No fui a la fiesta. ¿Un error de cálculo o fue mi propia decisión? No me arriesgaré. Fumo marihuana y las provisiones disminuyen cada vez más. Me quedare sin nada, y probablemente, enloquezca, y termine en las peores, pidiendo de morfina en los pasillos de un hospital.

Sí fui a otro festejo, cerca de donde se queda Sabado, y me disfracé de un ex presidente norteamericano con playera hawaiana y pantalones negros. Bailaba y Kevin anda molesto, cruzado de brazos, en traje de súper héroe, o una cosa así, bloqueando la entrada de la valla, lleno de cólera e irritabilidad juzgadora, y es que terminó peleándose con Rodrigo, que se burló de su baja estatura, y pues nada, es cierto y el tipo lo calmo entre su estupor extraño marginado. "No le hagas caso viejo".

Bebí del cáliz de la maquinación de las brujas esas, que bailaban y se arrimaban cuando tomabas tu trago de la cocina, en donde Tadeo probaba los humos de la bonga, y aquella mujer salía a la parte trasera de la casa, a aspirar coca con los amigos de Baltazar.

—Deberías de evitar meterte esa basura —dijo Rodrigo después de pescar esas pastillas debajo del sillón.

—¿A ti que mierda te importa? —le replicó y pasó a verme seriamente, posteriormente me trajo para sí y me llevo dentro de la casa, a las luces verdes, azules, anaranjadas y rojas en la oscuridad, en donde prosiguieron bailes primarios, y después vuelta al baño sin más que hacer que lo qué hay que hacer.

Son energías que provienen y desfallecen en la nada, aunque ella abrace mis caderas desabrochándome el cinturón y los jeans. A lo qué el sexo oral parece bien por el momento para salirse de ahí. Y no solo del baño extraño, sino de la casa y la fiesta misma.

Mendigar con la botella en el vecindario, medio perdido de los bullicios, festejos y demás mierdas de la noche. Cierto era que había gente disfrazada a fuera, y los fantasmas, tan populares en estos años, flotaban en parejas, grupos, en solitario o de infiltrado.

Las risas de la malicia aparecen en la esquina con más actividad, en donde solo encuentras enmascarados nocturnos silenciosos, sonrientes, calabazas y calaveras; la villanía y la risilla. No se entregan muchos dulces este año, y escucho el sonido de la avioneta en lo alto, junto a una sierra lejana, y un martilleo constante.

Es el campo y es de mañana. Concretó quedó el ritual del festejo, pero traigo el arma y un pañuelo con sangre tibia entre las manos.

El escenario es curioso, no hay nada alrededor; un lote vacío sin secreciones algunas. Musgo en el concreto, y ya era primero de noviembre, otra rotación y resonancia de los acontecimientos, desde que la memoria se convirtió en alguna especie de registro, que nos droga con un sentimiento, y nos hace tener reacciones naturales, y curiosamente ordenadas en el cerebro. Nos dice aquí y allá; allá y ahí, y ahí en nada. Todo es particular desde ahí. Se saboteó una esperanza, en uno de los confines de los estratos mayores, y se me ha acabado el producto sustentable.

Ya era hora. De aquí a la tumba limpio como un ciudadano ejemplar. Se acabo y estuve desecho por las infracciones cometidas, y lo consiento con hierba del inquilino del frente. ¡Qué coincidencias! En mi mismo motel se hospeda el traficante. "¿Enserio?", "¡Sí!".

He mantenido mi peso insospechadamente, aunque me siento fatal. Me deparó para las sospechas estimadas, y no consulto al médico. También noté que el revólver traía cinco balas ahora, y había sido disparado una recientemente por la pólvora del cañón. No recuerdo nada de ello naturalmente. Un blackout sorpresivo, como los que nunca en la vida había tenido.

Se cambió el Tenis por el golf, Wachosky entiende, y se usa el carrito del club, y algún idiota anda tras de nosotros ocupándose de los palos, y ciertas diligencias que les son encargadas por el hombre de la polo azul. ¿Quién? No lo sé, no entendí su nombre cuando me lo presento, pero bebía whisky y fumaba puros en los largos tramos por el campo, y luego tosía sangre en la cena, y su voz era rasposa. Se fue al hospital, pero tardo en irse. "Sí, sí, estas sangrando", le decía, y Wachosky hacia traer al personal para que llamara a emergencias.

Fui a vomitar al baño. No manejo bien las salpicadas de secreciones de otros seres hijos de puta.

No lo tolere, se lo dije a Wachosky, le dije que necesitaba darle una lección y lo hice, cuando apenas salió del hospital. Nada grave, lo bateé y volvió la sangre. "Carajo... ", murmuró algún imbecíl de traje, y le saque los dientes y un cheque de cincuenta mil. Nada en realidad, una propina como acordamos yo y Sabado, poco antes de sacarle el alma con el bat. Se calmó cuando le nombré a la familia y hasta a la perrita de la casa. Les cortaré el puto cuello, y Sábado vigila y le da esa patada en el rostro, como un jugador profesional de soccer.

