La cueva estaba fría y se veía aterradora, en el interior sólo se veía oscuridad y el único ruido que se escuchaba era el de las gotas de agua que de cuando en cuando caían a los charcos que se habían creado en el suelo.
El mago dio un suspiro y poniéndose recto y sacando el pecho se adentró en la cueva, con su bastón mágico en mano y brillando para alumbrarle el camino.
Mientras iba entrando algunas gotas de agua cayeron en su sombrero, hombros y espalda.
Se fue adentrando más, cuando llegó a un punto donde se encontraban tres entradas a caminos distintos, miró detenidamente y siguiendo su instinto tomó el camino de en medio, siguiendo derecho y siguió andando.
Varias veces tuvo que girar y escoger otros caminos, y todas las veces siguió la dirección que él creía correcta aunque le asustaba equivocarse.
Después de rato llegó a una zona más amplia, donde se podía distinguir con la luz de su bastón varias cajas polvorientas con escudos y espadas dañadas, como si las espadas hubieran atacado mucho y los escudos defendido al objetivo de las espadas.
Y entonces, en una esquina de la cueva, en un lugar donde la oscuridad y las sombras parecían estar más presentes que en otros lados, el mago vio brillar unos ojos color rojo, y supo que había llegado al lugar que quería.
Se acercó más a la esquina y se quedó parado, contemplándolo.
Se escuchó un gruñido desde la dirección de los ojos, y luego fue un rugido que incluso aventó al mago un fuerte aire que le sacudió la barba y la túnica, pero no se inmutó, siguió con el ceño fruncido mirando la oscuridad.
Y fue después de segundos que los ojos se fueron acercando más, hasta emerger de las sombras una criatura de pies y manos gigantes, piel seca y gruesa color verde grisácea y unos pocos pelos largos saliendo de su cabeza, triplicando la altura del mago.
Volvió a rugir, agachando el torso para estar a la altura de la cabeza de su visitante y sacó de sus manos unas grandes garras amenazantes.
El mago siguió sin moverse y dijo, en voz suficientemente audible y con seguridad: "No me iré sin ti".
Entonces sin previo aviso levantó el bastón y lo impulsó hacia al frente dejando salir un viento que estrelló a la bestia contra la pared.
Ésta rápidamente se levantó y se abalanzó contra el mago, moviendo sus largos brazos dispuesto a cortarlo con sus garras, el mago se movía y esquivaba los zarpazos, en ningún momento intentaba atacar a la criatura, sólo esquivaba los golpes, hasta que llegó un momento donde falló y la bestia logró golpearlo en la cara y lo estrelló contra una pared de la cueva con gran fuerza.
El mago tardó unos segundos en enderezarse, luego se tocó la mejilla derecha con una mano y sintió cómo un chorro de sangre escurría por su cara.
Intentó pararse para volver a acercarse a la criatura pero ésta se le adelantó, y mientras estaba contra la pared aún, la criatura comenzó a golpearlo sin parar, gruñendo.
Fue hasta después de rato que se detuvo y retrocedió, victorioso, pensando que al final había derrotado al mago y saldría huyendo, como todos los demás que habían llegado a su guarida antes... cuánto se equivocó.
El mago comenzó a apoyarse en su bastón hasta lograr ponerse de pie, y aún con sangre y las marcas de los golpes de la criatura comenzó a caminar hacia él.
Éste asustado no supo hacer más que retroceder, pues nunca nadie había aguantado seguir ahí después de un ataque suyo, pero el mago no se detenía a pesar de las muecas de dolor que hacía al moverse, y como última defensa la bestia rugió y los escudos comenzaron a volar hacia el mago para apartarlo, pero él con todas sus fuerzas los golpeaba con su bastón y los alejaba, entonces, mientras varios escudos caían al suelo las espadas se levantaron, pero no contra el mago, sino contra la criatura que gritaba de dolor cuando lograban pasar y lo cortaban, incluso mientras más se acercaba el mago comenzaron a cortarlo también, y la bestia se enojó más, porque ya sabía lo que pasaría, el mago se rendiría, después de haber llegado hasta ahí se rendiría y se iría, dejándolo solo con esas espadas y escudos peleándose entre sí, con esa tormenta al rededor de él, y mientras más se enojaba más se desesperaba, más quería rugir y gritar de dolor, y estaba por hacerlo cuando de pronto sintió dos brazos rodearlo y al voltear hacia abajo vio al mago abrazándolo, rodeando como podía su gran cuerpo.
La bestia lo miró extrañado, creyéndolo loco, porque a pesar de que estaba sangrando y de que en su piel conservaba las marcas de la golpiza que le había dado anteriormente lo abrazaba, al parecer olvidando el daño que le había ocasionado.
-No me iré sin ti- repitió lo que había pronunciado hace un rato, cuando recién entró a la cueva, pero esta vez las palabras no fueron pronunciadas por una voz de anciano y en voz baja, sino por la voz de un joven, fuerte y claro, con más determinación aún que antes, y aún estando la criatura impactada por esa muestra de afecto comenzó a ver sin creerlo como las palabras del mago se hacían realidad, porque en ese momento ambos comenzaron a abandonar la cueva, porque las paredes de ésta se desvanecían lentamente a su alrededor, y la oscuridad daba entrada a la luz de la habitación, para que al fin la bestia, al verse en un lugar seguro, en los brazos de su hermano, la única familia que le quedaba ahora, pudiera volverse también de nuevo un muchacho que se aferraba con los brazos al otro al mismo tiempo que los escudos que había creado para protegerse se desvanecían, con las espadas que llevaban los recuerdos dolorosos que lo atormentaban y lastimaban.
Varias lágrimas salían de sus ojos, pero en su corazón comenzaba a sentir la seguridad de la persona que no lo había abandonado a pesar de haberlo lastimado para protegerse de hacerse ilusiones con una ayuda que al final no recibía nunca.
El otro chico, el mago que logró llegar al corazón de la bestia lo seguía abrazando y prestaba su hombro a su hermano, no estaba enojado por los ataques de antes, lo entendía, como comprendía el miedo que sentía de que al final lo abandonara, después de todo no era la primera vez que le prometían ayuda para que al final se rindieran con él, pues como había visto ya, recorrer el camino hacia la persona es fácil, quedarse es lo difícil, pero él lo haría, sin importar qué.
-Te dije que no me iría sin ti- susurró.