Hola. Dejo aquí una historia que escribí hace un tiempo atrás. Recién me enteré que existía esta página para la subida de historias originales (yo siempre usaba ), dicha existencia me intereso y motivo a publicar esta historia. Me interesaría saber vuestra opinión de este relato. Muchas gracias.


La Breve Historia de William Sheffield

La lluvia caía de gran manera y sin cesar por todo el suelo. La hierba era mojada por las aguas del cielo y, los árboles y matorrales estaban siendo impulsados por el imponente viento. La tierra recibía del manantial que caía de los cielos, charcos de barro se formaban por doquier.

Los truenos, que iluminaban en la velocidad de una ráfaga todo el bosque, fuertes y temibles eran los truenos que hacían temblar a los árboles y a todo lo que había en su alrededor.

¿Todo? No. Un edificio de paredes grisáceas con vestigios de que la naturaleza intentaba apoderarse del lugar con sus serpenteantes ramas… El edificio estaba protegido por un muro de hormigón reforzado por el acero. Era un muro de una altura considerable. El edificio se alzaba imponente frente a las poderosísimas fuerzas de la naturaleza. Oscuro como el vacío nocturno y falto de iluminación alguna en el exterior. Parecía deshabitado de cualquier rastro de vida alguna.

Sus puertas estaban hechas de un metal ya oxidado con el paso de los años. La pintura que cubría estas puertas metálicas se estaba despegando, y los pliegues que aún se mantenían en las puertas, eran arrastrados por el poderosísimo viento de la tormenta. Arrastradas violentamente hacia un destino que solo los amos del tiempo sabrían…

Este edificio era grande en anchura. Constaba de 3 pisos y una planta baja… Con numerosas habitaciones en su interior, habitaciones oscuras como el sepulcro de un muerto, en ellas no se reflejaban ningún haz de luz salvo algunos brotes de la luz lunar que pasaban por las oxidadas y envejecidos barrotes que cubrían el único espacio entre esas habitaciones con el exterior.

Uno diría que era un edificio abandonado, y que en él estarían asentadas algunos animales silvestres. Por desgracia… No era así. En este lugar vivían los peores seres más abominables que la naturaleza haya creado. Seres que nunca debieron existir y, que de haber un infierno, ese sería su hogar de nacimiento. ¿Sabes lo que es más sorprendente de estos seres? Estos seres eran humanos, eran personas.

Este edificio albergaba a estos endemoniados hombres ya que, el lugar era un centro psiquiátrico. Era el Centro Psiquiátrico Renacimiento, o llamado vulgarmente, la Casa de los Locos.

Locos. Eso sería quedarse cortos en descripción a la hora de hablar sobre estos monstruos. Se alojaban allí asesinos, violadores, fanáticos de algún culto diabólico, y demás perturbados mentales.

Encerrados, con una camisa de fuerza, ya ensuciada por el tiempo, para que no cometieran alguna atrocidad. Con la mirada aún despierta y mirando fijamente hacia algo inexistente. Sin embargo, ellos sabían que estaban mirando…

Un trueno resuena en los cielos como si Lucifer y sus ángeles estuvieran luchando, según los mitos bíblicos, con el Todopoderoso. Resuena solo para que se pudiera ver cómo eran sus rostros…

Parecían muertos vivientes, sus rostros parecían consumidos de cualquier rastro de vida y emoción. La cara la tenían de un tono grisáceo, sucia y grasienta, con heridas que estaban por sanarse y alguna que otra cicatriz. Sus ojos estaban rojísimos denotando así su develo nocturno junto con sus bolsas. Parecían ojos de algún monstruo o ser paranormal que acecha en las sombras para cazar a los inocentes, ojos malignos como los del Temible Ezar´laj. Si los mirabas aún si fuera por solo un instante, tu mente y tu ser quedaba petrificados y solo había un único pensamiento: Correr y no mirar atrás.

Su sádica sonrisa y su pelo largo desordenado y grasiento como el Señor de los Espejos te hacían temblar y rezar a cualquier divinidad por socorro, porque su mirada te hacía mirar tus miedos y recuerdos más horribles y profanos. Parecía que pudieras escuchar una voz o voces que te hablaban en misterios. Misterios desconocidos que, hablados por estas voces de ultratumba, se te helaba el cuerpo hasta tal punto que, no podrías moverte por un largo y doloroso rato. Misterios que al ser oídos, te provocaban la sensación de que alguien más te estaba mirando, pero… No lo podrías ver ni tocar, mas ellos sí. Misterios que si se descifraban, quedarías loco y traumatizado como el poeta loco de Lovecraft. Ha habido veces que los que lo han descifrado llegaron a suicidarse, de los otros nunca se supo más de ellos.

