Capitulo 4

Álef

Nunca habían visto nada como eso, ninguno de ellos. Aunque había sido extraño encontrarse otras dos camionetas en el camino al castillo, la intriga de ver más gente entrar murió en cuanto pusieron pie dentro del primer edificio. Llegar y ver la enorme torre rojiza impresionó a la mayoría, recorrer el patio causó una sensación similar en otros, pero el interior… Ninguno podía negar que había sido la mejor parte.

Enormes techos abovedados cubiertos de pinturas y detalles dorados. Una serie aparentemente interminable de columnas blancas los sostenía. El sol comenzaba a salir, pero los candelabros estaban encendidos todavía. El interior del castillo parecía sacado de un sueño. Demian que- como sus compañeros-, ya conocía la fortaleza, no se dejó impresionar por la opulencia del lugar. Sin prestar mucha atención a los cuadros de familias nobles o a las exóticas decoraciones, el joven avanzó guiando a los demás por pasillos cada vez más ornamentados hasta llegar a una escalera.

El grupo bajó tras Demian. Sin dejar de observar con detalle cada parte del castillo. Al llegar al final de la escalera se encontraron en un jardín cubierto por el pasto más verde de Alemania. Docenas de árboles frutales rodeaban aquel pedazo del edén, en medio del cual se encontraba un ángel.

Era una mujer. Llevaba un vestido negro que le llegaba hasta los tobillos, un contraste casi poético para su blanca tez. Su cabello estaba recogido en un moño que, fuera la intención o no, le daba el aspecto de una aristócrata de antaño, severa y elegante con una mirada penetrante que era a partes iguales benevolente y aterradora.

La mujer estaba sentada bajo un árbol de olivo. Al principio no lo notaron- perdidos como estaban en la contemplación de la mujer-, pero alrededor había varias sillas metálicas blancas. Nadie tuvo que decir nada. Como atraídos por una fuerza magnética, todos tomaron asiento en un deforme circulo con la mujer de vestido negro. Cuando todos estuvieron sentados, ella se levantó.

-Agradezco a todos por aceptar la invitación y les doy la bienvenida.

Ellos respondieron con amabilidad, agradeciendo de regreso o simplemente asintiendo con la cabeza.

-Ha pasado mucho desde la última vez que vi a tantos como nosotros reunidos en un mismo lugar- comentó ella con un deje de nostalgia. Sin mirar a nadie en particular, ella continuó-. Me llena de alegría verlos aquí.

Monique, Martín, Colonna, Maia y el viejo se voltearon a ver por puro impulso. No se conocían. No conocían a aquella mujer misteriosa, pero sentían que, en realidad, sólo volvían a verse desde hace muchos años. Con un gesto rápido, la mujer del vestido negro se colocó al centro del círculo.

-Pero ahora tenemos asuntos más importantes que discutir-. Entonces la mujer se transformó, su amable faceta se tornó aun más severa-. Los hemos traído aquí porque todos ustedes son excepcionales.

Miradas de incredulidad se esparcieron por el jardín.

-Nadie piensa como ustedes, ni se expresa como ustedes- dijo ella-. En tiempos como estos, lo que más necesitamos son pensadores que, como ustedes hacen, sepan descifrar la realidad e interpretar los complicados y divinos pensamientos abstractos a palabras mortales.

-Esas son hazañas casi imposibles de lograr. Ver el mundo desde una perspectiva externa, siendo parte de él sin realmente pertenecer- agregó la mujer.

-No pediría esto si no fuera importante, pero necesitamos su ayuda.

Una vez más, los reunidos se dirigieron miradas cargadas de curiosidad y desconcierto.

-Hace siglos que no se convoca a una reunión como ésta- explicó la mujer, recuperando la atención de sus invitados desde el segundo en que abrió la boca-. No hay forma sencilla de explicarlo, simplemente puedo decirles que estamos en riesgo. No sólo el círculo, no Europa, no Alemania, sino el mundo.

Un par de jadeos y otras expresiones de sorpresa resonaron entre los convocados. Pasada la sorpresa inicial, la intriga se apoderó del grupo. La mujer del vestido negro lo notó. Con un gesto grácil de su mano, ella dibujó unas líneas en el aire. Similar a una "x", la figura se quedó grabada en los ojos de todos los presentes.

