cazador

Prologo

Frágil vida

Un día más en el mundo, en una ciudad concurrida, las personas afanadas corrían en busca de refugio, ¿la razón?, simple la verdad, a lo lejos se divisaba unos nubarrones de tormenta, posiblemente unos nimbostratos, y los relámpagos que destellaban ante el choque de esas nubes, daban testimonio de la fuerte tormenta que se acercaba, no paso mucho tiempo antes de que alcanzará el centro de aquella ciudad, viéndose todos los edificios bañado bajo la lluvia que a cantaros caía, esto no era una anomalía para esta ciudad, que se encontraba a una altitud del mar de 2.630 mts, no estaría del todo errado aquel que diría que todos los días llovía, el problema enci no eran las lluvias, sus habitantes ya estaban acostumbrados a ellas, el problema recaía en el frio que hacía, siendo de clima templado, el agua de lluvia solo hacia descender aún más la temperatura, llegando incluso hasta los cero grados, obligando a cualquiera que se encontrase ante la fuerte lluvia a buscar refugio, y en estas impías condiciones un llanto resonaba.

En un callejón detrás de un burdel, en que su letrero de neón se erguía con orgullo con el nombre de las angelitas, un desesperado llanto resonaba, negándose a mermar ante la tormenta que rugía con euforia, ¡oh! Las crueles aguas y los relámpagos resonantes alardeando de su poderío, con vehemencia reclamaban ese llanto como suyo, pero aquel débil llanto se negó a cesar, ¿a qué se debía esto?, mirando más de cerca al oscuro callejón, alumbrado brevemente por la azulada luz zafiro de los relámpagos, una pila de basura sobre salía y en ella una bolsa de basura mostraba, un anti natural movimiento, no había duda, de ahí provenía el llanto, pero por más que ese débil gimoteo sonase, nadie acudiría a su amparo.

Los cielos cantaban a coro, y las aguas caían a cantaros en aquella tormenta, y mientras los cielos lloraban en busca de un alma que compartieres sus penurias, una jauría de perros arrimo a ese callejón, y aunque ese gimoteo se negaba a mermar, la bolsa de dónde provenía no daba muestra de vida, ¿Cuánto tiempo había pasado desde el inicio de la tormenta y la llegada de esa jauría?, solo dios sabría la respuesta, una de las perras, perteneciente a la jauría, de pelaje café aunque negro de mugre, se acercó con obvia precaución a la bolsa, de la cual aquel sonido que le resultaba extraño provenía, olfateándola brevemente rasgo la bolsas con su filosos caninos, más lo que de ella emergió sorprendió a la perra, un bebe humano se aferró a ella tanto o más que como se aferraba a su vida, la perra rápidamente se deshizo de aquella alimaña rascándose como si de una pulga se tratase, él bebe pulga aterrizo en un charco, no lejos de la perra, y el ruido de su gemido incremento en volumen, su expuesto cuerpo temblaba ante el impío clima mientras que se arrastraba al lado de la perra, que con aparente curiosidad lo observaba, olfateando con nerviosismo evitando el toque de esa criatura que a sus ojos resultaba extraña, después de un breve tiempo la perra, con su hocico levanto a aquella extraña criatura por una de sus pierna y lo llevo junto a su jauría, ¿Qué destino podría esperarle a aquel abandonado retoño humano?.

Capítulo 1

Y así, el viejo cazador regresa.

