No dejaba de repasar la escena en su cabeza. Marlene era tranquila y Gina, su mejor amiga, era conocida por ser una buscapleitos, peleaba con todo el mundo y ella seguía sin creer que se había convertido en una de sus víctimas.

Gina se la pasaba molestando a todos, pero ese año se había ensañado con «las nuevas». Marlene no lo quería aceptar pero cuando Lorena la enfrentó y le dijo que se preguntará el ¿por qué Gina parecía odiarlas tanto? tuvo que asumirlo; su amiga detestaba verlas juntas, hacía comentarios despectivos y se burlaba de su relación. Ellas solo eran amigas, pero se gustaban eso se notaba a kilómetros.

Se le ocurrió preguntárselo cuando se la encontró en el baño mientras se retocaba el maquillaje. En retrospectiva debió elegir un lugar más público pues justo esa era hora de clase y estaban solas, pero no se había sentido en peligro, era su mejor amiga ¿por qué habría de sentir eso? Al principio no sabía cómo abordar el tema, pero finalmente lo hizo directo al grano y no esperaba para nada la respuesta que recibió.

―Si lo que quieres saber es si la razón por la que soy así con esas idiotas es que son unas... ―Ni siquiera terminó su oración y la mano de Gina ya formaba un puño.

―¿Porqué se quieren?

―¡Já, por favor! ―dijo su amiga sarcástica―, eso no es querer, es una aberración. ―Escupió con desprecio esto último.

―Pero ―dijo Marlene dolida―, eso no es malo.

―Claro que lo es; no entiendo porque de pronto las defiendes tanto, te recuerdo que tú también las has molestado.

―Si pero es que yo creí que solo lo hacías porque eran nuevas, no por eso.

―¿Y de cuando acá te importan las razones? Va a resultar que también eres... de su club ―añadió burlona.

Marlene no dijo nada y solo agachó la cabeza. Gina lo entendió enseguida.

―Pero tenías novio ―atinó a decir― ¿cómo es posible?

―Antes de llegar a esta escuela tuve novia ―respondió Marlene sin mirarla.

―Me mentiste.

―No, es que no sabía cómo decírtelo, no sabía cuál sería tu reacción y... tenía miedo.

La discusión escaló muy rápido, Gina le seguía reclamando y de pronto las palabras se convirtieron en golpes. La azotó contra la pared y le golpeó la cabeza con el dispensador de papel, ella cayó al suelo y ahí comenzó a darle de puñetazos. Marlene solo le gritaba que se detuviera pero Gina no escuchaba. Estaba cegada por la ira, se sentía traicionada. Cuando entró en razón vio a su amiga tirada en el suelo llena de sangre y solo tomo sus cosas y se fue.

Horas después fue la misma Lorena quien la encontró.

―¡Marlene!, ¿qué te pasó?

―Gina ―dijo ella con la mirada abajo. Estaba sentada en el piso.

Lorena fue hacia ella se sentó a su lado. Luego de un rato logró que le contará lo que había pasado.

―Me imagino como debes sentirte, Gina, era tu mejor amiga.

―Me odia.

―No sabemos eso, pero si así fuera no es tu culpa.

―Gracias ―sonrió Marlene― y perdón por tratarlas tan mal, no debí hacerlo.

―Está bien ―dijo Lorena también sonriendo―, ya hay que olvidar eso. Ven ―añadió levantándose y ofreciéndole su brazo―, te llevaré a la enfermería, es mejor que te revisen.

―¿Por qué me ayudas? ―respondió Marlene tomándola del brazo―. No lo merezco.

―Claro que sí, además eso hacen las amigas.

Marlene le sonrió y aunque le dolía lo que pasó con Gina, agradecía que aún hubiera personas como Lorena. No todo estaba perdido.