Los médicos no querían acercarse a ellos pero, era su obligación internarse hacia esos abominables y apestosos demonios de sangre humana con el único fin de llevarlos a la normalidad. Todos los intentos de ayudarlos fallaron. Lo raro es que de alguna manera, estos seres estaban cuerdos y conscientes de la realidad. Dejando perplejos a los doctores al ver que no podían relacionarlos con ninguna enfermedad mental.

Solo ellos sabían que miraban y oían. Parecían como si todos estuvieran conectados hacia una sola entidad. Una entidad maligna sin precedentes… De entre estos locos, había un paciente en particular. William Sheffield. William era distinto a los demás pacientes del lugar. Él era más cuerdo que los otros y no presentaba rasgo alguno de demencia. No estaba relacionado con ninguna secta o parafilia extraña. Uno creería que él no debía estar allí, mas eso solo lo sabían los amos del tiempo del por que de su estancia en la Casa de los Locos.

De aproximadamente 35 años de edad, se denotaba en su rostro las marcas de una juventud pasada. Era alto, medía aproximadamente 1,90 metros de altura, y era de una complexión delgada. Llevaba el cabello largo, no tan largo para llegar a los hombros o al cuello, con un flequillo que apuntaba ligeramente a la derecha. El color de su pelo era castaño café oscuro( al igual que sus ojos sombríos). La forma de su cara era de rasgos ovalados, y en ella se podían notar como la Casa de los Loco le hacía mella en él. Su piel de tez blanca mostraba algunas arrugas y bolsas en sus ojos, ojos que alguna vez mostraron en antaño signos de felicidad y cordura total.

Se encontraba echado en su celda con la mirada pérdida y cabizbaja. Intentando olvidar en el sitio en donde se encontraba, e intentando convencerse y repitiéndose a si mismo…

esto es solo un sueño… un mal sueño… del cual despertaré… vamos ¡Despiértate!...

Sin embargo esto no era una pesadilla, esto era el mundo real para desgracia suya… Las imponentes voces de los truenos, la completa oscuridad y el aura que desprendía sus compañeros, le provocaban que su ser sintiera una especie de escalofríos. Era como si una mano muerta, gélida como el frío de Jotunheim, tocara en lo más hondo de él y rondara en sus mayores miedos.

Vivir en el Centro Psiquiátrico Renacimiento no era de las experiencias más agradables de la vida de uno, ya que en él se reportaban un sinnúmero de casos de suicidio entre los enfermeros o casos de demencia extrema nada más pasar unas semanas allí. Por ellos los habitantes del pueblo de Belknap no se atrevían a entrar allí, aunque tenían más motivos para no entrar, motivos que no saldría jamás de ese pueblo.

Lo que más lo aterraba no era el lugar donde vivía, ni la inmensa oscuridad ni la locura de los monstruos que tenía como compañeros… Lo que más lo asustaba eran las recientes y continuas visitas de ellos.

Todo empezó hace cosa de unas semanas cuando empezó a tener extraños y bizarros sueños. Sueños en dónde tenía una especie de visiones. Visiones que ocurrían en lugares que él nunca piso pero como que tenía la sensación de que estuvo allí antes. A veces, William soñaba con un cuarto espacioso repleto de personas vestidas con batas blancas, el lugar estaba lleno de cables y luces… era borroso ese sueño, le costaba ver con claridad las cosas. Otras veces soñaba con una mujer de cabellos rubios, de apariencia joven, acompañada por una niña pequeña de cabellos castaños, de aproximadamente años. Cuando las soñaba, sentía una emoción rara, como si ya las conociera desde hace tiempo, era una sensación de paz y tranquilidad. Ya nada importaba, ni el miedo y horror que le invadía en su ser desde hace años podía hacer frente a esa paz.

Inconscientemente, se acercaba hacia ellas pero, por más que intentaba estar al lado de ellas aquello no podía ser posible, ellas se alejaban de él por cada paso que daba. Corría con todas sus fuerzas pero aquello era esfuerzo en vano. De pronto, todo se volvía oscuro y pútrido, la paz se desvanecía poco a poco… para luego transformarse en oscuridad y tristeza.

