién sabe, quizá cuando despertara del coma me encontraría sola en el medio de la guerra; una guerra sin su salvadora. Una destinada a perder.

Cerré los ojos un momento y sentí a mi cuerpo tambalearse levemente para luego ceder al vacío eterno, el cuál sabía que me esperaba.

—...El final está cerca.

Fue lo único que logré decir, una frase irónica que ni siquiera yo podía comprender.

CAPITULO 13

VOLUNTAD

"(…) No te rendiste, no lo hagas otra vez

Viste lo que te espera

Si tú has de retroceder (…)"

(En el borde del precipicio)

Borroso... oscuro... soledad... angustia... desesperación. Sólo podía oler amargo, amargura; pero a la vez nostalgia.

Antes las cosas eran alegres, risa tras risa, sabía que debía de aprovechar la vida, mi vida, una vida que luego se destrozó.

Me veía de niña, con mis padres, sonriendo y haciendo pucheros; pero luego salté de página a una "yo" más adulta. Me encontraba en otro lugar muy familiar, era este instituto, también era aquella vez en que había entrado a la sala y vi por primera vez aquel espíritu, aquello que me aterró y colocó mi vida de cabeza.

No quería que eso ocurriera, le gritaba a la chica que no abriera esa puerta, la puerta que atraería a mi destino; le suplicaba que no lo hiciera, pero mis esfuerzos fueron en vano. Sentía terror al volver a ver a la feroz criatura.

La nada me volvió a invadir en oscuridad.

Abrí ligeramente los ojos. Al despertar me encontraba en una sala blanca.

— ¿...La enfermería?

—Cariño, ya despertaste

Giré mi cabeza con cuidado para poder ver la cara de aquella persona.

— ¿Mamá?

—Sí, espérame un momento para llamar a la doctora.

Se volteó, luciendo igual que siempre, con su cabellera larga y rubia hasta la cintura, además de estar llevando la cinta para el cabello que siempre viste.

—Espera, ¿Qué sucedió?

— ¿Qué sucedió? Cierto, me llamaron de la escuela para decirme que estabas en el hospital, y vine corriendo. La doctora me dijo que tuviste un leve golpe en la cabeza, pero no parabas de sangrar.

— ¿De la escuela?

Me acerqué para susurrarle.

— ¿La escuela Sebastian Borg?

—No... la escuela Bludis. Nunca escuché ese nombre ¿De dónde lo sacaste?

—Ma-Mamá, no digas eso ¡La Escuela Sebastian Borg! ¡Tú sabes cuál es perfectamente!

—Hija... iré a llamar a la doctora, espera aquí por favor.

Salió de la sala casi corriendo.

¿Cómo? ¿Por qué...?

¿...Por qué no la recuerda? ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué fue lo que sucedió?

No lo entiendo... No puede estar pasando esto.

—Buenos días señorita.

—Hola…

Empezó a tocarme la cabeza de diferentes ángulos.

— ¿Le duele en alguna parte?

—No

— ¿Siente algo diferente?

—No… Oh tal vez sí.

— ¿Qué sucede? —Dijo inclinando unos centímetros la cabeza-

—Eso mismo pregunto.

—No le entiendo.

— ¿Nunca le sucedió sentir que está dentro de un sueño? Bueno, justamente eso es lo que siento ahora.

Ella me miró, sin saber qué responder.

—Vamos, profesor Tadeo, sé que esta es una de sus pruebas, lo he descubierto.

Se apartó a una distancia razonable de la cama, aun viéndome con espanto.

—Vamos, entonces dígame cómo llegué aquí, ¿Qué fue lo que sucedió?

—Por favor señorita, cálmese.

—No me calmaré ¡Necesito respuestas! ¡Dígame la verdad! —Sin poder evitarlo alcé la voz — ¿Dónde está Daisy, y Anelis, Nick y Peter?

Mamá entró por la puerta y me oyó gritar.

—Hija... Grace, por favor, cálmate.

— ¡No lo haré mamá! ¡No entiendo nada! ¿Dónde están todos?

—Grace...

—Ya lo sé, llama al director Willson, debes hacerlo por favor.

—Y… ¿Y cuál es el nombre de ese director?

—No… no sé su nombre, maldición, nunca lo dijo.

—Discúlpenme por interrumpir. Quiero aclarar que lo que ahora mismo está pasando la señorita Grace son los síntomas comunes que uno puede pasar luego de un golpe de cabeza tan severo como ese.

— ¿Severo? Dijeron que era leve.

—Sí, el golpe fue leve, pero perdió bastante sangre como para quedar confundida.

—No, otra vez con la excusa del golpe. Necesito… que me digan exactamente qué está sucediendo.

—Señorita, usted se golpeó la cabeza, perdió sangre y ahora está confundida. Pero no se preocupe, luego estará bien.

—No, yo… estaba en la escuela Sebastian Borg, y ahora… cielos, no, no lo sé.

—Disculpe... ¿Ya puedo llevármela? Está muy agotada, necesita estar en su casa.

—sí… si sigue en este estado por favor regrese de inmediato.

Salimos de allí y me llevaron a casa. La doctora de igual manera me recomendó que tenga terapia con una psicóloga, para que le cuente sobre cómo me siento, y así supuestamente, me iré curando más rápido, según ella.

Desde luego que mi mamá nunca se olvidó de llevarme allí, cada día a las 18hs, después de merendar. Hasta lo tenía anotado en un papel enganchado en la heladera para no olvidarnos.

Pero lo único que podía sentir era molestia, molestia por mi existencia, por esta mentira que transcurre cada segundo.

Indirectas era lo único que podía escuchar de todos, me creían loca por seguir creyendo en lo que supuestamente viví, lo que supuestamente pasó, y lo que supuestamente es real.

No seguí insistiendo en mi realidad, de otra forma mamá me llevaría con la doctora y de seguro al manicomio. No podía creer en mí misma en estas circunstancias, en nada ni en nadie. Tampoco me quedaban fuerzas para seguir fingiendo. Si los días seguían pasando… los exorcistas me necesitan.

Lo único bueno que se me ocurrió hacer fue escapar, huir de esta supuesta realidad, así tal vez todo se resuelva y sería mejor.

Empaqué mis cosas y me dirigí al único lugar en donde podía estar: la escuela Sebastian Borg. Debía de estar allí, tiene que ser real. Aquel lugar fue el único que me hizo sentir viva.

De mientras que caminaba siguiendo el rumbo que recordaba perfectamente para llegar hasta allí, iba pensando. Pensando en que la psicóloga me dijo que sostenía y no soltaba aquella idea porque en ese lugar me sentía bien, sentía que me necesitaban.

Pero no iba a olvidar, ¡Me negaba a olvidarlos a todos! Olvidar los momentos, los recuerdos juntos. Había encontrado una familia que me aceptaba por quién soy en verdad.

Olvidarlos no estaba en mi lista... olvidar a Anelis, a Nick, Daisy y... Peter...

¡Realmente no quiero hacerlo!

No es porque me siento necesitada, es porque en verdad creo que existen, y no los voy a dejar, aunque no resulten ser reales, no los voy a soltar ¡Los quiero a todos! Y si tengo que perder mi cordura para estar con ellos ¡lo haré!

...Lo haría... Por todos ellos...

Ahora sí me oía como una demente.

Estaba llegando al terreno, el cielo ya se había oscurecido y la noche no contaba con estrellas y las nubes no se veían, sólo la acompañaban unas pequeñas y gruesas aguas. Empezó a llover en aquel abrir y cerrar de ojos. De pronto me veía completamente empapada y embarrada por la tierra mojada que ahora era barro. Corrí con todas mis energías para acercarme más y poder ver tal vez a la escuela, así comprobar al fin mi cordura. La lluvia empezaba a embarrarme.

—Alto…

Escuché un susurro de una voz que me sonó muy familiar, era como un murmuro del aire, del viento o de la lluvia que me empapaba

Sea quien sea que habló, me tropecé por la velocidad en que iba corriendo, provocando resbalarme con el barro que ahora invadía en mi ropa y parte del cabello.

No le presté atención al murmullo y seguí corriendo, pero al ver el reflejo de aquel objeto afilado, me vi obligada a parar en el camino hacia la escuela. La persona proveniente de aquella voz me advirtió que me detuviera, lanzándome una gran espada, tanto ancha como larga, que por unos centímetros no me atravesó el cuerpo para cortarme en dos.

—…Dije alto.

Volví a oír al murmullo, pero esta vez sonaba más fuerte, cerca de mí. Levanté la cabeza y aquella persona estaba parada en el mango de la enorme espada que interrumpía el paso, mi camino hacia la escuela y la verdad.

CAPITULO 14

CORDURA

"(…) No quieres pasarlo de nuevo,

No, dices otra vez,

Pues entonces salta,

Otra cosa no tienes que hacer (…)"

(En el borde del precipicio)

La volví a ver, y como dije antes, su voz me sonaba muy familiar, demasiado conocida, mucho como para poder ser real (pero quién soy yo para estar hablando de la cordura). No sólo tenía una voz que me resultaba muy familiar, también su apariencia, la misma apariencia que conocí al momento de nacer.

—Increíble —Solté en seco, y mi voz por poco no fue tapada por la lluvia.

Aquella persona sobre la espada de grandes metros, no era ni más ni menos que… ¿yo? Eso sí se puede decir "yo", porque realmente no lo podía confirmar y cada vez dudo aún más de la poca cordura que me queda.

— ¿Quién eres?

—Tu "yo", como acabaste de pensar.

Se le escuchó hablar más fuerte, pero... ¡Esperen! ¿Acabó de decir "...como acabaste de pensar..."?

—Sí

— ¿Pero cómo puedes...?

— ¿...Escuchar tus pensamientos? Ahora mismo no tengo mucho tiempo para explicarlo, pero sólo te diré que no los "escucho", los entiendo y logro hacerlo porque como ya antes dije, soy tu "yo".

— ¿M-Mi yo? ¿Sabes? ¡Ahora mismo logro entenderlo menos! Peor que menos ¡Nada! Realmente nada.

—No tienes tiempo para enojarte.

Se bajó de la espada, realizando un largo salto para estar parada a mi lado, mirando hacia atrás de mí.

—Ya llegaron.

Simplemente esa frase bastó para que me dé vuelta, mirando a la misma dirección que ella... ¿o más bien yo?

— ¿Q-Quiénes son ellas?

Ante ambas aparecieron figuras de colores, moviéndose, peleando entre sí muy ágilmente.

—La pregunta correcta no es quiénes son, sino...

—...Qué son

—Estás entendido. En fin, aquellas figuras también eres tú

¿Más como yo? ¡Ya me bastaba con sólo una!

—Pero no somos como una figura sólida. Somos fragmentos de ti, que a la misma vez te damos forma, resumiendo, tú eres el cuerpo y nosotras los complementos.

— ¿Complementos?

—Nosotras, los complementos, somos las decisiones que tomas. Ya sea impulsada por algún sentimiento o cualquier cosa que provoque hacerlas

—Decisiones...

—Sí, como verás, cada una de nosotras está envuelta con un único color, tanto en nuestra vestimenta como cuerpo.

—Pero... tú no eres de un sólo color.

La volví a mirar, pero esta vez ella lucía del color ámbar.

—Exacto, ahora logras verme tal como soy; soy tu yo de la cordura.

— ¿C-Cordura?

Asintió.

—Aunque sólo existimos en la mente de la elegida.

—Cordura, ¿Qué es este lugar?

Me parecía incómodo dirigirme a ella como cordura, sonaba algo... raro, pero no lo diría por temor de armar líos.

Se rió, recordé que puede comprender cómo me siento, y de esa forma sabe qué es lo que pienso.

—Este lugar es tu "mente", estamos dentro del inconsciente —Volvió a reír, era algo extraño escucharme reír a pesar de que no lo esté haciendo.

—Cordura, y si estamos en el inconsciente ¿Por qué aparecieron la doctora y mi madre, además de la psicóloga?

Ahora me di cuenta de que nunca vi a alguien más que a esas personas en estas tres semanas, ni siquiera a mi propio padre.

—Aquellas personas nunca estuvieron aquí, se trataban de otras personalidades, pero se mostraron de esa forma porque en aquel momento sólo debías vernos de esa manera, no podíamos arriesgarnos a decirte dónde estabas...

— ¿Por qué? —Otra vez la volví a interrumpir, e hizo una pequeña mueca.

—Parece que "interrupción" está ganando la mayoría de las batallas —No sabía exactamente lo que eso significaba pero no evité sonrojarme —En fin, porque no habías recuperado todo tu vigor, es más, ella se desmayó y no estuvo disponible hasta ahora.

— ¿Cómo funciona todo esto?- Pregunté.

—Pues... en el instante en que tú tienes que tomar una decisión, nosotras luchamos entre sí.

Por ejemplo, estás en una panadería y no sabes entre qué comida elegir para merendar, entonces mientras tanto aquí, dulce y salado pelean.

Esos nombres me parecieron absurdos.

—Cuando una de ellas gana, eliges lo que ésta desea; en el caso de dulce, ella querrá algo dulce como una torta, supongamos... pero si luego de su batalla, salado la sorprende con un ataque, logrando tocarla, la batalla empieza de nuevo y puede ser que esa vez salado gane.

Las batallas seguirán hasta que una no pueda continuar, cayendo inconsciente. Sea la elección correcta o no.

—Las batallas aquí pueden durar días si contamos el tiempo como ustedes, pero en su mundo por así decirlo, es cuestión de milisegundos. Las luchadoras somos millones, y también tienes miles de batallas a la vez en tu cabeza, todas con distintas luchadoras. Ese es nuestro objetivo de existencia, luchar para cumplir un deseo.

—Ya veo... ¿Entonces quiénes son ellas?

Señalé a las únicas luchadoras que me permitían ver. Una lucía de color blanco, mientras que la otra su opuesto, el negro.

—Ellas... la de blanco es tu parte humana, mientras que la otra es la elegida. En tu mundo estás en un estado de coma, porque ellas están luchando; pero debo advertirte que su lucha será infinita, nunca terminarán ni se podrán ir de aquí. No hasta que tú hagas algo.

— ¿Yo?

—Sí, sólo tú puedes ganar esta batalla, y así despertar.

— ¿Cómo lo haré?

—Eligiendo. Toda nuestra vida lo estuvimos haciendo por ti, pero ahora tú debes hacerlo por todas nosotras.

— ¿Por qué lo estuvieron haciendo todo este tiempo?

—Ya lo dije, para cumplir nuestro objetivo.

—Pero tiene que haber algo detrás de eso.

—Esa es la verdad. Sólo lo hacemos para cumplir nuestro objetivo. Sino lo cumpliríamos, el cuerpo terminaría en un estado "vegetal", como lo llaman ustedes.

Así que lo hacen...

Sí, luchamos...

Por...

Tí...

Mi...

Lo hacen para protegerme. Luchan por amor. Aunque suene algo egoísta, lo hacen para salvarme.

—Eso es verdad... aunque en este momento para poder protegerte sólo tú puedes intervenir. Tomando una única decisión que también nos salvará a todas nosotras.

—Pero ¿Cómo puedo hacerlo? Todas ustedes son las que hacen las elecciones, yo no puedo...

—Mira, ella... —Señaló al complemento oscuro —Sólo es la que realiza los poderes de la elegida, pero tú eres la verdadera. Sólo la elegida tiene la voluntad necesaria para poder realizar una única opción.

—Está bien, pero ¿cómo lo hago?

—Eligiendo a una de las dos luchadoras de la batalla. Blanco o negro. Ying o Yang. Debes de elegir si ser humana o ser la elegida. Ya te mostramos cómo sería tu vida si eliges a la humana, y ya has vivido a la parte de la elegida; ahora te toca a ti escoger a una de ellas para poder despertar del coma.

—...Cordura, ya lo habías dicho antes... la figura oscura es sólo la que realiza los poderes de la elegida, pero yo soy la verdadera

—Así que ¿Ya decidiste?

—Espera, una pregunta más ¿Por qué la humana es blanca y la elegida es negra, oscura?

—Porque siendo la elegida pasarás por muchos problemas, problemas que incluyen la vida, no sólo la tuya, sino de otros. Así es, siéndolo tendrás que tomar la vida de otros para salvar a muchas. Pero la humana es blanca porque es pura e ignorante, pura porque nosotras somos las que deberán de elegir sus pecados, y ella tendrá que aceptarlos.

Si decido ser la elegida deberé asesinar... no sé si lograré estar preparada para eso, pero tomando la vida de alguien podré salvar miles... no puedo saber si este es el camino correcto, pero estoy segura que no mataré a cualquiera que encuentre en mi camino, no asesinaré por placer, sino por justicia. Y por el bien de la humanidad ensuciaré mis manos para que los demás no tengan que hacerlo nunca más.

—Está bien, acepto la elección... yo... elegiré al complemento oscuro, de la elegida

CAPITULO 15

HUMANA

"(…) Si hubiese otra forma

por supuesto la habrías tomado,

Pero la vida no es fácil

y el precipicio te lo ha mostrado (…)"

(En el borde del vacío)

Luego de decir aquellas palabras, reabrí los ojos, y ya no me encontraba en el mismo lugar donde estaba parada antes, tampoco Cordura estaba mi lado, y la persona que tengo al frente antes no estaba tan cerca.

Me encuentro en la posición exacta del complemento que elegí, sólo que ahora no es un complemento, sino un cuerpo material, brotando de su alrededor un aura de color azul irradiando. Me había convertido en un complemento, pero de apariencia distinta, era la mía, pero como dije antes, con azul fluyendo alrededor de mi cuerpo.

Mi objetivo es vencer al rival, mi parte humana que amenaza con despertar.

Nuestro combate cuerpo a cuerpo comenzó cuando las dos corrimos para atacarnos desesperadamente, sin pausa y con un fin en común. Arrasamos con todo, sin preocupación en lo que nos rodeaba ya que sólo era oscuridad y la única luz que se veía era su cuerpo, y el mío gracias a las auras azules.

Seguíamos luchando por más de una hora, y aunque este combate esté durando más comparado a Peter, no estoy ni un poco cansada, ya que lucho con un propósito.

Nos golpeábamos sin remedio alguno, corrimos, hicimos maniobras que nunca creí posibles, con tal de esquivar a la otra. Hasta que por fin nos alcanzamos. La derribé con una patada en el estómago. Ella escupió sangre y aprovechando a que mi otro pie seguía firme en el suelo, estiró la pierna y caí a su lado

Me di cuenta que, como ambas somos la misma, nunca podríamos terminar de luchar, en cambio sí podría hacerlo si yo tuviera algo que ella no.

Pensé en usar los poderes, pero el complemento humano ya estuvo peleando con ella de esa forma, y la batalla continuo igual. Me quedé sin opciones, debía de hacer algo que la oscura no pudo realizar ¿Pero qué?

La blanca también soy yo, lo que significa que no puedo hacer nada del que ella no pueda defenderse.

Soy la única que puede controlar al inconsciente.

Pero a pesar de poder hacerlo, ¿Qué debería hacer? Algo que sólo a mí me enseñaron, algo que sólo yo, la elegida, puede hacer... un sello, de eso se trataba la prueba anterior, de hacer un sello en el aire ¿Pero funcionará? Debe de hacerlo, sino no hay otra salida de esta. Pero va hacer muy difícil, después de todo, los sellos se usan para detener durante unos instantes a un espíritu, y ella es un complemento.

De todas maneras decidí intentarlo. Primero debía de preparar un señuelo y luego el arma.

De mientras que ella seguía en el suelo, actué llamé a la elegida oscura para que salga y me ayudase, despegándose de mi cuerpo.

Mientras que la parte humana se levantaba, salí corriendo sigilosamente, dejando a mi parte de la elegida en la pelea, ella sería mi señuelo. Corrí hasta una distancia razonable para que la personalidad humana no me pueda ver, pero yo sí a ella, a través de los ojos de elegida.

Apareció otro problema cuando me percaté de que en este sitio no hay ninguna tiza exorcizadora, aunque ya no podía dar marcha atrás. Concentré el poder en mi dedo índice, simulando que era la tiza, y dibujé el sello.

Lo que me pareció muy extraño fue que al terminar el ritual no me cansé, es más, me sentía mejor que nunca. Dibujé aún más sellos, como si de sólo respirar se tratase, manipulando el vigor a mi voluntad.

El arma ya estaba lista, lo único que faltaba era atraer a mi parte humana.

La elegida seguía peleando con la humana, tal como le ordené. Luego también me obedeció cuando dije sobre venir hasta aquí, así la blanca la perseguiría

Estaban a unos escasos minutos de llegar al punto de encuentro, mi corazón latía muy rápido, no por el miedo, no lo sentía para nada; sino por la ansiedad de poder salir y ver a mi plan triunfar.

La oscura se acercó con cuidado, cuando de repente desapareció, fundiéndose otra vez conmigo.

Mientras que la blanca cayó en la trampa, avanzando un paso, y allí fue cuándo activé el sello en el aire, atrapándola.

Con el cuerpo y el complemento de la elegida unidas, podíamos vencer de una vez por todas al complemento humano; donde la mandaría a una parte de mi cerebro, inactiva, por siempre.

Después de todo entré en coma porque en el cuerpo no cabían las dos partes juntas .Esta incompatibilidad fue la causa de mis errores, el no poder controlar mis poderes como quisiera. en la elegida no pueden coexistir ambas partes, es por eso que una vez hecho debo de enterrar en un rincón de mi cerebro a la parte humana.

Fue así, cuando el sello logró inmovilizarla.

Me acerqué a ella, sabía lo que tenía que hacer, al igual que ella. No había otra opción. Toqué aquella inestable personalidad y llegó el turno de la despedida; ella sonrió y con su último aliento dijo:

No llores.

Al terminar, se desvaneció como la nada misma.

Aquello me rompió el corazón y largué el llanto, arrodillándome. Es cruel, es verdaderamente cruel que un complemento sepa que su existencia es un error, es muy cruel pensar eso no sólo de un complemento, sino de cualquier ser. Pero es aún más doloroso saber que fui yo quien terminó con su vida y ella aceptó su destino sin rencor, tomando mi lugar en el estado de coma.

Antes oscuridad, ahora luz. Cuando mi complemento humano desapareció, desperté. Vi de nuevo una sala blanca, repleta de iluminación.

—No, por favor no me digas que volví al sueño —Supliqué para mis adentros.

Me levanté y me dolía todo el cuerpo, giré para ver la cama en donde estaba recostada. me sorprendió mucho ver flotando arriba mío fue un sello, era aquel que hice dentro del inconsciente, pero no quería hacerlo desaparecer, quería que si alguien entraba a aquella sala en donde me encontraba, viera el sello y así llamarían a los profesores, y ellos sabrían que yo estaba despierta y había superado la prueba.

Sabía que nadie excepto los profesores y enfermeros entrarían por esta puerta, se asegurarían de ello. Nadie más podría saber mi identidad, es peligroso.

— ¿Cuánto tiempo estuve durmiendo?

Seguía esperando una respuesta, pero me limité a conseguir una y me cambié para poder salir de aquella sala.

Caminé por el pasillo silencioso, algo muy inusual, ya que siempre había ruido por aquí. Atravesé la puerta que me llevó al sitio donde está la fuente y las diferentes puertas, el centro de la escuela.

Seguía algo confundida por el abundante silencio que me rodeaba, me asusté.

Pero, para mi buena suerte, escuché varias voces con personas corriendo sin parar, era un gran alboroto como para decir "buena suerte".

Éstas salían de todas las puertas, se podía oler el miedo y presión del lugar en este preciso momento. También decidí correr, pero mi destino sería la dirección, para preguntar qué es lo que está pasando y todo lo que ocurrió en mi ausencia.

Oí las voces de los profesores dirigiéndose a todos los alumnos para que vuelvan a sus dormitorios. Me llamó la intriga y me acerqué a uno de ellos, el que me parecía el más amable de todos. Tal vez me explique lo que está sucediendo.

CAPITULO 16

APARICION

"(…) Si de nuevo quieres indagar,

Sólo asómate

Y en el precipicio estarás;

Afrontarás tus metas,

Vencerás tus temores

Pero no sin antes ver

lo que traen las decepciones."

(En el borde del precipicio)

A medida que me acercaba a él, podía escuchar su conversación con otro profesor.

—Tendríamos que haberles enseñado hacer un simulacro de evacuación, así ahora no estarían tan escandalosos como ahora e irían en orden, caminando y no corriendo.

— ¿Evacuación? — Pregunté una vez cerca para poder hablarles.

—Oh... señorita Shawin —El profesor Andrew, ocultando sus manos detrás de la espalda con nerviosismo.

—Así que ya despertó —El profesor de la derecha se fijó en mí, mirando de arriba abajo, buscando algún indicio de malestar.

—Así es profesor Pedro, y les dejé un regalito sobre la cama —Sonreí, sintiéndome por primera vez superior.

—Déjame adivinar, un sello en el aire —Se cruzó de brazos, dejando notar los bíceps a través del saco.

— ¿Cómo lo adivinó?

—Una de las enfermeras fue a visitarte y encontró el sello, sin ti en la cama, entonces nos avisó a todos...

— ¿A… todos? Entonces el profesor Tadeo ya sabe que pude hacerlo.

No estaba segura de cómo se comunicaron tan rápido, apuesto a que tienen algún aparato especial o será obra de alguna técnica de exorcizadores, después de todo, siempre parecen estar al tanto de cualquier detalle. A no ser que ellos sí tengan posesión de sus celulares.

—Sí, lo sabe, pero quizá no te apruebe porque te excediste de tiempo —Sigue siendo igual de pesimista que siempre —El director dijo que mañana quiere que te dirijas a su despacho.

— ¿Mañana, por qué no ahora?

—Porque, por si no lo has notado aún, estamos algo ocupados en este momento.

—Hablando de eso ¿A qué se refirieron cuando dijeron evacuación? ¿Y por qué todos están yendo a sus habitaciones si apenas atardece?

—Eso no te incumbe, así que haz como todos y vuelve a tu dormitorio.

Ahora sé de dónde Peter sacó lo arrogante.

—Está bien... pero para mañana me deberán una explicación.

—Y tú una mejor nota, todavía debes de subir el cero que te puse por la pelea.

Éste profesor me saca de quicio, es pesimista, arrogante y además primo de Peter, ¿Qué otra cosa mala puede tener?

Cierto, que me puso un cero por una pelea que la provocó su propio primo, y no sólo me la puso a mí, sino que también a Nick, Daisy y Anelis.

Por lo menos también se lo puso a Peter, porque si no fuera así hubiera llamado al director hace mucho tiempo. Hablando de ellos cuatro... tengo muchas ganas de verlos ¿Dónde estarán? ¿Ya habrán entrado a sus dormitorios? Tengo que confirmarlo antes de entrar al mío.

Cambié mi rumbo, y en vez de dirigirme a mi habitación me decidí por buscarlos a ellos. Si era necesario me recorrería toda la escuela para saber sobre ellos.

Me sentía algo incómoda al preguntar si los vieron. Me acerqué a la primera persona que vi detenerse por la agitación y cansancio de tanto correr, y cuando abrí la boca para hablar, empezó de nuevo a correr hasta que la vi entrar en una habitación. Nadie me respondió, y me sentía más insegura al no saber qué es lo que sucedía.

Me alejé de las habitaciones y me dirigí a la parte trasera de la escuela. Esta zona está descubierta, repleta de árboles, quedaba al lado del bosque

Aunque el paisaje era muy bonito, los árboles me bloqueaban la vista y empecé a imaginarme pasos. La inseguridad me atrapó.

Me volteé para regresar adentro de la escuela, pero algo me impidió hacerlo. Un espíritu estaba a tan sólo unos metros de distancia de mí; uno más temible y horroroso que el primero que vi en toda mi vida.

Me recorrió un escalofrío en la espalda fue al recordar que nadie sabe que estoy aquí, atrapada con un espíritu y quién sabe cuántos más podrán haber en esta zona. Retrocedí al ver aquel ser aproximarse, el pelo se me erizó.

El cuerpo del espíritu es casi transparente, tenía algo similar a un profundo hueco en el lugar donde tendrían que estar los ojos, sus uñas son tan largas que podrían llegar a ser como hasta de varios centímetros; y por último, su cabello tan largo como hasta las rodillas logró que mi cuerpo se paralizara.

A pesar de lucir similar al primer espíritu con el que me topé, éste tenía algo diferente, el hueco en sus ojos significaba que no tiene alma: es un espíritu errante, literalmente un alma en pena.

Lo único que conozco de éstos espíritus es que aparecen porque alguien los invoca al sacarlos de la tumba, para tener que cumplir con los deseos de su nuevo amo, aquel que los despertó de su letargo sueño.

Sólo sirven para obedecer a sus dueños y deambular en busca de una víctima con tal de quizá llenar el vacío dentro de sus almas sin vida. Ellos son aquellos cuerpos sepultados que luego son obligados a despertar, dejando su cuerpo, pero por alguna extraña razón su alma es la que despierta, sin embargo no es el alma que contiene los recuerdos, porque aquella subió al cielo, en cambio el alma que invocaron es una con odio y sed de venganza.

No sabía cómo defenderme, no tengo incluso un arma o una protección para librarme de aquel espíritu. Eso fue hasta que retrocediendo sin parar, tropecé con una rama, cayendo al suelo. Y recordé el poco breve entrenamiento al que me sometieron.

Creé un sello en el aire, justo en el lugar del espíritu para que lo atrapara. Desde luego que debía actuar rápido ya que el sello sólo funciona para retener a un espíritu, es algo temporal.

A través de mi experiencia propia, lo pude exorcizar, recitando un verso y extendiendo la mano; igual que aquel día.

Luego caí sentada por el miedo y falta de respiración durante el conjuro. Logre volver en sí, y a los pocos segundos mi equilibrio mental se desvaneció

A la distancia se oyeron aplausos. Temí por un instante que algún estudiante hubiera visto el exorcismo. Aunque los aplausos se aproximaron con velocidad, hasta alcanzarme.

—Muy bien hecho niña.

Me levanté de un salto para saber de quién provenía la voz masculina.

— ¿Qué eres?

—Buena pregunta... ¿Qué soy?

La figura que estaba en las sombras salió de su escondite para poder verle la cara, aparentaba ser un hombre que rondaba los veinte, bastante atractivo, con una melena negra danzando en sus hombros a medida que caminaba.

— ¿Un… humano? —Pregunté sorprendida y muy aliviada al ver su rostro.

Sus ojos, ahora de un color bordo, me examinaron con cuidado, y a la vez gritando que la respuesta de mi pregunta era un no.

—Podría decirse, pero no exactamente.

— ¿Cómo? No entiendo —Por alguna razón no podía soltar la mirada de aquellos ojos tan extraños y desconocidos, al igual que él.

—Esa pregunta es muy difícil de responder... deberías de entenderlo, elegida —Pronunció la última palabra con mayor profundidad, provocando que mi corazón pegara un vuelco.

— ¿Sabes qué es lo que soy…?

Me interrumpió, ignorando por completo lo que estaba diciendo.

—No me gusta ser muy formal, dime tu nombre.

—No sin antes saber el tuyo.

Sonrió, bajando a su vez la cabeza unos centímetros, aún al acecho.

—Está bien, pero debes prometer luego decirme el tuyo.

Asentí, quería salir de este embrollo y encontrar a mis amigos cuanto antes.

—Según quien me creó, mi nombre debería ser Satanás, pero prefiero que me digas… Lucifer.

— ¿Satanás…? ¿Quieres decir que eres el diablo? —Me aparté de un brinco, en dirección a la puerta para entrar de nuevo a la academia, pero como si adivinara mis movimientos sujetó mi mano antes de que lograra alejarme aún más.

—También me llaman así.

Me solté de su agarre.

—Así que tú eres la razón por la cual están todos estos espíritus aquí. Seguro que de alguna manera lograron infiltrarse y hay más dentro de la escuela. Por eso todos corrían... —Me callé, mirándolo otra vez a los ojos bordo —Debo matarte.

Por fin podría cumplir mi objetivo.

—Eso si no lo hago yo primero.

—El diablo me amenaza.

—No olvides que tú empezaste...

—Grace

— ¿Cómo?

—Ese es mi nombre, había prometido decírtelo luego.

Él sonrió, mostrando a la luz uno de sus filosos colmillos, y como siguiente se alejó, cercano al bosque.

—Escucha Grace, me gustas, eres una mujer de palabra, bella… y además de ser la elegida que todos adoran.

— ¿D-Disculpa? —Me sonrojé, no puedo creer que lo hice ¡Me sonrojé por un cumplido que me hizo el diablo!

—Me encanta cuando te sonrojas y empiezas a tartamudear, pero me gusta más ese toque diabólico que guardas dentro de tu interior.

¿Cómo sabe estas cosas?

— ¿Diabólico? Soy la elegida no puedo ser maldad.

— ¿Nadie te contó que la elegida deberá matar? Ese es un pecado que te absorberá poco a poco, y luego me necesitarás.

—Eso nunca va a pasar, si asesino lo haré por un bien mayor.

—Sí, sí… esa patraña de que el fin justifica los medios ¿Ninguna vez se te ocurrió que el final de las cosas puede cambiar? Digamos que lo que busco es que te unas a mí. Tú no me matarás y te quedarás a mi lado en el infierno... Aunque podremos liderar la tierra a nuestra voluntad. Gobernar la tierra y el inferno… ¿Cómo te suena?

—No... ¡Nunca seré tuya!

Dejó de sonreír y enfocó su mirada hacia la puerta.

—...Allá vienen.

Logré oír como un susurro, antes de que desapareciera sin dejar rastro.

CAPITULO 17

DESEO

"A veces... sólo no es necesario hablar,

o incluso escuchar.

