Mi Doppelgänger.

-Capítulo 2: El Día en que me Encontré. -

Los dos nos quedamos fijos mirándonos, intentando buscar alguna diferencia. A los cuatro o cinco minutos nos dimos cuenta de que no había ninguna.

El fue el primero en hablar:

—¿También lo notaste, verdad? —Yo asentí con la cabeza. —Es raro, estoy parado frente a mí. No hay un gemelo bueno o un gemelo malo, ¿verdad?. —

—Sí, pero aún así, no hay que desconcertarnos. Hay que buscar ayuda, luego veremos qué pasó y porqué. —Sugerí yo.

—No sé porque me lo preguntas, tuve la misma idea. —Dijo el con sarcasmo.

Sentimos como el frío se disipaba lentamente, y el sol comenzaba a salir. Dentro de poco la ciudad estaría llena de gente, necesitábamos buscar ayuda ya.

—Escucha, caminemos hacia direcciones opuestas. Cuando llegues a una avenida o a alguna calle concurrida, pide un taxi hacia cualquier hospital. Si te preguntan tu nombre, diles cualquier otro nombre que se te ocurra, pero cambia los apellidos.—Ordené yo.

—No creo que funcione, ¿Y si por casualidad damos en el mismo hospital?. —Exclamó el con angustia.

—Pensarán que somos gemelos idénticos. Además, solo es un hombro dislocado y un pómulo roto, tal vez unos vendajes en los nudillos. Y será todo. —Aclaré.

—Rápido, quiero poder mover mi hombro. —Pidió el.

—Me sorprendí, no sabia que era tan fuerte. —Confesé.

—Que somos, querrás decir.

—Solo vámonos. —Finalicé

Y así lo hicimos, caminamos hacia direcciones opuestas. Yo lo hice durante unos 2 minutos, y me encontré una avenida cuyo nombre no recuerdo en este momento, tomé un taxi y me fui.

El taxista y yo tuvimos una charla casual, el habló sobre su vida, yo un poco sobre la mía, y al final todo quedó en silencio. Yo me estaba imaginando un futuro con el otro Luis. Me imaginé lo que pasaría si el mundo se enterase del peculiar parentesco que tenemos.

Me imaginé la forma en la que todo el mundo se volvería loco empezando a buscar a su Doppelgänger. Todo el mundo viajando por todo el mundo para encontrase a si mismos, si la gente se llegase a enterar no habría punto de retorno.

También estaba la opción de que mi caso quedase olvidado, tragado por la tierra, enterrado por el tiempo. Que se quedaría como la clase de sucesos que analizan en una tierra, que se quedaría como una leyenda, una leyenda que fue realidad.

Y me imaginé lo que pasaría si simplemente nos separábamos, nos encontramos por casualidad, no se suponía que nos topásemos, lo correcto sería separarnos.

Sería muy complicado que tuviésemos que alejarnos y continuar nuestras vidas. Siendo conscientes de lo qué pasó, y de lo que pudo ser.

Pensé en todo eso, y estaba tan perdido en mis pensamientos, que no me di cuenta cuando el carro apareció de la nada y chocó contra el taxi que me llevaba al hospital. Dejándome inconsciente al instante.

Tuve una visión, en la que veía en tercera persona como me hacían una operación, recuerdo haber tenido ganas de vomitar, y entonces me volví a desmayar.

Luego me desperté en la camilla de un hospital, boca arriba, con el desgraciado de Luis leyendo un libro sobre no recuerdo que cosa sentado en una silla al lado de mi cama.

—¿Que mierda pasó? —Pregunté mientras intentaba lidiar con el dolor en mi pecho. Dolor que me atacó de golpe al intentar tomar asiento en la camilla.

Luis me volteó a ver.

—Al fin despertaste. me veo guapo cuando duermo. —Dijo mientras cerraba su libroy se ponía de pie.

—¿Como diablos entraste aquí? —Pregunté alterado.

—Les dije que soy tu gemelo. —Contestó el.

En ese momento finalmente asimilé lo que sucedió, me encontré a mi Doppelgänger, y tuve una pelea con el. mientras iba de camino al hospital, fui víctima de un accidente automovilístico. Y había estado inconsciente por no sé cuánto tiempo.

Esa era mi preocupación. No sabía cuánto tiempo había pasado.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—Dos semanas. —Contestó el a secas.

No sabía cómo reaccionar, una parte de mi deseaba que hayan sido dos o tres días, menos incluso, y la otra temía haber durado un mes, o más.

—¿Que día es hoy? —Fue mi siguiente pregunta.

—Viernes 16 de agosto del 2019. —Me contestó sin ser consciente de lo que pasaba.

—¿¡Estas loco!? —Grité.

El se veía confundido, auténticamente confundido.

—¡La fiesta de Todd y Rachel!

—¿La fiesta de quienes? —Preguntó el con sinceridad

Tengo un tick en el ojo, mi ojo izquierdo empezó a abrirse y a cerrarse muy rápido. El sabe lo que significa eso.

—Durante estas dos semanas me di cuenta de algo, no somos exactamente iguales. Tú conoces a gente yo no, y seguramente también sea al revés. —Intentó explicar el.

Entré en razón. Tenía sentido lo que me decía.

Era una posibilidad realista, de haber sido la misma persona nos hubiésemos encontrado hace bastante tiempo, solamente suspiré con pesadez.

—Todd y Rachel están comprometidos, su boda es en octubre, también vendrá otra chica, una rubia llamada Roxanne. —Le dije a secas.

—Entiendo.

—Y Roxanne me gusta, así que no quiero que lo arruines, idiota.

No hice más que confundirlo con mis palabras, titubeo por un momento, y al final hablo:

—¿A que te refieres con que no quieres que YO lo arruine?. —Preguntó —Tu eres el que irá a la fiesta/reunión, yo no. —

—¡Solo mírame! —Le contesté —Es una reunión muy importante y tengo que estar allí, y dado que somos la misma persona, la solución es obvia. —

—¡No!, ¡no puedo!. Casi me orino del miedo cuando una señora que administra una tienda cerca de tu apartamento me llama por mi apellido. No voy a poder estar con tres personas que me conocen a la perfección, pero que yo no conozco en lo absoluto. —Dijo alterado.

—¿Como entraste a mi departamento?

—La ama de llaves del edifico me ayudó.

Pensé por un segundo en toda nuestra conversación, y tomé una decisión.

—Tienes que ir a la reunión. Intentarás aprender mucho sobre ellos, y lo más importante: No hagas nada que yo no haría, es fundamental que no noten la más mínima diferencia. —

—N-No lo sé, no creo p-poder hacerlo. —Hacía mucho que no me escuchaba a mi mismo tartamudear, siempre había sido muy tímido. Pero logré avanzar con eso.

—Se que soy muy tímido, pero tu ya los conoces. Son tus amigos, no hay nada de malo, lo único de lo que te tienes que preocupar es mencionar temas de religión frente a Rachel. Te enfrascaras en una discusión sin fin, y todo el mundo te odiara—Le advertí.

Noté como empezó a tener más confianza, recuerdo que pasé por eso cuando llegué aquí, pero no lo pude superar tan pronto.

—De acuerdo, lo haré. —

—Genial, ve al departamento y escoge ropa decente, lo harás bien, tan bien como yo. —Le dije con confianza.

El se despidió de mí y entonces se fue. Desearía nunca haberle pedido que fuera a esa reunión en mi lugar.