Ahora se encontraba en el interior de una casa, parecía abandonada, todo estaba oscuro y desordenado. Caminaba por los pasillos observando el destrozo que había en esa casa. ¿Por qué estoy aquí? Se preguntaba William, las paredes del hogar presentaban terribles arañazos, eran profundos en gran manera y de ella emanaba vapores de humo, parecían pequeñas aberturas hacia el infierno. Caminaba hasta que sintió algo líquido bajo la planta de sus pies, William dirige su mirada hacia abajo y se asusta terriblemente: aquello era sangre. Empezaba a escuchar terribles susurro, susurros que le ponían nervioso y le instaban a huir sin embargo, él sentía que debía continuar, subía poco a poco las escaleras, cada vez que sus pies pisaban dicha madera, esta chirriaba haciéndole estar más nervioso aún. La planta de arriba estaba totalmente destrozada como allá abajo, todas las fotos y objetos estaban tirados al suelo y destrozados cuál arena del mar, sigue caminando hasta que siente que algo lo estaba mirando, voltea y ve que a su lado está un espejo roto, se dirige hacia allí y se mira, del espejo roto emanaba unos vividos dos puntos de luces rojas…

De pronto, del espejo sale una criatura horrenda, de proporciones inhumanas, era calva y tenía una enorme mandíbula, su piel estaba llena de verrugas y pus, esa piel parecía como una fina tela que fácilmente se podría romper. William se aterroriza, los latidos de su corazón aumentan frenéticamente e intenta correr pero siente que algo lo detiene. No podía mover sus piernas. Un tropel de esas criaturas de ultratumba emergen de las sombras, levantando esas terroríficas manos sin piel, de esas manos salía unos vapores… Esas palmas estaban ardiendo, era como ver trozos de rocas ardiendo. Con sus ardientes palmas atrapan sus antebrazos y otras partes de su cuerpo, el dolor era indescriptible, trozos de roca ardiente se fundían en su piel… De pronto esos seres comienzan a llevarse a William hacia un lugar en donde el fuego y el dolor habitaban con total esplendor. El temor a ir hacia allí crecía exponencialmente, rogaba en ruegos hacia cualquier lado con el único fin de que algo lo librará de ese fatídico destino. Cayendo en las profundidades del abismo infernal, las llamas quemaban cada parte de su cuerpo sentía como su piel se derretía como la cera. Intensas llamas eternas le atormentaban en ese lugar donde, lamentablemente sería su hogar por toda la eternidad.

Atormentado por los siglos de los siglos, viviendo con esos monstruos de terrible apariencia que le comerian partes de su cuerpo ya quemado, mientras él gritaba de dolor. Su propia sangre le bañaba cuando estos monstruos le arrancaban uno por uno miembros de su cuerpo en ese abominable festín. Jamás conocería la paz, su sufrimiento sería eterno y sin descanso alguno…

Afortunadamente, él se despertaba de esas pesadillas. Se despertaba en sudores y sentía terribles dolores en su cuerpo, los médicos se asombraban ante este nuevo caso, William presentaba cortes en su piel y moretones en su cuerpo. No podían dar crédito a lo que veían, ¿cómo alguien atado a una camisa de fuerza podía tener esas heridas? Había quiénes argumentaba que un enfermero estaba perpetrando esos daños ya que, no sólo era él sino otros pacientes. Sin embargo, otros opinaban, que seres sobrenaturales habían entrado a este manicomio y que estaban celebrando sus macabras fiestas en esos pacientes.

William relato sus sueños a varios psiquiatras mas ellos creían que él estaba delirando y no le hicieron caso. En las noches él se preguntaba por qué tenía esos sueños y cuál era su significado, aunque no lograba encontrarlo… Un día, siendo ya las 6 PM o por ahí, las puertas de su celda se abrieron para revelar a un nuevo visitante…

-Muy bien Padre Jacobs, aquí tiene a su loco, cualquier ayuda que necesite, llámenos-decía un enfermero.

-Quisiera que le quitarán esa camisa de fuerza, por favor-decía el sacerdote.

-No podemos, son órdenes de los superiores, además puede haber riesgos de que sea atacado-decía otro enfermero

-No creo que sea mala persona y creo que los demás psiquiatras estarían de acuerdo conmigo en eso… Vamos quitadselo, si me ataca cosa que no creo, me haré responsable ante mi equivocación y no denunciare al manicomio-decía tranquilamente el Padre Jacobs con total amabilidad.

Los enfermeros tardaron un rato en ponerse de acuerdo sobre si iban a quitarle esa camisa de fuerza. Al final, se pusieron de acuerdo y se la quitaron. William estaba sorprendido de como ese señor había ordenado que le quitaran esa agobiante camisa, ese señor era distinto a los demás, él no lo miraba como un loco, sino como un ser humano.