A veces y sólo a veces

déjate el honor de sentirte vacío entre tanto ruido,

inhabilitando el paso a los estímulos (…)"

(Intentando el vacío)

Continuaba conmocionada por la situación: Salir del coma, ver a todos corriendo, no encontrar a mis amigos, ver a un espíritu, enfrentarlo y por último, encontrar a Satanás.

Y quiere que sea su pareja

Al instante de que él desapareció, en la puerta hacia donde el espíritu me impedía huir, llegaron varias personas con uniformes para nada ordinarios. Enseguida intuí que se tratarían de exorcistas oficiales.

Salieron corriendo con armas en sus manos. Eran los exterminadores. ¿Por qué estarían ellos aquí? Sólo hay espíritus, y de la clase común, débiles. Tendrían que haber venido los rezadores y no ellos. O tal vez… sabían que Satanás vendría, pero... ¿Cómo?

¿Qué pasó cuando estuve en inconsciente? ¿Y cuánto tiempo lo estuve?

Ellos avanzaron y luego de mirar a su alrededor, precavidos, me echaron un vistazo. Me sentí muy incómoda en ese momento.

—Dime jovencita, ¿Escuchaste o viste algo extraño? —Preguntó una voz masculina demasiado grace.

—Ustedes… son exterminadores ¿No?

—Sí —Respondió el exterminador, sacándose las gafas —Ahora sé una niña buena y responde.

—No lo entiendo... ¿Por qué vinieron si sólo eran espíritus comunes, de menor categoría?

—Y yo no entiendo por qué estás tú aquí —Consiguió que me cayera mal.

—Yo...

Me interrumpió una mujer que vino con ellos.

—Quizá está en shock, hay que llevarla con el director.

—Como quieras —Rodeó los ojos —Vayamos con él. También le diremos las noticias.

Los pasillos estaban muy silenciosos, de seguro que ya atraparon a todos los espíritus y los alumnos ya están dentro de sus dormitorios.

Tocaron la puerta y la secretaria fue a abrirla —Director Willson...

—Pasen ¿Ya tienen las noticias?

—Sí, ya exterminamos a todos los espíritus. Aunque "él" logró irse antes que llegáramos.

Director: —Ya veo...

—Director —Empezó a hablar la mujer —Cuando revisamos el último lugar que nos faltaba, encontramos a ésta estudiante —Se apartó, señalando al fondo, y así el director logró percatarse de mi presencia.

—Así que ya la conocieron.

—Le hicimos algunas preguntas, pero no respondió, y empezó a hacérnosla a nosotros.

El hombre me fulminó con la mirada, lo que me hizo sudar la espalda.

— No se enfaden por favor, esa es su forma de ser.

—Parece que la conoce personalmente —Acusó la mujer.

—Sí... escuchen, ella es la elegida.

El exterminador no pudo ocultar la arcada al oírlo revelar tal información.

—Eso explica por qué estaba en aquella área… —La mujer se toca la pera de forma pensativa.

—Seguramente —Los anteojos de Willson parecieron brillar por un instante— ¿Podrías responder algunas preguntas, señorita Shawin?

—Sí… Director Willson.

—Probablemente… no, estoy seguro de que te encontraste con él.

—Lucifer —Corrijo, y al segundo todos en la dirección se pusieron pálidos.

—Sí... no lo digas muy fuerte... —El hombre clavó la vista al piso y luego volvió a mirarme.

—Lo que queremos saber es ¿Qué hacías allí?

—Yo… estaba buscando a mis amigos antes de regresar al dormitorio, entonces me encontré con un espíritu, lo exorcicé y luego apareció enfrente mío, como si habría estado acechándome.

—Así que fue por eso... ¿Qué te dijo?

Con sólo recordar ese momento mi rostro empezó a tornarse de color rojizo —Em, esto, cómo lo digo. Él dijo que... quería que yo fuese s-su pareja

— ¿Quería que fueras su novia? —El director comprendió el porqué estaba tan incómoda.

—Yo no diría que estaba interesado en algo… un tanto informal. Quería que me uniera a él, así evitaríamos la guerra y cambiaríamos la historia.

— ¿No dijo nada más?

—Así es…

—De acuerdo. Señorita Shawin, ya puede ir a su habitación.

Seguramente seguirían hablando sobre el tema, proponiendo planes para resolver el asunto. Sin embargo prefería esta vez no entrometerme y me despedí de todos con una reverencia, supongo que ese era el saludo más adecuado para marcharme.

Regresé a mi dormitorio, recostándome en la cama. Miraba al techo, intentando prepararme psicológicamente para las preguntas de mañana que harán todos sobre mi inesperado desmayo, seguido al coma.

Supongo que no transcurrió demasiado tiempo desde mi ausencia. Pero, en lo que más pensaba y aún no logro despistarme, era en la conversación con Lucifer.

¿Cuándo tendría que matar? ¿Podría superar el despertar de mi lado oscuro? ¿Por qué lo tendré que necesitar a él? ¿Por qué me quiere a mí? Como siempre, tenía muchas preguntas en mi cabeza pero ninguna respuesta.

Cuando salí de mi habitación, no encontré a todos los alumnos queriendo estar encima de mí, preguntando sobre lo que me ocurrió. El director se había encargado de mandar a todos los profesores con una gran excusa: Como no dormí bien en toda la noche, en el aula me desmayé por el cansancio, entonces me quedé dormida en la enfermería.

Al fin y al cabo estuve menos de un día en aquel estado. Probablemente la excusa no fuese la más convincente, pero no les quedó otra que creérselo.

—Así que hoy vamos a tener otra nueva materia —Comentó Daisy, enfocando sus grandes ojos verdes en la cuchara del café a medida que el cabello rubio pasaba delante de su hombro.

—Sí, se llama "AUA". Quisiera saber quién es la persona que decide ponerle esos nombres —Apoyó su mano izquierda, enredando los dedos entre el cabello castaño con pequeñas ondas casi imperceptibles. A pesar de tener risos naturales Anelis los detesta y pasa mucho tiempo intentando alisarlos.

—Cállense, que el profesor va a entrar —Interrumpe Nick, advirtiendo lo que sabíamos de antemano que pasaría.

—Mira quién es justamente el que se atreve a decir eso.

Your love La miró con aquella expresión pícara.

— ¡Agh! —Dejó de sostener su cabeza y la apoyó contra el banco, evitando ver a todos.

Al frente de nosotros se escucha un bostezo que nos llamó la atención y miramos a la dirección que provenía el sonido. Se veía realmente desinteresado con una libreta en su mano.

—Saludos, alumnos, soy el profesor Thomas, de la clase de AUA: Aprendizaje del Uso de Armas. Si no escucharon o no entendieron, quiero que sepan que no soy el tipo de persona que se divierte explicando dos veces. Y créanme, no les gustará verme furioso.

Nos dedicó una mirada siniestra. En verdad deseo que no me tome alguna prueba.

De mientras que esperábamos alguna orden, el profesor permanecía sentado en su asiento, con los pies apoyados en el escritorio, a medida que leía el periódico. Me recordó al profesor Tadeo. Me pregunto si el no hacer nada es algo común entre los profesores de esta Academia.

CAPITULO 18

APUNTA Y DISPARA

"(…) Deja saborear aquella libre soledad,

lejos de todos y a la vez cerca...

desconectado (…)"

(Intentando el vacío)

El profesor Thomas se levantó luego de varios minutos. Nadie se esperaba a que se parara, por lo que la mayoría nos dispusimos a dormir u otros charlaban o jugaban con el compañero de al lado.

Pisoteó el piso de tal manera que resonó en toda el aula.

—Ya basta de holgazanear.

Todos lo miramos fijamente, esta vez ansiosos por realizar algo. Se tomó un momento para leer una vez más su libreta de bolsillo, con las actividades que haríamos.

—No nos queda mucho tiempo, así que no podrán hacer todas las actividades que estaban planeadas… Lo que harán hoy es practicar con una pistola, dando al blanco.

Se escuchaban negaciones por parte de pocos alumnos.

—Si alguien no está de acuerdo, adelante, está permitido querer suicidarse.

Frunció el ceño, cansándose del barullo de los estudiantes.

—También, el que quiera o intente hacer una tontería en la hora de la práctica, se le concederá un castigo, y deseará no haberlo hecho nunca.

Esbozó una sonrisa torcida y luego se rió a carcajadas. Quién sabe qué es lo que tenía en mente.

—Como sea, vengan, los guiaré a la sala de armas.

Entramos, el lugar estaba repleto de armas: espadas, arcos, pistolas, escopetas... para resumir, armas blancas y de fuego. Cada una estaba colocada en un sector, para identificar las espadas de los cuchillos, las bombas de los misiles, entre otras cosas.

Nunca pensé que estaría emocionada por ver tantas armas... bueno, mi gran interés son las armas blancas. Detesto las de fuego, hay algo en ellas que no me atraen.

Mis compañeros también se asombraron al entrar a la sala de armas. A pesar de su nombre, todos nos habíamos imaginado otra cosa. Yo no era la única contenta por ver armas.

El profesor nos dirigió hacia un pasillo en concreto que llevaba a un sitio de entrenamiento de disparo. Se podía ver con facilidad a la barra que separaba el área para disparar, y a la otra punta el muñeco con el blanco en su cabeza. Sin duda era para verificar nuestra puntería, además de aprender a disparar un arma.

El profesor nos dijo que nos coloquemos detrás de la línea. Agarramos una pistola de una gran bolsa negra, con la que tendríamos que dispararle al muñeco en la otra punta de la línea. Y desde luego dar al blanco.

Nadie se animaba a preguntarle al profesor sobre cómo usar un arma, por lo que a través del instinto (y películas de acción) algunos logramos comprender cómo usarla.

Agarré el arma con ambas manos y estiré los brazos, doblando los codos. Apunté al muñeco, pero cuando apreté del gatillo, me di cuenta de que la pistola no tenía balas. La suposición me jugó una mala pasada.

Escuché una carcajada venir desde mi derecha.

—La pistola no tiene balas, anciana.

Otra vez ese repugnante apodo y esa fastidiosa personalidad.

Todavía no le encuentro el sentido de decirme anciana, pero de igual manera logra irritarme.

—Creí que las tenía, genio —Fruncí el ceño mirando a la pistola. Lo peor es que no tengo la menor idea sobre cómo ponérselas ¿Y cómo sacar el seguro? Hasta me olvidé de eso. No estoy hecha para este tipo de armas.

—Déjame ayudarte.

Mientras fulminaba a la pistola, no percaté de que Peter no había apartado su vista de mí ni por un instante.

—Sí, claro…

No estaba muy convencida al respecto. Nunca me imaginé que Peter intentara ser amable, al menos conmigo.

—Seguro cuando termines y yo apriete el gatillo las balas se caerán, haciendo que quedara como una imbécil.

—Así no funciona, primero hay que hacer otras cosas... ¿Desde cuándo dices groserías, chica buena? —Esbozó una sonrisa torcida.

—Eso es porque no me conoces —Resistí la sonrisa — ¿Ahora cambias de apodo?

—Tal vez, lo iré cambiando. Pero te queda "niña buena", porque sin duda que eres una idiota.

— ¿De nuevo tienes un cambio de carácter?

—Lo siento —Se rió por lo bajo y frotó su cabeza con la mano —Como sea, además debo ayudarte.

— ¿Debes? —Me reí, resultaba irónico, Peter Rendic debiéndome algo a mí.

—Sí, ya me has ayudado muchas veces…

—Yo no recuerdo que lo haya hecho.

—De cierta forma me ayudaste cuando les revelé mi secreto. Lo que dijiste... ya sabes.

—Ah, eso... está bien, aunque no fue gran cosa en realidad.

Sin decir nada se aproximó hacia mí. Miré hacia nuestro alrededor para asegurarme de que el profesor no nos estuviera mirando.

—Mira —Agarró la pistola.

—Primero aprietas el botón del costado.

Señaló debajo del gatillo.

—De esa forma liberas el cargador. Luego, lo llenas con las balas.

Agarró unas balas que se encontraban en la barra, en frente nuestro ¿Cómo no las pude ver? Ahora entiendo cuando me llamó idiota.

Me miró de reojo, pero no le dio importancia a mi rostro cubierto de rojo, y continuó explicando.

—Llénalo con una bala a la vez hasta que esté completamente. Inserta el cargador en el arma, escucharás un tronido que indica que ya está asegurado —En verdad podría llegar a ser un muy buen maestro cuando se trata de usar pistolas, aunque me es algo difícil poder concentrarme estando tan cerca suyo. Podía detectar con claridad el olor de su perfume —Luego quita el seguro del arma. Está en un costado, cerca del mango. Ahora carga el arma, moviendo esta parte hacia atrás. Y prepara una bala en la cámara para ser disparada.

Me dio el arma, con la punta siempre mirando adelante, hacia el muñeco. A continuación, se paró detrás, sujetando mis codos. Su contacto me provocó un cosquilleo empezando desde los brazos y subiendo. Me puse aún más roja. Creí que en cualquier momento se daría cuenta de mi piel hirviendo.

Apunté al blanco y con un ojo cerrado...

—No cierres los ojos, sino no podrás ver a tu objetivo.

Tragué saliva, no me había percatado que cerré los dos.

Esta situación me superaba. Aprender a usar un arma con Peter sintiendo mi tacto… me ponía los pelos de punta. El querer ayudarme en esto parecía… tierno.

—Ahora, hazlo.

Con los dos ojos abiertos, jalé del gatillo, disparando la bala que aterrizó un par de centímetros de distancia al blanco.

— ¡Muy bien! —Gritó el profesor, y salté al instante. Peter aún seguía agarrándome desde atrás.

Algunos estudiantes nos estaban mirando.

—Ahora chico, enséñale a los demás ese método. Quizá pararte detrás de las personas les otorgas más confianza en sí mismos.

Pudimos distinguir el sarcasmo en su comentario y nos separamos totalmente avergonzados.

—Pero... la chica lo hizo bien, supongo...

Los dos regresaron a sus lugares, y por fin pude respirar por un momento.

Vacié la pistola y me dispuse a colocar las balas en su interior, como excusa para mirar a mis compañeros.

Algunos lo hacían bien, mientras que otros le erraban por falta de puntería. Supongo que mi buena puntería en parte era herencia de mi padre.

Pude notar que una de las personas con falta de puntería es Daisy. Cerraba los ojos a la hora de disparar, y cuando tenía que preparar la pistola, lo apuntaba hacia el lado equivocado, al punto de casi lastimar a su compañero. Entonces el profesor tuvo que cambiarle las balas reales a dardos, y no por otra cosa, porque supuestamente "en su clase anterior se acabaron las balas falsas".

Anelis lograba manejarlo muy bien sola. Casi era una experta en eso.

Decidí regresar a mi asunto. No me di cuenta de que en algún momento le había disparado en el centro. Peter estaba empatando conmigo. Al parecer era nuestro destino ir parejos. NO pude evitar en la idea de tomarlo de nuevo como mi rival.

Antes de seguir disparando quise ubicar a Nick y ver cómo le estaba yendo con los disparos.

Y Nick… él no estaba.

CAPITULO 19

ALERTA

"(…) Sientes lo que duele,

el profundo hoyo

que impide moverte,

aquel hueco que

provocaron por perderte,

pero igual ellos vuelven (…)"

(Intentando el vacío)

Me empecé a morder las uñas, si Nick no estaba aquí… eso no era algo bueno. No desde que Anelis me contó que lo conocían como el "Rey de las bromas".

¿Qué estará haciendo ahora? ¿Su broma ya habrá iniciado? Tendría que estar buscándolo por todas partes. Aunque tampoco quiero ser la acusadora. O, a lo mejor sólo fue al baño... no, no creo que el profesor Thomas dejase ir al baño a alguien. Lo más probable es que dijera: "Por eso existe el recreo".

Solté la pistola en la barra, nerviosa por lo que pasaría, y me dispuse a mirar hacia todos lados, buscando algún rastro de Nick. Nunca había visto alguna de sus bromas, pero el que terminara en suspensión por una semana entera no era buena señal.

—Grace, ¿Qué haces?

—Oh, Peter... ¿Por qué preguntas? —Fingí una sonrisa que duró unos instantes.

—Parece que buscabas algo... quizá.

—Oh…

¿Y ahora qué? ¿Le digo o no le digo? Nick es su mejor amigo, debo de hacerlo. Pero... ¿Y si me estoy equivocando y sólo lo prejuicié?

—No estoy muy segura de ello…

— ¿De qué estás hablando?

—Está bien, te lo diré... pero no afirmo nada —Me acerqué hacia él.

— ¿Q-Qué haces?

Parecía nervioso... ¿Por qué habría de estarlo? Tampoco como si él fuera a ser alérgico a las mujeres.

—Quédate quieto.

— ¿P-Por qué? ¿Qué intentas hacer?

¿Qué le pasa? Espera, ¿No pensará que lo quiero besar, verdad? Besar a Peter... no, para nada.

—S-Sólo te contaré algo... —Le agarré el brazo.

Cuando estábamos lo suficientemente cerca como para susurrarle mi sospecha al oído, Daisy y Anelis se nos aproximaron y ambos nos separamos enseguida.

—Grace, Peter...

—…An-Anelis—En serio ¿Qué le pasa? No parece el Peter normal — ¡No es lo que piensan!

¿Qué demonios aparenta que hacemos?

—Entonces ¿Peter no iba a ahorcar a Grace?

¿Qué imaginaban en sus mentes?

— ¡No! Para nada.

Anelis suspiró, también aliviada —Entonces, ¿Qué estaban haciendo?

¿Cómo podría explicarle si todos lo habían malinterpretado tan fácilmente?

—Le estaba por contar algo…

—Oh, lo siento por interrumpir —Daisy retrocedió un paso al instante, preparada para marcharse y seguir con su deber.

— ¡No es eso! —Corrigió de nuevo Peter.

—Entonces ¿Pueden decirnos de una vez qué es lo que pasa? —Anelis levantó el tono de voz, pero no demasiado fuerte como para que el profesor escuchara.

—Oye, Anelis... cálmate —Daisy la agarró del brazo.

—Está bien... se los diré —Me sentí aún más avergonzada por el escándalo que se generó —Como verán, de nuestro grupito de amigos falta una persona que es adicta a las bromas y no se encuentra por ninguna parte del salón con armas.

Noté la desesperación en sus rostros, me habían entendido.

—En cuanto encuentre a Nick… ¡Nos la va a pagar muy caro si hace alguna tontería!

—Anelis, cálmate.

—Sí, sí…

—Parece que, con la falta de Nick, otra persona se descontrola —Le di unos golpecitos en el brazo con lo que ella se enojó. Bueno... tenía que decirlo. Y por lo que sé, ella y Nick siempre estuvieron juntos y son muy buenos amigos, aunque vivan peleándose, como Peter y yo.

—Pero... hay que encontrarlo antes de que cometa una locura.

—Es verdad... todos saben cómo es Nick —Dijo Daisy, ese comentario me sorprendió viniendo de ella. En realidad que hoy me sorprendió la conducta de todos.

—Creo que no hace mucha falta buscarlo

— ¿De qué hablas, Peter?

—Sólo oigan.

Se escuchaban pisadas muy fuertes viniendo hacia la sala a toda velocidad. De repente alguien abrió bruscamente la puerta, por lo que todos los que estábamos allí vimos a, quién más sino Nick.

— ¡Cuidado! ¡Los demonios vienen! ¡Están por doquier!

Unos segundos después, se escucharon los primeros gritos y luego a todos corriendo desesperadamente. Nosotros no sabíamos qué hacer ¿Correr? ¿Quedarnos? Tratándose de nuestro Nick no se sabía absolutamente nada.

— ¡El cielo se cae!

Gritó señalando. Aparentemente refiriéndose a sus habitantes, los ángeles, pero… ¿Por obra de los demonios?

Agarró una escopeta de la mesa de en frente.

—Señor Filitz ¿Qué cree que está haciendo? —Le preguntó el profesor Tomás luego de notar su acción.

¿Esto es en serio? Realmente es algo muy arriesgado agarrar un arma y mucho menos cuando se trata de la clase de Tomás.

— ¡Atrás de usted! —Gritó, y apuntó el arma al profesor, entonces disparó tres balas alrededor de éste. Una a la derecha, otra a la izquierda y la última arriba de su cabeza.

Si su objetivo era parecer un maniático enfrente de toda la clase, sí que lo consiguió.

En el momento en que Nick había disparado, vi al profesor realizar algún tipo de movimiento veloz con sus manos. Al principio sólo vi algo borroso, pero luego, todo se me hizo más claro, como si lo estuviese viendo en cámara lenta… no, en efecto lo veía así. Mientras más me concentraba en observar los extraños movimientos del profesor Thomas, más lento se hacía mi alrededor.

Todos se quedaron totalmente confundidos al igual que yo, desviando a Nick de nuestro centro de atención, a ser el profesor. Los estudiantes necesitaban respuestas para saber cómo fue que hizo para igualar su velocidad a la luz misma.

El profesor no dejó de mirar a Nick con ojos entrecerrados, imaginándose probablemente decapitándolo si no estaría prohibido.

—Oh...eh...

No puede ser... ¿Nick está nervioso?

—Pro-Profesor, es que... sólo era una broma —Sonrió y levantó un poco ambos brazos en forma de disculpa.

—Una broma... ¿Eh? Y dígame qué es lo que trataba de lograr con esa broma, señor Filitz.

—Bueno... pues... verá.

Se acomodó la garganta.

—La broma consistía en que todos se creyeran que los demonios nos estaban atacando, lo que fue un éxito.

Empezó a hablar con un tono gracioso.

—Y luego, debía dispararle a su alrededor, y ya que soy un gran lanzador con mucha puntería sabía que nadie resultaría herido.

Todo fue un éxito hasta que usted atrapó las balas... eso fue lo que hizo ¿No? Porque las balas no desaparecen por sí solas; además de que todos vimos que hizo algo extraño.

Estaba aburrido, y mi objetivo era el de verlo a usted temblando. Algo que no funcionó por su... creo que particular habilidad.

Sonrió abriendo la boca provocando que se vean sus blancos dientes.

—Todavía no entiendo el sentido del humor de los jóvenes de hoy en día. Y en especial es suyo.

El profesor se tocó la barbilla en forma pensativa.

—Ya veo... me agrada, señor Filitz.

¿Qué? Definitivamente, algo raro les afectó hoy a todos, y por eso actúan tan… fuera de sí.

—Su forma de planear un plan, elaborarlo, la puntería perfecta y su forma de ejecutarlo… me parecen admirables, eso si no hablamos de la manera en que actuó. Estoy seguro de que si no fuera por su comportamiento y las bromas, sería el alumno número uno de la clase.

—No, ya soy el alumno número uno, y créame cuando se lo digo.

Esta vez sí me dieron ganas de reír.

— Y, con respecto a… las balas ¿Qué hizo?

Todos nos quedamos en silencio esperando la respuesta que ansiábamos saber

—Está bien, se los explicaré.

Puso una postura más cómoda.

—Los quiero a todos en silencio, porque lo diré una vez. Todos los exorcistas tienen un don "especial" que los hace únicos a su manera. El mío es el de la velocidad. Cada uno tiene una forma auténtica de invocarlo, u otros pueden tener la misma maniobra, pero un don distinto.

Los demás se fueron al aula, pero yo me quedé, todavía tenía razones para hablar con el profesor.

— ¿Por qué sigues aquí? —Me habló de mientras que ordenaba sus pertenencias.

—Um, quería saber si usted me tomaría la prueba.

Me agarré las manos, saber su respuesta me dejaba los pelos de punta .

—No.

— ¿No? No lo entiendo —Hasta ahora todos y cada uno de los profesores me habían hecho alguna prueba, y no le di ninguna razón para demostrar que soy la elegida.

—Escucha, Grace, ya te hice una prueba al momento de realizar el movimiento veloz.

— ¿Cómo supo de que lo vi?

—Cuando terminé, estaban todos confundidos e intrigados por saber lo que hice. Todos menos tú. Tu confusión era distinta, sabías lo que había realizado. Las expresiones son un arma maestra, con ellas puedes saber lo que piensa tu enemigo.

Y por sobre todo, cuando te giraste para observar a tus compañeros de estudio, te moviste en velocidad luz. Incluso te giraste más rápido que yo. Y mi don es ser rápido, eso me ofende.

Escuchamos a la puerta abrirse.

— ¡Ya estoy listo profesor! —Era Nick.

— ¿Qué nadie le enseñó a tocar la puerta antes de entrar?

—Lo siento —Salió del aula y cerró la puerta para luego darle golpecitos.

El profesor rodeó los ojos —Pasa…

— ¡Ahora sí, ya estoy listo! —Se veía realmente emocionado.

El profesor al fin y al cabo había castigado a Nick, diciéndole que tendría que disparar al centro del blanco cuarenta veces seguidas con su vigilancia, y que no se iría de allí hasta que lo haga.

Luego de la aparición de Nick, me despedí y salí al recreo, esperando a que llegue el próximo día para la nueva materia llamada "geografía".

CAPITULO 20

SALIDA

"(…) ¿Qué no es suficiente?

Están en tu cabeza,

tu mente ya no te deja razonar

como tiempo atrás.

Ya no eres el mismo y lo saben.

Ya no piensas igual que antes (…)"

(Intentando el vacío)

E

stábamos ya en Agosto, el último mes de invierno.

Detesto el invierno, para lo único que es bueno es en crear nieve para que nosotros disfrutemos haciendo muñecos y ángeles de nieves, sin hablar de las peleas con bolas de nieve… aunque en mi país nunca ha nevado

Entonces para lo único que está el invierno es para morirse de frío, enfermarse y no tener ni un poco de ganas de levantarse de la dulce y cálida cama. Me resfriaría sólo para estar con ella... no, en realidad no tengo muchos ánimos para estar enferma. Me levanté de muy mal humor y lo reconozco mucho.

Me dirigí al aula cuando me encontré por el camino a Daisy y Anelis vestidas con ropa casual, dirigiéndose al exterior de la escuela. Por primera vez las veía con ropa ordinaria, vistiendo abrigos coloridos en vez del uniforme ocasional de saco azul marino, camisa blanca y falda negra, al igual que el can-can y los zapatos.

—Oigan... ¿Qué les parece que están haciendo? Alguien podría verlas así —Les advertí y ellas se voltearon.

— ¿Grace? ¡Buenos días! —Daisy destellaba de alegría, y aquella campera polar rosita intensificaba su aspecto tierno.

—Fuimos a tu habitación pero no respondías a la puerta —Anelis agachó la cabeza, disculpándose, y al hacerlo casi se cayó su gorro con pompón.

— ¿Para buscarme? Esperen ¿Por qué están vestidas así? En un rato las clases con el profesor de Geografía van a empezar.

Coloqué mis dos brazos en la cintura.

—Grace ¿Acaso nadie te dijo nada?

— ¿De qué me están hablando?

Anelis soltó una carcajada —Estamos en el 15 de Agosto, el día de la asunción de la virgen. Y eso significa que no hay clases.

— ¿No hay clases? ¿Es en serio?

Daisy se sumó a la risa, me hace feliz que se esté integrando al grupo. La primera vez que la vi recuerdo que era muy y muy tímida; y ahora nos habla a todos con normalidad. Igual que yo.

—Es decir que me levanté temprano y vestí el uniforme para nada...

Esto empeoraba mi mal humor.

—Otra razón por la que nos rendimos en buscarte. Para ser precisa sólo tocamos una vez tu puerta. No sabíamos si estabas despierta... —Daisy esbozó una gentil sonrisa ¿Cómo enojarme con esa criaturita? Esos trucos no podrían funcionar si yo lo haría.

— ¿Y… si podían despertarse tarde, por qué están levantadas?

—Daisy quería salir a caminar.

— ¿A las 6:45 de la mañana?

Los horarios de la escuela a veces cambiaban dependiendo los días, a veces cursábamos turno tarde y otros a la mañana.

—Es bueno para el organismo —Se excusó la rubia de baja estatura.

—Um... ¿Puedo acompañarlas? Digo... para aprovechar que ya me levanté... si no soy un estorbo.

—Claro, no necesitas pedirlo. Eres nuestra amiga después de todo —Anelis sonrió, su sonrisa es encantadora y la de Daisy angelical. Si ambas llegasen a sonreír así cuando pidieran algo, serían imparables.

—Está bien, entonces ¡A la marcha! —Señaló a la puerta al exterior.

— ¡Alto!

— ¿Qué sucede?

—Me tengo que cambiar de ropa... es incómodo salir a caminar con el uniforme puesto, y más con la pollera.

—Está bien, te esperaremos aquí.

— ¡Regreso pronto!

A pesar de que avisé que regresaría rápido, tardé más de lo esperado en elegir la ropa. Metí ropa limpia y cómoda para salir en una mochila como ellas, así luego de caminar, correr o trotar me cambiaría en algún baño de alguna tienda.

Salí corriendo hacia ellas, tropezando un par de veces.

— ¡Siento la espera!

—No grites, Grace, algunos duermen —Anelis ya parecía cansada, pero no cambiaría de opinión sobre salir afuera, cuando se proponía algo lo cumple a toda costa.

—Tardaste mucho.

—Lo siento mucho...

Ellas me sonrieron en señal de perdón y caminamos en dirección a la salida de la Academia.

Hace bastante tiempo que no salía de allí. Lástima que a pesar de salir no puedo visitar a mis seres queridos, ya que si los espíritus o demonios nos ven con ellos los podrían atacar.

Encontramos la carretera que frecuentan los atletas para salir a caminar. Generalmente no pasan autos por aquí, y es un camino aislado.

Empezamos a elongar como parte del calentamiento.

Anelis me dijo la verdadera razón por la cual decidieron hacer ejercicio.

Daisy le dijo que necesita entrenar para no quedarse atrás y ser nada más que un estorbo. Era su decisión y no pudimos hacer nada al respecto. Así que decidimos tomar el camino más largo.

Terminamos realmente exhaustas por el ejercicio, y nos adentramos a una cafetería cercana al final de la carretera. Por suerte nos pudimos cambiar y arreglarnos en su baño. Nos sentamos en el exterior, y en seguida entregaron los menús. Las chicas querían seguir disfrutando del aire libre, y caminando, terminamos dentro de un parque.

Realmente se estaban divirtiendo mucho, pero yo sólo me preguntaba si el director Willson me habría permitido salir de la Academia. Tal vez no me avisaron sobre le día libre apropósito.

Primero nos subimos a un carrusel, sí... algo infantil pero muy divertido. También a los autitos chocadores, terminé recibiendo todos los choques ya que no conseguí aprender cómo se hacía para conducir, y Anelis nos dio una paliza a las dos.

Y no faltaba subirnos a la montaña rusa, aunque al principio dudaba si realmente acompañarla allí o quedarme abajo.

Me sorprendió que Daisy soportara las subidas y bajadas continuas, y que al bajar yo fuese la única que devolvió su alimento.

Pasamos toda la tarde en aquel parque de diversiones, pero Anelis y Daisy querían ir a un juego más: la rueda de la fortuna

Me senté a la izquierda de Daisy y me sujeté muy fuerte de su brazo, luego de abrocharme el cinturón de seguridad. La rueda inició, y al tacto empecé a marearme, un muy mal momento, ya que al fondo del carril se hallaba un espíritu

Habría sabido enfrentarme a aquel ser, sólo era uno, pero el problema es que no sólo Daisy y Anelis estaban presentes, sino también todas las personas ordinarias que se subieron. También lo habían visto, y empezaron a gritar desesperados. Aunque sabíamos que nosotras seríamos las únicas que podíamos encargarnos del caso.

Las personas del suelo también se acercaron a ver qué ocurría, y sacaban fotos con sus celulares... fotos y filmando en vez de llamar a emergencias. Los demás se aterraban aún más a medida que sus asientos se acercaban al ser. Hasta que los encargados del parque llegaron y detuvieron el juego para que no nos acerquemos más al "fantasma" como deberán de estar diciéndole.

Ayudaron a bajar a los que estaban más cerca del piso y empezaron a llamar a los policías, bomberos y ambulancias para que vengan, ayuden y atiendan a los heridos por el detenimiento brutal del juego u otros con el pulso excesivamente rápido.

Mientras tanto, nosotras no nos movimos del lugar, intentando idear alguna estrategia para exorcizar al espíritu pasando desapercibidas. Dejé de pensar y en un intento desesperado decidí levantarme. No estábamos muy lejos del espectro, podía alcanzarlo.

Sentí cómo la gente me miraba preocupada y también cómo la cámara de los celulares me seguía. Continué avanzando lentamente sobre los tubos, manteniendo el equilibrio hasta llegar a una distancia razonable. En ese momento pude ver con mayor claridad al espectro. Era una mujer que traía en brazos a un bebé.

En el instante en que la miré a los ojos translúcidos tuve una extraña sensación, no me sentía yo misma.

Ella estaba llevando en brazos a su cría a este lugar. Se dirigió a este juego, el de la rueda de la fortuna. Se sentaron en el primer asiento tranquilamente y ansiosos a esperar a que avancen. Cuando pararon el juego por luego el encargado darse cuenta de que había un bebé en el juego. Y en esa parada brusca su cinturón de seguridad se rompió, provocando que por la velocidad en que iba el transporte y la frenada su cuerpo junto con el bebé se levantaron y el cuerpo de la mujer y su cría se elevaron hasta caer de la altura al suelo.

Era una visión de su muerte.

Sentí que había dejado de respirar. El cuerpo de la mujer… pude sentir todo, cada sensación, cada latido hasta el momento de la caída.

El espíritu quería venganza, quería que todos aquí arriba nos muramos como ella. Tenía que impedirlo. La miré con el ceño fruncido. Era evidente que ella sabía que yo había tenido aquella visión (algo que no sabía cómo fue capaz de descubrirlo) Y ella no quería que yo lo averiguara.