Al borde de un barranco frente al mar, un hombre se encontraba reposando, vestía un ropaje de apariencia militar totalmente negra y sobre ella llevaba un chaleco verde olivo con cinco bolcillos en su abdomen y una pequeña mochila de combate en su espalda baja, su cuerpo fornido destaca aun con lo holgado de su vestimenta, dando testimonio de su condición física, su rostro y cabellera rebelaban su aparente edad, su cabellera antaño negra, era atravesada por una vieja herida, mientras brillaba con el sol del alba con un pálido color, pero aun así había rastro del negro que antes tubo, su rostro se podía describir mejor mente como un militar diría, rostro de comer mierda, sus facciones eran tan sólida como la roca, y aunque la mayor parte de este se encontraba portando cicatriz de antiguas batalla, la facción izquierda de su rostro era la que más destacaba, llegando a la deformación, y entre todas sus cicatrices faciales una en especial resaltaba, yendo desde su ceja izquierda hasta llegar a su barbilla, atravesando por su pálido ojo carente de vida, por otra parte su ojo derecho tenía un sano color café brillando aun con fuerza, sin dudas aquel hombre era un veterano de mil y un batallas.

El olor del roció remanente de la tormenta de la anterior noche, se mesclaba con la salada brisa mañanera del mar, provocando un olor nostálgico, al hombre que respiraba profunda y suaves bocanadas de aire parecía agradarle, poco tiempo después poso su atención en la mansión a su espalda, la mansión de dos pisos cubierta por la maleza de la naturaleza, mostraba un deterioro evidente, pero no fue la mansión lo que capto su atención, no, lo que lo había hecho, era el sonido del motor de un auto, posiblemente una camioneta, a lo lejos aumentando asiduamente, de seguir hacia llegaría eminentemente a su hogar, percatándose de esto, el hombre se levantó de su lugar y se dirigió frente al pórtico de su hogar.

Frente al pórtico dos mujeres vistiendo vestido del estilo victoriano de tonalidades azul celeste y zafiro, se hallaban atendiendo a los indeseados invitados, que habían arrimado en una camioneta con pintura mimética verde, con tonalidades en café, atravesando un sendero que en unos años más seria reclamado por la naturaleza, los invitados consistían en 4 hombres, vestían uniformes de estilo militar blancos, camufladas con tonalidades en verde y marrón, y a excepción de uno, todos llevan gafas polarizadas en una tonalidad naranja, sujetadas a una diadema que hacía de comunicador, pero, lo que más llamaba la atención era, sus diferentes raza de la especie humana, dos de ellos eran como lobos bípedos, de pelaje negro y marrón respectivamente, ambos portaban como armas espadas cortas de estilo helenístico, el tercero un conejo de pelaje grisáceo, que cubría la mayor parte de su cabeza a excepción de la de su nariz, que tenía una tonalidad blanca, este a diferencia de los otros, llevaba un chaleco de mismo color que su uniforme, con cuatro bolcillo en su abdomen, y por arma portaba un rifle de estilo bullpup, parecido a un FN 2000, pero con un riel picatinny y mira de hierro y con un proveedor que discrepaba en tamaño al rifle ante mencionado, probablemente era de calibre 12.7 mm, y por último, el que había captado la atención de aquel hombre desde un principio, un viejo bulldog, no había otra forma de describirlo, su pelaje marón y blanco se encontraba descolorido por el pasar del tiempo y sus mejillas, que se estiraban perezosamente más allá de su mentó, le daba una apariencia de estar molesto la mayor parte del tiempo, mas sus ojos cafés, discrepaban de su avinagrada apariencia, estos brillaban con la llamaba de felicidad que parecía haber encontrado a un viejo conocido

-Primus, Secundus-

Exclamo el hombre, las dos mujeres, respondiendo al llamado, posaron su atención sobre aquel hombre, sus rostros inexpresivos, resplandecían con un antinatural blanco, igual que la porcelana misma, sus cabelleras de seda reposaba gentilmente sobre sus hombros, y sus ojos carentes de vida, eran zafiros y esmeraldas respetivamente, esto se debía a que era muñecas fabricadas por aquel hombre.

-Si señor-

Respondieron con sincronización terrorífica, que solo se ampliaba ante sus inexpresivas tonalidades de hablar.

-No hay necesidad de atenderlos a ellos, vuelvan a la casa-

-Como ordene señor-

Respondiendo al unísono, partieron inmediatamente en dirección de la mansión.

