30: Madre.


Treinta: Por quien es.

No crees que hayas llegado a donde estás de no ser por tu mamá.

Si lo piensas detenidamente (y yendo un poco a los extremos, como suele pasarte), eso va desde el momento en que naciste. Pudieron salir mal algunas cosas, pero aunque no tengas la certeza, jurarías que tu mamá habría puesto todo de su parte para que nada te pasara.

Conforme crecías, lo has visto, aunque a primera vista, quizá no lo entendieras. De niña, quería que comieras bien, que te portaras correctamente con los mayores, que hicieras tus tareas y que el entretenimiento no te dominara (ajá, sabes que eso va por la televisión, tu primer gran "vicio"). Igualmente, vio tus pequeños fallos y te regañó por ellos, pero no resultaba cruel sino solo enfadada, por lo que te podías enfurruñar, aunque no duraba.

Ya mayor, no pareció preocuparse demasiado con tus decisiones, incluso cuando algunas de ellas no las entendió del todo por más que le dieras tus argumentos (sí, esas explicaciones un poco enredadas que tú consideras todavía bastante claras, pero otros quizá no). De verdad, en el momento no se te ocurrió, pero ahora crees que no se preocupó porque confió en que lo harías bien y bueno, es un placer reportar que tuvo razón (al menos la mayoría de las veces).

De adulta, no luce como si lamentara tus elecciones de vida (o en ciertos casos, tu falta de elecciones). Te has convertido en una adulta bastante funcional que no da problemas y que es básicamente buena persona.

Y solo por lo anterior, tu mamá puede sentirse tranquila por ti.