CAPITULO 21

REFUERZO

"(…) Esas voces

taladran tu interior,

reclamándote.

Pero sólo quieres huir,

buscar una cura para tu tristeza,

poner tus recuerdos de cabeza

o dejarte sin memoria, en blanco (…)"

(Intentando el vacío)

No tenía armas en este momento, así que debía elaborar el conjuro con las manos. Pero Daisy y Anelis me verían hacerlo... tenía que arriesgarme y dejarle el trabajo al director de inventar alguna excusa para lo que haría.

Al momento de juntar mis manos, apareció un grupo de chicos que treparon la rueda hasta llegar aquí. El espectro dejó de mirarme y vio con asombro a los demás personajes. En lo primero en que me percate fue que traían consigo las herramientas de exorcista, pero nunca los había visto en la escuela, a pesar de tener el uniforme.

A continuación un muchacho del grupo se paró al frente. Quizá era el líder.

Uno de ellos de tez morena que estaba detrás elaboró un sello. Otro lo atacó con armas y el del frente lo exorcizó. Una bella y cálida luz apareció cuando aquel muchacho realizó aquella maniobra... Era muy poderoso.

Luego se relajaron y empezaron a festejar. Increíble... de verdad me impresionaron mucho. Se notaba que no era la primera vez que hacían esto. Se percataron de mi presencia.

—Oh... —Dijo el moreno.

—Increíble.

Seguro que tenía una expresión boba en este momento.

—Gracias —Dijo el líder, frotándose la cabeza con la mano y apartando la mirada. Se sonrojó.

—Lo siento ¿ibas hacerlo tú?

Luego se percató de que yo no tenía ninguna arma. Sonreí irónica, y me echaron una mirada de sospecha.

—Hablaremos en otro momento. Las personas siguen filmando —Sonrió el mayor. ¡Es adorable!

—Espéranos abajo. En la cafetería del parque.

Me pregunto quién se haría cargo de los espectadores.

Volví con mis amigas.

— ¿Quiénes eran esos? —Daisy también estaba embobada. Eran cierto de que son muy lindos.

— ¿Estás loca Grace? ¿Cómo planeabas luchar?

—Cálmense un momento —Intenté sonar serena. Sonreí para calmar la situación.

De inmediato los policías y bomberos nos ayudaron a bajar de allí, manteniendo las apariencias. Nos dirigimos a aquel lugar luego de haberles explicado la conversación con los estudiantes exorcistas.

Llegamos y luego de saludarlos pedimos tres batidos y facturas.

—Así que tienes amigas —El moreno guiñó el ojo. Daisy se ruborizó.

— ¿Podemos empezar con las preguntas? —Exigí. Después de todo para eso nos habían invitado, supongo...

—Claro —El muchacho del exorcismo asintió.

—Está bien... Son exorcistas ¿Verdad? —Caí en cuenta de que la pregunta era bastante tonta.

—Sí —Confirmó el que elaboró los sellos.

—Eh... nunca los vimos en la escuela ¿De dónde son? —Preguntó Anelis.

—Así que se dieron cuenta —El jefe se acomodó en la silla —Nosotros venimos de una escuela especial al igual que ustedes. También es para exorcistas. Existen varias en todo el mundo. Nosotros ni siquiera somos de aquí, estamos de viaje con la Academia… lo sentimos si ocupamos su espacio

—Son turistas —Confirmó Daisy, y luego bajó la cabeza avergonzada.

—Así es —El moreno sonrió mostrando todos sus dientes blancos y perfectos. Daisy también sonrió. Parecen tener química.

—Nosotros somos de Puerto Rico, allí las cosas son mucho más estrictas. Y a pesar de estar de vacaciones tenemos que seguir con el uniforme, es algo fastidioso. Pero es la menor de las cosas.

—A decir verdad vinimos aquí por una misión; localizaron a un espíritu y lo rastrearon. Ni siquiera tenemos descanso.

Vaya... son mucho más avanzados que nosotros.

—Asombroso.

—Cierto —El muchacho del sello le sonrió. Hacía una buena pareja con Anelis.

— ¡Cielos! —El jefe del grupo se levantó apurado —Tenemos que irnos, lo siento.

—No, lo sentimos nosotras por retrasarlos —Me disculpé.

—Para nada, nosotros decidimos invitarlas a ustedes —Sonrió —Ya pagamos la comida, así que disfrútenla —Se volteó haciendo que su cabello rubio se agitara.

— ¡Esperen! —Daisy los detuvo levantándose sin cuidado de la mesa — ¿Pu-Pueden decirnos sus nombres? —Se ve realmente interesada. Nunca la había visto así.

—Claro —Dijo el moreno y se sonrojó —Mi nombre es Zack.

—El mío es Larry —Siguió el castaño del sello.

—Y yo soy Theo —Finalizó el jefe. Parecía que tenían alrededor de nuestras edades.

— ¡Adiós! —Dijo Anelis una vez ellos se dirigieron a la puerta. Con Daisy nos despedimos con un movimiento de la mano. Tal vez nunca más los volveríamos a ver.

CAPITULO 22

JUGUEMOS A UN JUEGO

"(…) No lo soportas,

todos hablándote, todos mirándote,

y tú sólo respiras por ahora,

eso puedes hacer

para no espantar a nadie.

Pero tu vida ya está vacía

y el castigo está por darse vuelta (…)"

(Intentando el vacío)

Terminamos de comer y nos dirigimos a un bar. Nos rodeamos de muchas personas bailando, también había una mesa de pool y la barra de bebidas, como no puede faltar.

— ¿Y, chicas? —Dijo Anelis cuando nos sentamos, agitada de tanto bailar — ¿Qué opinan?

—Realmente me divertí a lo grande.

—No, Grace. Me refiero a los chicos de hoy.

—Pues... Daisy parecía muy interesada —Le di golpecitos con el codo. Se ruborizó.

—Es cierto —Dio una carcajada, como en toda la noche. Parece que bebió un poco de más —Escuchen, escuchen, ¿Y si jugamos a un juego?

— ¿Q-Qué juego? —Daisy se puso nerviosa. Tratándose de Anelis yo también debería de estarlo, pero la verdad es que me animaría a hacer cualquier cosa en este momento.

—Un jueguito que se llama La hora de confesarse —Rió otra vez. Si Anelis está borracha, a este paso yo también lo estaría.

— ¿Como en la misa? —Daisy por su lado apenas bebió un vaso.

— ¡Correcto! —Anelis no paraba de reírse. Siempre pensé que ella era la madura del grupo, pero al parecer cuando Nick no está presente ella toma su lugar —Empecemos.

Dejamos los vasos en la barra.

—Aviso que este juego se basa en confesar sus sentimientos.

¿Sentimientos? Empecé a transpirar.

— ¿De quién gustamos? —Daisy parecía algo interesada. Recordé que no tengo por qué estar nerviosa, son mis amigas ahora.

—Yo comienzo. Daisy, esto es más que sabido, pero… digamos la canción del juego, sino no tiene gracia —Se aclaró la garganta, y por un instante estuvo por caerse de su asiento, pero recupero el equilibrio.

Me pregunto qué pensaría el profesor Pedro de nosotras si nos ve en este momento.

—Daisy, confiesa, confiesa si gustas de… Zack.

Pude apostar que el rostro de Daisy estaba de un color bordoña, pero con la luz apagada del bar no pude confirmarlo.

—Tal vez… creo que sí… aunque es la primera vez que lo veo en mi vida ¿Cómo podría decir si lo que siento es real?

—Ay amiga, toma otro vaso, estás muy tensionada.

Le acercó la bebida, llena hasta arriba. No sabía si era buena idea que Daisy también se emborrachara.

—Eso es amor a primera vista, todo puede pasar —A Anelis se le escapó un hipo.

—Muy bien, ahora es mi turno —Canturreó Daisy.

Esppera un momeento —La castaña empezó a hablar de forma graciosa, podría decir que está en sus cabales —No me agrada que la canción del juego hable de gustar. Los sentimientos son cosas difíciles ¿Entiendes? Hablemos de amor…

Soltó una risilla.

—…O con quién queremos estar en un rato de diversión .

Todas le habíamos entendido, y el calor se nos subió a la cabeza

—Entonces, Anelis, confiesa, confiesa que amas a Larry.

Escupió el alcohol de su boca.

—Em... admito que el tal Larry de esta tarde, me atrajo mucho… es que, no pueden negar esos músculos.

—La saliva, Anelis, la saliva .

—Bien, bien, lo que quiero decir es que lo usaría para el rato. Sería muy lindo.

Pero también hay otros dos que me llamaron la atención desde un principio… pregunten más nombres.

— ¿Y qué tal Nick? Cada vez que están juntos se siente una atracción magnética —No entiendo cómo logré decir la oración completa.

— ¿Bromeas? Me estoy peleando con Nick desde el año pasado ¿y pronuncias su nombre en este juego?

—Yo estoy con Grace.

—Bien, entonces sí.

No puedo creerlo

— ¿Sí de que sí gustas de él?

—Sí de que sí me atrae. No entiendo todavía mis sentimientos por él, es muy confuso. A veces se comporta muy lindo, pero otras… me dan ganas de golpearle la cara.

—Cómo te entiendo

—Aunque, a esto no se lo había dicho a nadie en lo absoluto.

¿Un secreto? ¿En su borrachera? Cuando se normalice querrá lamentarse.

—El año pasado Nick me pidió para ser novios.

— ¿Que qué? —Daisy dejó a un lado su bebida.

—Sí, sí, me he sentido muy mal por no habérselo contado a ustedes… pero es que la cosa no termina ahí. Una noche, estuvimos juntos.

— ¿Juntos… juntos, los dos?

—Sí… pero, es muy confuso, ambos habíamos bebido demasiado. Nick robó unas botellas de vino del director Willson, y cuando desperté estaba en su cama, y Nick ya se había ido.

Nunca me animé a preguntarle lo que había ocurrido. No sé si él se aprovechó de… mi estado… o qué ocurrió. Pero al día siguiente terminé con él por vergüenza. Ahora somos amigos, o al menos eso quiero creer. E intento no pensar en esas cosas.

—ANELIS —Daisy, bien sabido que es extremadamente sensible, rompió en llanto y la abrazó en la silla, de una forma muy incómoda.

—Aunque, hay otro candidato del que no mencionaron: Peter —Mi corazón dio un brinco —Pensé que sería él la primera persona que mencionarían.

Decidí quedarme callada. Entre la borrachera y el alboroto de mis sentimientos no me dejaban pensar con normalidad.

CAPITULO 23

CONFIAR

"(…) Después de todo

tú fuiste el que te hizo daño,

tú permitiste

penetrarte en tu cráneo.

Tú y siempre tú

fuiste el culpable (…)"

—Ugh... volvemos con la escuela —Anelis luce como si no durmió en varias noches. Me pregunto si su resaca también se sentirá como se ve.

Daisy todavía mantiene el toque de niña tierna. Me pregunto cómo me veré yo, al menos no siento la resaca. Nunca me había emborrachado tanto como anoche.

—Quisiera que todos los días tuviéramos vacaciones —Habló el pelirrojo, rodando los ojos marrones.

Al recordar lo que dijo Anelis anoche, no pude evitar sentir un escalofrío cerca de Nick. Con Daisy compartimos la mirada cómplice. Anelis fingía no recordar nada, aunque enredaba su cabello en el dedo índice de manera descontrolada. Me pregunto si tendremos que hacer como ella y guardar aquel recuerdo en un hueco oscuro de nuestra mente.

—Y así seríamos analfabetos —Daisy frunció el ceño, quizá por primera vez.

—Buenos días... —Peter ingresó al aula y se dirigió a su banco, que no está muy lejos de nosotros.

Maldito silencio incómodo.

— ¿Qué hicieron ayer...? Se ven fatales —Nos miró a la tres.

—Nada... ¿Ver televisión cuenta? Porque estuve viendo toda la serie de Harry Potter —Nick se rió — ¿Entienden? Harry Potter... exorcistas... mejor olvídenlo.

Paró de reírse. La verdad sí tuvo su gracia, pero mi mente estaba ocupada pensando en lo que respondería Anelis o Daisy. O en lo que sentiría a partir de ahora con respecto a Nick.

Anelis empezó con sus carcajadas forzadas. La poca esperanza que tenía de que ellas no se acordaran de nada se esfumó. Lo extraño es que no recuerda cómo regresó a casa, aunque mi memoria también está un poco confusa.

el semejante ruido que sonaba hace un momento en el aula se detuvo con la presencia del nuevo profesor. Me pregunto desde hace cuánto tiempo estuvo allí parado.

Las horas transcurrieron comúnmente. Esta vez con la mayoría de asignaturas diferentes.

No podía concentrarme con lo ocurrido en la noche anterior. Cada vez que Anelis se acercaba a Peter sentía que el corazón se me estrujaba, y cuando estaba al lado de Nick me daban náuseas.

¿Podría ser que Anelis se haya inventado todo en su borrachera? Realmente quería creérmelo.

Primero tuvimos naturales con el profesor Juan, y no es como la materia que tenía antes; en primer lugar, no es sobre el estudio de los animales ni el ser humano: estudiamos sobre los diferentes seres espirituales que existen en el mundo.

Aquí aprendemos sobre espíritus y demonios, qué pueden hacer y los distintos tipos que existen de estos. La verdad es que me gustaría saber más sobre estos pero no tenemos toda la información y medios necesarios para extraerla.

Además para saber cómo derrotarlos y entre otras cosas se encarga la materia de exorcismo.

Luego estuvimos con la materia de geografía, con el profesor Felipe; y de nuevo no se trata de una materia totalmente normal.

No tenemos que ubicar un país, continente u otra cosa con el mapa; sino que esta materia te enseña a localizar seres y humanos para el campo de batalla. Esta materia te sirve más si quieres ser un rastreador, como Nick.

Llegó un punto donde me cansé de tanto estudiar, aprender y resistir el estar despierta. Así que de vez en cuando me quedaba dormida en el aula, pero con mucha suerte mis amigas me despertaban, aunque creo que los profesores igual se daban cuenta...

Llegó la hora de ajedrez con Mateo. Había encontrado mi pasión por el ajedrez. Aquí te enseña cómo jugar ajedrez y sus diferentes "trucos" para poder ser más sabio, prestar atención y ser paciente. Cualidades que Nick necesitaría desesperadamente...

Después de otras pocas horas con materias que ya tuve días pasados y otra con un tal profesor Judas, me tocó la última materia del día y la última nueva en aprender.

Esta asignatura me sorprendió bastante, ya que se llama "Unión". Su profesor se llama Santiago.

Una de las cosas que me sorprendió fue que el docente parece demasiado joven como para de verdad estar autorizado en ser un profesor. Y la otra cosa que me sorprendió mucho como para provocar que el corazón me empezara a latir de golpe fue que, como lo indica el nombre de la materia, es sobre reforzar el lazo de confianza entre compañeros.

Tenía que ser un grupo de dos personas cada uno. Y a mí me tocó con la más inesperada del mundo... Peter Rendic.

—Muy bien, como veo que todos están sentados al lado del compañero que tendrán que hacer preguntas, ya pueden empezar.

Preguntas… Peter me tenía que hacer preguntas a mí y yo responderlas, y viceversa; así nos conoceríamos mejor. Pero... ¿Y qué le preguntaré yo? ¿Si también está enamorado de Anelis? ¿O si acaso sabe que su mejor amigo, Nick, violó a Anelis el año pasado?

— ¿Quién empieza? —Centró sus ojos celestes en los míos. Nuestras manos estaban demasiado cerca, rozando por poco. La piel se me erizó, y aunque quería apartar mi mano no lo hice, y él tampoco.

— ¿Q-Quieres empezar t-tú? —Estoy nerviosa, y se supone que lo tenía que disimularlo.

—De acuerdo... ¿Te parece bien si empezamos por el color que nos representa?

—Me parece bien.

Ambos reímos nerviosos, al parecer también le incomoda esto. A la verdad no creo que las preguntas deban ser de este tipo, pero no tengo la voluntad necesaria como para negarme.

—El mío es el azul ¿el tuyo?

—Veamos... creo que sería el gris —Sonrió. Esa sonrisa ingenua... me hace feliz —Ahora tú.

—Cierto... ¿Tu comida favorita?

—Chuletas de cerdo con ensalada de zanahorias... —Se removió e la silla y acercó su cuerpo unos centímetros más hacia el mío—Me gusta mucho.

—A mí me gustas tú.

¿Qué dije?

—E-Eh... l-lo siento, quise decir que me gusta la pizza... sí... la Pizza de Moscú... me gusta la pizza de Moscú... allí las hacen más ricas.

Empecé hacer unos raros gestos y a jugar con mis manos torpemente.

Se rió ¿Le pareció gracioso?

—Entonces algún día tendré que comerla de allí.

Qué bella sonrisa... brillante... blancos dientes... tiernos... ¿Qué estoy pensando? Al menos no lo dije en voz alta esta vez.

— ¿Familia?

—Tengo a mi padre y mi madre ¿tú?

Silencio incómodo, creí que habías huido.

—L-Lo siento...

Torpe, torpe, torpe.

—No me molesta... pasó hace bastante tiempo. Todavía me cuesta recordarlos cuando estaban vivos.

Me sentí muy apenada en ese momento —Puedes hablarme de eso si quieres...

Me miró con intensidad, y el calor subió a mi rostro.

— ¿Cómo se llamaban?

Sonrió, había un cierto brillo de nostalgia en sus ojos.

—Mi madre se llamaba Luisa, mi padre Jack, y tenía un hermano... sí, nos peleábamos muy seguido y por absolutamente todo... Kenny y yo no éramos muy unidos... pero cuando falleció me di cuenta de lo afortunado que era por tener a un hermano

Su mirada ya no era nostálgica... mostraba tristeza. Tenía unas tremendas ganas de balancearme hacia él y abrazarlo hasta que se calmara. Pero sólo levanté un brazo y le hice pequeñas caricias en la espalda, en forma de círculos

—Gracias por confiar en mí —Le sonreí —Coraza.

¡No podía ser tan imbécil como para decirle eso en este momento! Me miró confundido, y luego recordó la primera vez en que le dije aquel apodo.

—Tal vez lo sea… para alejar a los demás de mí —Susurró. Quise arrancarme los pelos en ese mismo instante —Pero, al parecer no funcionó.

Se levantó tan rápido como tocó el timbre para irnos a nuestras habitaciones.

Al terminar con todas las materias noté que sólo algunos me hicieron las pruebas. Algunas duraron poco tiempo, pero otras más que las anteriores. En naturales no me la hicieron, ya que logré aprenderme las cuarenta clases de seres con sus nombres completos en un sólo día, a la primera vez y estando totalmente cansada, además de a veces dormirme.

En geografía sí me la hicieron, y no fue para nada fácil.

Tuve que localizar a varios espíritus en diferentes lugares, además de luego tener que encontrar al profesor hasta poder atacarlo con un golpe con la pierna o brazo; y él se movía muy rápido siempre que se daba cuenta de que me acercaba a él.

Para derrotarlo hice algo que aprendí yo misma luego de recibir golpes de parte de él cuando intentaba encontrarlo. Oculté mi esencia con los poderes de exorcista para que él no sintiera mi presencia y así luego poder atraparlo. Resultó bastante difícil... tardé varias horas.

Con la materia de ajedrez también me la hicieron.

El profesor a través de una técnica alucinatoria me hizo entrar en el tablero de ajedrez. Yo tenía que manejar a las piezas blancas, mientras que él las negras. No fue justo, prefiero las piezas negras.

Lo peor de todo es que él es un experto y yo sólo una novata que no le gusta perder. Y de esa forma él lograba derribarme las piezas en mis momentos de impaciencia, y luego de varias piezas derrotadas me di cuenta de que si alguno de los dos lograba sacarle las piezas al otro, el anfitrión sentía una clase de dolor insoportable. Eso lo hacía más difícil al juego; no quería sentir ese dolor infernal... era como si la cantidad de piezas que te quitaban se transformaban en espadas y te atravesaban la espalda, provocándote no poder respirar en ciertas ocasiones.

Proseguimos varias movidas hasta que luego de tanto reflexionar, entendí que todo esto sólo era una alucinación, de eso me enteré luego de unos minutos antes del final del juego. Entonces, dándome cuenta de aquello, de alguna forma conjuré una técnica para poder salir de comandar a las piezas y entrar en el tablero; manejando a la Reina.

Fue muy divertido sentir cómo me desplazaba a una increíble velocidad y realizar saltos y volteretas para luego decapitar a las demás piezas hasta llegar al Rey, todo esto respetando el turno. Pero, al menos no sentía el pulsante dolor y no podían derrotarme porque yo esquivaba sus ataques, algo que las demás piezas no podían hacer.

Luego de aquella materia tuve otra con el profesor Judas, Idiomas. No fue tan malo... más o menos, temía no poder aprobar aquella materia, aunque el profesor no me hizo alguna prueba ya que memoricé cuatro idiomas completos... griego, inglés, latín y húngaro.

Por último, la materia Unión... en aquella materia tampoco me hicieron ninguna prueba... aunque me resultó muy vergonzoso... ¿Por qué tenían que ser grupos de a dos? ¿Y por qué me tocó con Peter...? Fue muy extraño, el por qué el profesor Santiago no me hizo una prueba (Supuestamente confía a ciegas), y el tener que hacerle y responder preguntas a Peter.

CAPITULO 24

REZADOR

"(…) Y ahora, mírate, acostado

intentando, practicando

cómo era escuchar

cómo hablar,

intentando ser

lo que solías ser (…)"

(Intentando el vacío)

Al terminar la clase volvimos a nuestros asientos —Oye... ¿en esta hora tendremos clases de exorcismo? —Preguntó Daisy.

—Sí, ¿Por qué lo preguntas?

—Porque si tenemos esa clase nos vamos a separar, ya que elegimos diferentes categorías...

—Daisy, sólo serán un par de horas. Nos veremos luego —Interrumpí.

— ¡Pero un par de horas es mucho! Y no sólo nos separaremos, también será la primera vez que en verdad tengamos esta materia. Tendremos profesoras o profesores nuevos, aprenderemos nuevas cosas, nuevos exámenes, ¡y estaremos rodeados de gente que no conocemos! —Empezó a gritar y sus ojos se cristalizaron.

—Como sea, todo irá bien... no es el fin del mundo, sólo será una oportunidad para aprender cosas nuevas independientemente.

—Si tú lo dices…

Nos levantamos y una vez que sonó el timbre nos separamos y dirigimos a nuestros aulas de las categorías correspondientes.

Abrí la puerta que me llevaría al interior de aquella aula. Al entrar me resultó bastante acogedor, al menos mucho más que mi aula oficial. Este tiene el piso de madera; provocando que cuando avancé se escuchaba el rechinido. Las paredes son de un amarillo pastel pálido. Recuerdo que mi aula tiene baldosas blancas en el suelo; y paredes azul grisáceo. El lugar era enorme; debía de serlo ya que aquí estarían muchos alumnos que eligieron esta categoría, Rezador. Me senté en la segunda fila horizontal de los asientos que iban en subida, al contrario de la anterior aula. Resultaba muy similar a los preferentes de los teatros. El lugar era enorme; debía de serlo, asistirían muchos estudiantes que eligieron ser rezadores.

Esperé varios minutos para que terminen de llegar todos a la clase. Y también al profesor que todavía no había llegado; en el momento en que él llegara la puerta de la sala se cerraría.

El profesor se paró delante del enorme pizarrón. Ahora con todos los alumnos aquí sentados la sala se veía llena y más pequeña.

Él agarró un micrófono de su escritorio, lo golpeó una vez, y al comprobar que anda bien empezó a hablar:

—Saludos a todos. Como verán, yo soy el profesor Pedro, y les daré clases de rezador. Seguro que algunos deben de pensar que esta materia es muy fácil, y que no tienen por qué preocuparse…

Pero, la verdad es que no es así. Ser rezador es algo muy difícil e importante. Aquel que lo es, deberá de tener absoluta concentración, confianza en sí mismo y en Dios. Además de ser el que, al momento de combatir contra algún ser, reciban la mayoría de los daños, y su confianza se debilitará, pero recuerden: nunca cedan el paso, no interesa que su vida dependa de ello. Tienen la fuerza de voluntad, no la rechacen. Recuerden que su acción es por un bien mayor.

También, los rezadores realizan diferentes conjuros que los demás, y ustedes lo harán verbalmente, a través de oraciones. Y cada quien le otorga un escudo especial a uno de los demás. Si el Rezador llega a perder la Fe, el conjuro se arruina y el que defiende se puede llegar a morir.

Suspiró y se cruzó de brazos, antes pasando la mano por encima de su cabello castaño oscuro.

—Así que, si alguno al ya saber las condiciones no quiere aceptar el trabajo de ser un Rezador; puede abrir la puerta e irse.

Esbozó una mirada arrogante. Todos sabíamos que ya no había marcha atrás, el que se marchara se iría también de la academia, y esperaría hasta el próximo año para volver a elegir alguna categoría, eso si les llegarían a abrir la puerta otra vez.

Para mi sorpresa, muchos se fueron de la sala. Algunos casi corriendo como otros agachados, a punto de arrastrarse para que el profesor no les viera la cara.

Aunque se fueron varios, el aula seguía viéndose llena. Me pregunto cuántos seremos ahora mismo.

Esperamos a que el profesor prosiga con las palabras:

—Veamos...

Hizo una pausa. Estaba mirando todos los asientos, uno por uno, hasta que sus ojos cayeron en mí.

Apuesto a que el director le ordenó vigilarme para no salir corriendo como todos los demás.

Una vez que me halló, siguió explicando.

—Noto que muchos se fueron luego de la advertencia.

Dijo para disimular. Algunos de los alumnos se rieron. Se acomodó la garganta

—Empezaremos con la entrega de los rosarios.

Aparecieron por la puerta de entrada varias personas que vestían capas y capucha negra, y nos repartieron a cada uno rosarios idénticos. Eran de madera, cuyo color es marrón; además de ser totalmente simple.

A pesar de su aspecto sencillo, lo que en verdad importaba es que estuvieran bendecidos y cubiertos por agua bendita.

—Ahora que todos tienen sus respectos rosarios, hagan lo que mismo que yo.

Agarró a su rosario oficial. Cada exorcista de la rama mayor de Rezador tiene un rosario único, diferente que los demás. El suyo en su mayoría es de color rojo. Las bolitas del rosario eran rojas con pequeños grabados escritos en estas. Era una letra delicada, pero estaba demasiado lejos como para saber qué decían; apenas podía notar que tenía grabados escritos en ellas. Y su cruz era un poco más grande que la de nosotros, de un color morado muy bello.

Enroscó el collar en sus manos, y las juntó a su pecho. Luego de eso extendió una de ellas, la derecha, y abrió la palma hacia el centro y dijo:

"Esta es la Revelación de

Jesucristo; Dios se la dio para enseñar a sus servidores lo que

va a suceder pronto.

Envió a su ángel para que se lo

diera a entender a su servidor Juan,

el cual afirma que todo lo que ha

visto es palabra de Dios y

testimonio de Jesucristo.

Feliz el que lea estas palabras

proféticas y felices quienes las

escuchen y hagan caso de

este mensaje,

porque el tiempo está cerca"

Apocalipsis 1, 1-4

—Las frases variarán según el momento y situación en que estén. Por eso, también a lo largo del tiempo les enseñaré cuál oración recitar en el momento preciso.

Tosió y se dirigió hacia el pizarrón. Agarró una tiza y empezó a hablar de mientras que seguía escribiendo.

—Quiero enseñarles algunas cosas sobre las reglas y exorcistas. Cuando se está exorcizando a alguien, se lo conoce con el término de exorcizar y... ¿Alguien sabe con cuál más?

Paró de escribir y se giró hacia nosotros. El silencio impregnó la habitación durante un largo tiempo.

—Vaya... entonces a partir de ahora deberán de acordársela hasta su muerte —Miró al pizarrón y siguió escribiendo —También se lo conoce por la palabra de intercepción.

Los rezadores también tienen que saber todo sobre los sacerdotes, ya que, después de todo, serán sus compañeros de por vida, quienes los ayudarán en cualquier cosa. No se preocupen, se acostumbrarán. Con el tiempo no sólo serán simples compañero, entablarán un vínculo muy íntimo. Siempre se le otorga a alguien de la misma edad, para que no fuese demasiado incómodo.

Aunque, acuérdense que estarán con un sacerdote cuando lleguen a su mayor rama. Mientras tanto, enfóquense en ustedes mismos.

El sacerdote a la hora de la intercepción deberá de tener en sus manos, una Biblia en la mano izquierda y en la derecha el Santísimo. Cuando él exorciza, además de decir "Que Dios se apiade de tu alma". También deberá antes recitar esta oración:

"Que jamás permitas que me aparte de Tí.

Que sepa padecer con resignación por Tí.

Que no me preocupe. Sino de amarte.

Que ame también a mi prójimo.

Que ame mucho a los pecadores.

Que Dios se apiade de tu alma."

—Y, aunque el sacerdote en ese momento tendrá ambas manos ocupadas, se los aseguro, puede cuidarse muy bien solo. Es muy difícil que algún ser pueda acercársele, pero ser sacerdote es un trabajo muy complicado y no muchos pueden superar la vocación. Y para eso tienen a todo el equipo, incluyendo a los rezadores, su mano derecha -

Ahora, les enseñaré las reglas de preparación para la hora de exorcizar, deberán de cumplirlas para realizar la intercepción, aunque estas sólo serán entre el sacerdote y ustedes.

1-Tratarse bien con tu equipo.

2-No tener secretos que te debiliten.

3-Las emociones son lo único que los mantendrá vivos.

Explicaré la primer regla. Cuando su profesor de exorcismo, en este momento yo, les diga que ya son aptos para participar en un exorcismo, los separarán en equipos con distintas categorías. Un equipo contiene: a un rezador, un cantor, vidente, sacerdote (no en todos los casos), rastreador, alquimista y un exterminador.

También, quiero aclarar la última. Sé que muchos dicen que las emociones provienen del pecado, pero, quiero que cada uno piense por sí mismo el por qué está mal sentir, y el por qué bien.

Ya aprendieron lo básico sobre qué se hace en la intercepción, las reglas para exorcizar y sobre los sacerdotes.

Entonces, ¿qué es ser un exorcista? Les estuve contando lo que hacen pero no lo que son. De seguro que ya muchos de ustedes lo sabrán, pero también algunos quizá no lo sepan.

En sí, el exorcista es el que expulsa al espíritu o demonio maligno a través del exorcismo, palabra que viene del romano Exorkismo: obligar mediante juramento.

Me echó una mirada antes de que sonara el timbre, como si las palabras que acabó de decir tendrían un mensaje oculto.

CAPITULO 25

ACUERDO

"(…) Pero ya no puedes ser

el mismo, perdiste,

llegaste tarde (…)"

(Intentando el vacío)

Decidí esperar a que todos se fueran sus aulas oficiales, disimulando guardar mis pertenencias lentamente en la mochila. Una vez que todos terminaron de irse, el profesor me habló:

— ¿Ya terminaste de guardar la carpeta y tu cartuchera? ¿O es que tenías más cosas en la mesa?

Desvié la mira —...Al menos nadie más se dio cuenta.

—Lo dudo.

Nunca me percaté de lo realmente penetrante que son sus ojos... como si en cualquier momento hiciera un agujero en mi rostro y así yo caería muerta...

Ahora sé que la mirada de Peter salió de parte de esta familia… me pregunto cómo lucen sus padres.

—En fin, ¿Qué quieres?

—Quería saber si yo... al hacer aquellos conjuros que explicaste, por ejemplo el de juntar ambas manos y sostener la cruz… Si hago aquello, ¿Tendrá el mismo resultado que los demás? Es decir, como yo soy la elegida… —Bajé la cabeza. Es difícil hablar con él.

—No. No tendrá el mismo resultado. Tienes mucha más habilidad que el resto. De esa manera irás obteniendo potencial de forma más rápida que ellos

Aunque, no te quedes con la idea de que eres superior sólo por ser la "elegida". Si no practicas como todos, en cualquier momento alguno de tus compañeros te alcanzará.

—E-Está bien...

Auch.

—Entonces, quiero que me enseñe a usar mis poderes.

Se cruzó de brazos, penando quién sabe qué.

—Está bien.

Vaya, pensé que me costaría mucho más pedírselo.

—Pero habrán reglas.

Claro, no tenía que faltar tratándose de él.

—Será todos los días después de clases. Entrenaremos en el exterior. En el patio de la escuela que está junto al bosque.

Donde encontré a Satán... allí no suelen ir muchos estudiantes. El lugar… da un poco de miedo, y más aún si iremos por la noche.

—Como tu profesor de exorcismo, te enseñaré a hacer conjuros y usar un arma como corresponde, aunque no demasiadas técnicas de su uso ya que para eso está la materia AUA. También, por sobre todo, conmigo aprenderás todo sobre tus poderes.

Y, al igual que tu identidad, nadie deberá de saber esto ¿Entendido? Nadie, pero absolutamente nadie. Así que procura ser discreta al momento de salir de tu cuarto.

Siempre hay consecuencias cuando se hace un trato con él. Pero lo que me molesta es que no puedo seguir mintiéndole a todos, ya es suficiente mentirles sobre quién soy ¿Y ahora esto? Aunque, lo entiendo, si alguien llegara a descubrirme comenzaría a plantearse preguntas.

Asentí con la cabeza y salí del aula. Luego de caminar hasta llegar a los pasillos, vi a mi grupo de amigos viniendo hacia mí.

— ¡Grace! —Daisy me abrazó. No entiendo cómo siempre puede estar gritando y saltando por doquier, además de ser caprichosa; si cuando hay alguien más ni siquiera se anima a decir hola.

—Daisy.

— ¿Qué hay de nuevo viejo? —Nick se tocó la barbilla —Oh quizá deba decir vieja.