-Hola William, me presentó soy el Padre Jacobs y a partir de hoy, te haré compañía durante el poco tiempo que me tengan asignado contigo ya que creo que el Señor no permitiría que ninguna criatura suya esté sola y desamparada en este mundo-

El Padre Jacobs era un señor que tenía, aproximadamente la edad de William, era alto, media alrededor de 1,80 metros; tenía el pelo de color castaño claro, su pelo era corto, y lo tenía peinado hacia el lado derecho. Tenía unos ojos azules como el vasto océano, era de facciones ovaladas y tez blanca.

-William, antes de poder ayudarte en tu sombría soledad, quisiera que me contarás sobre cuál es la razón de tu encarcelamiento en este "centro"-

La mente de William empezaba a descontrolarse al escuchar el favor del Padre Jacobs, su mente hizo un viaje al pasado. Empezó a recordar cuando el era internado por primera vez en este centro, podía recordar el terror que tuvo al ver a esos demonios disfrazados de hombres allí. Toda su estancia en este centro de locos pasaba por su cabeza, el terror diario que pasaba al convivir con esos "hombres" pasaba también en su mente. Pero él no podía recordar más allá de eso, cual fue su crimen. Era como si toda su vida pasada le fuera ajena a él. No podía recordar nada a parte de su nombre y pocos datos más.

-Lo siento pero… No puedo recordar que fue lo que hice para merecer esta condena… Ni siquiera puedo recordar ni quien fui, los psiquiatras dicen que mi crimen fue…Asesinar a sangre fría a mi familia… ¡Asesine a mi mujer e hija pero ni siquiera puedo recordarlo!-

William estaba desesperado, no entendía por qué no podía recordarlo, ¿acaso él era como esos monstruos que, de alguna manera lo olvido como si nada? El señor Sheffield observa el semblante del Padre, su semblante estaba entre una mezcla de tristeza pero a la vez de enfado. Él no podía entender el motivo de su ira…

-William, sé que no te conozco de mucho pero algo me dice que tú no eres como ellos- decía con voz tierna y amigable el Padre.

William se empezó a tranquilizar al oír esa palabras de quietud. Levanto su mirada y observo el semblante tranquilo del Padre. Sin embargo, por un momento, en un abrir y cerrar de ojos, la imagen del Padre se le hizo totalmente familiar… Era como si ya lo conociera de antes.

-¿Que te ocurre? - preguntaba el Padre al notar la repentina reacción de William.

-No lo sé muy bien lo que me pasa, por un momento… Por un momento se me hizo usted familiar, como si ya le conociera de antes… Padre no se lo que me pasa últimamente, últimamente me ocurren cosas extrañas-

La cara de Jacobs expresaba asombro ante la revelación de William, los ojos se le abrieron como platos y por unos segundos su corazón empezó a latir velozmente. El Padre preguntó por esas "cosas extrañas". William empezó a contarle sobre esos espantosos sueños y las fantasmagóricas presencias que el sentía, relataba con todo lujo de detalles aunque temía que él no le creyera, que lo tomará por loco como así creían los demás psiquiatras.

Acabada ya su inusual testimonio, William pudo ver cómo estaba el Padre, la semblanza del señor Jacobs mostraba terror y espanto, su cara parecía exangüe ante tales datos. Su corazón latía velozmente y un frío sudor recorría lentamente sobre su pálido rostro. Era cómo si estuviera mirando algo espantoso y funesto, su mirada cruzaba más allá de las cuatro paredes en las que se encontraba, estaba en algún punto de un pasado remoto, un pasado con recuerdos algo lúgubres. Solo el Padre Jacobs sabía que estaba mirando en su éxtasis, pasaron unos segundos hasta que recobró el control de su mente.

-William, no le digas a nadie lo que me acaba de suceder, por lo que más quieras en este mundo, no se lo digas a nadie-hablaba en voz baja y de forma nerviosa como si no quisiera que alguien lo escuchará- esos psiquiatras han cometido un grave error al no creerte… Más allá de este mundo se esconden cosas terribles.-

Nuestro joven recluso estaba asombrado ante la repentina reacción del Padre, le sorprendía que alguien creyera en su testimonio como algo cierto… ¿Sabría él del por qué de esos perturbadores sueños? ¿Por qué le creía si él era un enfermo mental? ¿Le estaría jugando una broma? No, tan solo ver unos pocos segundos la cara de Jacobs era para darse cuenta de que no le mentía. Sin embargo, el Padre Jacobs prefirió no hablar del tema y empezó a entablar con una conversación de igual a igual con William.

