Ok, perdón por la tardanza en actualizar. Tengo otros proyectos, y sufrí de bloqueo del escritor, lo lamento mucho. Sere constante en la actualizacion de esta historia. Lo prometo.


Mi Doppelgänger.

Esta noche tuve una pesadilla, una pesadilla terrible y pertubadora. Soñé con mi padrastro, y en lo que le ha de estar haciendo a mi madre justo ahora.

Soy Mexicano por nacionalidad, pero me mudé a Estados Unidos para formar una nueva vida. Mi padre nos abandonó y mi padrastro tiene problemas de alcoholismo. Es un loco, un posesivo con problemas de ira que no dudaría ni un segundo en abusar física y psicológicamente de un niño de cuatro años o aún menor.

Menos mal que cuando el bastardo llegó yo ya tenía quince, y que en las pocas veces que llegó a golpear a mi madre estuve allí para defenderla. Y también agradezco que no tengo hermanos, me hubiese tenido que quedar allí para defenderlos. Y México está peor que nunca.

De los 16 a los 18 pensé que mi madre era una estúpida, una ciega que era incapaz de ver por su seguridad lo la de su hijo. La odié por eso. Hoy que estoy aquí, en un país mucho mejor, y en un ambiente libre y sin violencia, me doy cuenta de que lo único que hizo durante todo este tiempo fue ver por su bienestar y el de su hijo. Todo lo que hizo, por muy estúpido que yo lo encontrase, todo lo hizo por mí.

Mi padrastro era la única fuente de ingresos que teníamos, a mi madre le era literalmente imposible conseguir empleo debido a la crisis, y mi padrastro si tenía.

Lo único que ella tenía que hacer era cocinar para el, y tener sexo con el de vez en cuando para que el cerdo pagara todos nuestros gastos.

Si no nos metíamos con el, no habría problemas.

Los tres estábamos conscientes de que yo era lo único que separaba a mi madre de sufrir abuso físico y verbal de manera mucho más constante.

Dios nos libre, pero el cerdo es capaz de violarla cada vez que se le dé la gana. Y mi mamá aún así me dejo irme a un país en el que tengo futuro, y justo antes de despedirme de ella, me hizo una promesa:

—Te voy a volver a ver, cariño. No me importa si es mañana o en quince años. No me importa si es en esta vida en la otra, pero te voy a volver a ver. Y cuando lo haga, nos volveremos a abrazar como antes, estaremos juntos de nuevo. ¿De acuerdo? —Dijo ella con lágrimas en los ojos. Mientras que yo solo asentía con la cabeza.

Hasta el día de hoy es lo último que sé de ella.

Fui al baño, oriné. Me vestí con pantalones de mezclilla normales. Camiseta y sudadera negras. Y unos tenis blancos deportivos, y entonces salí a la calle.

Me perdí entre los callejones, siendo hipnotizado por la luna, y dejándome llevar por la fría brisa de la madrugada, distrayéndome del grande peligro que corría mi madre en su casa.

Desde hace un año hago esto más o menos seguido, a veces era una vez por semana, otras veces eran seis. Pero nunca me había topado con nadie en esos callejones. En mi país me hubiesen asaltado mínimo seis veces, pero aquí no. Esta es una zona segura. O eso creía.

Y no me refiero a un asaltante, o a un vendedor de drogas. Sino a algo mucho más singular.

Doblé en una esquina, y entonces me vi.

Estoy bastante seguro de que no me equivoqué, tampoco leíste mal. Doble en una esquina, y prácticamente enfrente de mi, me vi. Me vi a mi mismo en ese callejón. Y mi mismo me vio también.

—¡Dude!, ¡what the fuck is wrong with you!. ¡You scared me! —Exclamamos los dos al unísono.

Vi mi propio rostro reflejado en mis pupilas, y tuve un flashback a mi adolescencia. A la época en la que era fan del terror y de los creepypastas. Y una palabra cruzó por mi mente en ese momento.

Doppelgänger.

Tu gemelo malvado, tu yo fantasmagórico. Tu versión malvada.

Recordé que, cuando tenía trece, estaba obsesionado con encontrar a mi Doppelgänger. Había hecho planes, y elaborado teorías de en dónde podría estar. Quería encontrarlo, lo tenía que encontrar. Y al final abandoné el proyecto. Pensé que era una estupidez.

No sabía porque, pero ese recuerdo llego a mi. En ese preciso momento. Como si lo necesitara en ese preciso instante.

¿Quien hubiese imaginado que los Doppelgängers son reales?. Y, ¿Quien hubiese imaginado que terminaría encontrando al mío?.

Yo tenía una teoría, un método para que, cuando me encontrara con mi doble, poder saber cuál es el gemelo malvado: En base a cosas que había leído, si veías a tu doble, y tú eras el gemelo malvado, sentirías un impulso incontrolable de matarlo a él. Y si no, simplemente tendrías que sobrevivir a tu doble.

No sentí ningún impulso de matarlo, o matarme, dependiendo de cómo lo veas.

Si mi teoría era cierta, era el, o era yo.

Lo elegí a el.

Le di un puñetazo en la mejilla izquierda. Un puñetazo fuerte, estoy bastante seguro de que le rompí un pómulo.

Menos de un segundo después sentí como algo dentro de mi mejilla se rompía, pero no sentía dolor.

Por mero instinto, le di una patada. Esta vez fue al mismo tiempo, el también me pateó. El dolor me dejó muy lastimado. Esta vez di una patada frontal en su rodilla izquierda.

Esta vez la esquivamos los dos. Era como pelear contra un espejo, por mucho que te esfuerces, todo lo que tú hagas será emulado por el.

Luego di otro puñetazo, más fuerte que el anterior. Impactó de lleno en su hombro izquierdo, y al mismo tiempo sentí como mi hombro izquierdo se dislocó.

Los dos retrocedimos doloridos. Los dos nos sentamos en el suelo, y los dos lo entendimos.

Éramos exactamente iguales, no había un gemelo bueno o un gemelo malo.

Los dos, con nuestra parte bienintencionada y benevolente, y con nuestra parte egoísta y el odio acumulado que tenemos, los dos somos iguales.

Ambos somos Luis. Y ambos éramos dos jóvenes de 22 años, con un hombro dislocado y un pómulo roto. Tirados a la mitad de un callejón solitario a las cuatro de la madrugada, los dos fuimos conscientes de ello al mismo tiempo. Y como tal, los dos nos hicimos la misma pregunta:

—¿Y ahora que? —


Gracias por leer. -WildWolf