—Vaya, ahora todos me dicen vieja —Crucé los brazos. Ellos sabían que no me había enojado. Pero a decir verdad si no serían ellos si me enojaría... y mucho.

—Oh Grace, ¿Qué tienes en el pelo? —Peter se acercó a mí con una escena sobreactuada — ¡Tienes canas! —Me tocó el cabello rubio, acariciando algunos mechones oscuros. Sentí un cosquilleo recorrer en todo mi cuerpo.

—Agh ¡Peter! —Fruncí el ceño, fingiendo estar enojada, pero por dentro quería bailar. Siempre que me hace una broma termino peleando con él. Quizá es porque quiero que me hable en serio y no juegue conmigo.

Todos se rieron. Les causa la forma en la que Peter y yo peleamos.

Nick se secó las lágrimas por tanto reír. No sabía que en verdad les causaba tanto.

—Parecen esposos —Esas palabras hicieron que mi corazón se agitara con gran velocidad.

—No lo sé —Miré a Peter ¿En serio dije eso?

Peter también me miró y ambos nos sonrojamos para luego apartar la mirada.

—Como sea... —Anelis parecía querer irse y tomar gran distancia de la conversación.

—Tranquila Anelis, nosotros también parecemos una pareja ¿No Daisy?

—Um, sí —Aunque se notaba que realmente no sabía qué responder.

—Más bien, si hablamos de una pareja real… —Anelis calló un momento, pensando si sería correcto o no decirlo —Diría a Grace con el profesor Pedro —Me quedé helada ¿Qué acaba de decir?

Intenté negarme, pero se dispuso a continuar hablando.

— ¿Qué es lo que hacías con él a solas? Nos enteramos por comentarios que esperabas a quedarse a solas.

—Eso… realmente los estudiantes tienen mucha imaginación.

— ¿Entonces?

—Sí, estaba esperando a que no haya nadie más, pero por razones de enseñanza, no de amoríos. Sólo quería preguntarle algo de los rezadores. No lo entenderían…

Podríamos seguir discutiendo, pero de ser así empezaríamos una pelea.

—Oigan...

Rompí el hielo, usualmente lo hace Nick, pero de seguro que él volvería a hablar sobre las parejas y Anelis saldría corriendo antes de darle una bofetada.

— ¿Cómo les fue en la clase? Ya que no estuvimos juntos.

Oh rayos, al terminar de hablar recordé que Daisy es muy sensible con ese tema...

—Bien —Respondió Peter con normalidad, aún seguía al lado mío.

—Genial, me encanta esa materia. No pude haber elegido una categoría mejor. Aunque, no puedo explicar nada, no lo entenderían —Anelis habló atropellada, y al finalizar me miró de reojo.

—Súper aburrido. Ser rastreador es demasiado aburrido para mí.

—Pero... ¿No te gusta? —Preguntó el castaño claro.

—Obviamente no, pensé que se trataría de... hacer mejor dicho... nada.

—No lo entiendo.

—Bebé, elegí en primer y único lugar esa categoría porque pensé que no tendría que hacer absolutamente nada ¿Quién diría que en realidad es sobre buscar, rastrear, moverse, agilidad y ¡correr!? Allí dentro terminas con el cuerpo de un físico culturista.

— ¿No te gusta la gimnasia? Pensé que sí...

—Anelis, al parecer no me conoces para nada bien.

Ella bajó la cabeza y se quedó un buen rato en silencio. Probablemente recordando no cosas muy lindas.

—Pero, se supone que tienes que elegir algo que te guste, de lo contrario tendrás que escoger otra el próximo año y quedarás atrasado. Y si no sabes qué elegir ¿Qué puedes hacer?

— ¿Eso significa que cambiarás de categoría? —Pregunté.

—Pero, ¿Y lo que dijo Peter? —Daisy habló con dulzura.

—... esa es una de las razones por las que repetí el año —Anelis por fin volvió a hablar, pero con un tono más bajo de lo normal.

—Entonces ¿El año pasado qué categoría eligieron?

—Anelis y yo elegimos la rama de rezador.

Nick sonrió mostrando sus dientes.

—Y a decir verdad este año hubiera elegido ser exterminador. Pero luego pensé: en esa rama de seguro que tendrás que hacer mucho ejercicio, entonces... ¿Qué tal ser rastreador? Y me fue el tiro por la culata.

—Aunque, siendo exterminador también haces mucho ejercicio, fortaleces tu cuerpo y te enseñan el uso de las armas y los diferentes tipos.

—De todas formas, ahora no puedo retroceder. Si lo hago no estaré más con ustedes, y no puedo pedirles que reprueben un año por mí. Aunque... ¿Si lo ordeno aceptarán?

— ¡Nick! —Le grité para luego soltar la risa.

—Está bien...

— ¿Y tú, Daisy? —Anelis se dirigió a Daisy. Ahora que están muy cerca de la otra puedo distinguir que Anelis la supera bastante en altura.

—Creo que se podría decir pasable... es decir, me gusta mucho ser cantora y todo eso... pero, hay muchas personas nuevas y me siento desconfiada por no poder socializar con alguien más... —Sus ojos se cristalizaron.

—Tranquila Daisy... sé que podrás hacerlo.

—Eso es verdad —Apoyé, con aquella expresión era idéntica a un oso polar bebé.

—...También oí que en pocos días habrá un baile.

CAPITULO 26

FEDERICA STAR

"(…) Sólo intentas

y mantienes la cabeza en alto

para no preocupar (…)"

(Intentando el vacío)

—Cierto... ¡Casi lo olvidaba! —Nick se agarró con ambas manos la cabeza, en señal de frustración.

—Es sólo un baile... no es gran cosa —Le dije.

— ¡No es sólo un baile! Aunque de cierta forma tienes razón... pero, ¡Es un baile en donde no sólo iremos nosotros, sino la academia entera!

— ¿Estás preocupado porque irán todos o porque habrán chicas? —Temí que Peter también estuviera interesado en aquel tema.

—Oigan, ¿Se olvidan que aquí también hay chicas?

—Pero son sólo ustedes... digo... tú eres una regañadora, Daisy es muy desconfiada y hasta lo admitió, ah, y Anelis... ella es mandona.

¿Regañadora? ¿Yo?

—Pero de seguro que las otras chicas también tienen defectos —Qué raro escuchar que Daisy nos defienda.

—Pues... todos somos humanos, ¿No? —Bueno… podría decirse —Y los humanos tenemos defectos.

— ¿Entonces por qué no nos quieren? —Anelis parece muy enojada, bueno, este es un buen momento para estarlo. Sentí que su pregunta era más bien dirigida únicamente para Peter.

—Porque las conocemos muy bien... y a las otras no —Nick se empezó a rascar la cabeza nerviosamente.

—Qué excusa —Rodeó los ojos.

—Está bien, chicas, vayamos a ver vestidos en las revistas... por si encontramos algo que nos guste... ¿Sí? —Daisy desvió el tema. Nos salvó otra vez.

— ¿Ahora sólo servimos para eso?

Nos encaminamos hacia la habitación de Daisy. El silencio inundaba el lugar.

—Em... este, ¡Miren! Aquí tengo las revistas... ¿Le damos una ojeada?

—Creo que está bien... —Arrastró las palabras.

— ¿El qué? —Pregunté.

—Creo que por más que intente cualquier cosa Peter jamás se interesará en mí.

—P-Pero... hay muchas más personas por las cuales interesarse, y en el baile se te dará la oportunidad.

— ¿Y Nick?

Diablos, el recuerdo del año pasado todavía la persigue. Y yo me olvidé por completo el asunto.

—Ya sabes… y, lo que él dice son sólo bromas, no es verdad. Todos lo saben.

Al parecer yo no.

—Como sea... ¡Miremos los vestidos!

No soy fanática de la moda y no me gusta mucho la ropa. Agarro lo que veo ¿Es cómodo? Entonces es el indicado ¡A ponérselo! Y... así soy cuando me visto.

Menos mal que en esta Academia se usa uniforme porque sino sería conocida como... realmente no se me ocurre ningún apodo apropiado para mi caso. Pero pensando en Peter, a él sí se le ocurrirían varios.

— ¡Ok!

—Um... este vestido es bastante bonito —Dijo Anelis en voz baja, se nota que sin muchos ánimos.

—A-Anelis... —Daisy se ruborizó, su cabello rubio casi pareció teñirse de rojo.

— ¿Sí...?

—Eso es... lencería. Mejor… sigamos.

—Bu-Buena idea.

Seguimos mirando página por página, una tras otra. No es que fuera tan aburrido todo esto y que yo soy una aguafiestas. Pero... simplemente me da igual todo, y mucho más cuando se habla de la ropa, mientras que me ande...

Es que, si me gusta mucho algo sale muy caro, y si no me gusta algo, no me gusta nada. Entonces prefiero no ilusionarme.

—Oigan, ¡Este es muy lindo! ¿No lo creen?

—Daisy... eso fue lo mismo que dijiste hace un segundo con otra prenda.

Esto sin dudas se hace interminable.

—Y con el conjunto de al lado.

—Está bien... pero este si es lindo.

— ¿Y? ¿Qué creen?

—Creo que es perfecto para ti.

—Sí... —A pesar de todo Anelis seguía sin muchos ánimos.

—Gracias.

—Anelis, sigamos buscando ¿De acuerdo?

Asintió decaída.

—Oh... —Volteó la página.

— ¿Qué sucede?

—Este... este vestido es el indicado —Noté cómo sus ojos brillaban.

—Elígelo —La animé.

—Así que, Anelis Berglund ¿Le dices que Sí al vestido? —Dijo Daisy entre risas.

— ¡Sí!

Según parece, su humor mejoró mucho al verlo.

— ¡Genial! Ahora falta Grace terminar.

—Uh... no soy muy buena con todo esto Admití una vez que ellas ya acabaron de elegir.

—No hay problema...

—Te ayudaremos.

—De acuerdo.

Horas... fue lo único que en verdad vi pasar. Y fueron muchas.

—Esto no tiene sentido... mejor vamos al local para elegir el mío y de paso ustedes encargan el suyo ¿Qué les parece?

—No hay otra opción cuando se trata de ti —Anelis encogió los hombros, poco a poco se fue recomponiendo.

Como el baile está cerca y todos estamos planeando qué vestir, nos dejan salir de la Academia, únicamente a un local de ropa.

—Entonces iremos mañana.

— ¿Qué? ¿Tan deprisa?

—No hay problema. Mientras más rápido tenga mi vestido mejor será.

—Ok, no tienes nada planeado mañana ¿Verdad, Grace?

Con el tono de voz que habló Daisy me dio tanto miedo que no tuve otra opción que aceptar la propuesta... podría decir que estaba obligada a aceptar ¿Qué me habría pasado si no hubiese aceptado? Me temo lo peor.

Tardé mucho en dormirme, pero no por estar ansiosa, que en parte lo estaba. No me gusta mucho salir a pasear afuera a cada rato, y menos ir a una tienda de ropa.

— ¡Despiértate!

Abrí los ojos de golpe al escuchar el grito alarmante de Anelis. Me senté y allí estaban ambas.

— ¿Qué hacen aquí?

—Vamos a comprar los vestidos.

— ¡Rápido, entra al baño!

Me aseé como ellas ordenaron. Tardé media hora en hacerlo. Me pregunto qué habrán estado haciendo ese tiempo, o de qué habrán estado hablando.

Me acerqué a mi armario para agarrar mi ropa, cuando me detuve al escuchar el chasquido de la lengua de Anelis negando. Sin dudas había vuelto la Anelis de siempre.

— ¿Qué sucede?

—Te hemos preparado la ropa. Iremos a una tienda de lujo, no puedes vestirte así nomás.

—Pero...

—Nada de peros, ya elegimos.

—Está bien...

—Listo, cámbiate rápido. El lugar abre en treinta y cinco minutos —Interrumpió Daisy.

Bufé profundamente — ¿Tanto? ¿Y me están apurando? ¿En dónde queda?

—Basta de preguntas y mejor prepárate.

—Tendremos que ir en bus.

Una vez lista, nos encaminamos a la parada del autobús. Esperamos mucho, tomamos como tres más y por fin llegamos. Y lo peor es que luego tendríamos que hacerlo de nuevo.

— ¡Hola! —Dijeron ellas al entrar en la tienda, que por cierto se llama Federica Star, lo supe al mirar el letrero.

Mientras que ellas hablaban con la vendedora, yo miraba la enorme cantidad de ropa con... la boca abierta quizá.

—Sí, tenemos esos vestidos de sus tallas ¿Quieren probárselo?

— ¡Claro! Ah, cierto, también tenemos a nuestra amiga que, como no se decidió por uno solo, quiso mirar los vestidos en persona.

—De acuerdo. Si ella quiere, puede quedarse aquí viendo mientras que ustedes se los prueban.

—Genial, entonces iremos.

Se acercaron hacia mí.

—Grace, quédate aquí mientras que nosotras nos probamos los vestidos.

Y así fue cómo terminé aquí sola... aunque no tanto... una señora extraña se me acercó.

—Vaya, vaya, nunca me esperé a que la elegida viniera a mi tienda

¿Qué? ¿Cómo es que...? ¿Mi tienda?

Abrí la boca para hablar, pero ella se me adelantó.

—Tranquila, en tu Academia soy más conocida como la ex-Suprema Vidente.

— ¿U-Usted?

—Síp, yo. Es por eso que sé quién eres. No debes temerme, soy de los buenos —Sonrió, aparentaba tener unos 48 años.

— ¿Es Federica?

—La dueña de la tienda. Debo de admitir que no vengo mucho aquí, aunque sea mi tienda, pero como supe que vendrías hice una excepción.

—Espere... ¿Usted también es Federica Lavigne?

Federica Lavigne... una gran diseñadora de moda. y en verdad tiene que ser lo suficientemente famosa como para que yo haya escuchado de ella, alguien que no está para nada involucrada en ese mundo.

—Me alaga que sepas quién soy, mi querida Grace.

—Oh, también sabe mi nombre.

—De no saberlo no sería una Suprema.

Escuché varias risas y gritos de voces muy conocidas viniendo hacia mí.

— ¡Grace! ¡Nos quedan perfectos! —Gritó Anelis, pero se detuvo al reconocer a la persona junto a mi lado.

—F-Federica Lavigne ¿Qué hace aquí?

—Buenos días. Estaba en mi hora libre, así que vine a mi tienda y ahora estoy atendiendo a esta bella señorita.

—Oh sí, por supuesto... en verdad, lo siento mucho por mi absurda pregunta.

—No importa... dime ¿qué vestido te gustaría usar?

—Um... la verdad que no lo pensé de ese modo...

Vaya, sólo me fijaba en los precios

—De acuerdo, ¿Sabes? Justo tengo un vestido que estoy segura que te encantará.

Me guiñó el ojo y se fue a buscarlo.

—Aquí está.

Volvió con un muy bellísimo vestido. Tengo que admitir que me impactó, es decir... es negro, lo sé, parece como si iría a un funeral; pero con el listón que tiene en la cintura, de color azul metalizado, lo hace ver no tan de ese modo.

—Me fascina —Dije, y sin dar tantos problemas al asunto, me metí al vestidor. Era hermoso y estaba dentro de mi presupuesto.

CAPITULO 27

BAILE

"(…) Y tú, sigues conectado,

aislado de todos,

intentando callar las voces

con otras melodías... (…)"

(Intentando el vacío)

Ya habían pasado los respectos días para la gran y esperada por todos, baile. Se celebrará en uno de los salones que hay en la escuela, uno por el cual nunca entré ya que es especialmente para los bailes o algún acto.

Cuando entramos a esta academia tuvimos que dejar cualquier rastro de nuestra vida pasada, ni siquiera celebrábamos nuestros cumpleaños.

Supongo que este baile es una forma para despejarnos a todos y volvernos a la vida, disfrutar antes de la gran batalla que se avecina con mi presencia en el campus.

—Grace, ya estamos listas.

— ¿Por qué rayos no tocan la puerta antes de entrar?

—Porque... somos amigas —Daisy inclinó unos centímetros la cabeza

Grace: — ¡Eso no es excusa! ¡¿Qué pasa si me encontraban desnuda?!

Anelis: —Grace, Grace. Cálmate, no tienes que tener vergüenza, somos mujeres, y nos conocemos.

Mi reputación está en juego, pero lo dejaré pasar esta vez .

—Y Grace, cuida el vocabulario. Acuérdate de que ya no podemos decir insultos.

Cierto, regla básica de un exorcista.

—Que yo sepa la palabra "rayos" no es un insulto u ofensa. Simplemente es un proceso natural... luces en el cielo con extraña forma para ser más concreta.

Le saqué la lengua. Eso tampoco es un insulto u ofensa... verbal. Y terminamos riéndonos. Vaya momento.

— ¿Estás lista?

—Oh, estaba en ello. Me falta arreglarme el cabello.

—Déjame ayudarte.

Y de un segundo a otro Daisy se acercó hacia mí.

—Oh-Oh —Anelis ladeó la cabeza hacia los lados.

— ¿Qué sucede?

— ¿No te maquillarás?

—No.

— ¿Por qué no?

—Porque simplemente no me agrada la idea de ponerme pintura en el rostro

— ¿Eh?

—Claro, ponerme pintura en el rostro... maquillarme, es lo mismo.

—Pero la pintura de las paredes no es lo mismo que para el rostro.

—Yo nunca dije que me refería a las paredes.

—Sólo déjame hacerlo.

— ¡No! —Me alejé, interrumpiendo lo que Daisy me hacía.

— ¿Qué hay de malo? Tampoco es como si te pintaría como payaso, tengo mucha práctica con estas cosas.

—Es que... no sabría explicarlo. Me da asco cuando me maquillan, es decir... la pintura entra a los poros, el delineador está muy cerca de los ojos y al ponérselo no tienes que pestañar porque sino se arruina o ¡Te pueden clavar la punta del lápiz a ti!

—Así que... para tener que estar incómoda... no, mejor olvídalo.

—Vamos, déjame hacerlo sólo un poco. No te deliñaré o pintaré las mejillas si eso es lo que quieres ¡Pero déjame hacerlo!

Por experiencia sé muy bien que Anelis terminaría ganando, o de no hacerlo me ataría con cuerdas, así que mejor rendirse.

—Está bien...

— ¡Sí! Empecemos.

Me pintó los párpados de un celeste opaco, los labios de rosa claro y una pizca de brillo en las mejillas. Brillo... no me agrada.

A Daisy de vez en cuando se le enredaban algunos dedos en mi cabello. A pesar de ser liso siempre aparecen nudos allí.

—Listo. Aunque… es una pena, te quedaría mejor con los ojos deliñados, aprovechando tus hermosos ojos celestes —A pesar del cumplido puse mala cara.

—Es verdad... —Daisy acabó con lo suyo y opinó... Rayos.

— ¿Ahora tú también Daisy?

—Guarda ese mal humor, es hora de ir de fiesta.

Listo, ya no hay marcha atrás... es increíble que aún siga repitiéndome la misma frase una y otra vez desde que Anelis terminó de maquillarme. Aunque... estoy temblando... ¡No sé por qué lo hago!

—No tengas miedo, sólo respira con calma y disfruta el momento ¿Sí?

Asentí con dudas sobre lo que dijo.

—Nada de respira ni de qué respiras: Yo tengo la solución

¿Tal vez Anelis fuma hierba y me quiera convidar? Rayos, en qué estoy pensando...

—Oye —Se acerca hacia mí —Sabes que habrán chicas ¿Verdad?

Asentí a lo evidente y millones de veces muy aclarado con todos los detalles por Nick.

—Pues... lo siento por decírtelo y provocarte un choque contra el piso al caerte de las nubes y luego por ponerte en shock al sacarte de la luna.

Y así empieza su gran y enredada cadena.

—Pero, también hay hombres, y algunos son atraídos por mujeres.

Y Peter también es hombre. En vez de darme energía me desmotivó aún más ¿Y el porqué de mi desconfianza? Porque no sé bailar, socializar, sonreir…

Tomé una bocanada de aire y disimulé estar lista.

—Ok ¡Allá vamos! —Las agarré de los brazos y las conduje hacia el salón.

(salon)

Una vez adentro se escuchaba abundante música por doquier, globos volando y cayendo sin parar ¡Esto sí es una fiesta! Además del humo artificial y de colores que lanzaban unas máquinas, y papelillos... Mi corazón empezaba a latir al ritmo de la música.

Ahora sé por qué las aulas están tan destrozadas. Además de gastarse el presupuesto en el comedor y la entrada para disimular una academia normal, también lo gastan en hacer una fiesta.

Otra duda surgió en mi mente: ¿Cómo se supone que encontraremos a los chicos?

— ¿Por dónde empezamos? —Pregunto.

— ¿Empezar? —Preguntó la castaña con su gran escote en v y aquel vestido pegado a su refinada figura. Si su intención es llamar la atención, hizo un muy buen trabajo.

—Sí... para buscar a los chicos.

No estaba muy segura si mi voz se oiría por la música.

—Que ellos nos busquen, yo voy a bailar.

—Ok...

Apuesto que en cualquier momento terminará sentada en la barra de bebidas.

— ¿Y tú Daisy? —Pregunté una vez que Anelis se alejó de nosotras.

—Um... —Nos movimos a un lado para dejar a otras personas entrar —No me gustaría estar sola el resto de la fiesta.

— ¡Entonces vamos!

Nos encaminamos hacia la búsqueda de los chicos por un buen tiempo, y seguían sin aparecer ¿Ya estarán bailando con alguien más?

—Grace —Se detuvo e hice lo mismo.

— ¿Sí? —Me di vuelta para mirarla.

—Tengo hambre, voy a pedir comida ¿De acuerdo?

—No, Daisy... mejor tú quédate y disfruta del resto de la fiesta ¿Sí? O sino, hagamos esto… ambas olvidémonos de los chicos y disfrutemos. De seguro que ellos están haciendo lo mismo.

—Como quieras, Grace ¿Entonces vienes conmigo?

—No, quiero tomar un poco de aire fresco —Me dirigí hacia un rincón sin gente del salón, sola como un perro.

La música se detuvo, y no escuché quejas. La hora del gran baile había llegado.

— ¿Cómo va la noche? —El profesor Pedro con su traje de gala se paró en medio del escenario y agarró el micrófono —Es turno de bailar el vals, todos escojan a sus compañeros y compañeras de baile. Si vemos a una sola pareja parado, desaprobará la materia.

Se oyeron algunos gritillos, no sabíamos si el profesor pedro hablaba en serio, lo seguro es que estaba pasado de copas, pero nadie quiso arriesgare a suspender.

CAPITULO 28

TROPIEZO

"(…) Esas voces

que te gritan

lo que en verdad eres

por caer en el vacío

sin darte cuenta

sobre quién te seguía:.. (…)"

(Intentando el vacío)

Así que ahí estaba yo ahora, buscando enloquecida a mis amigas para bailar con alguna de ellas. La pista de baile me parecía más grande que antes. No había ni un solo alma en alguna otra parte. La música todavía no sonaba para dar tiempo a cada uno para prepararse.

Aunque continuaba sin rastro de ellas. Mi estómago se revolvió, si no encontraba a nadie para bailar, ¿Qué haría entonces?

La mayoría ya tenía a su pareja, algunos agarrados de la mano, listos para empezar a sacudirse en la pista, mientras otros se inmovilizaban completamente nerviosos, y luego, la menor cantidad de gente era como yo: sin pareja.

Como ultima opción me arriesgaría a bailar con alguien más… no, lo dudo

De un instante a otro, sin ser capaz de darme cuenta comencé a dar pasos más grandes y ligeros, casi corriendo con el vestido en mis manos, hasta que pase por una muy estrecha multitud de personas y la música arrancó

Entre los pasos y volteretas de las parejas, me tropecé, aunque habría logrado mantener el equilibrio si no fuese porque alguien más se dio vuelta, chocando una vez más conmigo.

Deseaba con todas mis fuerzas que nadie me viese, imaginando escapándome y hacer como si nunca hubiese venido a la fiesta.

Abrí los ojos al sentir un suspiro cerca de mi oído. Me provoco cosquillas a la vez que la menta me refrescaba.

Maldición, había caído arriba de la persona que se volteó cuando perdí el equilibrio. Por suerte todos nos estaban tapando y no nos veíamos allí en el suelo, uno sobre el otro.

— ¡Oye, cuidado por dónde vas! —Me gritó ese alguien que en este instante está debajo mío, enfurecido.

— ¡Lo siento! ¿Te lastimé?

Estaba por quitarme de encima, mirando al suelo, sin ser capaz de mirar la cara de la otra persona. Apunto de levantarme, ese alguien me lo impidió agarrándome de la mano. Lo miré fijamente al rostro, confundida.

—Justo como en la primera vez ¿Recuerdas?

¿Peter?

—O-Oye... —No sabía qué decir. Entonces me quedé cayada. Sentía como la sangre se me subía a la cabeza y mi respiración se ahogaba con su tacto.

—Um, ¿Nos levantamos?

Había olvidado que seguíamos en una posición incómoda.

—Deberas lo siento...

Nos levantamos, aún agarrados de la mano. Romántico, esa fue la primera palabra que se me cruzó por la mente.

—Oye... —Parecía nervioso, aunque no despejaba la vista de mis ojos, recorriendo luego todo mi cuerpo.

—Copiaste mi frase.

Me reí, él lucía tan... tan lindo.

—Vaya...

Si no cerraba la boca podría jurar que mi saliva saldría expulsada, Peter luce tan bien con ese esmoquin.

—...Pues, ¿Quieres bailar?

Parpadee unas cuantas veces, sin poder creer lo que estaba oyendo.

—Digo, ya que hay que hacerlo. La verdad es que no tenía ni idea de todo esto, seguro que Pedro está borracho.

—Yo igual. Entonces... será mejor hacerlo, antes de que la música acabe.

Lo estaba buscando, ni siquiera sé a dónde estaba él antes, pero ya no me importaba. Peter me tomó de la mano, conduciéndonos a un espacio sin tanta gente. Por fin lo había encontrado y ahora vamos a bailar juntos.

Nos detuvimos y miré su expresión, ambos estábamos sonriendo.

El momento de cuento de hadas se desvaneció cuando recordé un detalle importante sobre la situación.

— ¿Sucede algo?

No sabía cómo decirlo.

—Es que... no sé bailar.

— ¿Cómo? —Se empezó a reír.

Rayos, no planeaba que esto pasara. Más bien pensaba que él iba a ser comprensible y me ayudaría a hacerlo; como en las películas. Pero al parecer Peter no es así... bueno, eso debí de haberlo visto pasar, Peter es Peter.

Y esa es una de las cosas que me atraen más a él. Al menos eso supongo, sí, no puedo negar el hecho de que estoy completamente atraída.

Nunca me habría imaginado que me atraería el chico malo, aunque Peter tiene ese "algo" que me hace suspirar.

¿Es sólo atracción lo que siento por él?

—Creo que no importa, sólo gira y poco a poco muévete al ritmo de la música.

Me agarró más fuerte la mano y se acercó a mí, colocando su palma izquierda en mi espalda. Hay no había ningún espacio que nos separara.

Nuevamente puso su boca muy cerca de mi oreja, provocando ese cosquilleo con refresco a menta.

—Vamos Grace, déjate llevar.

Cedí el paso, me estaba guiando a través de la sinfonía. Deseaba que Peter me sostenga y alejase de toda realidad.

Evité pensar en los sentimientos de Anelis y en su confuso pasado con Nick, y en todas las responsabilidades que conllevaba ser la elegida.

Cerré los ojos y me hundí en su hombro, sintiendo mariposas en mi estómago con cada paso, embriagándome en su perfume, en su tacto, me estaba enloqueciendo, quería aferrarme a su cuerpo y dejar huellas en cada célula que lo mantenía en pie, y que la noche nunca acabara.

CAPITULO 29

TRAICION

"(…) ..Asesino.

Eso eres Alma,

y de veras lo siento".

(Intentando el vacío)

Anelis…

Escuché a la música detenerse. Eso indicaba que el "gran baile" ya había empezado. Me pregunto en dónde estarán todos... Tal vez sí debí haber escuchado a Grace e ir con ellas.

Se empezaban a formar las parejas, impidiendo que encontrar a alguien se me facilitara. Si bailaría con alguien, quería que fuese Peter.

Seguí dando vueltas, y en unos rincones alejados de todos, estaban Peter, por fin lo había encontrado, pero… se dio vuelta, permitiendo ver a su acompañante: Grace.

¿Qué hacía Grace bailando junto a Peter? Me sentí traicionada, ella sabe que me gusta Peter, ¿Por qué me haría algo así?

O… ¿Grace también lo ama?

Podía adivinar que si continuaba viéndolos sonreir vomitaría. Me voltee, destruida. Peter y Grace… ¿Cómo pude ser tan…?

Ahora todo se me hacía aún más claro, y no me di cuenta antes. Desde el inicio, ellos, ambos se miraban contantemente. Y era amor.

Quería derrumbarme y quedar tirada en el centro de la pista, llorar a cántaros. Grace siempre fue muy buena conmigo, y yo fui sincera sobre todo. ¿Por qué nunca me dijo lo que sentía?

Recordé cómo bailaban apegados, abrazándose sonriendo. EN verdad me hirieron. No podía sacarme esa imagen de la cabeza. No sé si llegaré a perdonarla alguna vez.

Empezó a caer una lágrima, y luego por otra; así hasta pasar por la siguiente y las tras seguida. Juntas y a la vez separadas ¿Así fue cómo estuvimos todos estos años juntos?

¿Por qué tenía que ser él el que me ilusionaría? El que provocaría aparecer las mariposas en mi estómago cada vez que lo viera. El que haría mezclar y estallar todos mis sentimientos ¿Por qué él? ¿Por qué está con Grace? ¿Por qué ella?

Entregada a la ira, estaba decidida a ir tras ellos y arrancarle los pelos a Grace, no me importaba el resultado, o que me echen. Así no los vería todos los días. Esto, fuese lo que había sido nuestra relación en todo este tiempo… se destruyó.

Mi garganta arde.

Dio un paso, segura de mi decisión. Pero alguien me impidió el paso, agarrándome del brazo. Di marcha atrás.

— ¡Te odio, Nick! —Le grité, desquitándome con él.

¿Por qué vino aquí? Habría jurado que lo vi bailando con otra chica.

Luego salí corriendo del salón. Necesitaba aire libre y un lugar deshabitado para llorar en paz.

Lloré y me desquité pateando la pared de la puerta de entrada.

—Oye, ¡Anelis!

Largué otra vez el llanto y empecé esta vez a golpear la pared con los puños.

—Anelis, oye ¡Para!

Corrió hacia mí para detener lo que estaba haciendo. No tuvo que esforzarse para pararme.

— ¿Qué piensas que haces? ¡Podrías haberte lastimado!

Y ahora te preocupas por mí...

Seguía manteniendo la mirada baja, vista al suelo.

—Háblame, Anelis, dime ¿Qué ocurre?

— ¿Que qué ocurre? —Giré la cabeza mirando hacia el costado. No podía contárselo a él, no a Nick.

— ¿Por qué lloras?

De nuevo no obtuvo respuesta.

—Anelis... ¿Qué viste? ¡Responde!

— ¿Y ahora te preocupas por mí? Dime Nick, ¿Qué si los vi? ¿Eh? Allí bailando, susurrándose cosas al oído y acariciándose ¿Eh?

Estaba confundido, y mi voz se debilitaba, sumida al llanto. Mi garganta arde y no puedo hacer nada para resolverlo.

— ¿Por qué reaccionas así? ¿A quiénes viste?

—Pude ver ese brillo en sus ojos… ambos se aman ¿Cómo puedo luchar contra eso?

—Anelis.

—Grace es mi amiga ¿Cómo pudo hacerme eso? Estaba con Peter, y no le importó lo que siento. Y tú, ¿Por qué estás aquí?

Elevé la voz ahogada en lágrimas.

— ¿Por qué no dices nada? ¿Nick? ¿Para ti todo es un juego?

— ¿Qué? Anelis, no ¡No! ¿Por qué dices eso?

— ¿Entonces por qué siempre haces? Interesándote, apareciendo en los momentos exactos, y luego… sólo esfumándote ¿Qué buscas? ¿Por qué todos me hacen lo mismo?

Sólo vete y traicióname una vez más, como todos lo hacen.

—Anelis.

— ¿Y todavía eres capaz de decir mi nombre?

Seguía llorando.

—Lo recuerdo, recuerdo aquella noche en tu habitación, hace un año. Y todavía no sé por qué te seguí hablando cuando apareciste.

Dime, dime ¿Qué me hiciste esa noche? ¿Por qué me miras así? ¿Por qué… qué fue lo que pasó con nosotros?

Me derrumbé, tenía tantos conflictos conmigo misma que siempre esquivaba.

Se agacha para estar conmigo sentado en el suelo. Nunca entendí el porqué de sus acciones, y menos en este momento.

Agarró mis muñecas, con las que tapaba mis ojos.

— ¿Qué… qué haces?

Se aproximó hacia mí, provocando que nuestros labios se tocaran. No me soltaba.

—No —Me oí agitada y se distanció, las lágrimas se acumularon otra vez en mis ojos — ¿Cómo sé si creerte luego de…?

No quería decirlo, no me atrevía. Si lo decía se haría realidad y me consumiría hasta no dejar nada.

Se levantó en el transcurso acomodando su saco azul, y caminó por el pasillo, guardando sus manos en los bolsillos del pantalón. Marchándose de la fiesta.

CAPITULO 30

TEMBLORES

"Allí está ella,

parada en el centro de mesa,

danzando como ellos quieren,

después de todo es lo que tiene (…)"

(Baila, bailarina)

Pasaron varios días luego del baile. Y en cada uno desbordé de alegría.