Los días pasaron y, la relación entre Harold (cómo así se hacía llamar el Padre) y William se estrechaba hasta tal punto que William lo veía como su gran amigo, el único amigo que había tenido desde que pisó este manicomio. El Padre Jacobs escuchaba siempre a William sobre todo a lo concerniente a sus extraños sueños y vivencias paranormales. Como cada día, cuando acababa la visita, Jacobs salía de esa prisión de locos para internarse dentro del bosque de cielo gris que había alrededor del psiquiátrico. Caminando por el suelo atestado de hojas de otoño de este bosque sin vida solo para llegar a la iglesia local que había dentro del poblado de Belknap. Cuando hubo llegado a la iglesia, se internó dentro de esta rumbo a su habitación, cruzando largas escaleras llegó a su pequeña habitación, la cual al entrar la cerró con llave para poder ocultar lo que había dentro de ella. Sólo los que están fuera de estas tres dimensiones sabían lo que había allí.

Las paredes estaban cubiertas de fotos de cadáveres muertos de la forma más atroz, recortes de periódicos aludiendo a las cosas ocurridas en las fotos, también habían documentos que hablaban sobre cierto proyecto secreto… Era insólito que estas cosas se hallarán dentro del cuarto de un sacerdote pero de entre todas esas cosas había unos recortes de periódicos que decían…

Físico de Utopia asesina brutalmente a su familia

Y al lado de estos recortes se hallaba una foto de William y él con las manos estrechadas como viejos amigos.

-Te sacaré de ese lugar mi viejo amigo, pronto estarás a salvo- decía el Padre con decisión- ya es hora de que sepas la verdad-

Las extrañas visiones de William iban en aumento, para desgracia suya, cada vez eran más intensas cómo si quisieran abrir algo que estaba cerrado por las manos del tiempo. El miedo que sentía al cerrar sus ojos en la solitaria noche para adentrarse en el mundo de los sueños era espantoso. Cada vez eran más visibles dichas visiones pero no podía entender el significado de estas. El corazón latía más deprisa cuál locomotora embravecida, al intentar el velo de secretos de esos sueños. Sin embargo, siempre aparecían en su torturada mente esas bestias de abominable apariencia que costaba creer que fueran productos de su perturbada mente, esas bestias venían cada noche en busca de su alma.

Como era de esperarse los psiquiatras no le hacían el menor caso a sus sueños, argumentaban que su mente fabricaba una serie de recuerdos falsos que, intentaban limpiar su conciencia y hacerle creer que él no mató a su familia. ¿Eso era? ¿La mujer y la niña de sus sueños eran su familia asesinada? Si era así, ¿por qué era torturado por esas temibles presencias? Miles de preguntas pasaban por su cabeza pero hallaba consuelo al ver que el Padre Jacobs le oía cada uno de sus relatos aunque, esa expresión entre miedo y asombro no cambiaba por el paso de los días. Los días pasaron y William disfrutaba de la compañía de su único amigo. El atormentado pudo notar como el Padre se volvía más nervioso y cuando le hablaba de algo referente a esos sueños, lo hacía susurrando como si alguien los vigilará u oyera. Un día inexplicablemente, el Padre dejó de venir dejando a William intrigado ya que su amigo le habría avisado de su espontáneo retiro. Nadie del psiquiátrico decía el por qué de su ausencia aunque recordándolo bien, el último día que vino noto cómo cuando él se despidió de la visita lo decía en un tono de que el adiós sería muy largo.

La noche se ceñía por el cielo, era luna llena aunque no se notaba mucho debido a que el cielo estaba nublado, nublado de colores oscuros cual carbón, y además soplaba un viento gélido que atravesaba todo el manicomio. El viento que llegaba a dicho manicomio parecía ser como voces del más allá, voces susurrantes que nuestro imperfecto oído no podría entender. William se encontraba despierto debido al viento gélido y a sus pocas ganas de dormir. El silencio que rondaba por el psiquiátrico le incomodaba la vigilia, no sabía que hacer para matar el tiempo hasta que detuvo su mirada en una esquina de su acolchada celda. De entre ese sucio suelo se hallaba dentro un libro de tapas blandas, oscuro y con algunos rasguños, era un libro que le dio el Padre Jacobs antes de irse. Todavía podía recordar las palabras que profirió al entregarle este libro:

