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Otra nave abatida y el resto se marcharon cobardemente, al menos eso pensamos cuando apareció una nave tipo fragata.

—Muchacho, no dispares, estamos en desventaja, aunque no derrotados.

—Y ¿Qué tienes en mente?—preguntó mi madre claramente nerviosa—, creo que es momento de usar esos conocimientos que aprendiste en la academia militar. Pero ¡que sea pronto!

El señor Justino aceleró su nave, sabiendo muy bien que aún estaba lejos del alcance de la artillería; aunque eso implicaba algo peor.

— ¡Un desvío! Un desvío a esta altura del viaje, implica lanzar por la borda todos los kilómetros que hemos recorrido. —indiqué, ya que había visto los instrumentos de navegación y la sugerencia que estaba haciendo.

—Es eso o meternos a una pelea donde llevamos las de perder. Con algo de suerte, podríamos conseguir alguna estación de los "fronterizos" que nos sacaran las castañas del fuego. Por eso, muchacho, voy a necesitar de tu ayuda aquí en el puente.

El señor Justino tenía un extraño plan, al mismo tiempo demasiado arriesgado. Uno que era el único que teníamos a la mano. Quizás era eso o no tener nada y quedar en manos de los piratas.

—Un giro en "U", usando los propulsores laterales de esta vieja chica. Posteriormente con las dos turbinas concretamos una trayectoria segura ¿alguna duda?

—Yo tengo una—indicó mi madre—, aunque me disculpan que deba golpear la mesa ¿Cuáles son las probabilidades de riesgo de esta locura? De por sí, todo el asunto de viajar a Xanadu no ha sido un paseo entre las flores.

—Las probabilidades de riesgo son del cuarenta por ciento. Yo le tengo mucha fe al blindaje posterior de la nave, así como los "fronterizos" siempre andan cerca de este cuadrante. Y sin más demora ¡Media vuelta!

El giro en "U" tardó apenas unos segundos, pero se sintieron eternos por la presión de ver como aquella fragata pirata se acercaba. Era el momento serio, ya que después de eso, yo estaba sentado en el puesto de piloto; con el giro concretado, el motor comenzó a rugir para escapar de aquella situación.

— ¡Esa bala nos llegó muy cerca!— exclamó nuevamente mi madre nerviosa—. Y así nada de su mentada ayuda ¡Y yo que quería ir a nadar! ¡A nadar, por Dios! Y ahora estoy aquí, encerrada en esta cafetera.

—Esta vieja chica tiene una que otra sorpresa, Abigail. Por favor, transmite mensaje de ayuda en estas frecuencias, la trescientas tres y la ochocientas. Mientras tú, muchacho, mantén el rumbo nuevo planteado, ya tendremos oportunidad de enmendarlo.

—Y ¿Qué harás durante todo este tiempo?—preguntó mi madre, mientras encendía el radio comunicador de la nave. El dueño de la misma esbozó una sonrisa y con la punta de su bota abrió una compuerta que estaba justo debajo de la cabina.

—Usaré esta metralla escondida, ya que tendremos que disparar a modo de defendernos. No le hará mucho a los misiles o al fuselaje, pero un susto se va a llevar.

Era evidente que aquella fragata, en otro contexto ya estaría muy cerca de esa extraña nave que estaba piloteando, así como el hecho que no estaba usando a todos sus cañones y que el único que estaban usando era el frontal.

El señor Justino disparó justamente al radar de la nave y pocos segundos después la torre hizo estragos en la fragata. No era para menos, esa caída significó mucho, ya que después de eso estaban navegando a usando otros métodos y seguramente no los conocían plenamente.

—Eso pondrá un letargo a esos piratas, por cierto Abigail ¿no tendrás algo que informarme?

—Aún no tengo respuesta alguna y estoy usando las frecuencias que me dijiste. Tampoco es que estemos tan necesitados ¿O no? Al menos, quiero usar el sarcasmo por un momento.

—Intenta con esta, la número ochocientas doce y usa el código Alfa Beta Azul 33. Si no obtienes respuesta de allí, pues no nos quedará de otra que afilar los dientes.

— ¿Afilarse los dientes? Pregunté sorprendido.

—Así le decimos los pilotos a esa circunstancia cuando nos toca combatir como los de la infantería, muchacho.

Los disparos de la nave pirata continuaron, su puntería seguía siendo deficiente, pero no dejaba de ser una amenaza. La ventaja numérica siempre era algo que les ayudaba. Pero cuando vi en el radar que algo se estaba acercando, traté de mantenerme en calma.

—Espero que esta gente que se está acercando, sean amigos tuyos Justino. De lo contrario, no solo tendrás que preocuparte por los que no hagan, sino también de lo que me tocará hacerte en una celda. Y ya sabes que me pesan las manos, no por nada tengo algo de conocimientos de artes marciales.