Llevaba demasiado sin actualizar esto, y en parte es porque creía que lo había hecho recientemente, y resultó que no. Este capítulo tenía otra versión, y luego hice esta para terminar eligiéndola como la definitiva. Espero que guste y sea la opción correcta.


Un concierto en el garaje

-Es aquí- comentó el rubio, observando una casa adosada a las afueras de la ciudad, comparando el número de la puerta con el que él tenía.

-Debería haber comprado una casa como esta- se quejó el más alto, observando la vivienda tras sus gafas de sol oscuras, como las de Thomas.

-Pero no pudiste resistirte a nuestro pisazo.

-Pues no- reconoció sin inmutarse-, los discos de platino quedarán muy bien en ese amplio salón.

-Querrás decir tus discos- el más bajo se acercó a la verja blanca que bordeaba el jardín y la abrió para acercarse a la puerta de color rojo que le esperaba en frente, pero una voz le detuvo.

-¡Hola! ¡Estamos aquí!- llamó un chaval de unos veinte años, tímidamente.

-¡Ey!- saludó el rubio, alegre, y atravesó el jardín por un camino de piedras incrustadas en la tierra para llegar hasta el garaje que acababa de abrirse para dejar salir al moreno de ojos azules-. Perdona por el retraso, pero hemos aparcado un poco lejos, por eso de evitar que nos sigan y tal.

-Sin problema- sonrió, y entonces dirigió la mirada hacia el acompañante del rubio-. Hostia puta- murmuró, boquiabierto, sin pestañear, cuando Gabriel se quitó las gafas de sol.

-¡Kenneth!- se escandalizó el rubio.

-¡P-perdón! No sabía que el amigo que traerías fuese el cantante de Dark Affairs*- admitió el joven, fascinado.

-Quizá debí comentártelo antes- se disculpó, aunque en el fondo sabía que formaba parte de su táctica para ponerlo a prueba.

-V-vamos dentro, mis amigos están terminando de prepararlo todo- ofreció Kenneth, en actitud servicial. Thomas lanzó una mirada emocionada a Gabriel, que sonrió y negó con la cabeza.

-¡Hola!- saludó el rubio a las dos personas que había en el interior del garaje, preparando los instrumentos.

Los otros dos se quedaron boquiabiertos cuando voltearon a mirarlos, y Kenneth parecía terriblemente nervioso, pero Gabriel pudo notar que había algo de orgullo en su mirada, como si hubiese estado esperando ese momento para callar las burlas de sus dos amigos.

-Chicos, os presento a nuestros invitados, Thomas y Gabriel.

-Es El Mirlo*- se impresionó un chico de tez oscura y pelo negro muy rizado, que sostenía unas baquetas en sus manos.

-El mismo- reconoció el moreno, aunque en su grupo no le llamaban así a menudo, era un apodo que los medios le habían concedido en una ocasión y se había dado a conocer en todas partes.

-¿Cómo has…?- una joven de pelo negro y grandes ojos verdes alternaba la mirada entre Kenneth y los dos invitados sorpresa.

-Fue una casualidad- confesó él, sonriendo a la chica, que tenía su instrumento colgado del hombro por una gruesa correa-, y también tuve suerte de que Thomas fuese tan amable.

-Creíamos que habías desaparecido- confesó el chico de las baquetas.

-Bueno, tuve ciertas desavenencias con unos compañeros y, para evitar un mal mayor, decidí marcharme, y he estado algo desconectado- mintió, no queriendo entrar en detalles de lo ocurrido.

-¿Y él?- preguntó la chica, señalando a Gabriel con una cabezada, y todos lo observaron, mientras él permanecía indiferente.

-¿Qué pasa conmigo?

-¿Sois amigos?

-Desde hace mucho, sí; pero no solemos hablar de nuestras vidas privadas en entrevistas, así que era imposible que lo supieseis- respondió rápidamente Thomas-. Pero no hemos venido para esto, queremos escucharos tocar. Kenneth asegura que sois buenos, aunque no tenéis un cantante.