No lo leas al menos hasta que sea de noche y todos estén dormidos

El ambiente oscuro y silencioso favorecía está futura lectura. Agarra el libro escondido y empieza a leerlo con una pequeña linterna que le dio el Padre Jacobs. Empieza a recorrer por las amarillentas páginas para luego ver que este libro era una especie de diario. Hojea unas cuantas páginas y se detiene en una página en dónde habla de una especie de proyecto secreto. William lee estos pasajes con una creciente curiosidad mientras en su cabeza pasaban preguntas como el por qué de este extraño regalo que le dio Jacobs. Con el remolino de preguntas pasando por su delicada mente siguió con la lectura. William empezaba a sentir una extraña sensación con el diario, lo que leía pues de alguna manera le resultaba familiar.

Habían datos como el nombre de ese proyecto que le resultaban familiar, como el Proyecto Elseworlds. Al parecer este proyecto tenía la misión de poder demostrar la existencia de mundos paralelos. El autor del diario se refería con suma excitación sobre la posible existencia del multiverso. Formas de vida, extrañas y exóticas que no podríamos ver en este universo gracias a las estrictas condiciones para la vida en la Tierra. Mundos en donde todo lo que creíamos saber era totalmente distinto ya que las leyes de esos mundos no eran nuestras leyes. El proyecto estaba ajeno al ojo público, y las instalaciones estaban bajo tierra. Había unas fotos de las instalaciones en la siguiente página. Su corazón casi sufre de un infarto ya que esas fotos eran exactamente iguales a las de esas instalaciones de sus pesadillas. Todo era idéntico, el impacto de esta extraña revelación le había dejado estupefacto. Notaba como se le helaba la sangre pero aún así siguió con la lectura. Su alma estaba apegada a este extraño libro como si ese objeto ejerciera una desconocida fuerza sobre él. Por cada palabra que leía cada vez los recuerdos de sus sueños iban apareciendo hasta que, en un descuido, se le cae el diario. Nada podía describir el impacto que le vino a William. De entre el caído diario salió una foto en donde aparecían todos los trabajadores de ese proyecto, pero de entre ellos apareció él. Él formaba parte de ese proyecto. ¡Él era el autor del libro que estaba leyendo! Su cabeza empezó a dar vueltas y una tormenta de flashes aparecían ante él.

De pronto, su ser ya no se hallaba dentro del psiquiátrico, ahora se hallaba en un pasillo oscuro de paredes grisácea, al frente de ese pasillo se encontraba una entrada. Caminó hacia esa entrada, a dudosos pasos, como si algo lo llamará a ese insólito lugar, el miedo poco a poco se apoderaba de él por cada paso que daba hasta que estuvo enfrente de la puerta. Su corazón latía cada vez más rápido, las fuerzas misteriosas lo instaban a entrar a pesar de que él no quería.

Su ser no pudo aguantar más y obedeció a esos impulsos, cuando entra al lugar observa que se encuentra dentro de las instalaciones de ese proyecto secreto de se encontraba en su diario de pastas oscuras. El lugar era una especie de laboratorio, de paredes ortogonales, iluminada por unos focos de luz que alumbraban las paredes de colo verde oscuro. El centro del laboratorio estaba protegido por unas paredes de cristal reforzado, el centro estaba custodiado por una serie de equipos tecnológicos que parecían ser los controles del experimento. Dentro del centro se hallaba una construcción de forma circular, la cuál estaba conectada por unos anchos y largos cables que estaban conectados a los puntos de control.

William pudo notar de nuevo la similitud de sus sueños con el Proyecto Elseworlds, de pronto las personas que se hallaban en el laboratorio se voltean y lo saludan con un Buenas noches, William. Instantáneamente, alguien le agarra por el hombro derecho, William se voltea y lo que vio lo dejó una vez más estupefacto. Era el Padre Jacobs, ¡era él! Estaba vestido con una bata de laboratorio y tenía un carnet enganchado en ella. El carnet presentaba el nombre de Adrian Wells, aquello lo dejaba aún más sorprendido. ¿Que hacía un clérigo en un laboratorio? ¿Por qué se llama así? De pronto, se da cuenta de que él tenía también una bata de laboratorio y un carnet con su nombre escrito, William Sheffield. Todo esto le resultaba muy confuso…

-William, la gran noche se acerca-decia Jacobs emocionado.