Me lleve sus puros y los fumamos ya en casa de Baltazar. No estaba; era costumbre, y adquirimos un par de navajas con uno de sus amigos, y dosis requeridas de energía. Luego nos fuimos del lugar, me dijo que necesitaba recoger unas cosas; un arma sencilla que compró él, a dos cuartos de mi cuarto de motel. No se destaca aquí, era un arma común supongo, y el traficante era un hombre de unos setenta años más o menos, y traía sombrero negro tejano, y Sabado me habla poco después de salir, sobre el cargamento de jane, empaquetado al «crudo», por ojos rasgados.

Poco después, me enteré que utilizo el cheque para pagar la mercancía, que ya había cobrado del bastardo del club.

—Alright.

—Alright.

Escucho, y veo cómo cierran el trato, y el asiático sonriente, y Sabado indiferente.

Yo espero en una esquina de la habitación, y observó al otro oriental en la esquina, quieto y asesino.

Tuve que admitir que el plan de vender la mercancía no me sonaba mal, bajo las circunstancias que me abrigan ahora. ¿Cuánto tiempo me queda? No, es un conductor de muertes moralistas. Dos kilos, es algo. Pagamos en dólares, y resulta que la droga no es de los nipones estos. Ellos la adquirieron y la vendieron tan solo; un golpe de suerte. No se pregunta de donde viene, pero uno intuye que es del cargamento confiscado hace varios días por la costa, apareció en las noticias; "Un triunfo policial" y "Eficiencia estatal y municipal" perfilan en todos los medios, y la heroína y cocaína que vienen en toneladas, están confiscadas en alguna parte. Evidencia y destrucción, ¿quizás?

Sábado recolectó cuatro kilos más, y volvimos a toparnos con los asiáticos, después de los federales. Después se mete al mercado, y no se adultera o siquiera se toca, a menos de cortarla y probarla, en el momento que se compra. No hay concepciones más de aquí y allá, cuando Sabado me dice que me devolverá el dinero, una vez saque las ganancias a flote de su "pequeño proyecto", pero como toda promesa, no es más que un nada en los nadas, le tuve que arremeter un rato, y se defendió lo suyo, y me largue en el transcurso, de que el casero era burlado groseramente por mi amigo. Me pareció mal, así que le dije que le invitaría un bar en la parte de abajo de su edificio, y puse LSD a su bebida, porque estaba muy agitado, de las confesiones necesarias para que este individuo sepa, de que el simpático Sabado, no era más que un hombre ampliamente satanizado en bondad absoluta, y que de forma de burla, a veces me decía que el casero es un perfecto imbecíl, al creer que un convenio de pagos no estipulados y plazos muy largos podría funcionar. "El muy puto piensa que le voy a pagar".

—Sí, es cruel. Se lo dije, y él necesitaba un poco de adrenocromo. Le dije, «¿Sabes, esa cosa ni siquiera existe, y por favor, ponte los malditos pantalones», porque es un jodido proxeneta. ¿No lo sabe? ¿Chicas? Jajaja, usted me divierte señor. ¿Qué, mi nombre? O, verá, no le pregunté el nombre, por que no quería arruinar la discreción, es que soy político.

—¡¿Político?! ¡¿Eres político?! ¡Perfectos cerdos los jodidos políticos!

—¡Shhh! ¡No ves que nos ven! ¡Míralos, te ven! Saben que vamos con ellos. Hay que largarnos, me temo que aquí no sobreviviremos por tus estupideces... Dame dinero para pagar. Todo, lo necesitaremos todo. Dame tu billetera, bien, hay que largarse. ¿Pagar la cuenta? No, aquí tengo la cuenta. Ven, hay que largarnos. Te mataran a ti primero, y luego a mí...

« ...Nos destriparán y juzgarán con sus miradas simplonas. Nos atravesarán con estacas como al jodido santo, y vamos a palidecer mientras tu familia llora en cuclillas. Después te echarán a los perros, y yo escucharé tus aullidos; a mí me perdonarán, porque, a alguien tienen que perdonar, ¿no?»

Lo pierdo por un callejón, y sé de él por una cafetería, al mirar las noticias en el televisor. Lo juzgarán, lo encontraron con sales de baño desnudo. Descuartizo una cabra, y le corto la cabeza a una figura publicitaria, defecando unos palmos al frente. No lo ví, pero puedo sentir el grito del que limpia y arregla esas cosas. Vaya mundo, eh.

Veneno a las tres de la tarde. Me quede dormido en el sofá. Huele mal y escucho disparos. ¡Mierda! Atraviesan los cristales, disparan acá, allá, y es un combate posterior silencioso, sus pausas y demás, me dan el tiempo de preparar el arma; cinco balas cargadas; no está tan mal, y se hace el silencio cuando el motor de un carro suena y huye.