-Bueno, Hazel- señaló a la chica con un gesto de la mano- se defiende, pero es complicado aún dedicarse al bajo y a cantar, y nunca hemos actuado en público.

-Tranqui, Kenneth, es normal. No es necesario que cante nadie, me interesa saber cómo sonáis. Podría aconsejaros un poco, es para lo que quedamos en vernos, ¿no?- el moreno asintió y volvió a su puesto, agarrando con cuidado la guitarra que le pertenecía. Thomas tomó asiento frente a ellos, en una caja de madera, mientras que Gabriel se apoyaba en la pared más cercana, cruzado de brazos-. ¿Qué soléis tocar?

-Pues- Kenneth parecía no saber qué contestar, un tono rosado se apoderó de sus mejillas y fue el chico de la batería quien contestó.

-Nos llamamos Bad Residues porque hacemos sobre todo covers de otros grupos, no tenemos ningún tema propio.

-¿Y tú eres…?

-Darren, señor.

-¿Qué tipo de covers tocáis, Darren?

-Lo que más nos gusta tocar son canciones de Get Scared, Set It Off…- enumeró.

-Bien, conozco esos grupos; elegid uno y dadlo todo.

Thomas reconoció las primeras notas de Wolf in Sheep's Clothig, no pudo evitar dar unos toques con el pie contra el suelo ni menear la cabeza de tanto en tanto. Pudo apreciar también que los tres chicos parecían transformarse al tocar, ninguno les prestaba atención, no se les veía nerviosos, y eso era algo que al rubio le gustaba. Lanzó una mirada a Gabriel, sonriente, y este le devolvió el gesto, de forma muy discreta. Estaba claro que sin letra era un tema bastante distinto a lo que solían escuchar, y que faltaban instrumentos, pero tenían mucho potencial; lo sabía, y quería ayudarlos, no podía negarse. Sabía bien que Gabriel le diría que se hiciese de rogar un poco más, temeroso de que quisieran aprovecharse de él, o de que tuviesen mucha confianza con él y acabasen abusando de él. Cuando hubieron terminado, tras unos segundos, Thomas les regaló unos pocos aplausos y se puso en pie; la actitud de los tres volvió a cambiar, volvían a parecer simples chavales que tenían afición por la música, incluso parecían sorprendidos de tener espectadores, como si hubiesen olvidado su presencia, y Thomas no estaba acostumbrado a que unos fans se olvidasen de que estaba allí.

-Estoy gratamente sorprendido, la verdad- felicitó, el rubor apareció en los rostros de los tres, y Kenneth les dedicó una mirada de orgullo a sus amigos.

-Sí, pero os falta algo- sentenció Gabriel, sin moverse y sin cambiar su gesto sereno.

-Obviamente, no tienen vocalista, y solo tienen un guitarrista- se quejó el rubio, chasqueando la lengua ante la osadía de Gabriel, que parecía haber olvidado que estaban tratando con chavales-. Pero estoy seguro de que podríais llegar lejos si conseguís eso; estáis a la altura.

-Eso es mucho decir- se atrevió a responder Hazel, tímida, aunque no tenía pinta de ser una chica que se avergonzase fácilmente.

-¿Queréis hacer la prueba?- preguntó el rubio, con una gran sonrisa.

-¿A qué te refieres?- inquirió Kenneth, sin entender de qué estaba hablando el de pecas.

-¿Conocéis algo de My Chemical Romance?

-¡Claro!- respondió Darren, emocionado.

-Pues estáis de suerte- aseguró Thomas, lanzando una breve y divertida mirada a Gabriel, que arqueó las cejas como único aviso, un aviso que sabía que Thomas ignoraría olímpicamente-, porque en el instituto teníamos una banda tributo: My Chemical Tribute.

-Estás de coña, ¿no?

-No, Darren. Éramos malísimos poniendo nombres, era normal teniendo a Jake en el grupo- se burló, sin reprimir una risa-, pero sonábamos muy bien. Podéis preguntarles a los discos de oro de este señor- señaló a Gabriel por encima de su hombro, y este rodó los ojos y bufó, mientras a Darren le brillaban los ojos.