Mi relación con Peter había mejorado, y, aunque no tenía muy en claro mis sentimientos por él, no lo apartaba.

Y a pesar de esa chispa de felicidad, Anelis se había reportado enferma y había algo en eso que me inquietaba. Hasta el día de hoy, aunque al entrar al aula nos ignoró por completo a todos.

Luego de la clase tuve que reunirme con el profesor Pedro, practicando mis poderes, técnicas cuerpo a cuerpo y entre otros conjuros.

No pude evitar imaginarme al profesor algún día llamándome cuñada, él es lo más cercano que tiene Peter como hermano. Y eso me llevó a la idea de algún día casarme con Peter ¿Sobreviviría a la guerra para que llegue ese día?

Sacudí la cabeza, primero tendría que ser su novia, y luego contárselo a mis amigos

¿Nos verían mal?

Daisy sabe que Anelis también está enamorada de él. Supongo que Nick sería el único que nos apoyaría, hasta podría llegar a sugerirse como padrino. Otra vez me desvié al futuro.

Aunque, ¿Peter podría llegar a amarme?

Últimamente se comportó muy bien conmigo, y su sonrisa…

—Oye, concéntrate más

—Lo siento...

— ¿Qué te distrae?

La idea sobre establecer una conversación con él es una muy mala.

Así nunca podría llegar a ser su cuñada.

—Nada, absolutamente nada.

—Esto no parece ser nada ¿Lo que te distrae es Peter?

No podría decirle nunca al profesor Pedro que pensar en Peter me distrae, es decir, es su primo, y él además es mi profesor…

Espera, ¿Qué?

— ¡No! ¡Para nada lo es! Es sólo que... estaba pensando en algo.

¿Cómo pudo saberlo?

— ¿Y se puede saber el qué?

—Qué le agrada más, ¿Primo o cuñado?

¿Qué fue lo que dije?

— ¿…Qué? —El pobre que estaba tomando agua se atragantó en al momento de escucharme.

—Espere ¡No es lo que piensa!

—Se ve a distancia que estás enamorada de mi primo. La próxima vez que pienses en él límpiate la saliva.

Suspiró.

—A veces eres como un libro abierto.

Negó con la cabeza.

—Qué niña...

Apostaría lo que sea con que tenemos casi las mismas edades.

—Primero concéntrate en el presente. Tienes una gran responsabilidad como para estar pensando en esas cosas.

—Entrena hasta agotarte… y quizá cuando todo termine te ayude a que se enamore de ti.

Me quedé inmóvil.

—Creo que paso… pero gracias por su oferta. Además, estos días me estuvo yendo bastante bien en el entrenamiento, seguro lograré darle una gran paliza a Lucifer.

El profesor dejó su botella en el suelo.

— ¿Y si te mueres?

No había pensado en eso... Y la forma tan escalofriante y directa en que lo dijo empeoró todo. Sentí como si millones de cuchillos me apuñalaran en la espalda.

Levanté la cabeza y mirándolo a los ojos, junto con una gran sonrisa forzada dije:

No voy a morir.

Eso todavía no cabe en mi agenda.

—Si en verdad crees cumplirlo, debes fortalecerte hasta el límite. Entrenarás hasta no poder hablar más.

Agarró un papel rectangular y pequeño en blanco, y al momento de colocarlo en su mano aparecieron escrituras en latín. Seguiríamos practicando. No sé si es algo bueno o malo, pero con tal de desviar la conversación todo me vale.

— ¡Lo siento! —Le grité a Peter, una vez llegué a la Biblioteca, había olvidado que quedamos en estudiar juntos.

Tardé una hora más en terminar mi entrenamiento. Estaba exhausta.

Me alivié que al abrir la puerta Peter seguía allí. Aunque ya estaba relajado en el sillón, con la camisa del uniforme unos centímetros arriba. Unos muy pocos abdominales estaban al descubierto, pero alcanzaban para que no pudiese dejar de verlos, hasta que finalmente se levantó.

Empezamos a buscar libros que nos ayudaran con el material. Se acercaba un examen. Una vez que ambos elegimos un libro, nos fuimos a sentar en un sillón cerca de una ventana.

—Al parecer luego lloverá.

—Sí, me dijeron que estaba pronosticado lluvia para hoy.

Al estar tan cerca de él mi corazón no dejaba de bombear enloquecido, quería acariciarlo

—Espero que no sea muy fuerte.

—Pero igual decía que llovería a la noche.

— ¿Segura? Porque ya escucho las gotas caer.

— ¿En serio?

Me asomé a la ventana. Me alegra habernos sentado aquí, al menos también veríamos la lluvia de mientras que leemos.

Las nubes grises no fueron lo único que acompañó a la lluvia. Luces blancas y brillantes se vieron en el cielo ¡Están cayendo rayos!

—Vaya cambio de clima.

—Sí... —Afirmé sin dejar de mirar al exterior. Tenía un muy mal presentimiento.

De la nada sentimos un pequeño temblor, pero lo suficiente notorio para ser anormal en esta zona del país.

— ¿T-Tú también sentiste eso?

—Sí, mejor vayámonos de aquí.

Maldición.

¿Por qué los rayos tuvieron que interrumpirnos? Aunque, todavía no estoy muy convencida de que aquello haya sido el causante del temblor.

Nos levantamos y dirigimos hacia la salida, pero no pudimos llegar ni hasta la puerta porque nos detuvimos a mitad del camino. Sentimos de nuevo un temblor, pero más fuerte que el anterior ¿Qué está pasando?

No puede ser un terremoto. Nunca se sintió ninguno desde que tengo memoria.

—Apurémonos en salir. Si esto es un terremoto, la Biblioteca no creo que sea un buen lugar para estar.

—Sí, mejor salgamos de aquí antes de que se ponga más grave el asunto —Pero lo dije demasiado tarde.

Para cuando nos dimos cuenta estábamos en el piso. La gente gritaba enloquecida y apurada, otros intentaban salir del lugar gateando.

—Oye, Grace... —Peter me tendió la mano para ayudar a levantarme.

Cuando estaba a punto de tomar la mano de Peter vi a un hombre desesperado por salir de allí, y por obra de desesperación se agarró de los estantes con libros, se cayó y provocó que el siguiente también cayera, en forma de dominó.

Lo siguiente que escuchaba era nada más que gritos, y mi vista nublarse. Pero entre todos los gritos sólo podía concentrar mi atención a una voz.

—Pe-Peter... —Susurré.

— ¡Grace! ¡No te muevas! Buscaré ayuda, sólo espérame.

No entendía de lo que me estaba hablando. Pero luego miré a mi pierna, aplastada por un estante enorme lleno de libros. Me concentré en mi pierna adolorida, repleta de sangre, ensuciando el piso.

CAPITULO 31

FUEGO, MANÁ

"(…) Allí está ella,

cayendo en su mente

por el río oscuro

que le traerá la muerte (…)"

(Baila, bailarina)

La oscuridad me cegaba, era arropada por ella. Me mantuve sumisa a la espera de que suceda algo, aunque no tengo muy bien claro lo que sucedió.

Sé que pasó mucho tiempo, horas quizá. Y sigo sin poder abrir los ojos.

Aproveché a reflexionar una y otra vez lo que en este instante estaba pasando. Sin encontrar respuestas ¿En dónde estoy? ¿Qué ocurre?

Luego de unos minutos me sentí ser arrastrada por algo. Hasta que me encontré en un nuevo lugar y paisaje.

Este era de color negro, igual al que veía antes, pero también se podían ver unas extrañas auras violetas y blancas por doquier. Era muy extravagante.

Pensé en el inconsciente ¿Estoy allí? ¿Por qué no viene nadie a por mí? ¿Qué es lo que ocurre? ¿Están todos bien?

Sin respuestas. Sin rastros. Sin nada.

Ni la nada misma podría compararse con la confusión y pánico que me invade.

Cerré los ojos. Pensé que si lo hacía todo volvería a la normalidad. Luego aparecería de nuevo con Peter; quizá me desmayé y ahora estoy en una especie de sueño.

Quizá...

Escuché una voz... una voz muy serena y pacífica que me provocó despertar de mi letargo sueño. Pero aún seguía en este lugar extraño. Quiero volver a la realidad. Lloré.

— ¿Qué sucede?

Levanté el rostro para mirar al ser proveniente de aquella voz. Sentí al temor yéndose de a poco.

Era... parecía una luz, un ser de luz. Pero con una figura humana. Me sorprendió mucho. Era absolutamente blanca y contenía brillos destellantes a su alrededor.

Creo que mi cara de asombro le intrigó mucho, o tal vez pensó que mi expresión se refería por espanto hacia su apariencia. Supuse que pensó aquello por su nuevo comentario:

—Tranquila, no debes temer.

Sentí que el frio de la oscuridad ser reemplazada por una amable oleada de calor.

—Tú eres Grace ¿Verdad? Grace Shawin.

Es la primera vez que alguien me buscaba por mi nombre y no por el de la elegida.

—Sí... —Respondí, embriagándome en la calidez, me siento protegida.

—Qué alivio —Se acercó.

Al acercase más a mí su apariencia cambió a... ¿Fuego? Parecía realmente una llama andante. Viva.

Es fascinante y preciosa a la vez. Todo su cabello y cuerpo cubierto por las llamas ardientes del fuego.

—Hermosa...

Se me escapó aquella palabra de los labios. No me molestó haberlo dicho, y al parecer tampoco a ella. Sonrió.

—Ya que sé quién eres, déjame presentarme. Soy una especie muy poco conocida y especial de maná. Y como ya lo habrás notado, tengo la apariencia del fuego mismo pero con figura humana.

Realmente su voz es celestial.

—Te he elegido para ser mi dueña. Yo te protegeré y cuidaré, pero por supuesto tú también deberás protegerme.

— ¿Cómo se supone que haré eso?

—Escucha y sabrás —Guiñó el ojo —Pero antes, Grace... ¿No quieres dejar de ser débil?

— ¿Eh?

— ¿No quieres no tener que depender de otros para que te estén protegiendo siempre con sus vidas? ¿No quieres poder correr libremente, sin temer a lo que te espera del otro lado?

Asentí casi con la boca abierta.

—Si aceptas deberemos cuidarnos mutuamente. Te otorgaré los poderes necesarios para cuando de verdad los necesites. Y a cambio, tú no malgastes la capacidad que te doy. Debes apreciarlo y valorarlo, no hacer uso del poder.

Te advierto esto antes de que me aceptes por completo, porque esta decisión tiene un gran riesgo y puede volver loco a cualquiera que lo sobrevalore o utilice para su propio beneficio. Así que si esto llega a pasar y se va del límite, tendré que irme de ti y de este modo se arrebatará todo lo que se te otorgó conmigo ¿Entiendes? ¿De verdad comprendes?

Asentí, atónita —Sí, acepto ¿Tú dónde estarás? ¿En mi mente?

—Sí —Sonríe.

—Entonces ¿Estarás en mi inconsciente?

—No, el inconsciente está en una parte de tu mente. Pero yo estaré en toda la zona de la mente. Por lo tanto observaré y sentiré lo que tú sientes.

Volvió a sonreir. Me sonrojé ante la idea de ver a Peter y que ella lo sienta, rayos, aun estando atrapada sigo pensando en él.

—La mente es muy compleja, aunque también puede ser la potencia intelectual del alma.

— ¿Hay algo más que deba saber antes de aceptar?

—Sí, como soy una especie de maná, me denominan el maná del cambio. Por lo tanto te brindaré el poder de sanar tus heridas; pero también, como dije anteriormente, te daré otros diferentes poderes. Y recuerda, a pesar de poder curarte cuando sea, a los demás poderes sólo úsalos cuando realmente los necesites.

A medida que desarrolles poderes, irán apareciendo en forma de símbolos en tu cuerpo. Primero debajo de tu nuca, yendo luego por la columna, ambas piernas, después los pies y debajo de estos. Hasta puede llegar a estar totalmente cubierta por ellos.

Entonces... son como tatuajes.

Reí nerviosamente.

—Bien, Grace Shawin ¿Aceptas el trato, permitiéndome habitar en tu mente?

—Acepto.

Ella me abrazó para sellar el trato. Sentí cómo todo mi cuerpo hervía a una temperatura anormal. Quería gritar, jadeaba de dolor. Me quemaba viva.

—Ya regresarás a tu mundo.

—Espera, no sé tu nombre.

—Los nombres son algo desconocido para mí. El único que sé es el tuyo.

—Entonces... a partir de ahora te llamarás Hikari.

Pude sentir que ya había vuelto a mi mundo. Mi amado y extrañado mundo.

Abrí los ojos, por fin podía hacerlo. Estaba nuevamente en la enfermería. Ya me es muy familiar esta sala.

Escuché voces hablando fuera de mi sala. Me obligué a silenciarme para concentrarme en aquellas voces:

—Lo siento mucho, se ha fracturado la pierna derecha y no podrá volver a caminar como antes.

— ¿Qué? Esto no puede ser... es imposible.

El director Willson iba hablando cada vez más bajo y despacio a medida que terminaba la oración.

No podía ser verdad.

Me senté. Mi cuerpo me dolía, como si un camión pasó por encima.

Yo... quiero intentar pararme, al menos intentar. Si Hikari fue real yo tendría que poder caminar.

Temo no poder hacerlo.

Temblaba a medida que intentaba levantarme. Es algo muy común que siempre se hace. Pero dentro de mí albergaba la duda.

Miré las vendas en mi pierna derecha. En verdad dolió cuando aquel estante me cayó encima.

Apoyando ambos brazos a mis costados, sobre la cama, hice un esfuerzo para levantarme.

Resultó, me facilitó y pude hacerlo, espera...

¡Me levanté! Estoy parada aquí y ahora mismo. Es un milagro... no, es todo gracias a Hikari.

Escuché a la puerta abrirse, eran los dos hombres que escuché anteriormente. El doctor y el director.

Ambos al verme levantada sin dificultades, esbozaron una expresión de sorpresa, y realmente ridícula. Podría estar estallando de risa ahora mismo, pero quedaría demasiado brusco.

Luego se me ocurrió la idea de comprobar por segunda vez y para estar verdaderamente segura de que Hikari es real.

Entonces en presencia de ellos agarré un bisturí y me hice una cortada profunda y larga en el brazo. La nueva expresión de pánico y confusión de ambos valió oro.

Luego, vi cuidadosamente cómo en menos de segundos la herida se cerró.

CAPITULO 32

INFIERNO

"(…) Sonríe y gira,

ya le creen la diva,

miran sus pasos,

su figura y su danza

pero lo que no ven

es a su marchita alma (…)"

(Baila, bailarina)

Estoy recostada en la cama de la enfermería, durmiendo. No porque sea perezosa y se me den las ganas de hacerlo; sino para no levantar sospechas de que puedo curarme a una velocidad anormal, y aquello levantaría sospechas de quién realmente soy.

En realidad no podía y me costaba dormir. Demasiado diría yo. Con todo esto que está pasando es difícil creer que estaré bien por siempre.

Anhelo a que llegue el momento de mi verdadera misión, siento que ya estoy lista.

El sonido de alguien tocando la puerta me sacó de mis pensamientos.

Al ver a aquella persona entrar, me emocioné de sobre manera. Apuesto lo que sea a que me ruboricé.

—Peter.

—Grace, hola. No sabía que estabas despierta —Se rascó su sien y se ruborizó al igual que yo —Hace un rato me dieron el permiso para poder entrar...

Desvió la mirada para luego mirarme otra vez.

—Y, entonces quise verte lo más rápido posible.

—…Gracias. Pero...

Me miró a los ojos.

—Si dijiste que no sabías que estaba despierta, y que viniste para verme... ¿Entonces esperabas que esté dormida?

Lo vi ponerse cada vez más rojo de lo que ya estaba antes, y mover sus manos para todos lados de manera exagerada ¡Qué lindo!

Nos empezamos a reír luego del momento embarazoso.

La enfermera llegó a la sala y ordenó a Peter marcharse. Noté en su expresión que no quería irse, y aquello me provocó un deseo intenso de tambalearme y abrazarlo con todas mis fuerzas, no me importaba si él supiese mi secreto.

La noche ya había pasado y tenía demasiado sueño como para seguir despierta. Aunque tampoco es como si tuviera otra cosa que hacer.

Recuerdo haber escuchado al doctor decirme que mañana ya podría volver a la escuela. Con el tiempo en que estuve en la cama ya era suficiente como para disfrazar la verdad.

Por fin empezaba a cerrar los ojos lentamente. Pensando que al otro día volvería a estar con todos mis amigos.

Cerrándolos para poder al fin dormir. Algo que al despertar quisiera seguir haciendo.

Sentí una brisa recorrer mi cuerpo, algo extraño porque las ventanas estaban cerradas.

Tal vez la enfermera las abrió para ventilar, así que abrí los ojos para decirle que las cierre. Hacía demasiado frío.

Desperté en lo profundo de un bosque que de seguro es el que está detrás de la Academia. Supongo que deben de ser como las 3:30 de la mañana por cómo está el cielo. Pero ahora mismo lo menos importante es qué hora es.

Miré a todo mi alrededor, desesperada de lo que pudo haber sucedido. Y junto a mi lado encontré la respuesta, a medida de que esos ojos rojos me miraban con delicia.

Me espanté demasiado al verlo llevándome en sus brazos. No me quiero ni imaginar la expresión que hice al verlo. De seguro que si mis pupilas no se salieron de los ojos, estuvo muy cerca de hacerlo.

—Grace.

¿Cómo hizo para entrar a la Academia y traerme hasta aquí sin que nadie se diese cuenta?

A no ser que… matara a todos allí dentro

No sé si fue porque estaba agobiada con toda la situación o si él hizo algo. Pero en contra de mi voluntad cerré los ojos para luego ver todo profundamente oscuro.

Sólo pensaba en parpadear y volver a la cama como si todo esto hubiera sido un absurdo sueño.

Pero de nuevo, no pudo ser así. Desperté en... sí, una cama. Pero una de dos plazas y bastante ancha. Además de ser cómoda, bastante cómoda. Por favor, no me castiguen por decir eso de la cama del diablo.

Un momento... ¿La cama de Satán? ¿Y cómo llegué yo aquí?

Me volteé y salté al escuchar un ruido venir por la puerta. La vi abrirse sola, como si fuera por arte de magia.

Satán fue quién me trajo y un esqueleto andante está ahora mismo parado en la puerta, sosteniendo una bandeja con… ¿Comida? ¿Tal vez para mí?

Y así fue cómo descifré en dónde estaba. Infierno. El lugar de las almas en pena, espíritus malvados y demonios; además de ser el Reino del diablo. Es el lugar donde, después de la muerte, son torturadas eternamente las almas de los pecadores.

¿Y si Satán me mató mientras dormía? Una jugada realmente muy sucia, como el rey del infierno. Pero eso no puede explicar el por qué estoy aquí...

La mujer esqueleto, que aparenta ser una mucama por el traje; se acercó hacia mí y dejó aquella bandeja con los alimentos en una mesa, al lado mío.

También tengo que admitir que se ve muy apetitoso aquel plato relleno de waffles, panqueques americanos (Ambos con extra de miel) y café. Café con el dibujo de una rosa por la crema.

Si esta es la comida del infierno tal vez dude en irme.

Una vez que aquel ser se fue del cuarto, empecé a mirar a la bandeja de plata con ansias y mucho apetito. Era el desayuno y ya tenía mucha hambre. Además de la comida ser refinada y delicada, también lo aparenta ser la habitación. Cuánta elegancia para ser el infierno.

Agarré los cubiertos para luego cortar los waffles en porciones, y así comerlos. Pero no pude atreverme a hacerlo por la intrusa llegada de...

No quise ni siquiera pensar su nombre.

—Despertaste.

—Me sacaste el apetito.

Rió, mostrando sus dos pares de colmillos ultra afilados.

—Por favor, no pongas esa cara.

—Vaya, vaya. El diablo sabe suplicar. Veamos si lo haces cuando te esté cortando la cabeza.

Agarré el cuchillo que tenía en la bandeja y me levanté de un salto para agarrarlo, pero desapareció como si fuera un hechizo, al igual que todo este lugar.

—Tengo que advertirte que no me puedes hacer daño en este lugar. Después de todo, es como tú lo dijiste. El Infierno es mi reino.

—No recuerdo haber dicho nunca eso. Y menos a ti.

—Así es, pero lo pensaste.

—Y ahora supones ¿No?

Volvió a reírse, ¿Acaso esto es un juego para él?

—Grace, Grace.

No me agrada que pronuncie mi nombre.

— ¿También tengo que decirte que, como este es mi Reino puedo hacer lo que quiera? Incluso leer pensamientos. No lo puedo evitar.

Diablos. Se rió otra vez. Esto se pone realmente difícil.

—El infierno entero no es más que una ilusión… aunque no se le puede negar el hecho de su existencia.

No logro entenderlo.

—Todo lo que ves, no es más que una falsa ilusión. Como soy el Rey aquí, puedo crear lo que quiera sin tener importancia. Claro, esto es el Infierno, donde habitan los pecadores después de la muerte. Así que no tiene por qué importarles si algo es cierto o no.

La comida que recién estabas a punto de comer tampoco es real, pero aquí en el Infierno sí podría serlo. Y allí en la superficie no lo es. A eso me refería conque es una ilusión pero a la vez no.

Me guiñó el ojo. Me enfurece ya con sólo su presencia.

—Oye, no tienes que enojarte. Yo mismo te salvé.

¿De qué habla?

—Si comes algo de aquella bandeja terminarías muriendo.

¿Qué?

—En este lugar, comer es acto propio de la gula. Si comes algo del infierno, perteneces al infierno.

O sino la comida sí estaba envenenada.

Sonrió.

—Nos estamos entendiendo.

Con esto de que puede leer mis pensamientos hablar con él es aún más complicado ¿A qué se refería conque lo estoy entendiendo? ¿A que la comida estaba envenenada o lo anterior?

—Grace, eres tan divertida.

Lunático.

—Me estoy encariñando mucho contigo —Me dedicó una sonrisa, pero de esas sonrisas apasionadas que tanto amo de Peter.

Cierto. Peter. Estaba pensando tanto en mi situación que olvidé por completo de que ahora mismo tendría que estar en clase. Me pregunto si ya se habrán dado cuenta de que no estoy. Espero que sí, y rápido.

—Más te vale no haberle hecho daño a nadie de la academia.

CAPITULO 33

DEJAME ENTRAR

"(…) ¡Oh, Bailarina!

Tus pasos no tienen vida

se extinguen como la vela

de un deseo sin mira (…)"

(Baila, bailarina)

Peter…

Me había salteado la clase sólo para poder ver a Grace. Nunca había sentido algo tan fuerte por alguien que me provocara no querer despegarme de ella nunca. Cada segundo que pasara lejos de ella, por alguna razón, me son insoportables. La necesito.

Sigilosamente me escabullí hasta su cuarto de enfermería.

Al entrar, noté que ella no estaba. Eso definitivamente me pareció muy raro, y provocó que mi corazón empezara a acelerarse. Estaba totalmente confundido.

Salí corriendo de su cuarto; ahora estaba buscando al doctor de aquí, él me diría si le habían dado el permiso para poder levantarse y salir. En verdad espero que haya sido eso, y no otra cosa. Aunque dentro de mi siento que está en peligro

— ¡Oye! —Le grité al verlo a la distancia. Él se volteó al escucharme.

— ¿Qué necesita? Ah, tú eres el que siempre va a visitar a... Grace ¿No deberías estar en clase?

—Sí.

— ¿Acaso necesita saber dónde está ella?

— Así es —Respondí rápido y fuerte, al parecer ya estaba imaginándome cosas.

—Por favor, sígame.

Empezó a caminar y me guió hacia una puerta familiar. Entramos y aquella era la habitación de la enfermería de Grace. Seguía vacía, igual como yo la había encontrado.

— ¿Qué...? —Dijo al confirmar que ella no estaba —Seguro… las enfermeras la llevaron a alguna otra parte... se habrán confundido...

Me miró.

—Enseguida resuelvo todo este malentendido. Por favor, espera aquí mientras tanto.

Empezó a sudar mucho. Es una certeza, algo está mal.

Finalmente salió corriendo de la habitación. Pude sentir su pánico

¿Qué diablos está pasando aquí?

Habían pasado varias horas desde que me había quedado sentado en la sala de espera. Tenía algo de sueño y ya estaba cansado, y alarmado.

De tanto mirar correr de un lado a otro a todos los empleados de aquí, empecé a sentir un extraño vacío dentro de mi interior. Me aterraba aquel sentimiento, pero no le daba mucha importancia; ahora sólo debía mantenerme paciente, no serviría de nada estar gritando por todos lados el nombre de Grace.

Luego de unos minutos, vi entrar al doctor con el director y algunos profesores, junto a ellos mi primo.

Me acerqué y Pedro me notó.

— ¿Qué haces tú aquí?

—Fue quien preguntó por la señorita. Si no fuera por él, hubiéramos empezado su búsqueda demasiado tarde —Interrumpió el doctor para defenderme.

— ¿Demasiado tarde? ¿A qué se refiere? ¿Ya sabe dónde está Grace?

—Sí... Creo que necesitas saber qué le pasó...

Esto me asusta aún más.

—Nuestros investigadores descubrieron que Satanás la secuestró —Me miró fijamente a los ojos.

—Esto... es una broma ¿verdad?

No podía aceptarlo aunque supiese que es la verdad... Sabía que algo muy malo le había pasado. Si tan sólo no me hubiese ido... si habría insistido más...

Cerré mis puños y apreté fuertemente mis dientes. Sentí cómo aquel vacío me inundaba aún más. Un dolor inmenso me estaba apoderando.

—Hablaremos de esto más tarde.

Salí de la enfermería y me dirigí hacia los pasillos, donde me encontré a nuestro grupo de amigos.

—Peter, te estuvimos buscando por todos lados ¿Dónde estabas? —Preguntó Anelis, tocándome el hombro.

—Yo...

Necesitaba decir lo que pasó, aunque me preocupaba que este lugar estuviese lleno de personas que escuchasen lo sucedido.

—Secuestraron a Grace.

— ¿Qué? ¿C-Cómo? —Daisy estaba paralizada, seguramente yo también me había visto con esta expresión en la enfermería.

— ¿Cuándo pasó eso...? ¿Dónde? —Nick estaba muy desesperado. Parecía que en cualquier momento empezaría a correr por todos lados, en círculos y sin parar.

No los culpo, yo también reaccioné así, y el triple de veces podría decirse.

—Satanás... la secuestró. Ella estaba sola.

Mantenía la cabeza agachada. Esto en verdad no puede estar pasando.

—Peter...

Daisy tiene los ojos llorosos. De seguro que está aguantando las lágrimas.

—No es tu culpa —Quiso aliviarme Anelis, rodeándome con sus brazos.

— ¿Entonces de quién es? Después de todo hay que culpar a alguien ¿No?

Apreté aún más mis puños. Acepto toda la responsabilidad... pero, si Grace llega a morir, yo...

—No —Interrumpió Nick —No le pasará nada. Ten confianza.

—Pero si no la mataría... Entonces, ¿Entonces para qué se la llevaría?

Empecé a caminar, dirigiéndome a mi habitación. Simplemente no logro tolerar todo lo que está pasando ¿Por qué ella? ¿Por qué Grace? ¿Por qué la oscuridad vive acechándome? ¿Es muy egoísta pedir por el bienestar de mis seres queridos?

Yo... ya no puedo más... ya no puedo seguir con esta farsa de vida. Si algo me tiene que pasar, que pase ahora.

Me tiré a mi cama, devastado. Sentía odio, furia y enojo. Y una soledad absoluta con una gran sed de venganza. Definitivamente no me quedaré con los brazos cruzados.

Cerré los ojos en contra de mi propia voluntad. Y tuve un sueño... un sueño oscuro con una única voz que me llamaba y hablaba. Era muy tentadora, pero no podía distinguir su género.

— ¿Quién eres? ¿Qué crees que eres? ¿Qué buscas? ¿Qué quieres?

Aquella seguía repitiendo las mismas preguntas una y otra vez.

— ¿Qué es esto...?

— ¿Eliges saber qué es esto? ¿Qué o quién soy?

— ¿Esto es un sueño?

Rió.

—La cuestión no es quién soy, es quién quieres que yo sea.

— ¿Eh?

Vislumbré a una figura acercarse hacia mí. Parecía ser la de una chica, y al estar finalmente al frente de mi distinguí quién es.

— ¿Grace? ¿Qué… qué haces aquí?

Sonrió —Dime ¿Qué es lo que más quieres?

—Grace...

—Así que quieres hallar a aquella chica. Puedo darte el poder para hacerlo —Susurró en mi oído —Pero para eso debes de cumplir algo.

— ¿Qué es? Haré lo que sea ¡No importa el precio!

Volvió a sonreir, pero esta vez era una sonrisa excitante.

—Debes de aceptar quién realmente eres.

— ¿A qué te refieres?

—Peter, ya es hora de despertar —Habló dulcemente, pero a medida que terminaba su voz se volvió ronca y distorsionada.

—Tú no eres Grace.

Empecé a sentir un dolor pulsante en mi pecho. Coloqué mi palma en aquel lugar, y al sentir un líquido caliente, saqué rápidamente mi mano de allí y la miré: era sangre. Pero una muy caliente ¿Me estaba quemando? Pero lo hacía dentro, en mi interior.

Se me nubló la mente, y al abrir los ojos me ardía todo el cuerpo ¿En verdad no era un sueño? Mi cara quemaba y dolía; sentía algo incómodo en mis ojos, así que me dirigí rápidamente al baño.

Al mirarme en el espejo, noté con claridad a mis ojos amarillos ¿Qué me está sucediendo?

Escuché que estaban golpeando mi puerta. Maldije en voz baja.

Corrí hacia esta, para apoyarme y prevenir que alguien entrara.

Anelis: — ¡Peter, ábreme! Soy yo, Anelis. No tienes que esconderte, sé que estás allí, vi cuando te dirigías aquí. Tenemos que hablar.

Gruñí —No es un buen momento.

— ¡Vamos, déjame entrar!

— ¡Lárgate!

Mi pecho empezó a doler otra vez, y escupí hilos de sangre hasta formar un charco. No paraba de quemar.

Grité de dolor.

— ¿Peter? ¿Qué sucede? ¡Abre!

Corrí hacia el baño. Allí tenía una aguja especial que me dio Pedro por si mi demonio interior volvía a despertar. No sé si este es el caso, pero se parece mucho a aquella vez...

Corrí hacia allá y saqué con esfuerzo el objeto de un botiquín. Escuché la puerta abrirse y pasos acelerados dirigiéndose hacia aquí.

Luego de eso, sólo olía sangre. No era mía. Sabía que eso estaba mal. Pero me gustaba y hacía sentir bien...

Mis dientes se habían agrandado, y mis colmillos sobresalían. Llenos de sangre.

CAPITULO 34

TENTACION

"(…) ¡Oh, Bailarina!

Ya no tienes familia,

sonríe e imagina,

no te pierden de vista (…)"

No podía evitar sentir dolor por lo que estaba haciendo, aunque realmente no era yo la víctima.

Oía las gotas caer al piso, ensuciándolo.

No podía creer lo que estaba haciendo. Otra vez caí en la redes del mal, a la oscuridad.

—Pe-Peter... —Escuché a Anelis suplicar. Yo seguía mordiendo.

—Por favor... suéltame, no se lo diré a nadie... ¿Sí?

Mi boca ocupaba casi todo su brazo, en la parte del codo. Seguro que le dolía aún más que a mí.

No podía soltarla, o quizá no quería. Pero ella con su otra mano empezó a frotarme la cabeza, haciendo leves caricias. Aquello me ayudó a tranquilizarme, y la solté, alejándome rápidamente.

—Peter... no es tu culpa —Dijo apenas soltarla —Sé que no quisiste hacerlo... a nada de esto.

Se estaba acercando cada vez más a mí.

— ¡Vete! Puedo matarte.

—No lo haré, Peter. Y tú no lo harás... Soy yo, Anelis.

—Aunque esté consciente, no logro controlarme del todo —Gruñí.

—Confía, Peter. Sólo confía.

— ¿En quién?

—En ti... en mí.

Me abrazó. No pude evitar soltar las lágrimas. No pude contenerlo con todo lo que está pasando.

—Lo siento...

—Tú no debes decir eso —Susurré.

—Sí debo...

— ¿Por qué?

—Por esto.

Me soltó y acercó su cabeza con la mía, para luego juntar nuestros labios... me quedé atónito. No comprendía por qué lo hizo. Pero, fue placentero. No era lo que yo quería, ese beso me contradecía. Sin embargo ese sentimiento de romper las reglas con lo que en verdad sientes, aunque sabes que está mal, lo disfrutas.

Me despegué unos centímetros de ella.

—No hay razón para hacerlo —Susurré agitado.

Proseguimos con aquel beso apasionado y salvaje. No nos despegamos, y nos llevamos por la lujuria. No tengo noción de lo que en verdad hicimos, y por qué.

De un momento Anelis ya no traía su saco puesto y me observaba con deseo, al cual mi demonio interno no pudo resistir.

Grace…

Había regresado a mi "habitación". Al menos allí creo que estar más segura que afuera de la casa o lo que sea que fuera esto. Lo peor que me podría pasar ahora es estar el exterior, rodeada de demonios, sabiendo que yo soy la elegida para acabar con ellos.

Creo que estoy empezando a pensar que esta vez no escaparé de aquí... al menos no tan fácilmente.

—Linda vista, ¿No?

Me sobresalté al ver a Satán aparecerse en frente de mi como por "arte de magia". Cierto, si él es el Dios del infierno... cómo no poder aparecerse de la nada, adelante de alguien así y nada más.

— ¿Asustada?

Lo miré cansada.

