CAPÍTULO 1

··El mundo gira a mi alrededor. Todo se mueve muy rápido. No alcanzo a sentir nada antes de desplomarme al piso. Sin previo aviso, un dolor terrible me invade la espalda baja y el cuello. Unos brazos fuertes y familiares me rodean. Escucho gritos y algo de eco. Siento lágrimas caer sobre mis mejillas, pero creo que no son mías. Hay un gran alboroto a mi alrededor el cual no comprendo. A pesar de ello, termino por cerrar mis ojos y dejar que mi mente se apague.··

Curiosos pensamientos. Ella nunca ha sido de las que narran como tal los sucesos a su alrededor, pero según parece, esta vez quiso hacer una excepción debido a las confusas circunstancias.

Tras abrir sus ojos, logra cobrar consciencia en un mar de confusión. El rostro de la chica denota su expectativa de recibir una cálida y gentil luz sobre sus ojos, algún destello que le obligue a cerrarlos tal como en aquellas mañanas cuando el sol se colaba por entre sus cortinas para posarse directo en sus párpados. En vez de ello, no ve nada.

Empieza por intentar mantener la calma. Cierra los ojos y se los talla. Parpadea y los aprieta. Nada parece tener efecto en su visión. Al final, llega a la conclusión de que el cuarto está inmerso en una absoluta oscuridad imposible de evadir. Derrotada, intenta avanzar en las abismales penumbras. En el proceso, se estrella un par de veces contra las paredes de lo que no tarda en identificar como un cuarto redondo, el cual solo logra dificultar su ubicación espacial.

—¿Hola? —grita, intentando comprobar si hay alguien en el cuarto con ella. En respuesta únicamente recibe un profundo eco.

Mientras vaga por el lugar, algo llama su atención. Agudiza sus sentidos y capta un súbito movimiento a su izquierda. En un intento de acercarse hacia donde percibió su falta de soledad, algo le hace tropezar. Cae, pero no hay superficie alguna que detenga su desliz. El asunto radica en que ella se encuentra en plena caída libre.

—¿¡Qué demonios?! —la exclamación se escapa de su boca antes de que pueda procesar lo sucedido.

Después de lo que le parecieron un par de minutos, siendo en realidad simples segundos, su caída encuentra un fin. Le sorprende encontrarse con un suave y frondoso pasto debajo ella, cosa que contrasta a gran escala con su reciente y repentina oleada de pánico. Se recuesta un momento con la intención de recuperar el aliento y el control de sí misma.

··¿Qué está pasando? ¿Qué es esto?··

Analiza la situación por un rato. Tras no encontrar respuesta a sus interrogantes, las desaparece de su mente para abrir paso a un sentimiento de alivio, el cual se había alojado discretamente en su pecho desde el momento en que aterrizó sin un solo rasguño causado por la ahora incómoda gravedad. Este sentimiento, sin embargo, no duró mucho, ya que el terror lo reemplazó por completo al sentir una familiar y cálida luz sobre su piel.

··¿Sol? Esto no puede ser. La más profunda oscuridad me invade y aún así siento la calidez del sol sobre mí. Esto no es real… ¿o sí?··

Sigue narrando para sus interiores, perdiéndose cada vez más en las tinieblas.

—¿Tom? ¿Ali? —empieza a gritar a los cuatro vientos, esperando que alguno de sus amigos escuche sus desesperados ululatos—. ¿Stella? ¡Quien sea! ¿Alguien me escucha?

Después de una extensa cantidad de tiempo de gritar sin sentido alguno, se detiene a contemplar cómo el aire arrastra lejos el sonido de sus palabras, llevándose consigo todo rastro de esperanzas de encontrar un alma viviente que responda a su llamado. Empieza a caminar de nuevo, con la vaga ilusión de encontrar algo para ayudarla a guiarse en este espacio lleno de nada. En semejante situación, el deambular sin rumbo alguno parece una opción atractiva si no se considera que es la única opción en sí.