-¿Podemos verlos?

-No- respondió rápidamente Gabriel, creyendo que Thomas sería capaz de regalarlos si se los pedían.

-¿Podéis tocar una canción de My Chemical Romance?- insistió el rubio.

-Alguna, sí- respondió Hazel.

-¿Teenagers? ¿Thank You For The Venom?- empezó Kenneth, pero Thomas pronunció su sonrisa y escogió una por su propia cuenta.

-The Sharpest Lives- nada más pronunciar el nombre de la canción, los tres viraron hacia el moreno más alto de los allí presentes, que se volvió hacia Thomas como un rayo y no pasó desapercibido. El rubio se volvió hacia él y sonrió aún más, casi como una amenaza: sabía que lo tenían bien pillado.

-Voy a por tu guitarra- fue lo único que añadió antes de marcharse para regresar al coche.

-¿Vais a tocar con nosotros?

-Sí, debo decir que ha sido difícil de convencer, así que espero que lo hagáis bien, o se enfadará.

-¿Eso ha sido difícil?

-Bueno, era difícil que os la supieseis, más bien- corrigió-. Es la canción que mejor nos salía en su momento, de hecho, la llegamos a tocar unas cuantas veces en público.

-¿Va a cantar con nosotros?- se alarmó Hazel, y Thomas creyó que se iba a desmayar.

-Puede que a la vuelta haya cambiado de opinión, pero en principio, sí.

La chica emitió un gritito y dio unos cuantos saltos, tanto Kenneth como Darren se rieron en voz alta, y la madre del chico entró a toda prisa.

-¿Va todo bien?- preguntó, parecía preocupada.

-Sí, mamá- respondió el anfitrión entre risas.

-¿Pero qué…?

-Ah, sí, este es el amigo al que he invitado. Y por allí viene su otro amigo.

-¿Son…? ¿Son los chicos de tus posters?

-Sí, olvidé mencionar que eran famosos.

-Pues será mejor que me vaya- comentó ella, nerviosa, mientras Gabriel le entregaba a Thomas su estuche con su guitarra y observaba a la mujer con curiosidad- antes de que te avergüence, como siempre dices- cerró la puerta y los dejó allí, en silencio.

-En el fondo es muy normal, pero no está acostumbrada a tener estrellas del rock en casa- se burló el moreno de ojos azules, encogiéndose de hombros.

-Descuida, es de las cosas más normales que nos han pasado- confirmó el moreno, que apenas había participado en ninguna de las conversaciones que se habían mantenido allí, pues se había propuesto ser el "poli malo", el Risto Mejide de las audiciones.

-¡Si yo te contara! Una vez me asaltó un chaval en la calle y le acabé invitando a un café- se burló el rubio, y dio un apretón en el brazo de Kenneth, con cariño.

Gabriel conectó la guitarra de Thomas al amplificador y Darren le dejó un micrófono que a veces Hazel usaba para cantar. Un pesado silencio se apoderó del ambiente cuando Thomas se aseguró de que todos estaban listos; el rubio se colocó su guitarra y lanzó una rápida mirada a todos los presentes: Darren en la parte de atrás, Hazel a un lado, junto a Kenneth, que haría de segundo guitarrista, y Gabriel en el centro, que derrochaba calma y tranquilidad, mientras que Thomas podía sentir las ondas de nerviosismo que desprendían los más jóvenes, como un eco en una cueva. Estaba deseando ver la cara de sus anfitriones al ver transformarse a Gabriel cuando empezase a cantar y lo tuviesen tan cerca. Thomas adoraba verle disfrutar cuando actuaba, y tener su propio concierto con él iba a ser el mejor recuerdo de ese mes, sin dudarlo. Thomas tenía que medir bien el tiempo después de que Gabriel empezase a cantar, no podía equivocarse, y estaba tan desentrenado que se asustó por un momento; el moreno le lanzó una mirada de advertencia: si se equivocaba, dormiría en el sofá. Acto seguido le dedicó una dulce sonrisa, y esta decía que estaba seguro de que no fallaría. Hazel debía empezar, a los seis segundos empezaría a cantar el moreno, y Thomas se encargaría de hacerle los coros antes de entrar con la guitarra, acompañado de los otros dos. En la parte del solo de guitarra, el rubio se lució, como siempre, y a pesar de lo impresionados que parecían los más jóvenes, ninguno perdió el hilo. El más alto se volvió hacia ellos, impresionado, Thomas estaba resplandeciente.