Salgo del cuarto y me encuentro con la vista de la puerta del vendedor del frente, abierta de par en par. Sangre y una mano mostrándose, cerca del carro verde.

—Más muerte.

—Es lo que es la vida.

Volteé a un lado mío y era la escritora. Su mirada lúgubre me dio escalofríos.

—A la mierda la vida —le dije.

—A la mierda la muerte.

Los dos nos miramos.

—Es hora de irnos. La policía no tarda en llegar.

—¿Por qué la prisa? ¿No tendrás algo que esconder, verdad?

—No me gusta contestar preguntas. Se pierde el tiempo en ellas generalmente.

Ella me tocó el hombro y me vio con cariño.

—Cada quien cree en lo suyo —dijo y se fue a su cuarto.

¿Ya habrán marcado a la policía?

No, salí y aún nada. "Vaya mierda de lugar", diría Pete al pasar por aquí el día siguiente. Ya habían listones amarillos en la habitación, y yo me había regresado a casa. Mi gata me recibe efusiva como siempre. Ronronea, y pago a la que limpia y atiende el lugar y las plantas; tengo diversos especímenes en el balcón. Y después la despido; no soy bueno en esas cosas, y la herbolaria agarra sol y recibe el agua necesaria, y un cactus pequeño, está cerca de la ventana, por la sábila de la sabiduría en el banco.

Dos días pasaron, y Sabado me hacía entregar la mitad de mi dinero con un mensajero joven cicatrizado, y luego me comentaba de otro encargo por teléfono, a minutos de haber recibido el efectivo, y no es nada claro. "Nos escuchan", dice y cuelga. ¿Qué carajos? Y nada, el ronroneo del gato por el sofá, y después enrolar algún frajo de marihuana, y poner el incienso que es una cosa de puro placer de olfato.

Me he vuelto descuidado a los días, y semana. Hay un desastre que solo crece y crece en la cocina, y Mary maúlla tenue cuando la mimo y lame la lata de atún del suelo ronroneando.

En la sala hay polvo; lo odio pero lo estimo. Es el pariente lejano que nunca habla. Lo tengo en la punta de los dedos al tentar la repisa, y se le prende fuego a los recibos en el patio trasero, cerca de la pared de concreto del vecino, cosa que los alteró por el humo un tanto y vinieron a tocar a mi puerta; Tomamos té y el señor aquel pone un poco de whisky en la taza de su esposa, y me guiña el ojo. Los eché de inmediato, de la manera más educada posible. "Sí, sí. Ándate a la mierda", y él agacha la cabeza, y su esposa se pone histérica; andaba ebria.

Escribo en soledad pasado el reporte de los asuntos prioritarios de la transferencia cultural y social histórica del mundo actual. Todo viene del pasado y las blasfemias son un extra pintoresco, de las comunidades repetidas y grotescas de gente primaria primate intelectual. Destruí la computadora; no podía más y lloré de pena. Me largue un rato y termine en la casa de Pete. Traía una reunión, fumamos hierba y la bebida era mucha.

Pete esta metido en un par de negocios. Está forrado de dinero últimamente, y me invita a eventos de cada vez más grande escala. La champaña de diez mil pesos me impresiona, se lo digo y la bebo, y un tipo derrama la botella seguido de nuestra mesa, y otra sale disparada burbujeante, y cae en las copas de los jóvenes enfiestados. "Son muy jóvenes para apreciarla", dice fulano, y Pete se va con una mujer al cuarto de arriba.

Me largo a la calle, a los comercios, al cruce; en medio de la calle. Atroz crimen perfila a pasos futuros. El tráfico es una pesadilla; atropellaron a un señor, lo tienen cubierto. "Pude haber sido yo", hace eco en la mente del joven que lleva rato petrificado; él que vio la guadaña en forma de taxi, fue el obrero que iba camino a casa. Aquí la vida es mejor. No tanto, es un poco vulgar a la distancia. Son las miradas, es que traigo cara de haber visto la infamia en persona. Jesucristo. ¿Qué hora es? ¿Qué día? Son las superficies del puente. Se inyecta en la oscuridad, los he visto; hemos hablado. No tienen a nadie; no tienen nombres. Los pasados quedan desaparecidos, y sus cuerpos aún tienen órganos que sirven. "Vaya que el hígado ya se les jodió", dijo Baltazar, no había dormido en semanas. "Necesitaría algún buen cirujano, pero digamos, ¿cuánto se le puede sacar a un ser humano?". Ni idea, ¿de qué hablas mierda? ¿Quién es este jodido imbécil? "Hey, hey, tranquilo, tranquilo", y Baltazar calma los humos por un momento. Le dije que lo acuchillaría al salir; no lo hice, lo olvidé por completo: estaba perdido y deformado.

Termine alquilando otro cuarto por el culo del diablo; No hay hielos aquí, pero esta bien porque ya se siente el frió. Tiemblo y tirito en sacudidas despertando el alma: encendiendo las calderas. Se me acaba la marihuana, tendré que volver a abastecerme; sacar más dinero del guardado.