—Parece que ya no intentarás escapar.

— ¿Qué te hace pensar eso?

Rió a carcajadas. Durante un segundo tuve la esperanza de que se atragantara con su propia saliva. Pero luego recordé que esa sería una muerte demasiado ridícula para alguien que sufrió varios intentos de asesinatos y todos fallados.

—Tu mente es muy divertida, Grace.

— ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llames Grace?

— ¿Entonces prefieres muñequita?

Lo miré enfurecida.

—Bien... ¿Nena? ¿Bebé?

Lo miré con desganas, rodeando los ojos.

—Vamos, en la tierra usan esos apodos para referirse a las chicas lindas.

Bufé —Si quieres decirme un piropo sólo hazlo, no le des vuelta.

— ¿Así que aceptas un cumplido?

Rió. En serio, ¿No se puede morir de una vez por todas? Al menos moriría feliz, algo que nadie se esperaría de Lucifer.

—Dime Grace, ¿Por qué te resistes tanto? ¿Qué es lo que te sigue atando a esa estúpida tierra?

Su tono de voz cambió a una seria

Dudé en contestarle por unos segundos, pero luego decidí en seguir manteniéndome firme. Si me escaparía de aquí no hace falta en decirle nada. Y menos si respondiéndole llega a poner en riesgo a las personas que amo. Quién sabe qué puede hacer este psicópata, su cerebro es más descabellado que el mío.

—Um, ¿Así que el amor, eh?

Olvidé que puede leer mis pensamientos.

—No suponía que amabas tanto a alguien. Déjame informarme más sobre aquello, ¿Sí?

Dio un paso hacia mí, acercándose cada vez más.

— ¿Qué pretendes hacer? —Titubee.

—quiero saber qué tan enamorada estás de esa persona, o cómo es. Cosas así —Sonrió con ironía.

—Sea lo que sea que quieras hacerme, ya puedes parar, porque no extraerás nada de mí.

— ¿Segura?

Una vez lo suficientemente cerca de mí, apoyó sus dedos pulgares sobre los costados de mi cabeza y sus ojos se tornaron de un bordó brillante.

Sentí repetidas pulsadas de dolor en mi cabeza, provocando que jadee.

—Mientras más te resistas más dolerá. Eso ya deberías de haberlo supuesto.

—No importa… cuánto duela… no lograrás tu cometido —Arrastré las palabras, apretando con fuerza mis dientes.

—Pero Grace, sabes que lo voy hacer.

Negué y cerré los ojos.

—Grace, tu obstinación me excita —Rió con tanta fuerza que me aterraba abrir los ojos y volver a ver sus ojos —Grace, Grace...

Pronunció mi nombre con un tono musical. Sentí un escalofrío recorrer por la espalda.

—Obedéceme.

Su voz y actitud cambiaron completamente. Parecía otra persona: más frío, temible, superior, fuerte, seguro... y aunque no quiera admitirlo había algo en él que me atraía y seducía de todas las formas posibles.

Me invadió un sentimiento de nostalgia y melancolía, provocando sentir mucho frío. No tengo idea sobre qué se supone que es esta sensación, pero siento una fuerte necesidad de buscar cualquier cosa que transmita calor.

Siento frío y necesito abrigarme. Tengo que buscar cualquier fuente de calor cuanto antes. Siento un gran vacío interior carcomiéndome por dentro. Sin dejarme pensar claramente.

— ¿Quieres saber qué es lo que te hice? —Habló agriamente —Ya me cansé de los jueguitos.

— ¿Qué diablos me hiciste?

Necesito calor... me falta algo y no sé qué es.

—Concentré en ti, ese vacío de soledad, el sentimiento de necesitar amor... aquel sentimiento que te grabaron los demás al pasar el tiempo sumamente sola. Lo que hice fue juntar la soledad que tuviste desde que te sentiste sola.

Sólo lo hice más visible para ti... pero las consecuencias de hacerte ver esa sensación es que ahora tú harás cualquier cosa por obtener cariño; por no estar sola ¡Y lo mejor de todo es que no lo haces en contra de tu propia voluntad!

¿No quieres sentir más esa nostalgia? Lo único que debes de hacer es estar conmigo. Entrégate a mí, Grace.

— ¡N-No! Yo... yo no estoy sola... todo esto es sólo una ilusión. No es verdad.

Intenté reprimir mis sentimientos, pero fue inútil.

—Ahora sentirás una emoción llamada Mauerbauertraurigkeit.

La inexplicable necesidad de empujar a la gente lejos, incluso amigos cercanos. Es como si todas sus papilas gustativas sociales de repente quedaran insensibles, dejándote incapaz de distinguir politeness baratas del sabor del auténtico afecto, incapaz de reconocer sus ricos y sabores ambiguas, su larga y delicada maduración, o el simple hecho de que cada degustación es el doble de ciego.

Traducido del alemán, significa "la tristeza del constructor de paredes". Demasiado poético ¿Verdad?

Abrí los ojos y lo miré atónita, ¿Por qué hizo esto? ¿Era realmente necesario? Adoptó una postura pensativa y volvió a reírse.

—Sí. Ahora me pertenecerás. Buscarás mi atención y afecto. Es más, creo que hasta podrías llegar a parecerme demasiado molesta. Pero tranquila, prometo que recibirás la atención que pidas.

Pasó la lengua por sus labios. Aquello me repugnó.

Volvió a reír a carcajadas.

—Como sé que eres muy resistente, tardará en hacer efecto que tu cerebro de repente sólo busque hacer cualquier cosa para provocar llamar mi atención. Ya cometiste 2 pecados. Primero la gula, y ahora la tentación ¿Notas las cosas que puede llegar hacerte estar en el infierno? ¡Hasta provoca que la elegida peque!

Me agarré fuertemente la cabeza con ambas manos. No resisto nada de esto.

—Y ahora sí, a seguir con lo que dejé pendiente.

Volvió a colocar sus manos en mi cabeza con su mirada fija en mis ojos. Lo detesto, ¡Lo odio con todo mi corazón!

—Tranquila, pronto no pensarás así.

CAPITULO 35

ALMA MARCHITA

"(…) Quisiste volar,

no parar de soñar

y con esfuerzo te volviste

la sombra de alguien más (…)"

(Baila, bailarina)

No podía abrir los ojos, me sentí por unos segundos confundida al respecto de todo. Tampoco podía moverme. Y una sensación escalofriante me invadía por todo el cuerpo.

¿Qué ocurriría si lo que Satán dijo es verdad? ¿Qué pasa si cambio? ¿O si logra que me enamore de él? No sólo mis sentimientos y cordura están en juego, sino el futuro de toda la humanidad.

No puedo permitir que esto suceda, pase lo que pase. Noté un leve mareo en mi cabeza, además de la jaqueca que permanecía desde que Satán me volvió a tocar. Y luego aquel mareo prosiguió con una sensación de ahogo, ¿O en verdad lo estaba haciendo?

Al siguiente segundo abrí los ojos para ver a distintos colores mezclándose y distorsionándose, cada vez más borrosos y oscuros. Lo único que quería era salir de allí, no lo toleraba.

Hasta que de un momento a otro me pareció ver la imagen de Peter. Y más tarde aparecieron muchas más alrededor mío.

Aquellas imágenes empezaron a moverse, y un escenario distinto y muy familiar apareció detrás de cada una de las fotos para luego aparecer yo relacionándome con él

Eran mis recuerdos.

Cierto, con todo el dolor que sentí casi olvidé lo que dijo Satán que haría:

Ahora podrá extraer toda la información de Peter a través de mí. Todos sus secretos serán revelados. Nuestros secretos... de los dos.

— ¡Basta! —Al fin pude decir algo y de inmediato empecé a llorar —Ya puedes parar, ¿Acaso no te es suficiente?

La vista se nubló y esta vez de forma rápida volví a la realidad, en el infierno.

— ¿Contento? —Tenía los ojos cristalizados.

—No esperaba que esto te hiciera sentir tan mal. Es mejor de lo que creía.

— ¿Q-Qué?

¿Qué es lo que quiere lograr?

A medida que se acercaba, yo retrocedía.

—Sólo quiero tu lealtad, bonita.

Señaló con los ojos detrás de mí, y haciéndole caso también miré, para luego encontrarme con un gran pozo sin fondo con el que podría quizá morir por la caída.

—En... verdad estás loco.

Volvió a reír. Qué increíble sentido del humor que tiene.

—Así que de esta forma planeas acabar conmigo.

—Por favor Grace ¿Cuántas veces te eh dicho que no quiero matarte? Además, si deseo tu lealtad no la voy a conseguir matándote y encerrándote en el infierno... Aunque podría ser una buena idea.

— ¡Oye!

—Mejor iré al punto; te mostraré lo que tu noviecito está cometiendo en este instante, para que te des cuenta del verdadero animal repugnante que es.

Peter no es mi novio… todavía. Y aun así, ¿Qué podría estar haciendo Peter que fuese tan malo?

—Oh Grace, lo que ni en tus sueños podrías imaginar.

Dudé, pero si mirando aquello él me dejaría al menos un poco en paz; lo haría.

—De acuerdo... muéstramelo —Acepté.

— ¿Segura? Debo de advertirte que hay una condición.

— ¿Qué cosa no las tiene?

—Primero que todo, una vez al verlo yo no seré culpable de lo que le pase a tu alma... puede que aquel sentimiento de furia arrastrará a tu alma a la oscuridad. Y yo no tendré nada que ver sobre lo que le quieras hacerle, ¿Sí?

—Sí... ¿Y lo otro?

—Y lo otro es que... espera, no hay otra cosa.

—Bien... ahora empecemos —Sacudí las manos impaciente.

—Nunca vi a alguien tan apresurado por caerse al vacío. Ahora sólo mira al pozo.

Le obedecí, y de un parpadeo ese llenó con un extraño líquido verde

—No quiero que te desquites conmigo, así que me iré por un momento. Prometo que cuando termines de ver la película regresaré.

Me guiñó un ojo

—Ponte cómoda.

—Ok...

Miré nuevamente al pozo. En verdad no creo que Peter sea capaz de hacer algo tan grave.

Una vez lista, me concentré al máximo en aquel pozo.

Pasaron unos segundos y comencé a escuchar una mezcla de sonidos extraños. Intenté agudizar mi oído y los sonidos se convirtieron en voces, pero no cualquier voz, sino en gemidos.

En el líquido verde aparecieron dos personas moviéndose, pegadas. En un principio no podía ver de quiénes se trataba o incluso qué estaban haciendo; pero luego la imagen se me hizo más clara... todo se me hizo más claro aún.

Mi corazón se aceleró y mis mejillas se ruborizaron del enojo y la vergüenza.

Peter y... Anelis. Esto no puede... no puede estar pasando. No puedo estar viendo esto

Me sentí obligada a apartarme y dejar de ver lo que estaban haciendo.

No podía creerlo ¿Desaparezco unas horas y Anelis ya se adueña de la situación? La rabia y los celos pudieron conmigo, quería llegar allí y separarlos, hacer que se detengan, lo que sea…

Me agaché y abracé mis piernas por la desesperación, y solitaria volví a llorar.

No tenía idea, no sabía que Peter también amaba a Anelis… debí ser un estorbo para el todo este tiempo. Debí ser… soy una inútil. Y lo soy más por sentirme tan destruida por echar un vistazo a lo que dijo Lucifer, a pesar de haberme advertido.

Sentía algo similar como una apuñalada en mi espalda, pero peor aún era el sentimiento de impotencia. No podía reclamarle a Peter por lo que está haciendo, no somos nada. Fui tan tonta al pensar que algún día podríamos estar juntos. Pero no soy la única que pensaba de esa forma. Y ahora lo veo.

Dejé de resistirme a la soledad, a un futuro que nunca pasará. Y poco a poco permití que la oscuridad me persuadiera. Me veo tan triste. Tan… patética.

Hice un puño con mi palma y desee dárselo por la cara a Anelis. Ella no tenía la culpa de amar a la misma persona que yo, pero así están las cosas.

Suspiré, cuántas cosas cambian en un abrir y cerrar de ojos.

Quería hacer algo. Lo que sea. Los celos me carcomían de a poco, y la furia no ayudaba en nada. Quería gritar, llorar, pero no sólo eso, sino algo más.

Mi corazón se había partido en millones de pedazos, sin dejar que se pueda reconstruir.

….Nada de esto hubiese pasado si esas lo que hacían habría permanecido clandestino. Oculto bajo la luz y las sombras.

CAPITULO 36

TODO LO QUE QUIERO

"(…) Si fallas ya estás perdida,

una marioneta sin tira,

las manos perdiste

y al final te fuiste (…)"

(Baila, bailarina)

Anelis…

Los días transcurrieron normalmente, y aquello era lo más extraño después de todo lo que sucedió.

Extraño mucho a Grace, tanto de lo que jamás me pude imaginar; y sí, me duelen todas las cosas que pasaron; pero lo que más lamento es no haber hecho nada para impedirlo o intentar hacerlo.

A medida que pasaba el tiempo los estudiantes parecían olvidarse totalmente de ella. Primero empezaban los que alguna vez la vieron deambulando por los pasillos, luego los compañeros con los cuales nunca habló, siguiendo con las personas que se relacionaba de vez en cuando, hasta llegar a sus amigos.

Temo olvidar a Grace, conservar sus recuerdos es lo único que puedo hacer ahora. Así que me esforzaré para no olvidarla. Porque si esto sigue así... terminarán borrando todo rastro de su existencia... aunque, quizá también borrarán el dolor que nos provoca el que ya no estuviera aquí.

Creo que estos efectos son obra de los profesores, de seguro algo muy grave le sucedió y por esa razón deciden deshacerse de todas las pistas posibles.

No quiero olvidarme de ella, a pesar de todo, temo hacerlo. Pero... la noche en la que no podía sacarme de la cabeza a Grace fue cuando sucedió mi derrota.

Fue como estar en trance. Sin dolor, parece ser rápido pero en realidad no se puede confirmar el tiempo que estuve ausente, atrapada en mi propia mente; sin esperanza alguna de poder luchar contra el dolor y la pena que me invadían.

No sé si solamente borré a Grace de mi cabeza, o recuerdos conectados con ella se vieron perjudicados, incluyendo quizá mis recuerdos hacia diferentes personas o también sentimientos...

Nunca sabré si en verdad rendirme estuvo bien. Nunca lo sabré porque pronto... pronto sólo olvidaré todo esto... todos estos pensamientos absurdos que me taladran continuamente la cabeza. En unos segundos me olvidaré de Grace Shawin.

Grace… Lo siento.

Mi rutina diaria ya era muy molesta: Estudiar, leer, investigar... Lo único que quiero es pasar tiempo con Daisy y Nick, además de mi novio Peter.

Fue todo muy confuso, pero hace unos días me pidió salir juntos. En realidad en diversas ocasiones nos habíamos besado, pero nunca afirmó que éramos novios hasta entonces

Sólo pensar en él me da cosquillas en el estómago. Aunque me siento un poco culpable por Nick; sin embargo lo nuestro ya era cosa del pasado.

Estos días noté que a Peter le sucede algo extraño, su comportamiento es inusual. Como si estuviera tratando con algo muy difícil para todos de entender y la carga está sólo en sus hombros. Tal vez el provocante fuese su reciente transformación como demonio.

Como su novia, lo ayudo a ocultar el secreto e intentar calmarlo con algo de mi sangre, aunque no le basta sólo con eso. Los demonios son muy tentadores y quisquillosos, por esa razón buscan obtener todo lo que desean y nunca se conforman hasta lograrlo.

Pero, por más que nos pasemos de la raya en diversas ocasiones, por alguna razón, sigo sin bastarle y eso no evita que me deprima. A veces pienso que sólo me pidió ser su novia para ocultar su secreto. Espero que no se trate de eso, pero siempre me hace dudar acerca de todo.

Lucifer…

Grace estuvo muy entusiasta la mayor parte del tiempo. No puede negarse a estar pendiente de mí, y sonreír por mi presencia. No rechaza hacer nada que yo no quiera.

Desde su "vistazo con Peter" está totalmente derrumbada por dentro; aunque, bueno, me gusta eso, el que fuera totalmente manipulable y sumisa a mí. Ya no me tiene miedo.

Al parecer las cosas van como quiero. Aunque, después de todo, ella tendría que agradecerme por desviarla de su destino, si ella sabría cómo terminan las cosas en realidad, ni el más sabio de todo el infierno querría seguir forjándolo.

Sé que soy muy feliz ahora, algo que ni mis plebeyos se hubieran imaginado, pero también entiendo que este extraño y dichoso sentimiento no seguirá constante. Comprendo que hay que actuar muy pronto para poder continuar con esta obra de teatro.

—Sólo aguanta, pequeña Grace.

Esta vez los villanos no acabarán perdiendo. Así que es hora de que se aten al suelo, porque luego todo se pondrá de cabeza.

Verla dormir tan plácidamente en su cama... sólo me pone todavía más ansioso para ver lo que está a punto de empezar. Las cosas están yendo exactamente como quiero que pasen, a mi merced.

—Ay Grace, Grace, no creo que mañana quieras despertar. Aquí en el infierno no decimos "buenos días".

CAPITULO 37

CAMBIO DE MANDOS

"(…) ¡Baila, baila, Bailarina,

no te detengas!

¡Gira, gira, Bailarina

por la ruleta de la vida!"

(Baila, Bailarina)

Grace…

Todavía veía borroso cuando abrí los ojos, pero sí puedo asegurar que oí la voz de Satán, susurrándome de manera precavida y agitada.

—Debíamos irnos lo más pronto posible.

Me dejó tiempo para vestirme en su habitación elegante y bien adornada, con toques góticos y muebles con oro.

Apenas al acabar de ponerme la ropa, apareció en la habitación con forma de neblina y me tomó del brazo. Ya estaba totalmente acostumbrada a que hiciera aquello. De repente aparecimos en otro lugar. Un bosque quizá, pero este me resultaba muy familiar.

— ¿No me explicarás qué sucede? —Le pregunté de forma juguetona, intentando coquetearle. Resultaba atrayente la idea de emparejarme con Lucifer, la maldad en vida, la tentación, el deseo dominante, lo prohibido… Si Peter está con Anelis ahora, yo también tengo el derecho de estar con quien yo quiera, fuera o no Lucifer.

—Tomará tiempo explicarte... —Bajó la mirada, recorriendo todo mi cuerpo. El vestido negro de seda que me regaló podía darle una figura nunca antes vista a mi cuerpo. Debería de usar mucho más a menudo este tipo de ropa favorecedora en vez del típico uniforme de la academia.

— ¿Crees que no podré entenderlo? —Le seguí el juego.

—Lo dejo a tu criterio —Sonrió y me miró directamente a los ojos. Me quedé embobada viendo aquellos ojos bordo. Daba la sensación que, con tan sólo echarles un vistazo te introducirían en un hoyo profundo de adrenalina y lujuria.

— ¿Al menos puedes decirme para qué vinimos a este lugar?

—Es mejor que lo compruebes por ti misma a través de la acción.

—Eso suena excitante —Reí.

Sonrió, de forma que su comisura derecha se elevó un poco más.

—Te aseguro que lo será.

Se movió rápidamente y me empujó contra un árbol; dándome besos en el cuello, lo que me provocó gemir por el imprevisto aviso.

—De acuerdo.

Mientras hablaba reía, su lengua en mi piel me provocaba muchas cosquillas e impedía concentrarme en lo que fuera que dijese. Me pregunto si lo hace apropósito.

— ¿Esto es como una clase de cita? ¿O es otro jueguito tuyo?

—Erraste en todas —Me besó.

—Um —Una absurda idea llegó a mi mente, sabía con claridad que ya no nos encontrábamos en el infierno, por lo que Lucifer no podía leer mi mente, así que la dije de todos modos — ¿Me irás a violar?

Reí a carcajadas, esperando a que hiciera lo mismo.

—Casi.

— ¿Es eso verdad?

Miró hacia el suelo —Realmente me gustará hacerte esto.

—Espera, ¿De qué estás hablando, Lucifer?

Mi corazón empezó a palpitar con fuerza, quizá esté malentendiendo las cosas, pero su presencia me hace sentir cosas que nunca habría creído.

—Calla y lo sabrás.

Se acercó lo suficientemente a mi como para sentir su respiración chocando contra mi cuerpo, provocando aquella chispa de electricidad, pero no era lo suficientemente profunda. Aun podía recordar lo que un solo roce con Peter me hacía sentir.

Me puse tensa ante el contacto de nuestras pieles, una que no es la que realmente deseaba, y cerré los ojos, cediendo a cualquier cosa que pudiese pensar en hacerme.

Aunque, al hacerlo, él realizó lo que menos impensable en el mundo: mordió mi cuello. Pero no aquel tipo de mordidas superficiales, sino una en donde Lucifer introduje sus dientes dentro de mi piel.

Desde luego que grité y una que otra lágrima salió de mis ojos, resbalándose por las mejillas a medida que bajaban. Nunca imaginé que él me hiciera algo así. Siempre tuvo acceso a todo lo que yo pensaba, pero yo nunca supe con exactitud lo que él creía de mí. Dolió como el infierno, y la presión no ayudó en nada. Sus colmillos se hicieron más grandes, escavando aún más profundo.

—Lu... Lucifer... ¿Por... por qué? —Lloré con más fuerzas.

Él seguía mordiendo y clavando sus dientes, me sentía traicionada y frustrada. Pero cómo no esperar una jugada tan sucia como esta de Satanás.

Una sensación de escalofrío recorrió por todo mi cuerpo, advirtiéndome que algo malo estaba pasando, y lo comprendí de inmediato. Me estaba transformando.

Escuché a Satán lamer sus labios con la lengua y dijo tranquilamente:

—Grace, es hora de la guerra.

¿Eh?

Tuve una sensación extraña, estaba débil, realmente sin energías. Pero a pesar de mi humor tan confuso, al oír el tintineo de su voz, sonreí, casi sin darme cuenta. Me sentía encerrada dentro de mi propio cuerpo ¿esto era normal? Quería gritar, pero el eco resonó sólo dentro de mi propia mente.

Daisy…

De madrugada desperté, cuando oí las campanas de alerta llamándonos a todos y cada uno para prepararnos a atacar.

Hace días que noto a la atmósfera de la academia muy inquieta, esperando a que pasara algo.

No soy la única confundida, pero camine junto a la multitud de estudiantes hacia el cuartel de ataque, donde todos estaríamos esperando en nuestros puestos a que nos den las órdenes para atacar.

Tan sólo pensar en eso me entró enormes ganas de vomitar. No sabía lo nerviosa que estaba hasta que miré las palmas de mis manos, sudando. Quería huir, sumergida en pánico, no quiero salir al campo de batalla. Estamos en guerra y no estoy lista para pelear, ni siquiera sé qué tendría que hacer. A penas llevamos meses entrenando, y lo normal son años.

Me asusta la idea de salir de la escuela donde me han estado protegiendo para luego, simplemente morir... ¿Qué pasa si muero? Si muero... ¿Habré dejado alguna marca en el mundo sobre mi existencia? ¿Habré significado algo? ¿Cambiará algo con mi falta? Si muero... ¿Alguien me extrañará? ¿Alguien me espera al volver de la guerra? Todavía no puedo responder a todas estas preguntas, lo que significa... significa que no puedo dejar que me maten ¡No voy a morir! Todavía no estoy lista para hacerlo... no... No quiero morir.

Como cantora, mi rol en la guerra es cantar. Soy una de las escalas más indefensas, no puedo hacer mucho al respecto para ayudar. A pesar de mi inexperiencia, tengo… tengo que dar lo máximo de mí para al menos ser útil.

Esta es mi primera misión.

Cuando todos completamente llegamos al cuartel, tomamos nuestras armas y nos encaminamos hacia el exterior para hacer frente al enemigo.

Todos en nuestras posiciones, con el enemigo a la mira. Nerviosos y ansiosos por lo que pasaría en este día. En unos instantes nos cedieron un equipo, y nos ordenaron pararnos en forma de hileras horizontales y largas, como cualquier soldado en una guerra

En el medio de un pacífico bosque asomaba la desesperación, hasta que el estruendo de una bala hizo eco en su corazón.

CAPITULO 38

NUBE ROJA

"Lo siento, no sé por qué

Me duelen las acciones que hago,

Lo siento, no es mi intención hacerlo

Y aun así sigo (…)"

(Lo siento al dolor)

Y finalmente la guerra inició.

Al escuchar el primer disparo comenzamos a correr y correr sin parar, como si de correr se tratara nuestra vida, aunque al llegar hasta los demonios (No sé si también mis compañeros lo hicieron) me paralicé y me entraron náuseas, en verdad no sabía qué tenía que hacer. Hasta que escuché a alguien gritar mi nombre, y al darme vuelta vi que se trataba de mi grupo de lucha.

— ¡Daisy! ¡Ven ahora mismo con nosotros si no quieres morir!

Me había apartado de ellos y salí corriendo sola por culpa del pánico.

Le obedecí y fui agitada hacia ellos.

Por sus uniformes deduje que hay cuatro alquimistas aprendices, y cada una con su respecto rezador asignado, así que en este grupo también hay cuatro rezadores potenciales.

Luego están los cantores, hay seis cantores secundarios (También incluyéndome a mí).

Luego se encuentra un rastreador principiante y otro rastreador experimentado, ellos nos ayudan diciéndonos cómo acabar con los seres y también pelean con su arma en ocasiones de extrema necesidad.

Para agregar, los exterminadores atacan solos o algunos en grupos conformados sólo entre ellos.

Mientras que los videntes están en los grupos de alto nivel, es decir, grupos integrados por "ramas mayores", sin importar que se traten de videntes de ramas menores, ya que los videntes son muy valiosos.

Y sobre los sacerdotes, como todo sucedió tan rápido, sólo tenemos a cinco, y estos se encuentran siendo protegidos por los profesores, que son también los de mayor potencial.

Los demás están en camino. Seguramente pidieron a muchos refuerzos. Nadie sabía que se avecinaba una guerra y surgiría e este momento. Estando entre mi grupo me siento mucho más protegida. O eso creía. Mi calma se desmoronó al ver por primera vez a un demonio en persona, vivo de carne y hueso... bueno, sobre eso último no estoy muy segura.

Ellos tenían ojos rojos, colmillos largos muy largos, piel seca y arrugada, tenía un ojo colgando libremente en su piel, se parecía como los espeluznantes y terroríficos vampiros y zombies machucados de las películas. Su voz es ronca y gruesa, lo atemorizante es que estaba diciendo repetidas veces unas palabras que antes me eran incomprensibles, seguramente en una lengua muerta.

"Habemus autem finis apud quod autem quod rerum carissimi autem quod elected"

— ¿Qué... qué están diciendo?

Escuché a un rastreador tragar saliva.

—Creo que dice: "Hemos de acabar con la existencia de los seres amados de la elegida". Pero no lo sé con exactitud.

Algo dentro de mí se sacudió al escuchar esas palabras, no sé qué es pero me inquieta.

Antes de que aquel demonio se mueva, un rezador le lanzó un talismán para darnos tiempo a recapacitar mientras el demonio estuviese aún inmóvil.

Entonces una chica alquimista se apresuró y le arrojó una poción a aquel demonio, exorcizándolo para que se desvaneciera en una amplia nube de humo.

Me aterra el propósito de aquellos seres.

Antes de que mis compañeros me dijesen algo de nuevo, me apresuré y seguí corriendo junto a ellos, arrasando a todos los demonios y espíritus que encontrábamos.

El campo de batalla se había tornado gris por el humo que liberan los seres al ser exorcizados. Una vez que aquel vapor se fuera y lográramos ver con claridad, nos horrorizamos con lo que nos rodeaba.

Rojo, sangre, rojo puro, cada vez más gritos y fuertes que antes, junto con los llantos. Lo más extraño es que antes no se escuchaban tan fuerte aquellos chillidos, habíamos creído que se trataban por el miedo a aquellas espantosas criaturas. Pero por lo comprobado, no es así.

Sentía de nuevo las ansias de vomitar, y la idea de terminar como las personas a nuestro alrededor acabaron conmigo. Por el humo pensábamos que nos faltaban pocos demonios por derrotar, algo erróneo.

Empecé a llorar sin ninguna razón. Gente a la que alguna vez había visto, con la que había hablado... compañeros, amigos, personas que alguna vez había compartido algo, una risa, lágrimas, sentimientos... ya no están.

Mirara hacia donde mirara habían cuerpos tirados en el suelo, en el césped, en la tierra, en el fango.

Mi equipo dejó de atacar y se quedaron inmóviles. Alcanzamos a ver las últimas expresiones de aquellas personas implorando piedad..., y lo peor de todo es que no hicimos nada a cambio para salvarlos.

Los demonios nos están derrotando, nos están venciendo en esta guerra que creíamos poder acabar nosotros como vencedores. El mundo está podrido en su interior, y si los demonios ganan esto se verá físicamente.

— ¿Acaso no hay nada que podamos hacer?

Al finalizar aquella frase sentí que algo dentro de mí se rompió, y caí rendida al piso, arrodillada sin más, y vacía, sin sentido de vida.

Mi llanto se vio opacado por la lluvia.

Respiré profundo para intentar calmarme, y en vez de oler la humedad de la tierra, el olor a sangre era más profundo. Mi corazón no paraba de palpitar muy fuerte. Sentía que en cualquier momento se saldría de mi pecho.

El miedo atenta con apoderarse totalmente de mi cuerpo, y siento que ya lo está logrando, mis piernas tiemblan tanto como si en cualquier instante me llegara a caer... tal vez caer en un vacío sin fin, sin que nadie me pueda otorgar ayuda alguna.

Mi pánico se detuvo y volví a la macabra realidad cuando oí a una de mis compañeras vomitar. Al parecer no soy la única afectada hasta el borde del extremo, porque otras también estaban llorando en pleno shock.

Sólo quiero escapar, apartar mi vista del sufrimiento y la sangre. No importa a dónde mire, todo estaba pintado de un rojo carmesí.

Estaba aún sumergida en mis pensamientos cuando sentí un empujón. Corrí y seguí corriendo como mis aliados me ordenaron luego de ver a aquella desprevenida criatura sedienta de sangre. Y seguí corriendo sin importar nada, sin importar que aquellas personas que me gritaron correr se hallen ahora mismo muertas.

Ojalá alguien haya logrado escapar. Aunque en este lugar ya no se puede estar a salvo.

El viento en mi rostro se hacía cada vez más pesado a medida que avanzaba hacia ninguna parte. El sudor me bañaba completamente, además de las lágrimas en todo mi rostro.

No tengo idea sobre si algún monstruo me está cazando, pero no me quiero arriesgar a mirar hacia atrás. Estoy aterrorizada. Sólo quiero a alguien que me ayude... ayuda... No puedo seguir corriendo más, no puedo continuar y creo... creo que ya no deseo hacerlo.

Al frenar casi caigo al suelo por el agotamiento tanto físico como emocional, y me escondí detrás de un gran y amplio árbol a una distancia segura. Intento quedarme unos minutos en silencio para lograr oír a mi alrededor. Me alegro que este árbol fuera grande como para ocultar me cuerpo, pero también sé que el escondite no durará por bastante tiempo más.

Me quedo por más tiempo en silencio, cambiando mi respiración pesada a una más calmada. Logré escuchar a demonios detrás de mí, detrás del árbol que nos separa por un lapso de segundos.

Me mordí el labio, ya es hora de enfrentarme a ellos. Ahora o nunca. Ya no hay vuelta atrás. Aunque quisiera que se tratara de un sueño, o más bien una pesadilla.

Siempre me mantuve detrás de todos protegiéndome a mí misma y saliendo de allí cuando veía que era seguro. Me cubría detrás de Anelis, de Peter y hasta de Nick... Pero ya no pueden seguir manteniéndome por siempre. Necesito actuar ya, en este instante.

Tengo que tirar todo a la basura y simplemente seguir adelante, fortaleciéndome más, aunque nunca pensé en aquella idea. Tengo que adaptarme para poder sobrevivir. Aunque duela en lo profundo de mi pecho, debo afrontarlo.

Salí torpemente del gran árbol y con el arma que el rastreador de mi equipo me dio podré defenderme. Conjunto a mi grito y el sonido mudo del movimiento de mi brazo, sentí que me arranqué un gran peso de encima, pero era un peso con el que aprendí a vivir toda mi vida, y con el que no sabría cómo vivir sin este.

Todavía encerrada en mis recuerdos, seguí corriendo, apuñalando a todos aquellos odiosos demonios. Empuñando el cuchillo plateado con mango negro y bañado de agua bendita.

Una vez que terminé con los monstruos que me atormentaban, me dejé caer al piso junto con el arma en mis manos. No sé cómo me siento o cómo debo de hacerlo luego de acabar yo sola con los monstruos.

Creo... creo que me siento vacía, como si me faltara algo en el interior.

Hay vacíos que nunca se olvidan. No quiero seguir sufriendo. Y si llego a salir viva luego de toda esta masacre, voy a fortalecerme cada día por el resto de mi vida.

Ya no soy la misma chica indefensa de antes. Aunque el llanto, dolor y miedo me carcoman por dentro. Sé que me siento insegura, pero voy a sentirme segura luego de posicionar mi pie delante del otro, y así podré caminar totalmente en paz.

—Me acostumbraré.

Pensé, intentando en verdad creérmelo, y esbocé una sonrisa, un tanto forzada con cientos de lágrimas que no pude retener. Fue la última sonrisa mimada y estúpida.

CAPITULO 39

SIN VENTAJA

"(…) No es mi intención,

No quiero hacerlo,

No sé por qué lo hago

Y continúo cayendo (…)"

(Lo siento al dolor)

Luego de cumplir mi cometido y derrotar a los demonios, pensé que lo más indicado sería volver al campo de batalla. Quizá me encuentre a una que otra criatura más en el camino, pero sin dudarlo un segundo acabaré con ella.