-¿Veis como p-?- sin embargo, se detuvo en su felicitación, los tres chicos parecían estar a punto de llorar, y Thomas entendía ese sentimiento. Les dejó un poco de espacio y se acercó a Gabriel.

-No has perdido nada de práctica- alabó el moreno, sonriente.

-Tú has estado fantástico, como siempre- felicitó el más bajo de los dos.

-Creo que lo habría hecho mejor si me hubieses dejado cantar Helena.

-Esta es un poco más corta, quería ponerlos a prueba- confesó, observando de reojo a los tres amigos, que murmuraban bastante emocionados y con grandes sonrisas estampas en sus rostros.

-Me recuerdan un poco a ti, eras el único que le daba tantísima importancia a ese grupo de instituto.

-Bueno, era el líder, tenía que darle ese cuidado especial.

-¿El líder? ¡Pf! ¡El líder siempre es el cantante!

-En Mägo de Oz es el batería- recordó el rubio.

-Y en casa el líder soy yo- se burló el más alto, y el rubio se echó a reír.

-Pero se hace lo que yo digo.

-¡Otra!- pidió la voz de Kenneth, distrayéndolos.

-¿Cómo?

-Queremos tocar otra con vosotros, la última.

-Bien, pero será Helena- sentenció Gabriel.

-Es que, además de que su hermana se llama Elena, es su favorita; pero no le hagáis caso, porque soy su jefe y decido yo.

-¿Perdona?

-Helena está muy bien, Gabi, pero hay una canción que se te da de perlas, y qué mejor que darles ese regalo antes de irnos.

-No, no, no- negó con la cabeza y se cruzó de brazos-. Sé cuál vas a elegir, y sé por qué lo haces.

-¡Vamos! Lo haces de maravilla- suplicó cual niño pequeño y Gabriel cedió en silencio-. ¡Muy bien, chicos! The Jetset Life Is Gonna Kill You- anunció el rubio, orgulloso-. Fue con esa canción con la que le cogieron en el grupo en el que está siendo sólo un crío, y mirad a dónde los ha llevado.

Darren iba a empezar en solitario esa vez, cuando estuvo preparado, los demás prestaron atención, preparándose para su momento. A los quince segundos, Gabriel volvió a cantar, con voz suave, casi en un susurro.

-Gaze into her killing jar I'd sometimes stare for hours; she even poke the holes so I can breathe...- Gabriel solía concentrarse mucho al cantar, parecía que solo estaban él y su micrófono, y a Thomas le ponía un poco celoso la forma en que interactuaba con "el chisme", como él lo llamaba. Era un comportamiento que Gabriel conocía, y siempre le dedicaba miraditas al cantar para tenerlo contento, y sabía en qué momentos hacerlo-. Pull the plug, but I'd like to learn your name. And holding on, well I hope you do the same, aw sugar!- y le guiñó un ojo.

Thomas podría soltar la guitarra y comportarse como una fan loca en esos momentos, pero ya estaba acostumbrado a controlarse, como hacía en los ensayos que tenían siendo más jóvenes.

-¡Sentimos llegar tarde!- anunció el rubio, visiblemente agitado, mientras Gabriel llegaba al garaje de Jake detrás de él, con actitud relajada.

-Últimamente siempre llegáis tarde, así que ya no me sorprende- se quejó el bajista, de brazos cruzados.

