—¿Porqué te da miedo la lluvia abuelita? —dijo la niña luego de verla estremecerse con los truenos que escuchaban a lo lejos.

Ella sonrió al ver que su nieta era muy inteligente y se daba cuenta de todo.

—No es la lluvia hija, es... el monstruo del agua lo que me asusta.

—¿El monstruo del agua? —replicó la niña asustada.

—Si pero no temas, esta muy lejos y aquí no nos alcanzará.

—Oh bueno —respondió aliviada—pero entonces ¿porqué te asusta?

—Creo que es su recuerdo lo que me asusta realmente —su nieta la miró confundida y ella continuó —ven, te voy a contar del día que lo conocí para que lo entiendas mejor ¿esta bien?

La chiquilla asintió y se sentó a su lado.

—Verás, hace muchos años, yo tendría tu edad más o menos, y estábamos en el centro. Nos habían llevado a dar el grito de Independencia.

—¡Como en la tele!

—Si —rió la mujer—pero ese día no fue tan bonito como tú has visto.

—¿Porqué?

—Por el monstruo del agua, llegó justo cuando el gritó se iba a dar y todos corrimos a refugiarnos.

—¿Y cómo era el monstruo abuelita? ¿Tenía grandes dientes. cuernos, cola?

—Nada de eso mijita, era enorme y todo él estaba hecho de agua. Tenía una gran boca y se comía todo lo que encontraba a su paso. Casas, autos, postes... personas.

La niña se tapó la boca asustada.

—Tenía mucho miedo, solo escuchaba los gritos de la gente, mi mamá empezó a llorar y una señora no paraba de decir que todo había sido por las lluvias del día anterior.

—¿Y luego qué pasó?

—Pues volvimos a casa muchas horas después. Pero ya no había nada, el monstruo se la había comido junto con otras más.

—¿Y que hicieron abuelita? ¿que hizo la gente?

—Nos fuimos hija. Amigos y familiares nos ayudaron, fuimos de casa en casa hasta que pudimos encontrar un lugar propio. Nos regalaron ropa y nos prestaron muebles hasta que pudimos comprar los nuestros.

—¿El monstruo ya no volvió?

—No, pero nosotros seguimos temiendo que lo hiciera. Por eso me da miedo la lluvia hija, porque ese día fue el anunció de que el monstruo venía.

—No te preocupes abue, yo te voy a cuidar. Y mira —añadió la niña corriendo a la ventana y abriendo la cortina —dejó de llover y el monstruo no va a venir.

—Así es hija, no va a venir —respondió su abuela sonriendo mientras la abrazaba y pensaba que aunque ese día lo había perdido casi todo, conservó a su familia, y ahora eso solo era un recuerdo muy lejano que esperaba poder dejar atrás.

**Relato basado en la inundación ocurrida en el estado de San Luis Potosí el 15 de Septiembre de 1933**