-Vamos mycop, no hay necesidad que se retiren, ¿o sí?, hace tiempo que no nos vemos, no sabía que tenías hijas-

Intervino el bulldog, aquellas últimas palabras tenían un sarcasmo implícito detrás de ellas, las cuales mycop se había percatado

-Déjate de estupideces, Abrahán, sabes que eso no es una posibilidad para mí-

-Sí, creo que tienes razón-

Respondió soltando un pequeño gruñido, posiblemente era su forma de reírse

-Y a que has venido-

Su tono, a decir tales palabras resulto con una hostilidad palpable, forzando a los otros miembros del grupo a ponerse en guardia, a excepción de Abraham, el cual mantenía lo que se describiría como una sonrisa en su rostro.

- ¿No puedo venir solo con la intención de visitar a un viejo amigo? –

-No, no puedes, ¿no has venido a arrestarme con esos novatos de apoyo verdad?, ¿no me estarán subestimando? –

-No, claro que no, quien crees que soy-

Esas últimas palabras tenían enemista talladas en ellas.

-Vamos ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos? –

- 16 años, desde que ustedes intentaron matarme-

- ¿Enserio?, como vuela el tiempo, has envejecido bastante sabes-

-Igualmente tú, entonces, ¿qué es lo que lo que se te ha perdido en este lugar? –

-Siempre al grano verdad, …bueno que así sea, me mandaron a buscarte-

- ¿Buscarme? dices-

-sí, así es, …. Al parecer tienen una misión para ti-

- ¿una misión?, ¿Qué clase de misión? –

-No me pidas detalles, porque lo único que sé es que se te asignara un escuadro novato de cazadores clase A, para que los adiestres-

-Si es así, no ha de haber problema si me niego, verdad-

Fue más una afirmación que una pregunta

-Después de todos no tengo ganas de servir de niñera de niños petulantes como lo son, la clase A –

-Venga viejo, me sacaron de mi retiro para venir a convencerte, porque no me haces el favor y me acompañas, además sabes muy bien que no puedes negarte-

-Claro que puedo-

-No, no puedes-

Recrimino Abraham

-Lo olvidaste acaso, claro no creo que eso sea posible, pero déjame recordártelo, dos unidades de cazadores carmesís, se perdieron en tu aprehensión, si se pierde una tercera-

-Sí, lo sé, seré considerado una amenaza nacional, y se incurrirá en mi caza con todo el poderío militar que el país pueda otorgar-

-No se diga más, vámonos-

-Aun así, me niego-

-Vamos, no puede hacer las cosas fáciles por una vez en tu vida, que tal si lo haces por mí, aun me debes una, lo recuerdas-

-No te debo nada, y mi respuesta siempre será no-

-Como quieras, no voy a insistir, nos vamos-

Anuncio Abrahán a sus compañeros con un leve tono que mostraba descontento

-Les dile a los altos mando que te negaste, no quiero queja tuya cuando vengan a por ti-

Amenazo con un leve gruñido.

-No te preocupes, no las habla-

-Entiendo-

Los otros cazadores obedeciendo la orden de Abraham entraron en el auto, y antes de que Abraham lo hiciera, se dio vuelta por ultima ves a ver a su viejo amigo.

-Una última cosa, los hijos de ella, son parte de ese escuadrón-

- ¡Espera un momento! -

La sorpresa se marcó en su voz, pareciendo casi una suplica

- ¡Ellos solo deberían tener 18 años, el entrenamiento dura 6 años, y el mínimo de edad a la que se puede empezar este es a los 16, aun en el caso que sean exenciones como los sin nombres becados que duran 3 años, ¿cómo es posible que hayan finalizado ya su entrenamiento?! –

-Tu sabes la respuesta mejor que nadie…. después de todo, ellos le pertenecen al país-

-…de acuerdo, te acompañare-

-Esperaba esa respuesta-