-Es una racha, se pasará- se excusó el rubio, dejando la guitarra sobre el viejo sofá y sacándola del estuche para colocársela colgada del hombro.

-O puede que no- soltó el moreno, sin inmutarse, comprobando que su micro estaba correcto.

-Hace unas semanas que estáis muy raros; si hay algún problema, podéis contar con nosotros.

-Sí, para reírnos- se burló Kellen, que siempre estaba ahí para incordiar al resto, sentado tras su batería.

Jake rodó los ojos y Thomas rio, como siempre, pero ni él ni el moreno comentaron nada al respecto. Quizá a Gabriel le daba todo igual, pero Thomas no estaba preparado para contarle a sus amigos que habían empezado a salir, quizá por el miedo de no ser aceptado, o por el hecho de que creyesen que influiría en la banda, así que prefirió esperar un poco más. Gabriel, que estaba en el centro, tenía la costumbre de lanzar miradas y guiños a Thomas, antes formaban parte del buen rollo de la banda, de su amistad, pero Thomas se ponía nervioso, y ahora con más motivo. Las mejillas del rubio se tornaron rojas, ardían, y perdió una nota o dos sin darse cuenta. Jake no parecía contento con eso, pero como Thomas sonreía sin parar, no creyó que fuese un mayor problema.

-Está bien, cinco minutos de descanso. Voy a por algo de beber, ¿os apetece?

-No, gracias- dijo Gabriel, alzando su botella de agua.

-Para mí una cerveza- pidió el rubio, y Kellen se acercó a Jake.

-Te acompaño, quiero lavarme las manos- dijo.

Cuando ambos se fueron, Gabriel cerró su botella de plástico y se aceró a Thomas, que estaba atareado afinando de nuevo su guitarra y quitándosela del hombro para dejarla sobre el sofá, sin parar de murmurar cosas a las que el moreno no hacía caso. Cuando el más bajo se giró hacia él, puso ambas manos en sus mejillas y plantó un largo beso en sus labios.

-¿Cuándo se lo vas a decir?- preguntó, visiblemente impaciente.

-¿El qué? ¿Esto?- señaló con el dedo a ambos varias veces-. No lo sé, pero prefiero tomarlo con calma.

-Eh, son nuestros amigos, no van a juzgarnos.

-¡Lo sé! Pero quiero guardarlo un poco más para nosotros solos- murmuró, con timidez, y Gabriel pasó sus manos por su cintura y rodeó su cuerpo, abrazándolo estrechamente. Thomas pronunció más su sonrisa, sin atreverse a mirar al más alto a los ojos.

-Pues tendremos que quedar para darnos el lote bastante antes, o empezarán a darse cuenta- se burló el moreno, y se mordió el labio al ver a Thomas ponerse colorado.

-Si quedamos con más tiempo, no me hago responsable de lo que pueda pasar- el más bajo atrapó los labios de Gabriel con los suyos y los masajeó con sumo cuidado y con lentitud, mientras el mayor dejaba que dominase aquel contacto: su ritmo, su fuerza, todo. Cuando la lengua de Thomas se atrevió a entrar en él, clavó las uñas en su cuerpo a través de su ropa, y pudo sentir como el otro acariciaba su pecho y subía hasta sus hombros antes de rodear su cuello; se atrevió a bajar las manos hasta sus glúteos, el rubio dio un respingo y emitió una risa en medio del beso.

-Además de la cerveza, ¿necesitáis condones?- preguntó Kellen ya en la puerta, divertido, junto a un estupefacto Jake, rígido, con los ojos muy abiertos, mientras los dos sorprendidos se separaban con un sonido similar a una ventosa y los miraban, avergonzados, el rubio más colorado que el moreno.

-Parece que no te queda más remedio que contárselo- concluyó el más alto de los dos, sin disimular la sonrisa, y Thomas suspiró, como si intentara asegurarse de que estaba viviendo aquello de verdad, concentrándose en su respiración.

