No sé a dónde me dirijo.

Siento que me persiguen, como si mi sombra estuviera dispuesta a traicionarme por una recompensa. Los pasos resuenan entre los muros de este largo pasillo, es una reverberación que da voz al hostigamiento. Aquí abajo no existen secretos, se escuchan susurros que me llaman cuando no hay nadie, confidencias que me mantienen atrapado. Murmuran sin cesar. El eco me persigue cuando ando, pero me deja seguir adelante. El ruido de las pisadas se multiplica y se convierte en un guardián que me quiere apresar. Aún así, allí está la puerta, la veo por vez primera y la anhelo.

No sé cuál será mi ventura, pero sí mi caminar.