Aunque lo más probable sea que ya no haya nadie en el campo de guerra, ya que pudieron haber hecho como yo, que me desvié del camino hacia el centro del bosque, donde hay muchos más árboles que en aquella zona despejada

En este momento en vez de estar nerviosa y llena de miedo, me siento totalmente ansiosa, aunque no puedo evitar que mis manos me suden.

No sé cuál de los dos seres que vi son más terroríficos, los demonios o los espíritus; aunque también estoy consciente de que existen más Criaturas del Averno rondando en la tierra.

No me detuve en mi objetivo ni un momento, hasta que finalmente llegué al sitio indicado. Volví a ver sangre en el todo el suelo, a mis compañeros con sus cadáveres, al silencio espeluznante y alarmador, como si te advirtiera que hay peligro en cualquier parte y ellos acabarán contigo.

Pero... ahora ya no temo al igual que antes. Ahora sé que puedo defenderme y esta vez yo aniquilarlos a ellos. Permití que una sonrisa traviesa repleta de sentimientos mezclados aparezca. Y luego una risa despreocupada de todo el mundo.

Dejé de disfrutar de mi momento cuando oí a alguien pronunciar mi nombre. Me voltee rápidamente al percatarme de que aquella voz provenía detrás de mí. Y con extrema agilidad coloqué el cuchillo en su cuello sin presionar demasiado.

Luego, antes de cometer el siguiente acto de exterminar, miré el rostro de la supuesta víctima y me detuve al observar quién era.

—D-Daisy... ¿Qué está haciendo?

Aquella persona, castaña, esbelta y de ojos café profundos, me miraba con ojos aterrorizados y asustados. Y en sus ojos observaba mi maníaco reflejo.

—Anelis... lo... lo siento —Solté el cuchillo ante la desesperación. No me di cuenta hasta qué punto había disfrutado el acabar con esos monstruos, y ella lo veía a la perfección a través de mis ojos. Esos de un color verde que gritaban ansiando por más.

Anelis…

No se me ocurre qué le pudo haber sucedido a Daisy como para terminar en aquel estado atroz. Quería abrazarla y reconfortarla, llorar junto a ella, pero en el fondo logró atemorizarme. La vi destruida, sin una razón clara de vida. No comprendo cómo es que una persona puede cambiar tanto en un lapso de segundos, gritando por sobrevivir.

Miré a mi alrededor, al paisaje cubierto de sangre y órganos por doquier, como si hubiesen jugado con ellos y luego tirado. Intentando encontrar a alguien con la mirada, cualquier rastro de movimiento para estar alerta.

Daisy continuaba mirando hacia el piso, a su cuchillo cubierto con un extraño líquido y polvo que no sabría describir.

—Y... ¿Dónde está tu grupo?

Esta vez habló con un tono normal, pero todavía aguantando las lágrimas.

—Quiero decir... ¿Qué les sucedió? Porque... no los veo por ninguna parte.

Tragué saliva. Es difícil recordar luego de tan traumante situación. No podría salvarse del tormento que le espera.

—Bueno... habíamos exorcizando demonios y espíritus. Pero... luego en nuestro camino se cruzó... simplemente se cruzó otro extraño ser —Resalté la palabra "simplemente".

Me refiero a que... ¡Que si nosotros no hubiéramos caminado hacia aquella dirección ellos estarían vivos! Aquella criatura los mató sólo por diversión. No le importaba sus vidas, los mató porque casualmente nos atravesamos en su camino.

Comencé a llorar.

—Nunca había visto a algo como eso. Fue como… si asesinar sería su juego favorito, y no le molesta en absoluto tener que hacerlo.

En mi mente se reprodujo las palabras de aquel ser antes de aniquilar a mis compañeros. Mirándonos con sus ojos bordo.

"Qué divertido."

—Yo… yo pude llegar hasta aquí porque se me había acercado... y me paralicé... no tenía la menor idea de qué hacer. Tenía miedo y sentía que las piernas me fallaban... así que sólo me quedé allí, inmóvil.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, me mordió la oreja y dijo "Y ahora, corre" Sin pensarlo dos veces, lo hice. Corrí hasta no dar más. Entonces luego te vi y seguí corriendo.

Daisy tenía los ojos llorosos. Al igual que yo, estaba a punto de llorar. Me abrazó y me mantuvo en sus brazos. Y una vez más, lloré.

—Qué curioso —Dejé que mis pensamientos hablen esta vez por mí —Antes yo era la que te mantenía y consolaba.

—Es verdad... bueno, creo que a veces hay que dejar de seguir la misma rutina de siempre y cambiar un poco.

Asentí, y enseguida nos separamos al escuchar pasos ligeros aproximarse a nosotras. Daisy tomó nuevamente su cuchillo y yo mis pociones, para estar preparadas para cualquier circunstancia.

Peter…

Estábamos escapando de un demonio, necesitábamos encontrar cualquier zona descubierta para acabarlo, pero en un bosque no creo que resulte tan fácil hallar un lugar así. Hasta que luego recordé al campo de batalla. Tendríamos que seguir corriendo y dirigirnos lo más antes posible allí. Y de no ser así estaríamos muertos por aquel demonio.

— ¿Cuál es tu plan? —Me gritó Nick ya agitado.

— ¡Tenemos que seguir corriendo hacia el norte!

— ¿Qué? ¿Estás bromeando? ¡Yo decidí ser un rastreador para no tener que moverme tanto! ¡No hago ejercicio! ¿Entiendes? ¡No podré sobrevivir más! ¡Me muero, me voy a rendir!

Lo vi parar por un breve instante, hasta que lo agarré de la manga para arrastrarlo conmigo y seguir corriendo.

— ¿Qué te crees que haces hermano?

— ¡Salvándote la vida! —Señalé hacia adelante, en un lugar donde escapaban rayos de luz — ¡Mira allí!

— ¡Estoy salvado! —Rió y corrió todavía más rápido para llegar lo más antes posible. Esta vez él me llevaba arrastrando.

Una vez que llegamos a nuestro destino, él saltó y se tiró al suelo.

— ¡Estoy vivo! —Gritó desbordando de alegría.

—No por mucho tiempo —Advertí, mirando hacia el demonio, que estaba trepado en un árbol, listo para saltarnos encima en cualquier momento — ¡Nick, dime cómo matarlo!

— ¿Eh? Ah... este... espera un minuto.

— ¡Nick, apúrate!

El demonio saltó sobre mí y yo me protegí con mi espada.

— ¡Déjame pensar!

Todavía estando sobre mi espada, abrió tan grande la boca que podía ver la variedad de dientes filosos que tenía, y con esa misma boca partió en dos a la espada.

—Y era mi favorita...

Con sus terribles garras me tiró al piso, logrando desgarrarme la ropa. Y rápido, con una gran rama que enseguida agarré del suelo, la puse frente a mí y este la mordió. Aquello me dejó tiempo para poder apenas levantarme.

— ¡Ya lo sé, el corte de un arma de metal cubierta con fuego!

— ¿Qué rayos...? Ya no importa

— ¿Qué? ¿Por qué no?

—La mochila con la armas...

Ambos la miramos y contemplamos cómo aquel demonio la destrozaba con todo su contenido.

—Estamos perdidos... nunca pensé que moriría tan rápido.

Escuchamos pasos veloces aproximarse. Para ver a Daisy y Anelis.

— ¿Qué creen que hacen? ¡Corran!

—Estoy cansada de huir.

Daisy ágilmente se dirigió hacia la bestia y empuñó la daga cubierta de fuego que sostenía hacia esta.

Tuvo que retroceder varias veces por el hecho que no está entrenada, pero luego, finalmente en un movimiento de extrema desesperación, le dio a la bestia.

— ¡Daisy, Anelis! ¿Se encuentran bien? —No dudé dos veces y me acerqué a ellas.

—Sí... ¿Daisy, tú estás bien? —Anelis se veía preocupada.

La peli rubia asintió.

—Sólo tengo algunos rasguños, pero no es nada de qué preocuparse.

—De acuerdo...

Se abrazaron.

— Wow ¿Daisy, dónde aprendiste a hacer eso? —Nick se anos acercó.

—Um, creo que sólo fue instinto. Aunque, cierto exterminador entrenado no tiene las agallas de hacer algo como eso.

—Cállate. Sólo fue falta de materiales e información —Miré a Nick de forma amenazante, antes de que dijera algo más.

—Y... cuéntenos cómo llegaron ambos hasta aquí.

—Soy un exterminador novato, y a algunos se nos permite tener a un rastreador a nuestro lado, así que siempre estuve con él, aunque no sirve de mucha ayuda —Lo fulminé otra vez con la mirada.

—Sí, sí —Levantó las manos en forma de rendición —Y luego nos encontramos con aquel demonio y llegamos hasta aquí.

—Ahora díganos ustedes cómo es que obtuvieron el arma necesaria para acabar con aquel demonio.

— ¿Curioso? Los escuchamos gritar a distancia. Estábamos a un par de metros más lejos. Entonces Daisy tomó su cuchillo y yo le di una poción de fuego...

—Pero, sólo ciertas dagas resisten al fuego mágico, ¿Cómo supieron que esa lo hacía?

—No lo hace —Contestó Daisy —Tuve que usarla rápido porque el arma se estaba derritiendo —Ocultó de inmediato sus manos, pero comprendí que estaban lastimadas y que necesitan tratamiento, aunque en este momento no disponemos de nada.

—Esperen ¿Están diciendo que ya no tenemos armas? —Anelis tragó saliva —A mí me quedan pocas pociones.

—Rayos —Cerré los puños. Sin armas ni pociones no nos quedaría ninguna herramienta para defendernos.

—Correcto, rayos.

Oímos una voz venir a distancia, y luego una risa escalofriante que sacudió a todos.

CAPITULO 40

REENCUENTRO

"(…) Muriendo estoy,

Y lo sigo haciendo,

Matándote estoy

Con las palabras que siento

¿O no? (…)"

(Lo siento al dolor)

Nick…

Todos nos volteamos para ver aquellos rostros provenientes de las voces. Algunos de nosotros reflejaban curiosidad y otras furias mezcladas de inquietud.

— ¡Tú! —Gritó Anelis con enojo y los puños cerrados, dirigiendo su dolor hacia el ente de ojos bordo y una sonrisa creída

Aquella figura sólo esbozó una sonrisa con el ceño fruncido.

—No... no puede ser.

Mientras tanto, Peter miraba con unos ojos penetrantes y sombríos a la mujer al lado del hombre, y ella también. Únicamente centraba su vista en él, como si se comunicaran mentalmente, como si se tratara de un juego de no parpadear.

—Así que me recuerdas... —Finalmente habló la chica, de un largo cabello rubio oscuro. Sus ojos celestes se entornaron, e hizo una pausa para luego sonreír con apariencia mezquina —Peter.

—Nunca podría olvidarte Grace.

Continuó con la mirada desafiante y estricta. Ahora ambos se fulminaban con la mirada, como si en verdad se tratara de rayos x.

—Me alaga que no me hayas podido olvidar —La chica se cruzó de brazos —Pero, creo que ya es hora de pasar de página.

Sonrió mostrando unos hipnotizantes y grandes colmillos asomados, queriendo salir de su boca.

—Peter... ¿Quién, quién es ella? —Anelis tomó del brazo a Peter, aterrada.

— ¡Oh, Anelis! —La mujer rió a carcajadas, al parecer algo muy usual en ella.

—No estés tan estresada, o eso es lo que tú siempre solías decirme... demostrando a propósito tu "superioridad". Y demonios que eras gritona. Además de también mandona... creo... creo que hasta te detestaba, o aún peor.

— ¿Cómo sabes mi nombre? —Anelis la miró con desquicio, alarmada.

—Cierto, memoria perdida no se puede hallar —Se pasó el dedo por los labios —Por más que quieras recuperarla, en el fondo sabes que es un caso perdido.

— ¿De qué estás hablando? —Daisy no pudo ocultar el desagrado que nos provoca su sombría presencia.

—Daisy ¿Acaso no te había comido la lengua el gato? —Su risa nuevamente resonó como eco en el bosque —Y pensar que en tiempos pasados yo te aconsejaba sobre no tener miedo de ser quién eres. Al parecer sin mi presencia pudiste lograrlo muy bien solita...

Se agarró la cabeza con una mano.

— ¡Pues, qué digo! Si el demonio que mató al chico que se sacrificó por ti te dio una fuerte patada en el trasero.

—Estás muy animada, Grace —Peter seguía desafiante, como si no le asustara para nada hablar con ella, al contrario de nosotros.

— ¿Qué decir? El cambio aparentemente es bueno; además del nuevo amor —El hombre a su lado la rodeó por la cintura con un brazo.

—Quién diría que yo, la elegida, terminaría entre los brazos de Lucifer, cambiando cualquier curso de lo que fue alguna vez el destino.

— ¿Lucifer? ¿La elegida? —No pude retener la risa — ¿Soy el único que piensa que todo esto salió de una película distorsionada?

—No estoy de acuerdo, yo la llamaría "una película original" en vez de distorsionada —Interrumpió la tal "Grace" o apodada como "La elegida".

Lucifer bufó, queriendo demostrar el poco interés que le causamos.

—Luego de una buena risa llegan las lágrimas, y creo que el momento feliz se acabó —Soltó a la chica y pasó su mano por la cara, creando un ambiente de suspenso. Inmediatamente la retiró —Es hora de la cazería.

Apenas acabó de decir aquello, como obra de la nada apareció en el cielo una gran y amplia nube negra, completamente oscura.

Siguiente a ello, de la nube salieron figuras como si estuvieran volando provenientes de esa dirección. Del cielo bajaron demonios y espíritus, además de otras criaturas tanto grandes como pequeñas que nunca vi en mi poca experiencia como rastreador.

Algunas criaturas parecían que les sobresalían grandes tentáculos o huesos de sus cuerpos, además de tener muy grandes y afilados colmillos en la boca. Todas eran extremadamente aterradoras, verlas se asimilaba a que tu corazón estuviera expuesto al riesgo de ser expulsado por tu boca.

Al tiempo preciso que aquellos seres exóticos decidieron mostrarse, los cuatro comenzamos a correr. No nos arriesgaríamos a descubrir qué pasaría si nos quedáramos allí varados. Aunque confieso que sí me tuve que aguantar las ganas de quedarme quieto, observando a los nuevos individuos que parecían haber sido sacados de una leyenda urbana.

A medida que huíamos en busca de algún refugio dentro del bosque, oímos pasos acelerados y cada vez más en variedad, cercanos a nosotros. Y finalmente tuvimos que dividirnos, de nuevo.

A pesar de que nos separamos tratábamos de permanecer distanciados a poca distancia, la necesaria como para llegar a vernos a duras penas. Anelis se fue detrás de Peter, y en el otro extremo nos encontrábamos Daisy y yo.

Admito que nunca estuve tan nervioso como ahora, pero la adrenalina está corriendo por mis venas y aquello me agita y a la vez provoca una sensación escalofriantemente extravagante.

De pronto nos tuvimos que detener porque Daisy al estar tan cansada por toda la semejante catástrofe que vivió en estas últimas horas, tropezó y cayó al suelo; por muy mala suerte doblándose el tobillo.

La escuché maldecir en voz baja al percatarse del infernal dolor en aquella zona flexionada.

Como al parar notamos la presencia de aquellos horrorosos seres, no me quedó otra opción que obligarme a hacer un acto heroico y llevarla cargando en mis brazos, sí, la cargué como princesa para ser más claro.

Pero gracias a Dios que Daisy es igual de liviana como una pluma, porque al vernos las criaturas de quienes intentábamos escapar empezaron a ir más rápido hasta llegar a tan sólo un par de metro de distancia.

En verdad es lamentable el esfuerzo que hacíamos por intentar apartarnos de esos seres. Ya empecé a notar la gotas de sudor caer por toda mi frente, y espalda, como si se tratara de una catarata desmoronándose. Por una de las muy pocas veces en toda mi vida estoy asustado, y eso realmente es muy difícil de lograr, así que más les vale imaginarse la situación alarmada que estoy pasando.

Oí a Daisy toser, ya con la garganta seca por no haber comido ni bebido en vario tiempo. Es increíble cómo el cuerpo humano puede resistir las necesidades básicas en un momento desesperado.

—Nick —Sus ojos ya estaban rojos, quería llorar pero intentaba ser fuerte, aunque no lo logró.

Cambió bastante de ser una niñita maricona a una mujer madura. Sí, siempre desee que ella cambiara, pero no de esta forma, no quería que tuviera que pasar por todas estas dificultades.

—Lo... lo siento.

Peter…

Oí a mis amigos del otro extremo de los arbustos del bosque, su respiración se hacía cada vez más agitada.

Es muy angustioso estar pasando por todo esto, además de ser el único que recuerda a Grace. Ya me había dado cuenta que al tiempo en que ella fue secuestrada, por alguna extraña razón todos empezaron a olvidarla excepto yo, manteniendo al tanto y fuerte nuestros recuerdos sobre quién es ella en verdad.

Sin embargo debía de actuar como si nada hubiese pasado, porque sino empezarían a sospechar de que algo raro sucedía y seguramente pensarían que yo tenía algo que ver, mientras que no es así. Y por aquella razón tuve que adaptarme forzadamente a esta especie de realidad alterna, como si se tratara de alguna clase de mundo paralelo en donde no existe Grace.

De un pestañeo Anelis y yo aquí éramos una especie de novios, y nuestro grupo de amigos es el de siempre. Aunque Nick cada vez que nos ve a Anelis y a mi juntos se distanciaba. Y Daisy... bueno, su cambio está transcurriendo justo en este momento.

En aquel entonces no era capaz de ocultar que algo no iba bien conmigo, y por eso los demás se preocupaban por mí discretamente, aunque estaba al tanto de eso. Es que, el simple hecho de que Grace no se encontraba a mi lado… me dejaba un vacío. Entre toda las personas del mundo, era el único que la seguía manteniendo viva en mi memoria.

Y ahora esto, de la nada apareció al lado de un ser que intenta matarnos. Lo hace todavía más doloroso. Por suerte todavía logro controlar mi lado demoníaco mordiendo a Anelis, ella es la única que sabe sobre mi secreto y esa es otra razón por la cual tengo que seguir fingiendo amarla.

Cuando vi a Grace reaparecer, cada célula de mi cuerpo sintió un cosquilleo, quería correr y abrazarla, decirle que todo estaba bien. Pero no es la misma de antes, y si corro es para salvar mi vida.

A pesar de que el infierno se cruce en nuestro camino, le haré recordar quién es ella en realidad.

CAPITULO 41

DESPRECIABLE

"(…) No sé por qué lo hago

Y sigo haciendo

No es que quiero hacerlo,

Y te sigo hiriendo (…)"

(Lo siento al dolor)

Por tanto discutir conmigo mismo, me empezó a doler la cabeza de una manera intensa, como si una grúa la estuviera aplastando. No podía pensar. Entonces de un momento a otro decidí finalmente parar, detenerme y no huir más. Seguramente no serviría de nada. Pero en algún momento debíamos hacerlo.

Ya me harté de intentar escapar de la realidad, porque a pesar de que todo esté de cabeza, no me puedo quedar parado y de brazos cruzados, observando cómo transcurre el caos.

— ¡Peter! ¿Qué crees que haces? —Gritó Anelis, alarmada al percatarse de mi repentino detenimiento.

Si Anelis gritó, de seguro que Nick y Daisy también debieron de escucharla, además de Grace, quien está persiguiéndonos desde atrás a una velocidad inimaginable, aunque presiento que no corre con todas sus fuerzas y sólo juega con nosotros. De todas maneras, a este ritmo en cuestión de segundos nos alcanzaría, y nos veríamos nuevamente frente a frente.

—Anelis... tú nunca debiste de haber hablado conmigo. Nadie de todos ustedes debió de haber estado conmigo.

—Peter, pase lo que pase no es tu culpa. No tengo ni la menor idea de lo que ahora mismo está cruzando por tu mente, así que no puedo decirte lo que quieres escuchar. Pero sólo te quiero decir que...

La interrumpí —Anelis, tú... tú no lo entiendes, no lo comprenderías. Les borraron la memoria, no sé quién o cómo, pero lo hicieron y yo no soy el hombre al que en verdad amas. No deberías estar aquí conmigo.

—Peter... no, no lo comprendo.

La decepción profundizaba en sus ojos ya ardientes por la desembocadura de gruesas y dolorosas gotas de agua.

—Obviamente que no lo comprenderías, de seguro piensas que soy un demente —Miré al suelo, ya sin saber qué hacer o en qué pensar.

—Por supuesto que todos pensamos eso de ti, Peter.

Con una increíble fuerza sobrehumana, Grace me derribó en el suelo con una sola mano.

— ¡Grace!

Escupí la sangre sobre el césped.

—Hola Peter, te extrañé mucho —Esbozó una sonrisa torcida junto a una maníaca expresión.

—Ella... —Anelis comenzó a retroceder.

— ¡Anelis, corre! —Estaba totalmente alarmado.

—Ya te dije que no huiré, no te dejaré solo.

—Debes de hacerle caso al hombre que amas. O si prefieres, yo, la elegida, con mis propias manos te quitaré el último aliento de vida. Dejarás de perecer en este maldito mundo… Ahora que lo pienso, no sé si eso es algo bueno o malo.

—Estás loca.

— ¿Loca? ¡Me encanta que me digan loca! Suena exquisito —Inspiró profundo —Bueno —Colocó su dedo índice sobre la barbilla —En un rato llegará mi amado, así que mejor aprovecho y me divierto con mis presas, ¿Qué dicen?

En los ojos de Anelis invadió el temor. Nunca la vi tan aterrada como en este momento. Cuando Grace se le acercó, corrí inmediatamente, sin ningún plan para detenerla, sin embargo otra vez me tiró al piso, pero esta vez con más fuerza.

Grace, una vez al estar lo suficientemente cerca de Anelis, la agarró del cuello y elevó. Anelis comenzó a intentar toser, jadeando en el intento.

—No te asustes, dije que voy a entretenerme con mis presas, así que a ti no te mataré tan rápido, no te otorgaré ese gusto ¡Quiero hacerte sufrir! ¡Sufrir como yo lo hice! Ofrecí lo poco de cordura que contenía por tu culpa.

Si... qué bien se siente al fin poder decirlo. Maldición… estuve todos estos días ensayando exactamente lo que iba a decir cuando llegara este momento… pero ahora olvidé lo que diría. Um... no me queda otra que improvisar.

Agarró el brazo izquierdo de Anelis con toda su fuerza, enterrando sus uñas. Aquella zona empezaba a tornarse rojiza y a medida que tiraba más de este fue cambiando hasta llegar a azul. AL fin comenzó a salir grandes chorros de sangre, deslizándose hasta sus dedos.

— ¡Grace, detente por favor, sé que no quieres hacer esto! —Le agarré por la cintura.

—No, ¡Sí quiero hacerlo!

Se escuchó un crujido cuando, aun sosteniendo a Anelis, estiró una mano, y sin tocarme lanzó una luz puramente oscura, levitándome en el aire. Aunque al hacerlo soltó a Anelis.

— ¡Anelis!

La vi adolorida, retorciéndose en el suelo. Por suerte, antes al abalanzarme sobre Grace, impedí que le desprendiera el brazo del cuerpo de Anelis, pero le dislocó el hombro.

—Grace... ¿Qué te han hecho? —Le dije agonizando por estar en el aire, además de sentir cómo me ahorcaba. Pero no sólo era eso, de alguna forma estaba estrujando cuerpo por entero

—Peter, él no me hizo nada. Bueno, lo único que hizo fue hacerme comprender la basura que eres.

Empezó a apretarme cada vez más. Con dificultad tragué saliva, no puedo ni imaginarme el dolor que sufrió Grace, y no sólo físico, sino mental.

—Seguramente piensas que fue Lucifer quien me otorgó estos poderes, pero no es así. La verdad es que siempre los tuve. Siempre te he mentido, a todos. Quería decírtelo Peter, confesarte la verdad sobre mí... pero esos inútiles profesores, principalmente el director y tu primo, no me lo permitían.

— ¿…Mi primo? ¿Él qué tiene que ver en todo esto?

— ¡Todo Peter! Él es cómplice, verdugo y espectador. Junto con el Director y los demás... ellos armaron todo, y de seguro que nunca se esperaron a que sucediera algo como esto... que la Elegida se volviera en su contra.

La única arma contra el mal. La soberbia de la humanidad los segó hasta el punto en que ellos se creyeron invencibles. Oh, mi fiel amigo Peter, no existe un salvador en este reino. El único que los puede salvar de los monstruos son ustedes mismos, pero decidieron mantener sus manos limpias y mandar a alguien más a hacer el trabajo duro, embobándolo con puras mentiras disfrazadas de verdades, sobre que yo era la única elegida que podía salvar al mundo.

las personas tienen la culpa de haberme convertido en el monstruo que soy ahora. Su error fue confiar en mí, y el mío fue confiarme en sus mentiras. Yo... llevaba mucha carga pesada en los hombros... no resistía tener al mundo en mi espalda, todos creían en mí, todos esperaban lo mejor de mi... no pude con esa responsabilidad... y caí, entonces nadie supo cómo levantarme en excepción del mismísimo Diablo.

—Grace...

Ella comenzó a reír de nuevo con ironía.

—Grace, Grace y Grace, eso es lo único que sabes decir ¡Vamos, di alguna otra cosa!

—Yo... te necesito, Grace. No tienes que sufrir sola.

—Yo también Peter. Te necesitaba. Y en verdad te amaba con todo mi ser —Comenzó repentinamente a llorar — ¡Pero me engañaste! ¡Me traicionaste con ella mientras yo me encontraba encerrada allí abajo! Peter te amé como a nadie nunca, y no creo poder amar a nadie más de esa forma, pero lo que me hiciste no tiene perdón. Te aprovechaste, y supiste hacerlo.

Y lo peor de todo es que en realidad no puedo enfadarme contigo, no soy nada para ti, no somos nada. No tengo el derecho de reclamarte por estar con otro que no sea yo. Entonces decidí enojarme con el mundo

—Grace, lo estás malentendiendo. Yo no quise hacerlo, en realidad fue...

Me interrumpió.

—Sólo, Cállate, es mi turno de explicar las cosas.

Me soltó para aterrizar en el suelo y corrió ligeramente hacia mí, pero detuve con esfuerzo su golpe.

— ¡Yo soy Grace Shawin, la elegida para acabar contra el mal!

Empecé esta vez a atacarla yo y ella a defender.

— ¡Confinada a someterme a trabajos forzosos con el fin de ejercitarme y fortalecerme cada día!

Cambiamos otra vez de técnica.

— ¡Para ser luego abandonada y desechada por las personas que más amaba!

Me empujó y luego saltó lo bastante alto como para luego golpearme con su codo, en la cabeza, provocando que sangre en aquella zona.

— ¡Y luego... y luego enviada al infierno para refregarse en su merced hasta consumirse totalmente por su propia oscuridad!

— ¡No, detente!

En un movimiento rápido agarré su brazo, y luego aun sujetándola, me moví por detrás de ella y la besé, uniendo por unos largas segundos nuestros labios. Esperaba a que se ruborizara como solía hacer siempre, pero no percibí ningún rastro de calor. En cambio se quedó enmudecida, mirando hacia el suelo.

—Te extraño.

Un zumbido se escuchó hacia nuestro oeste, miramos y se trataba de Lucifer. No sé cuánto tiempo estuvo allí mirándonos, quizá desde el principio, pero recién ahora se hizo notar presente.

La sonrisa retorcida volvió a consumirse en el rostro de Grace.

—No logro comprender si lamentaré esto —Una última lágrima resbaló por su mejilla.

Miré hacia abajo y en su mano se hallaba otra vez aquella luz oscura, la representación de su poder.

Por alguna razón no me podía mover, no sé si fue por ver a una expresión totalmente diferente de Grace o por obra de su poder. Cualquiera de las dos opciones, temo que mi Grace haya cambiado por completo, hasta que ya no quedara más rastro de la antigua.

Lo que más temo es que la persona de la que me enamoré se haya extinguido.

CAPITULO 42

ALIENTO DE VIDA

"(…) Oye...

...Lo siento... (…)"

(Lo siento al dolor)

Escuché un gran estruendo venir luego de que realizó aquella maniobra tan semejante. Lo primero que sentí fue un gran ardor proveniente de mi cuerpo, dolía, y sí que lo hacía. Y segundo después se olía con seguridad algo agridulce y a la vez amargo, algo que todos algunas vez lo habíamos olido, y algo que contiene una sustancia rojiza y líquida.

Mi brazo y parte del estómago se hallaban en un estado muy grave, frágil. Parecía como si "miles"... no, estaría exagerando demasiado, así que mejor digamos "cientos". Era como si cientos de espadas me hubiesen cortado y luego sumergido en una especie de lava negra ardiente y dejado allí, adolorido.

Por estar ávido de alimento y junto a la pérdida de sangre, me vinieron unas muy grandes ganas de vomitar, estaba mareado. Pero esto se detuvo al instante en que escuché un gran gemido venir enfrente de mí.

Nick…

No sabía qué hacer, estaba al borde del cansancio y desesperación; me iba a rendir, o quizá ya lo estaba haciendo.

Daisy no saldría viva de esta, estaba agotado y mis piernas ya no daban para más, veía cómo aquellos monstruos se nos estaban acercando con rapidez. Pero no quería defraudarla, no así, no de este modo. Así que sólo hice lo que creía que debía hacer.

Miré hacia mi costado a través del arbusto, para percatarme de que Peter y Anelis se habían detenido, y estaban luchando contra Grace. Observé atentamente mientras la imagen se hacía borrosa de cómo Peter arriesgaba su vida para salvar a Anelis, que ahora está en el suelo, malherida.

Aquella acción sólo me dio un impulso de valor para realizar lo que fugazmente se me había ocurrido, y que antes no me atrevía lo suficiente a hacer. Pero… ya no queda de otra.

Daisy se había desmayado, y no la culpo. Sufrió mucho tanto física como mentalmente, y en un tiempo récord, yo no creo poder resistir a algo como lo que ella pasó. Daisy es muy fuerte, sólo tiene que darse cuenta de eso y podrá hacer varias cosas en el futuro. Espero que pueda hacerlo y que para aquel entonces su pasado no la arrastre consigo; ya que después de todo nuestro pasado hace a la persona que somos ahora.

Seguí corriendo con esta vez más fuerza, decidido a avanzar. Miré hacia todo lados buscando un buen escondite, hasta que hallé entre las ramas a un árbol con un hueco en el centro, el cual era de forma extraña para poder describir. Pero era un perfecto escondite, justo como buscaba.

Me dirigí hacia allí, soportando mi peso junto con el de ella, y de manera veloz (para perder al menos unos segundos de vista a los seres), me abalancé y con cautela metí rápido a Daisy en aquel hueco del árbol. Aunque me resultaba desagradable el hecho que allí también habían telarañas y uno que otro hongo.

Me desplacé a una dirección contraria al paradero de Daisy, para que los seres no la encontrasen, perdiendo su rastro del área.

Paré unos cinco segundos para descansar, apoyado en un árbol cubierto de moho, y luego seguí con la carrera. Estoy deseoso de ganarla.

Me dirigí a la zona sur de donde corríamos, es decir, regresando al camino. Observé cómo Peter seguía luchando contra la Elegida, preparado para cometer el último acto para llegar a la victoria. Pero, para mi sorpresa y creo que también la de todos, Peter en vez de tirarla al suelo o golpearla lo suficiente duro como para noquearla o quizá matarla, la besó. Y luego, apareció una luz negra en la mano de Grace, dirigiéndose hacia el pecho de Peter, amenazando y lista para atacar.

Sin más pensarlo, me arriesgué. Atravesé el arbusto que nos separaba, con las ramas rasguñándome a su paso, y avancé con todo lo que mis pies me permitieron, sudando, totalmente mojado, con la respiración pesada, no lo aguantaría, ya no más.

Salté, salté con la fuerza de voluntad que me quedaba, sintiendo al viento soplar en mi espalda y cabellera. Por un instante el entorno tomó un aspecto pacífico. Por unos segundos el mundo paró. Por un momento logré ver la belleza de la naturaleza, de todo lo que me rodeaba. Aunque aquel momento fue ahogado por sonidos desgarradores. Oía gritos a mi alrededor, pero no estaba alterado, me sentía en paz.

Concentré mi mirada en una persona, logrando que los recuerdos de mi vida entera llegaran hacia mi mente. No comprendo totalmente si las imágenes fueron puras fantasías mías de una vida que "pudo ser", pero fuese lo que fuese parecía muy real, y me gustó.

En verdad hubiese deseado tener una vida así. Los cinco juntos, los cinco disfrutando, riendo, conversando y hasta peleando. Pero sobre todo unidos.

Anelis. Con sólo pensar su nombre quiero haberme retractado y nunca salido a la fuga, en picado hacia la boca del lobo. Viendo su rostro… me dan ganas de no morir. Quizá en alguna otra vida nos podamos encontrar y esa vez sí, permanecer juntos. Inseparables.

Anelis…

El ruido fue aturdidor como un disparo. No estaba al 100% segura de lo que sucedió exactamente. Es que sólo... todo pasó muy rápido...

Yo estaba sufriendo, lastimada, gritando con rudeza. Apretaba fuertemente mis dientes para intentar acallar el grito. Pero lo que más me hiere es no poder hacer nada para poder salvar a Peter, o al menos ayudarlo... sólo soy un estorbo, un maldito estorbo que siempre arruina todo lo que se le cruza en su camino. Lo soy, y siempre lo fui, toda mi vida.

Si salgo de esta prometo estar sobria, no beberé ni una gota más de alcohol. Aunque en este momento no estaría mal un whisky.