-Está bien, llevamos un tiempo saliendo. No quería contároslo, al menos no de momento, por miedo a que nos afectase como grupo.

-A ver, es una putada- aseguró Jake, serio, y era la primera vez que Thomas le veía en una posición tan firme. Realmente no esperaba que Jake fuese el que peor lo tomase de los dos, y percibió la autoridad de sus palabras-. Pero creo que es más importante lo que tenéis que esto; ni siquiera sabemos si esto será nuestro futuro, pero no estropeéis las dos cosas, ¿vale?

-¡Oh, Jake!- Thomas se le echó a los brazos, en los que aún sostenía las cervezas que había traído, abiertas, y lo hizo desestabilizarse un poco.

Cuando la canción llegó a su fin, el rubio sonreía satisfecho. Había vuelto a los viejos tiempos, había sido agradable, incluso a sabiendas de que quienes tocaban con ellos no eran parte del grupo, sino unos chavales de unos veinte años como mucho, había sonado casi igual. No lo habían hecho nada mal, y Gabriel parecía satisfecho con el resultado, algo que no había esperado, ya que tenía fama de ser muy tiquismiquis y él lo sabía, y eso era mejor que cualquier cosa.

-Tengo que daros mi veredicto- anunció el rubio, sonriendo ampliamente-. La verdad es que me ha gustado mucho cómo lo habéis hecho, creo que tenéis potencial, y por ello- una voz le interrumpió. Miró a Gabriel como acto reflejo, aunque sabía que no había sido él. Pudo percibir en su mirada una nueva advertencia, sabía que el moreno le iba a pedir que recapacitara antes de tomar una decisión al respecto, y entendía que no debía dejarse llevar por el calor del momento y que era mejor esperar un poco y sopesar los pros y los contras. La voz impertinente habló otra vez, desde detrás de la valla del jardín de Kenneth, y los tres chicos fruncieron el ceño.

-Esta vez habéis sonado un poco menos basura, pero seguís siendo unos mantas- se burló un chico de más o menos su misma edad, con expresión orgullosa. Thomas alternó la mirada entre el desconocido y los chicos que estaban con él.

-Voy a ir recogiendo- anunció el moreno, desganado, y cogió la guitarra de Thomas para guardarla en su estuche y llevarla al coche.

-¿Pero qué…?- Gabriel pasó de largo sin apenas mirar al desconocido, y este alternó la vista entre él y Thomas, que seguía junto a Kenneth.

-Antes de irme, os dejaré mi teléfono- continuó el rubio como si no los hubiesen interrumpido-, quedaremos para daros esas clases que Kenneth me pidió, aunque no necesitáis mucha formación- felicitó-. Hasta luego, chicos- se despidió, y se encaminó hacia la valla. No se molestó en caminar hacia la puerta, la saltó justo frente a ellos, junto al recién llegado, y lo observó de arriba a abajo sin dejar de sonreír-. Esa "basura" de la que hablas va a vender muchos discos el día de mañana, ve ahorrando para comprártelos- le dijo, y se encaminó hacia el coche, siguiendo los pasos de Gabriel.

Se montó en el coche negro donde Gabriel ya estaba sentado, al volante y con las gafas de sol puestas, y sin apartar la vista del frente cuando Thomas se sentó a su lado le habló.

-¿Le has callado la boca a ese niñato?

-Por supuesto.

-Ese es mi chico- felicitó, dibujando una sonrisa torcida, y puso el motor en marcha para regresar a casa.


*Dark Affairs: lo he sacado de "Fantasy Names Generator (.com)" como otros tantos nombres. Significa "Asuntos Oscuros" y lo elegí básicamente porque el grupo de Gabi tiene que ser de este rollo emo, gótico, rockero y creo que le iba bastante bien.

*El Mirlo: ¿Por qué he elegido este apodo para Gabi? Pues porque "El Ruiseñor ya estaba cogido (cultura española) y porque pueden aprender una gran variedad de cantos y su color es negro, así como Gabi siempre viste de negro.

Eso es todo por hoy.

¡Nos leemos!