El Padre le hace señas para qué se acerque y vea el proyecto intentando abrir una entrada hacia esos extraños y exóticos mundos que ofrecía el multiverso. William se acerca decidido ya que, posiblemente, estos sueños podrían explicar su tan anhelado pasado desconocido. Se acerca a los puntos de control, y ve que sus manos empiezan a trabajar solas al ritmo de los demás científicos. Aquella construcción de forma circular empieza a emitir una serie de luces azules hasta formar un portal que conectaba a una dimensión desconocida. Todos empiezan a alegrarse, ¡por fin habían creado un portal interdimensional!, ahora sólo faltaba ver con que lugar habían contactado.

De pronto, el lugar empieza a temblar y unas luces rojas de peligro empiezan a iluminarse. El portal empezaba a descontrolarse, una serie de rayos empiezan a salir de allí y destruían el cableado. Del portal emergían unas extrañas criaturas, estas criaturas no eran visitantes benignos, eran los monstruos de las pesadillas de William. Todos empiezan a asustarse ante esos monstruos de piel leprosa y horripilante, sus dientes afilados estaban preparados para la más atroz matanza. Esos monstruos destruyen, en un solo segundo, el cristal reforzado, mandando trozos de vidrio hacia la piel de los hombres de bata blanca.

Una horrible matanza se gesta allí, gritos de dolor y litros de sangre abundan en el ambiente, William se encontraba asustado, veía como esos demonios arrancaban con facilidad los brazos y piernas de los trabajadores del Proyecto Elseworlds, con sus dientes afilados se comían las extremidades arrancadas cuáles perros salvajes y, se abalanzaban a lo que quedaban de cuerpos. William no daba crédito ante esa horripilante carnicería, su cuerpo se encontraba paralizado ante ese espantoso acto. De pronto sintió que alguien le agarraba el hombro derecho, para su alivio era el Padre Jacobs( o Adrian Wells según su credencial).

-William, ¡debemos escapar de aquí!-

El señor Jacobs coge de su mano derecha y se fue corriendo junto a él hacia una entrada secreta. Cuando la puerta fue abierta, una de esas criaturas logra verlos y comienza a perseguirlos. Allí se encontraban los dos, huyendo por aquel pasadizo secreto, podían oír como ese ser echaba por su boca una serie de sonidos extraños como si fuera algún mensaje de ultratumba.

Al instante, otro flash atrapa a William y lo transporta a otro lugar. Se encontraba ahora mismo en una casa que le parecía familiar.

-Debemos huir de aquí, no estamos a salvo-hablaba una voz que le era familiar, no, no era familiar, era su voz.

William otra vez se asombra, se estaba viendo a si mismo, podía ver como "él" estaba empacado sus cosas e instaba a… su esposa e hija a escapar. El señor Sheffield sintió una enorme alegría al ver de nuevo los rostros de aquella familia que tuvo. Intento abrazarlos pero no podía, no podía tocarlos mas bien los atravesaba como si fuera un fantasma. Nadie del lugar notaba su presencia pero él sí podía verlos.

-Cariño, debes escucharme aunque esto suene a locura, sí, es una locura pero es la maldita realidad… Hemos abierto una entrada a esos seres hacia esta dimensión, ellos me están buscando para atraparme. ¡Debemos salir cuanto antes!-

Las caras de su mujer e hija eran una mezcla de preocupación y miedo, intentaron calmar a William mas este hacía caso omiso.

-Debéis entenderme, no estoy loco, sé lo que ví, y lo que ví no se parece a nada que haya sido concebido en este mundo… Adrian nos estará esperando allá a las afueras de la ciudad-

William empezó a notar de forma misteriosa como algo se acercaba a su casa, el aire del ambiente se tornaba gelido y siniestro.

-Ya están aquí- dijo asustado

Esos seres abominables invadieron la casa, destrozando todo y haciendo lo único que sabían hacer:matar.

Todo se envolvió en una grotesca escena de horror y sangre por doquier. La esposa e hija de William fueron torturadas y desmenbradas delante de sus ojos. Dicha visión del pasado fue horripilante para él, fueron esos seres los que acabaron con todo aquello que él amaba, con sus garras del inframundo arrebataron las almas de su preciada familia.

Otra visión del pasado se le aparece ante él, podía ver cómo entró por primera vez a ese maldito manicomio. Podía verse a sí mismo pidiendo ayuda…

-¡No lo entendéis! ¡Yo nos las maté! ¡Fueron esos seres infernales! - decía llorando ante un psiquiatra.