En el momento del ataque final. El final de Peter y el inicio de algo mucho más grande y peor… lo que mis ojos vieron fue a Nick corriendo de la nada, y con esa velocidad empujó justo a tiempo a Peter, salvándole la vida, aunque de todas formas dejándole heridas severas.

— ¡Nick! —Grité su nombre al verlo caer al suelo junto con una gran mancha roja en su estómago.

Con un golpe de adrenalina, corrí para acercarme hacia él junto a mi brazo colgando e hice lo posible para abrazarlo, llorando como nunca antes.

Surgió de la nada, una gran ola de sentimientos hacia aquel pelirrojo desplomado en el suelo llegaron hacia mí, tal vez eran recuerdos, algo que nunca antes pude imaginarme. Y fue en este momento cuando me di cuenta que en realidad lo amaba. Y ya no podríamos estar juntos.

El escenario iba en cámara lenta, en blanco y negro, a excepción de sangre rojiza desprendiendo del pecho de Nick. Quizá pudo salvarle la vida a su mejor amigo, pero pagó el precio entregando la suya.

— ¡Nick, por favor! —Grité, no sabía qué más decir, las palabras se me atascaban en la garganta y los ojos me ardían con más intensidad. No sabría explicar la angustia.

Él se limitó a sonreír, abriendo un camino de sangre por su boca.

—Hace unos días no te hubiese importado que me vaya.

Sus palabras me dolieron muy fuerte dentro de mi ser como una estaca, directo al corazón, porque nunca hice nada para demostrarle lo enamorada y resentida que estaba con él. Y luego esa fantasía con Peter, aquel mundo paralelo que me impidió de nuevo estar con Nick.

Negué fuertemente con la cabeza.

—Por favor, no digas eso, no... no digas nada.

— ¿Entonces no me dejarás decirte que te amo?

Estaba atónita al escuchar esas palabras en este momento, entonces me aferré más a su cuerpo ya casi sin vida y acerqué mi cabeza a la suya para sólo seguir llorando sin más.

—Idiota, no te dejaré morir, no puedes morir, todavía tengo que seguir odiándote por aprovecharte de mi aquella noche.

—Yo nunca… te he tocado, Anelis. Dejé que durmieras en mi cama.

Tosió, le faltaba poco.

—Te veías hermosa estando tan despeinada y a la miseria.

—Entonces… ¿Por qué nunca me dijiste nada? ¿Por qué permitiste que acabara contigo?

—Porque no sé si lo más adecuado era que estuvieras con un tipo como yo.

—Ya nunca lo sabremos, ¿verdad? —Esperé a que dijera alguna broma al respecto, o algún comentario fuera de tono, pero no dijo ni una palabra.

Antes de la nada, escuché un leve suspiro venir de su boca. Un último aliento de vida y un último recuerdo que construiríamos entre los dos.

Cuando empecé a sentir que su cuerpo comenzaba a enfriarse, sin temor ni vergüenza lo besé. Dentro de mí rondaba un vacío molesto, algo que me imploraba a gritos echarle la culpa a alguien sobre lo sucedido, y no dejar tranquila a esa persona. Olvidé el dolor de mi brazo, porque el corazón me ardía más que nada.

—Finalmente te alejas de mi... otra vez —Susurré a su cadáver, no lograba aceptarlo.

Una risita que se escuchó por detrás fue necesaria para darme cuenta que todos nos estaban mirando, perplejos. La persona de aquella risa no era ni más ni menos que Lucifer. Apenas al verlo me invadió una increíble furia acumulada dentro de mí, pero no puedo hacer nada a cambio, no puedo luchar ni ayudar colaborando en algo que sirva; no soy útil.

Lo miré con resentimiento y cerré el puño, consumiendo todo mi enojo en apretarlo hasta ver mi mano hábil sangrando.

Levanté la vista para verlo inspirar profundamente hasta que frenó la risa.

—Qué agradable aroma.

CAPITULO 43

LUZ RESVERSA

"(…) Me callaré sólo por hoy

¿O no? (…)"

(Lo siento al dolor)

Grace…

—Vámonos, preciosa Grace —Lucifer extendió su brazo hacia mí.

Avancé lentamente hasta su ubicación, dispuesta a ceder su deseo y tomar su mano, pero algo dentro de mí no me lo permitía, algo dentro me estaba ahogando con lo que parecía ser culpa y me decía que no lo hiciera.

Era como una voz que se escuchaba lejos, muy lejos, a distancia. Pero cuando me concentré cada vez más en lo que decía, logré escucharla con claridad. Esta voz en mi mente quería salir, gritar, controlarme; pero también sabía que yo no la dejaría.

—Libérame, estás cometiendo un grave error. Déjame arreglar las cosas.

—No —Respondí en voz alta, sin darme cuenta que en realidad le contesté a Lucifer.

— ¿No? —Él me observó detenidamente con una sombra espeluznante en sus ojos.

—No, no quería decir eso —Empecé a temblar sin saber por qué.

Mientes —Resonó en mi mente.

— ¡No miento! —Me agarré la cabeza, lograba irritarme con facilidad, y sentí una punzada que no me dejaba en paz.

Todos se quedaron absolutamente callados, consumidos en el silencio.

—Si no me creerías, no me estarías escuchando con tanta intensidad.

—No... ¡Cállate!

Derramé algunas de las lágrimas que llevaba tiempo suprimiendo. Intentando opacar a la voz, levanté la mano en un movimiento para agarrar la del ser oscuro, pero sin razón alguna me detuve en seco.

—Deja de arrastrarte hacia él, sólo te usa porque te necesita para destruir el mundo donde te criaste. Él es el que está mintiendo.

Miré hacia los ojos de Lucifer con cautela. Nadie sabía lo que estaba pasando y no querían cometer un movimiento en falso, porque sabían que yo aun así en este estado podría destruirlos.

—No me importa... —Susurré — ¡Este mundo está podrido! —Finalicé entre sollozos.

—Y si tanto crees eso ¿Por qué lloras?

—Porque... no tendría que ser así —Bajé mis brazos, permitiendo que sólo colgaran de mi cuerpo.

—Entonces, déjame ayudarte.

—Pero me volverás a encerrar.

Al decir aquello Lucifer frunció el ceño, ahora temo que sepa lo que en verdad está sucediendo. Mi ventaja es que no puede leer mi mente si no estamos en el infierno, pero eso no le resta que se trata de alguien muy inteligente.

—Te prometo que no lo haré, pero si tú también prometes que el lugar en el que estoy no se parezca a una prisión, que no sea un lugar frío y sí uno cálido, que parezca un hogar. Y de esa forma liberarás el tormento de tu mente. Pararás la tormenta y este lugar oscuro volverá a llenarse de una abrigadora luz.

— ¿Pero por qué te empeñas tanto en ayudarme? Si sabes que no te dejaré libre.

—Porque después de todo...

—...Tú eres yo.

Por instinto miré detrás de mí, a Peter, quien me regaló una mirada confusa, tratando de adivinar qué me está pasando. Y luego, un brillo salió de sus ojos, como si por fin lo hubiese descubierto.

Libérame, luego volveré.

—Lo haré.

Cerré los ojos para concentrarme en sacarla del calabozo en mi mente.

Yo seré la parte distorsionada por la maldad de Grace, pero ella es mi luz. Nos necesitamos, sino ambas estaríamos encerradas en esa habitación del tormento. Una vez hecho, cerré los ojos con temor a entrar de nuevo en aquella celda, pero me encontré con algo distinto. Era cálido, como dijo ella. Mucho mejor que el exterior.

Unos segundos antes de al fin poder despertar siendo de nuevo yo, vi a Lucifer correr hacia mí lo más pronto posible, como si tocándome fuera a impedir que retomara el control de mi cuerpo.

Parpadee, y mis ojos ya no se encontraban de color rojo con franjas negras por la transformación demoníaca, y volvió a su color original.

Sonreí como si nunca lo hubiese hecho hace mucho tiempo y miré a Peter nuevamente.

— ¿Grace?

—Sí, Peter, sí soy yo.

Lágrimas de alegría desbordaban de mis ojos. Lo único que quería hacer era correr hacia él y abrazarlo con fuerza para jamás soltarlo. Volví a amarlo.

Pero cuando agarré mis dos manos, Lucifer aprovechó mi distracción y me sujetó por detrás, impidiendo moverme.

— ¿Piensas que con tan sólo haciendo eso me podrás detener?

Ya estaba harta de sus maldades.

—Sólo es para conversar un poco contigo —Sonrió.

—Tan sólo tienes que pedirlo, para hablar no hay que usar la violencia.

—Pero tú ya lo hiciste ¿Recuerdas? Tomaste una vida innecesariamente, causando pena y sufrimiento, además de destruirte a ti también en el proceso.

—Tienes razón al decir que Nick no merecía morir, y merezco lo peor por haberlo asesinado.

Me mantuve seria y con una postura firme a pesar de estar acorralada

—Aun diciendo eso sigues siendo una asesina. No puedes reparar lo que ya rompiste.

—Grace, sé que no querías hacerlo ¡No tenías otra elección, él te obligó! —Gritó Peter tratando de calmarme.

—Peter, no hace falta que digas eso, yo misma sé que nada justifica el hecho de que tomé una muy mala decisión matando sólo por rabia, a pesar de que no era yo misma en ese momento.

Desvié la mirada.

—He tomado malas decisiones en lo largo de toda mi vida, pero también he decidido pagarlo. Y lo haré cuando todo esto termine y te destruya, Lucifer.

—No... —Susurró Anelis desde la distancia — ¡Eres la asesina que acabó con la vida de Nick! No te mereces redención. Tú no eres nada —Escupió a la tierra seca.

— ¡Anelis!

—Nunca dije que merezco el perdón. Lo sé muy bien.

—Hice un buen trabajo en hacer tiempo creando a tu versión desgarrada. Además, ella sí me gustaba, esa Grace había logrado conquistar mi corazón, no era tan deprimente como tú. La verdad es que sí la extraño… Pero ahora que ya no existe, no hay razón para hacerlo.

—No Lucifer, esa Grace siempre estuvo aquí, dentro de mi interior, esperando salir. Aun no desapareció, sólo está durmiendo por ahora, y cuando esta batalla termine vamos a ser una por siempre, nos vamos a fusionar y de esa forma estaré completa.

—Así que dices que ella sigue viva. No me extraña de ti. Después de todo eres la parte "buena", aunque un poco malgastada.

—Otra vez te vuelves a equivocar. Yo no soy la parte buena, soy la luz. Y también soy la misma luz que acabó con la respiración de Nick. La luz no siempre tiene que ser blanca: Todo lo malo es bueno y todo lo bueno es malo.

—La ironía del mundo.

—Así es. Pero también se trata del mismo mundo que Grace no estaba lista para destruir. Al fin de cuenta fuimos creadas para acabar con la maldad del mundo, no para destruirlo.

Inspiré con alivio, al fin comprendiendo lo que debo hacer.

—Pronto las cosas se solucionarán.

Y dejando la última frase en el aire, golpeé a Lucifer en el estómago, lo suficientemente fuerte como para que éste escupiera sangre y ablandara el agarre lo necesario como para soltarme de él y alejarme un par de pasos.

—La batalla al fin terminará —Lo miré fijamente a los ojos y él hizo lo mismo.

—No.

Se limpió la sangre de su boca con su manga.

—Esto apenas empieza.

CAPITULO 44

DESPERTAR

"(…) Oye...

Me alejaré por el dolor (…)"

(Lo siento al dolor)

—N

o debiste despertar.

—Ya es tarde para lamentarse. Tú más que nadie tendrías que saberlo.

Empezamos a dar vueltas, sin bajar la mirada, totalmente concentrados en cada paso que hacia el otro, preparándonos para atacar y terminar con todo esto de una vez por todas.

Y llegó el momento para acabarnos mutuamente. Corrimos hacia el otro con toda la voracidad posible de nuestro interior, y con la furia e ira levantamos las manos en un puño, chocándonos entre sí.

Luego siguieron las patadas, giros y saltos, pero seguíamos empatados. Aunque todavía no estaba cansada, sabía que esto no terminaría nunca si seguíamos así, peleando de esta forma.

Miré a mí alrededor, grabando el rostro de cada uno de mis amigos, y recordando las de otros que no se encontraban presentes en este momento.

Ellos son la verdadera razón por la cual estoy luchando. Salvar a todos es mi mayor prioridad, y eso incluye a las personas que amo.

—Ya es hora de aumentar esto al siguiente nivel —Le dije, mirando mis manos para luego cerrar el puño con fuerza neutra.

Lucifer esbozó una sonrisa torcida y luego acompañada de una mayor risa

—Como tú digas.

De pronto, detrás de él se formó una gran nube negra, como la que invocó a todos aquellas criaturas del Averno.

De allí se desprendió una poderosa tormenta eléctrica que descendió en nuestro cielo, y más tarde salió de allí una estampida de interminables seres.

Uno tras otro salía de allí, corriendo, volando, arrastrándose, saltando o incluso caminando. Aquella era la puerta tridimensional que dirige hacia el mismísimo Infierno, el lugar que alguna vez consideré mi hogar.

—Está bien.

Tragué saliva, ahora también habría que cerrar el portal tridimensional.

—Ya es hora de la acción.

Una luz azul emanó de mi mano.

—Así se habla.

Nos acercamos nuevamente hacia nosotros. Estaba segura de que esta vez sí podría ganar. Estando lo suficientemente cerca, vi cómo la comisura de sus labios se levantaba hasta formar una sonrisa.

Sabía lo que significaba, pero no llegué a tiempo para frenar.

En un parpadeo él desapareció delante de mí.

— ¡Grace! —Oí el grito de Peter y recordé que seguían mirándonos.

Detrás de mí sentí una sensación atroz, y el pánico del que creí deshacerme reapareció en mi cien.

—Haré que vuelvas a ser mi muñeca personal —Susurró en mi oído.

Su mano había atravesado mi pecho, dejando un gran agujero a la vista.

Escupí sangre, y vi la escalofriante expresión de Peter.

— ¡Largo, váyanse todos, ahora!

—No, no me alejaré de Nick, no volveré hacerlo… —Gritó Anelis, opacando mi voz en un llanto desgarrado. La comprendía, pero esta no era la situación indicada para hacer un reproche.

— ¡Peter, llévatela con Daisy! Siento que está en el ala norte cruzando el arbusto, oculta en un árbol.

Lucifer sacó su mano de mi pecho, y un demonio se posicionó delante de ellos, amenazando con matarlos.

— ¡Rápido! —Grité, inmovilizando a los demonios de bajo nivel con sólo mi voz.

Peter se levantó y agarró de la mano a Anelis, llevándosela a los tirones.

—Genial, ya te quedaste sola.

Se separó de un salto.

—Ellos están en un lugar seguro, y además, no estoy sola.

En el campo aparecieron los grupos de exorcizadores que sobrevivieron.

—Puedes relajarte ahora, te cubriremos.

EL profesor Pedro fue el primero en aparecer detrás de los árboles que nos rodeaban. Tenía algunas lastimaduras pero nada grave. Y en su rostro aún perduraba aquel ceño fruncido tan característico de su persona.

En lo absoluto, la mayoría de los profesores seguían vivos, hasta el Director Willson. Aunque sus equipos no estaban completos.

Las lágrimas se acumularon en mis ojos, quería abrazarlos a todos.

—Encárguense de los monstruos, sólo yo seré quien acabe con Lucifer.

— ¿Y crees que puedes hacerlo con un hueco en el pecho?

—Puedo derrotarte y mucho más.

Di un paso al frente, ahora que estaban todos aquí, luchando a mi lado soy invencible.

Sentí una punzada que me provocó retroceder. Mis piernas no reaccionaban para dar un segundo paso, y todo mi cuerpo se paralizó, caí de rodillas.

— ¿Qué sucede? ¿No ibas a acabar conmigo? —Se burló de mí —Te será difícil con veneno recorriendo en todo tu sistema.

Mi expresión se llenó de pánico y obtuve de él una desagradable satisfacción.

— ¿Por qué piensas que tu herida no sanó?

Estallo a carcajadas, secándose las lágrimas.

—Muy pronto… cuando me adueñe de este mundo, reviviré tu cuerpo y serás mía una vez más.

Mis piernas cedieron y me desplomé en la tierra, a medida que la vista se nublaba e iba escaseando.

—Nos divertiremos mucho —Su voz se oyó como una campana resonando en mis oídos.

— ¡No! —Jadeó una voz que seguramente provenía de algún profesor.

Me pregunto qué pensará el director Willson al ver en persona que fracasé en mi misión, tan rápido, en un instante.

Pedro tenía razón, debía de haber entrenado más. Ya no queda nada para esta estudiante ilusa sin un futuro.

¿Cómo se sentirá Peter cuando sepa que no sobreviví?

Creí que ya estaría muerta, faltaba realmente muy poco para que me consumiera el veneno, realmente no podía oír, todo estaba en mute.

Los ojos se me cerraban, y de repente Peter estaba delante de mí, enfrentándose a Lucifer, probablemente insultándolo por lo que me hizo. Pero con un solo movimiento cayó disparado al piso.

Desvanecí.

CAPITULO 45

LA BATALLA FINAL

"(…) Si abro la boca

sólo te lastimo,

Y no quiero hacerlo

porque te amo,

te admiro (…)"

(Lo siento al dolor)

A diferencia de las películas, no vi pasar mi vida a través de mis ojos. Tal vez porque no hice nada significante en vida, pero tal vez también porque no estaba muerta.

No del todo.

Al principio creí que seguía sin ver todavía, pero más tarde me di cuenta que mi alrededor era el que estaba en penumbras.

Luego oí una voz, de una Grace oscura que me miraba distante.

—La prisión ya no es un lugar cálido ¿Qué sucedió? Dijiste que te encargarías.

Mis ojos ardían y quise soltar el llanto. Mi cuerpo se sentía pesado y sólo me invadía un deseo insaciable de descansar.

—Lo hice, me esforcé, quise hacerlo… pero Lucifer es un tramposo.

—Deberías saberlo, estuviste demasiado tiempo con él como para adivinar lo que piensa.

Antes no me había percatado, pero fue hasta ver la apariencia de ésta Grace oscura que tomó mi cuerpo, cuando me di cuenta que realmente no es del todo una "Grace oscura", sino el complemento de la elegida. De allí su aspecto oscuro.

—Realmente eres… el complemento de la elegida.

—Eso no importa ya, mira, estás muerta.

—Eso no es verdad, lo sabes, lo sé. Lo siento en mi interior, todavía no muero.

—Y si es así, ¿Qué lugar es este?

—El… Purgatorio.

Al acabar la frase ella se dejó caer al suelo, agarrando sus piernas en un solo movimiento limpio.

—Estoy cansada.

Me acerqué a ella, deseando que me dejara tocarle.

—Haremos… haremos un nuevo trato —Dije en tropiezos —Tomaré el control por completo, y en cambio tú y todos los demás complementos serán libres. Dejarán de luchar contra ustedes mismas.

Yo tomaré las decisiones desde ahora, me haré cargo de todo.

Sin decir nada, me miró, comprendiendo mis palabras, después de todo soy yo hablando con mi mente.

— ¿Estás lista? —Pregunté con velocidad, no podía perder ni un segundo más, la batalla final había llegado y debía acabarla. No había momento alguno para recapacitar y pensar en mis problemas íntimos, no ahora.

Asintió —Grace, gracias, por… liberarnos. Tú sabes.

Se generó una luz entumecedora, radiante, repleta de energía que me cubrió, la cual la absorbió todo mi ser, me sentía viva otra vez.

Significaba que los complementos son libres, ya no están atadas a la elegida, a mí.

Sentía algo más aparte de la energía, aquello me cubría cada célula de mi cuerpo, suave al tacto. Cálido. Abrí los ojos, el cielo estaba a mi altura, la tierra se hallaba muy lejos. Y mi cuerpo terrenal ya no se hallaba allí, tirado a su merced.

Los exorcistas continuaban luchando, gritando.

Eran más exorcistas de los que recordaba, muchos más. Los refuerzos al fin habían llegado, pero los demonios tampoco paraban de salir del portal al infierno.

Debía hacer algo para ayudarlos.

Pensé en ir tras el portal y cerrarlo de algún modo. Tan sólo fue un pensamiento, pero mi cuerpo respondió solo, y aun así en el cielo me dirigí como un rayo al lado del portal. Me di cuenta que no sólo realmente estaba volando en el cielo, unas bellas alas me cubrían, bañadas de fuego como cada llama se trataran de plumas. Era obra de Hikari. Un ser quien a través de una promesa me juró lealtad.

Toqué al portal con la palma de la mano. Era caliente al tacto, podría derretirme sólo estando allí parada, se asimilaba al ácido. Pero el calor de mis alas era más caliente que el portal.

Se desvaneció en la nada.

Quería ayudar a los exorcistas, enfrentarme una última vez a Lucifer. Darles una razón para ganar la guerra.

Las alas brillaron con más intensidad, y fui descendiendo a medida que explotaba a los demonios del cielo con mi luz azul. También mucho más poderosa que antes.

Las personas vestidas de uniforme oscuro miraron hacia arriba, totalmente asombrados.

Aterricé al lado de alguien a quien reconocí, en el momento él estaba exorcizando a un espíritu de nivel muy poderoso, con sorprendente éxito.

—Tomaste tu tiempo para cambiar de ropa.

Era verdad, miré mi cuerpo, mi vestimenta también había cambiado, ahora llevaba una armadura preciosa que parecía resistir cualquier tempestad.

Sonreí, feliz de estar viva y poder ayudar de verdad.

— ¿Cómo son los resultados?

Me observó como si de una broma se tratara.

— ¿Acabas de volver a la vida con un look distinto y preguntas los resultados? Ve y extermina a Lucifer de una vez.

—Pero, ¿Y Peter? Antes… lo vi volver.

—No te entretengas, ve y destroza todo a tu paso.

Parecía eludir a todas mis preguntas, aunque tenía razón, el motivo por el cual reviví es completar mi misión de una vez por todas.

Me elevé en el aire, de nuevo con sólo pensarlo, y busqué a Lucifer entre todas las cabezas del suelo.

Lo encontré. Sólo había un ser que era capaz de crear una gran bruma de oscura. Me lancé por los cielos de cabeza hasta su localización, con la intención de derribarlo. Noté que estaba rodeado de bastantes exterminadores que no podría contar con sólo los dedos de la palma. Pero Lucifer había estado apañándoselas para continuar ganando.

Lo encerré debajo de mí, a unos metros de profundidad por la potencia de la caída que hizo estragos. Si fuera un humano ordinario estaría muerto, por supuesto no lo es.

Movió su cuello, sonando varios huesos del cuerpo. Y sonrió diabólicamente, tratándose del diablo.

— ¿Será mi turno de acabar contigo? —Pregunté con ansias en mi voz. Quería aplastarlo allí mismo, mandarlo junto al magma si era posible.

—Había empezado a extrañarte, casi sentía pena por ti.

Se levantó del pozo, queriendo lanzarme un relámpago, pero fui más rápida y salí primero.

Los exorcizadores estaban asombrados por mi presencia, los nuevos no entendían quién soy, o mejor dicho, el qué. Al parecer la mayoría no lo sabía. La identidad de la elegida era más secreta de la que había pensado.

Me volví a levitar en el aire luego de batir mis alas. Su color rojo flameante se extinguía, siendo reemplazaba por un bello fuego azul que gritaba tranquilidad a la vez que pasión.

Estaban todos aún más impactados, y algunos ponían una expresión boba de felicidad. Y luego, unos pasos acelerados me llamaron la atención de sobre los demás.

— ¡Grace!

Peter estaba cubierto de sangre, con una espada en sus manos. Probablemente los refuerzos se la entregaron. Aunque no logro percibir si la sangre es totalmente suya o también de alguien más.

El calor subió por mis mejillas, estaba realmente feliz, pero no por mucho tiempo, Lucifer continuaba atacándome.

Volé cerca de Peter.

—Lo haremos juntos ¿De acuerdo? Esta vez nadie dejará solo al otro.

—Más te vale.

Sonreí de nuevo y recordé cuando dijo que me amaba.

Peter corrió, apuntando con su espada a Lucifer, y a la vez yo lancé esferas azules, cubiertas de fuego.

Lucifer, intentando esquivar los ataques de Peter y también de los demás exorcistas, no logró huir a tiempo de mi poder, y quedó aturdido; sin ser capaz de moverse, aunque en verdad lo intentaba.

— ¡Deténganlo todo el tiempo que puedan! —Grité, advirtiendo mi próximo movimiento, necesitaba tiempo y a Lucifer quieto.

Con ambas manos conjuré en latín, formando una enorme esfera azul, con llamas desbordando enloquecidas, ansiosas por aniquilar a quien sea.

Los exorcistas atacaban, los demonios estaban muriendo, y Lucifer intentaba escapar utilizando cualquier método en su mano.

Faltaba poco, muy poco para llevar a cabo mi última hazaña.

Oí un grito.

Quien no debía salir por nada del mundo estaba a pocos exorcistas de poder escaparse. Arriesgaban sus vidas, en vano. Lucifer estaba enojado, realmente furioso.

Peter dejó salir un grito amenazante de su garganta, le cortó el brazo y Lucifer retrocedió, pero conjurando en latín liberó una explosión y empujó a muchos exorcistas lejos de él, otros muertos.

No podía dar marcha atrás, era demasiado tarde, mi hechizo estaría acabado en cuestión de tiempo. Si lo dejaba ir ahora, no alcanzaría a matar a Lucifer, mi ataque no sería lo bastante fuerte.

Quise dejar todo y correr al socorro de Peter, desmayado entre todos los cuerpos de los exorcistas. Pero, una luz magenta en el cielo no permitió que detuviera mi ritual. El portal tridimensional del infierno se había abierto de nuevo, pero si Lucifer no pudo haberlo hecho, ¿Entonces quién?

De allí salió volando con supremacía un ente de alas negras, y detrás de él… nada. El portal se cerró.

Todos estaban empeñados en su cargo con destruir a los demonios, y los exorcistas que retenían a Lucifer estaban tirados en el suelo, inmóviles. No había nadie más que pudiese ayudarme ahora.

El ente del infierno fue directo hacia Lucifer, quien lo miraba aterrorizado. De todas las cosas que pude haberle hecho a Lucifer, nunca lo vi con tanto miedo como en este momento.

El ente lo aprisionó, y una luz enceguecedora detuvo al rey.

— ¡Hazlo ahora!

Su voz resonó en mis oídos como una dulce melodía, no creí que alguien del infierno podría tener una voz tan seductora.

Haciéndole caso omiso, solté la esfera, y la dirigí hacia Lucifer. El ente ya se hallaba muy lejos, no llegué a verlo desaparecer. El cuerpo ya muerto del antiguo rey del infierno se hizo cenizas, esparcidas por el viento.

Me preguntaba quién podría ser el ente que me ayudó a destruir a Lucifer, y el por qué lo había hecho. Aquella idea había sido totalmente descartada, y me dirigí hacia Peter, rendido en el suelo.

— ¿Peter? ¿Me oyes, Peter? Respóndeme.

Lo sacudí, sin reacción. Las lágrimas bajaban de mis ojos. ¿Había muerto? ¿Pude matar a Lucifer pero llegué tarde para salvar a quien amo?

— ¡Peter!

Lo sacudí una vez más, abrazándolo con su cabeza en mis piernas y lo besé, deseando que respondiera a mis labios.

Aparté la cabeza, aún hecha un mar de llanto, no creía que esto estaría pasando. Los demás seguían matando monstruos, salvando personas. Pero yo no pude proteger a mis amigos. Asesiné a Nick, Peter murió, y las demás chicas… nunca podría arreglar lo nuestro.

Por más que salvara al mundo, mi vida estaba destruida.

Oí un jadeo intentando tomar una gran bocanada de aire.

— ¡Peter! ¿Cómo…?

—Olvidaste tomar el pulso —Se rió de mí, intenté hacer lo mismo pero sólo me salían lágrimas.

—Creí… creí que te perdería.

—Mejor hablemos cuando todo esto termine —Agachó la vista y disminuyó el tono de su voz. El brillo de sus ojos se había esfumado, y no entendía la razón —Los monstruos… hay que acabarlos.

Asentí, no podía rendirme todavía y quedarme a pensar. Aún hay que exorcizar. Dejé a Peter con cuidado y volé por los cielos con mis alas de llamas azules.

Comencé a recitar palabras en latín que venían a mi cabeza, sin orden específico, sólo estaban allí, como palabras entremezcladas, grabadas en mi mente sin haberlas visto antes. Era como un presentimiento al que no podía dejar de hacerle frente.

Prosiguiente, oí una explosión repleta de una clase de humo rojo, y luego cantidades innumerables de voces vitoreando.

Habíamos triunfado.

EPILOGO

"(…) No quiero deprimirte con esto,

sólo decirte que en verdad lo siento."

(Lo siento al dolor)

Éramos muy pocos los que pudieron regresar a la Academia ese día.

Enterramos cada uno de los cadáveres que pudimos encontrar, no todos eran reconocibles, pero de igual manera estábamos de luto.

Me dirigí hacia mis amigos, o lo que queda de ellos.

Daisy ya había pedido tomarse algunos días para retomar las clases. Tenía mucho de lo que pensar y analizar, nunca volvería a ser la misma de antes, al igual que todos.

Anelis prefirió arrancar lo antes posible con los estudios, tenía en mente convertirse en alguien poderoso y superarme a mí para poder darme una gran paliza. Tampoco sería lo mismo tratar con ella.

Y Peter… no hablamos desde que acabó la gran guerra.

—No, tú aléjate de nosotros.

Me señaló Anelis con el dedo índice. A pesar de haber pasado un par de días, seguía sin querer que me acercara para explicarles todo y quizás arreglar las cosas. Ya no soporta mi presencia.

—Lo vuelvo a repetir, no confiamos en ti, siendo Grace, la elegida… o sea lo que seas. Nos mentiste a todos, no sólo a nosotros, a todos. No sabemos lo que eres, o quién eres, y además de todas las razones… eres una asesina que dejamos entrar en nuestras vidas, mataste a Nick. A Nick. ¿Cómo te hace sentir eso? Eres peor que Lucifer, ¿Cómo puedes…?

Peter se paró enfrente de ella, permitiendo que sus palmas se rozaran.

—Ya fue suficiente, lo entendió.

—No parece, no se merece ni que le esté hablando. Te odio Grace Shawin.

—Lo sé —Sentí a mi corazón estrujarse—Sólo quería asegurarme de que estuvieran bien.

Intenté sonreir, pero las comisuras duraron sólo un instante elevadas.

—Adiós —Me voltee, ya no pertenecía a ningún lugar.

Peter se alejó y me sujetó la mano cuando di unos pasos.

—No tienes por qué irte…

—Maté a Nick, Peter.

—No eras tú.

—Quería asesinarlos a todos. Es mejor así.

— ¿El Director sabe lo que te ocurrió allí…?

Grace: —Me encargué de que todos los superiores estuvieran al tanto.

Se quedó sin palabras y aproveché el momento oportuno para dejarlos atrás. El Director Willson me espera.

—Grace.

Obedecí y me detuve al segundo. Me volví a encontrar con su cuerpo, y mi vista fue subiendo desde sus pantalones negros por el uniforme de luto, hasta aquellos ojos celestes que resaltaban entre toda la oscuridad, pero su expresión era muy seria.

—Eres la elegida, la encargada de salvar al mundo…

—Ya lo hice.

—Yo, quiero decirte que…

Lo interrumpí, si me destrozaría al igual que todos, al menos no quería que precisamente él pusiera excusas para no ir al punto.

—Vamos, puedes decirlo.

—Fui poseído por un demonio, y el que empezara a comportarme extraño justo cuando llegaste tú… el que lo seas explica todo.

— ¿Qué quieres decir?

—No sólo era agresivo por estar con alguien repleto de poder espiritual. También me siento atraído a ella, como si fuese un polo magnético.

Creo que me siento atraído a ti porque eres la elegida. No sé si lo que siento por ti es realmente amor, Grace.

Miré al piso, intentando que las lágrimas no salieran en este instante.

—Lo entiendo.

— ¡Peter, ven ahora!

Lo llamó Daisy, Anelis también se estaba marchando con sus maletas en la mano.

—Debemos irnos, adiós Peter.

Fue el primero en darse la vuelta. Nunca me había percatado en lo ancha que es su espalda hasta este momento. Realmente es una despedida.

Dejamos a un lado nuestro uniforme azul, y vestidos de negro, los únicos que sobrevivimos de la Academia Sebastian Borg tuvimos que redirigirnos a otra academia, localizada a las afueras del país, donde nos entrenarían otros profesores.

En esta academia ya no asistían cientos de estudiantes como lo solía ser. Estaba vacía, ya no servía para seguir adelante. Además de las destrucciones que provocó la guerra, siendo el campo el patio trasero del instituto.

Todavía no estaba lista para regresar con mi familia, no luego de todo lo ocurrido. No aceptaría que ellos viesen a la nueva versión de mí, una con varias piezas faltantes del rompecabezas, y que no me atrevo a hallar.

El director Willson prometió que al fin se retiraría y tomaría unas vacaciones en las playas del sur. Yo también lo acompañaría, pero cuando estuviese lista para regresar, me visitaría las veces que pudiera para ver cómo están yendo las cosas. Después de todo este tiempo había logrado aceptar al director como mi segundo padre.

Miré hacia atrás una vez más, despidiéndome del lugar al que creí ser mi verdadero hogar, al que pertenecía. Fueron ilusiones que una vez creí.

En la nueva academia esta vez entrenaría para ser la mejor, demostrarles a todos lo que es realmente ser la única elegida, y desarrollar todo mi potencial.

Esta vez no habría estorbos. No lo permitiría, no de nuevo.

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