Esto es otra ida de olla mía. Supongo que así pretendo compensar mi reciente inactividad y amenizar un poco la cuarentena a la que estamos sometidos.

Espero que esto sirva de algo xD


Pondremos el mantel, tú quédate a mi lado,

a comernos al amanecer lo que quieran las manos.

-"La luna me sabe a poco", Marea.

Mudanza

La última caja de cartón descansaba junto al portal, sosteniendo la puerta de salida, mientras un chico rubio sacaba la penúltima y se la pasaba al conductor del camión de mudanzas. Se acercó a él, sostuvo la puerta y dejó que el moreno llevase la última caja. Intercambió breves palabras con el hombre y miró al otro muchacho mientras caminaba hacia él.

-¿Y bien?- preguntó el rubio, con los brazos cruzados sobre el pecho, apoyado en la pared color arena del inmenso y luminoso portal.

-Recojo un par de cosas y cojo el coche- anunció, mientras seguía hacia el ascensor y el otro le seguía, en silencio.

Gabriel abrió la puerta del piso, ahora vacío y le chocó por primera vez en días, desde que había empezado a hacer el equipaje y a embalar sus cosas. Sería la última vez que traspasaría la puerta, y lo iba a echar de menos, lo sabía, porque llevaba viviendo allí desde que se independizó. Recogió su chaqueta, las llaves del coche y unas gafas de sol que había dejado en el aparador que había junto a la entrada. Echó un último vistazo, nostálgico, y sonrió al espacio vacío, como si así pudiese agradecer todos los buenos recuerdos que había formado allí. Thomas, junto a él, parecía incluso más triste que él.

-¿Qué te pasa?- preguntó riendo por lo bajo, sin comprender a qué venía aquella actitud apenada.

-N-no puedo creerme que te vayas. Va a ser tan raro no venir a ver una peli contigo, en ese sofá tan cómodo- Gabriel sabía que a Thomas le encantaba ese sofá. De hecho, lo había elegido él, porque se negaba a que Gabriel perdiera la oportunidad de tener el mejor sofá de toda la tienda, y le había salido caro, pero tampoco le importaba mucho, aunque todavía lo estaba pagando.- O no poder comerme el chocolate que escondes por los armarios de la cocina.

-¡Así que eras tú!- acusó, sorprendido, mientras el rubio salía al rellano y dejaba que Gabriel cerrase la puerta de forma definitiva.

-¡Si dejaba que te comieses todo eso tú solo, te ibas a poner como una foca!- se excusó, con una pequeña risa escapando entre sus palabras. Gabriel sonrió mientras negaba con la cabeza y volvía al ascensor.

El moreno dejó que las llaves del piso dieran vueltas en uno de sus dedos, mientras Thomas escrutaba los botones del ascensor, pasando el dedo delicadamente por el botón del cuarto piso, el que acababan de abandonar, con una sonrisa casi imperceptible dibujada en sus labios. Gabriel lo observó de reojo, curioso.

-Si quieres le digo al de la mudanza que lo baje todo del camión.

-¿Qué? ¡No! Es solo que… Ya sabes que soy un sentimental.

-Te recuerdo que es mi casa la que hemos vaciado- se burló. –Vamos, estoy cien por cien seguro de que lo superarás- bufó, porque era una de las pocas cosas de las que estaba del todo seguro en la vida, Thomas no podía negárselo.-Ni siquiera te pusiste así cuando empaquetamos tus cosas- le recordó.

-Era mi habitación en casa de mis padres, va a seguir ahí. Pero esta casa era tuya, y pasaba aquí más tiempo que en casa de mis padres- reconoció por primera vez en la vida.

-Piensa que esta casa podrá darle bonitos recuerdos a quien la habite después, igual que los tienes tú, o yo.

-Sí, solo espero que el ascensor guarde el secreto de las cosas que han pasado ahí dentro- bromeó, enarcando las cejas con una sonrisa seductora, mientras las puertas se abrían para dejarlos salir.

-Bueno, habrá más ascensores.

Gabriel abrió la puerta que daba a la calle, dejó a Thomas salir y lo siguió al exterior. Le hizo un gesto al conductor del camión y se acercó a su coche, un bonito BMW negro, impoluto, perfectamente aparcado. Thomas se paró junto a él, y Gabriel se extrañó al ver que no se dirigía al asiento del copiloto. Frunció el ceño y Thomas levantó la vista, dejando de mirarse los pies.

-Aún no me puedo creer que te vayas- dijo, en tono triste, apagado. Gabriel notó que le brillaban los ojos. El moreno chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco.

-¡Si quieres me quedo!- soltó, fingiendo que su propuesta era real, en tono sarcástico.

-¡No, no! Pero voy a echar de menos venir aquí.

-Thomas, por Dios, ¡que vamos a vivir en la misma casa!

-¡Lo sé! ¿No estás emocionado?- su tono se había convertido en uno mucho más alegre y se adivinaban los nervios y la emoción en él.

-Lo estaba hasta que he recordado lo pesado que puedes llegar a ser.

-¡Lo vamos a pasar en grande!- exclamó, cerrando la puerta una vez que se sentó en el asiento del coche. Se puso el cinturón mientras Gabriel encendía el motor y se ponía las gafas de sol, lanzando un suspiro al aire antes de ponerse el cinturón también.

-La que me espera… -murmuró, recibiendo un puñetazo en el brazo por parte del rubio, que sonrió con malicia. Gabriel le devolvió la mirada por encima de las gafas, con una sonrisa torcida. El rubio puso la radio en una emisora de rock, Gabriel no se quejó; por suerte compartían gustos parecidos, aunque Gabriel escuchaba tranquilamente mientras Thomas marcaba el ritmo dándose palmadas en los muslos y meneando la cabeza de tanto en tanto, canturreando las canciones que se sabía.

-Esta noche duermes en el sofá por ese comentario, que lo sepas- se atrevió a decir.

-No vas a dejarme hacer eso- aseguró, manteniendo la mirada fija en la carretera, sonriente.

-¿Por qué no?

-Hoy llevo los calzoncillos que me regalaste las navidades pasadas- ensanchó la sonrisa. Thomas guardó silencio, desvió la vista y miró por su ventana, apoyándose en su brazo, tapándose los labios con la mano y sintiendo como le ardían las mejillas.

-Mañana dormirás en el sofá- afirmó, con la boca pequeña, algo que Gabriel sabía que hacía para disimular que sonreía.

El moreno emitió una carcajada y continuó conduciendo hasta su nuevo hogar, un apartamento que compartiría con el rubio que le maldecía por lo bajo y que seguramente planeaba una venganza por haber ganado aquel asalto.


El primer paso: la mudanza. Presiento que se avecinan momentos cotidianos muy divertidos, así como la cara más real de la convivencia.

Os lo digo yo, que hace dos años y medio que vivo e pareja xD

¡Nos leemos!