-Eso es un Álef- dijo ella-. Tiene muchos significados, cada uno más metafísico que el anterior. Muchos lo consideran un mito, un cuento o un sueño imposible. Es, en esencia, un punto en el espacio que, a su vez, contiene todos los puntos del mundo.

Los presentes se rascaron la cabeza mentalmente, no era un concepto difícil de comprender. Lo complicado era tratar de imaginar su relación que ellos, con la reunión y aquella enigmática mujer.

-Encontrar uno es más difícil que reunir a todos los marcados con el estigma en el mundo. Pero no es imposible. Ha pasado antes, en casas adineradas, en terrenos desolados y estériles, entre ruinas y sueños.

Todos trataron de imaginar lo que sería encontrar ese punto. Ninguno sabía cómo se veía, quizás ya lo había visto, quizá incluso lo hubieran tenido entre sus manos y nunca lo supieron debido a la ignorancia de tan importante espacio.

-Recientemente- continuó ella, sacando a todos de sus pensamientos-, descubrimos que alguien tiene la ubicación de uno de esos puntos. No sólo eso, sino que lo ha encontrado.

Los invitados no reaccionaron. Interna o externamente, todo en ellos era silencio, respeto por lo que la mujer les decía.

-Es imposible concebir que algo tan hermoso como el Álef sea utilizado para cualquier otro fin que no sea la contemplación y el aprendizaje. Pero todos sabemos que el conocimiento es poder y un aleph, por pequeño que parezca, contiene todo el conocimiento del mundo.

Demian suspiró mientras los demás asentían.

-Por mucho que me gustaría confiar en quien lo haya encontrado, el mundo me ha demostrado que no es justo confiarle tal privilegio a una sola persona- ella suspiró-. La razón por la que los he traído aquí es porque necesitamos ayuda para encontrarlo.

Monique lanzó una mirada fugaz a los distraídos Demian y Langerhaus que, sin siquiera voltear a verla, desviaron la mirada hacia la mujer de negro.

-Nadie piensa como ustedes, ninguna persona aquí tiene la misma interpretación de la situación que les he planteado. Tener tantas grandes mentes buscando por esta persona es lo mejor que podríamos hacer para devolver al Álef al mundo.

En ese momento, ella fue desmentida, pues cada uno de los presentes parecía tener el mismo pensamiento rondando en sus mentes: Si el aleph permite verlo todo, ¿cómo recuperarlo sin ser detectado?

-¿Puedo contar con ustedes?- preguntó ella-. Como han visto, tenemos todos los recursos para este trabajo. Si cualquiera necesita algo, basta con pedirlo.

El jardín quedo en silencio total por unos segundos. Todos los invitados se miraban entre ellos, como si pudieran leer los pensamientos del otro con una simple mirada. Colonna volteó a ver a Maia, ella se notaba ausente, como si todavía estuviera perdida en el discurso de la mujer. En medio del silencio hubo un suspiro cuando Monique vio a la otra mujer levantarse de su silla. Con paso decidido, ella se acercó a la mujer del vestido negro.

Ninguna dijo nada, pero la mirada de Maia bastaba. La mujer se inclino y le ofreció su mano.

-Gracias por ayudarnos- dijo ella.

Quizás fue la presión de aquella mujer italiana, quizá fue el deseo y la curiosidad por ver aquel mítico punto espacial. Realmente no importaba, después de ella hubo un movimiento enorme en el patio. Todos se levantaron, cada uno tomando turno para estrechar la mano de la mujer a cambio de una sonrisa y la promesa de una aventura sin precedentes.


Instrucción del día: Cómo matar hormigas (en Roma)

Para el Círculo,

"Por algún lado salen las aguas de las fuentes, las pizarras vivas, los camafeos temblorosos que en plena noche mascullan la historia, las dinastías y las conmemoraciones. Habría que encontrar el corazón que hace latir las fuentes para precaverlo de las hormigas, y organizar en esta ciudad de sangre crecida, de cornucopias erizadas como manos de ciego, un rito de salvación para que el futuro se lime los dientes en los montes, se arrastre manso y sin fuerza, completamente sin hormigas."

-JC