Vio como los días pasaban como hojas de otoño al viento, pudo verse a si mismo siendo medicado y electrocutado con "terapias" de electroshock. Todo bajo la excusa de que estaba demente y que debía ser tratado. Todo esa visión de recuerdos hizo volver al William del pasado, un William que distaba de aquel hombre desorientado y traumado del psiquiátrico. Un destello luminoso se apareció ante él llevándolo como el navegante del río Estigia hacia el mundo real.

-Toda mi vida fue una completa mentira… Tengo que salir de aquí - hablaba con la respiración entrecortada.

El tiempo afuera del psiquiátrico era inestable, en el cielo tronaba una gran serie de truenos, un cielo oscuro se alzaba delante de los barrotes de la celda de William. Una gran tormenta caía sobre la tierra, el viento se alzaba imponente, moviéndose fuertemente sobre la rama de los árboles y matorrales. William empezó a notar que algo maligno se estaba acercando…

-¡No!¡Ellos no pueden estar aquí de nuevo! -

El manicomio estaba tornándose en un ambiente inestable, los monstruos que la habitaban empezaban a lanzar alaridos indescriptibles. Podía sentir como la tierra se movía y como el sonido del caos se alzaba sin frenesí.

-¡William! ¡Ven conmigo! - hablaba una voz que le resultaba familiar.

Era su amigo de toda la vida, el que una vez era el Padre Jacobs: Adrian Wells.

-¡Adrian! ¿Dime por favor que esos monstruos no han vuelto?- la voz de William sonaba asustada.

-¡William!¡Has recuperado tu memoria!-Adrian estaba emocionado al saber que su amigo estaba de vuelta, quería abrazarlo pero no podía, sabía que no era el momento adecuado-¡Han vuelto! ¡William tenemos que huir de aquí!-

William escapa de su celda junto con Adrian no sin antes llevarse su diario. Los pasillos del Psiquiátrico estaban destrozados por completo, las paredes habían sido rasgada de forma profunda por una especie de garras, de esos cortes emanaba un olor nauseabundo e indescriptible, de esos cortes salía humo.

-... Nizar'bashará… - decía Adrian consternado

Multitud de cuerpos inertes yacían en el suelo, estaban desmenbrados y presentaban cortes en sus cuerpos pero esos cortes parecían haber sido hechos con metal al rojo vivo. De sus vientres salían sus intestinos y otros órganos internos. Todos presentaban una mirada de horror grotesca. Aquella matanza dejaba asustados a los dos amigos, era volver a ver el pasado, un pasado que se estaba repitiendo entre gritos de dolor y agonía.

De pronto sintieron que algo les observaba desde las sombras. Podían oír sonidos indescriptibles, unos sonidos que no podían provenir de este mundo.

-¡Corre! - grita Adrian.

Ambos corrían lo más rápido que sus piernas les permitían, ese ser estaba cada vez más cerca…

-¡Adrián, no!- grita asustado William

Aquel monstruo había atrapado a Adrian, empezó a arrastrarlo a través de las oscuras sombras.

-¡William vete! ¡Corre! ¡No te preocupes por mí, lo único que quiero es que sea libre!... ¡Corre!¡Escapa de este lugar! -

Aquella horripilante mascota se lo lleva, lo único que se oía eran gritos y llantos de dolor. William corrió con todas sus fuerzas, podía ver la salida. Estaba tan cerca, no debía mirar atrás. Debía hacerlo por Adrian. Lo tenía tan cerca. La puerta…

El diario de Belknap

Horrible masacre perpetrada en la Casa de los Locos

En el Centro Psiquiátrico Renacimiento, vulgarmente conocido como Casa de los Locos, han sido hallados alrededor de las 8:00 AM una multitud de residentes asesinados de forma horrible. Nadie sabe que pasó. Según fuentes policiales, existe la posibilidad de que haya habido una revuelta entre los residentes del manicomio aunque es difícil de creer por el estado en que se encontraba el Centro y la forma en que se hallaron los cadáveres. Por cuestiones de seguridad, no podemos mostrar las fotos por temor a que alguien se asuste. Hay algo que desconcierta del caso y es que se hayo el cuerpo del Padre Jacobs, líder de la iglesia que hay en el pueblo, todavía no se sabe por qué estaba allí en ese momento. Otro dato interesante es que revisando los cadáveres faltaba el cuerpo de un residente, William Sheffield. Nadie sabe dónde está, parece que desapareció. La policía sigue investigando la escena del crimen. Estos son los datos que nos han proporcionado, solo nos queda esperar que se resuelva esto. Hasta luego.