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Era el año tres mil novecientos treinta y siete, mi licencia como piloto estaba por cumplir su primer año y quería hacer algo que fuese importante, una aventura que despertase el interés de la prensa. Aquella mañana me encontraba con la compañía de la radio y de mi madre.

— ¿Vas a salir a trotar más tarde? Recuerda que tengo clases de natación hoy a las tres y no quiero regresar caminando—me comentó mi madre—, creo que desde ese día perdí unos siete kilos.

—No te preocupes por eso, aunque deberías atender la llamada de vigilancia— le respondí riendo, para luego servir el café—, es tu turno de atender el teléfono el día de hoy.

Durante aquellos segundos que duró la llamada, mi madre se puso seria y después se cambió la ropa lo más rápido que pudo, yo hice lo mismo casi de forma automática aunque con más paciencia. Poco después sonó el timbre y un hombre maduro, ataviado con el uniforme de las Fuerzas Aéreas de la Federación Terrestre nos estaba visitando. —Buenos días Abigail ¿Qué tal estas?

—Bien, no me quejo mucho, señor Justino Segovia ¿Qué te trae por estos lados?

—Vengo a hablar contigo y con tu hijo—escuché que respondió y salí de inmediato de mi habitación—. Así que con aquí estas, muchacho. Y ¿Huelo a café recién colado?

Mi madre dejó entrar al invitado, pero segundos después estaba en la cocina para servirle café al invitado más que todo por mera cortesía; era lo menos que podíamos hacer. Aquel militar tenía una sonrisa de oreja a oreja y no se cortaba en repetir el parecido entre mi padre y yo.

—Vengo a comentarles algo sobre el buen Manfred, mi buen amigo; no le queda mucho tiempo de vida y desea verlos antes que llegue lo peor. Allá en donde se encuentra ahora.

— ¿Se refiere al planeta artificial Xanadú? Tengo entendido que los mapas de navegación que hay no son muy confiables. —matice muy tranquilo.

—Por eso tu padre quería dejar este reloj aquí—respondió mi madre, uniéndose a la conversación—; tiene una copia del mapa holográfico que usó para llegar a ese planeta. Pero quiero ver la prueba Justino.

— ¡Lo lamento! ¿Dónde habré dejado esa grabación? ¡Aquí está! En mi fiel disco duro portátil.

Después de conectar el aparato a nuestro televisor, un video apareció en el cual aparecía un hombre deteriorado, canoso y víctima de temblores.

"Queridos Abigail y José, si están viendo este video es que no ando muy bien y creo que se me nota. Así que quiero que vengan a Xanadú; seguro que mi buen amigo Justino va a estar metido en este asunto de que vengan hasta acá. Pero es un viaje nada seguro, ya que hay unos indeseables merodeando y espero que el mapa que van a usar les sirva de algo, para sortear esos problemas"

Después de unos segundos en silencio, el señor Justino comentó— Estoy muy seguro que ese mapa está muy bien hecho. Supo aprovechar muy bien sus días haciendo los peligrosos reconocimientos aéreos. Y si se preguntan por esto de salir, creo que mientras más temprano lo hagamos será mejor.

—Y yo que quería ir a mis clases de natación hoy. Ni modo. Aunque creo que hay otro regalo de tu padre aparte del reloj. Déjame ver si lo consigo.

El reloj era para mí, eso lo sabía desde hace mucho, aunque cuando mi madre colocó una segunda caja en la mesa me sorprendí, era una de menor tamaño y me hizo el honor de abrirla. Cuando lo hice, ella misma comentó

—Tu padre también quería que tuvieras su pistola.

—La famosa pistola Káiser de calibre cuarenta y cinco, tengo tantos recuerdos sobre esa pistola. Yo creo, a riesgo de equivocarme, que estamos listos para partir.

—No del todo. José creo que sería buena idea que empacaras el traje y corbata que te compré el año pasado; el mismo que usaste para tu graduación como piloto.

El oficial Justino Segovia no ocultaba sus ansias por comenzar aquella travesía, estaba san emocionado que no le disgustaba la idea de que usásemos su nave personal. Mientras nos preparábamos para el despegue me comentó

—Las primeras horas del vuelo las haré yo, las segundas tú. Quiero ver que tan bueno son ustedes los pilotos de prueba ¿Queda claro?

En un rincón del tablero, yacía una foto donde aparecía mi padre y el oficial Segovia y atrás de ellos los viejos modelos que usaron en la gran guerra

—Una foto vieja, muchacho. A pesar de que fui su superior a cargo, nos hicimos muy amigos. Por cierto, activa el mapa holográfico. Es el botón que apunta hacia el sur. Por cierto ¿Dónde está tu señora madre?

—Me sorprende ver que tenemos provisiones para varios días de viaje, Justino o ¿Estás viviendo aquí en tu propia nave? Estaría más confiada en este viaje si las noticias sobre los piratas no fuesen tan constantes.