Quiero contar algo que le sucedió a mi bisabuelo cuando era joven, y que fue tan raro que durante mucho tiempo dude de que fuera verdad, Verán, el vivía en un pueblo situado en la ciudad de Puebla, era alguien humilde y muy responsable. Trabajaba en las tierras de un señor muy rico, como capataz, podría decirse, y como les dije, era muy responsable, mientras estuvo ahí todo se mantuvo en orden, excepto una vez.

Él era responsable de los campesinos que ahí laboraban, les pagaba y en general se encargaba de que cumplieran su trabajo, parte de ello era evitar las plagas, lo cual no era muy difícil, solo había que poner trampas y esas cosas. Pero en cierta ocasión, ni eso era suficiente, siempre había algo que faltaba, no era mucho, pero siempre había algo, mi bisabuelo comenzó a hartarse y casi despedía a varios campesinos, pero decidió que lo mejor era encargarse él mismo de la situación. Así que montó guardia, durante tres días con su escopeta, y los tres días siempre veía algo parecido a un zorro acercarse. Era una criatura muy lista, esquivaba con facilidad las trampas y las balas de mi bisabuelo, y siempre lograba llevarse algo.

Al cuarto día mi bisabuelo puso muchas más trampas y llevo a otros tres campesinos a que le ayudaran, y aunque no lo crean, la criatura volví a escapar, aunque algo malherida pues lograron darle con la escopeta. Al día siguiente mi bisabuelo estaba muy contento de camino a su trabajo, cuando un señor lo detuvo y le dijo:

- Amigo, yo solo tenía hambre, perdona si te importune, no volverá a suceder.

Y se fue, a mi abuelo le pareció muy extraño y ni siquiera tuvo tiempo de preguntarle de que rayos hablaba, cuando de pronto, lo vio cojear de un pie. Enseguida recordó a la criatura de la noche anterior, con el su pelaje pelirrojo igual que al de ese caballero. Le contó a esto a mi bisabuela una vez que regresó a su casa y ella le dijo:

- Ay viejo, que tonto eres, ese era un nahual, ¿qué no sabes que ellos se convierten en animales? son brujos, como te pudiste meter con uno. Y da gracias que este era bueno y decidió irse después del escopetazo que le metiste.

Mi bisabuelo no dijo nada, solo se dedicó a contar la historia de generación en generación, siempre advirtiendo de tener cuidado con los seres con los que te cruzaras, pues a los nahuales hay que respetarlos. Y bueno, ahora yo estoy aquí, en su vieja casa dando de comer a un zorro pelirrojo, digo, por si las moscas.