Hola a cualquiera que se haya animado a leer esto. Esta historia hace parte de otra que estoy escribiendo, con los mismos personajes pero mayores y la hice para quitar mi estrés (?) sería como un momento fugaz en la vida de estos personajes, y la quise compartir aquí porque... bueno, ¿por qué no? jaja

No hay mucho que tener en cuenta aquí. Es un mundo en guerra, pero en la época moderna. Eso es todo.


Bloques de Colores.

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Los bloques se amontonaron uno tras otro y a pesar de que Amanda hizo todo lo posible por hacerlos encajar y desaparecer, apretando botones sin parar, no pudo evitar que la pantalla alumbrara "fin del juego". La niña dejó escapar un resoplido antes de reiniciar la partida, convencida de que esta vez seguro pasaría de nivel.

—¿Qué es eso? —dijo una voz gélida por encima de su hombro, haciéndola saltar de susto y tirar la consola que había estado sosteniendo, fuera de sus manos.

Amanda Se acurrucó inmediatamente, abrazando sus piernas contra su pecho y enterrando la cara en sus rodillas mientras se encogía temerosa sobre sí misma, emitiendo sonidos cada vez más desagradables y ominosos, a la espera de cualquier señal de agresión. Sin embargo, eso fue lo único que sucedió; no hubo ningún golpe o una mano apretando su cuello, no se ahogó ni forcejeó con nadie. Casi dos minutos después sin escuchar ningún movimiento sospechoso, Amanda reunió el coraje para mirar hacia arriba.

Sniper, el niño raro que los mercenarios habían acogido hace años, la estaba mirando desde arriba, parado frente a ella.

La niña le frunció el ceño y gruñó enojada, para después tomar su consola y mirar la pantalla. "Fin del juego", leyó. Al menos la pantalla no se había quebrado. Miró a Sniper de nuevo, enviándole su mejor mirada de muerte para que se fuera y la dejara sola. Compañía era lo último que quería en este momento. Había estado jugando para aliviar sus nervios, que habían estado de punta las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana desde que la habían enviado para espiar a la tropa de mercenarios, quienes la habían acogido por ser una niña sola en la mitad de un bosque.

Pero al parecer, mirar mal al niño no funcionó como esperó.

—No te me acerques sigilosamente. Si fuera como tú, te habría disparado.

—Pero no lo eres y yo puedo hacer lo que quiera —respondió Sniper rotundamente, sin mostrar expresión aparente; plano, ilegible y espeluznante, eso es lo que era este niño.

Amanda no pudo soportarlo.

—¿Qué es eso? —él preguntó de nuevo, todavía de esa manera plana y espeluznante. ¿Por qué siempre tenía que recordarle que realmente le disparaba a la gente cuando se le acercaban sigilosamente?

—Un juego —espetó Amanda —. Pensé que eras alfabético, no ciego.

—Analfabeto.

—¿Qué?

—Es analfabeto. No alfabético —dijo Sniper. Cuando estaba de pie junto a ella de esa manera, se veía todo alto y poderoso, y Amanda estaba aún más molesta por eso —. Y no soy ciego ni analfabeto. Simplemente mantienes la pantalla apuntando hacia ti todo el tiempo y nadie puede verla.

Resistiendo la tentación de sacarle la lengua, lo cual era infantil porque tendría once años el próximo año y ya no era una niña de todos modos, Amanda presionó el juego contra su pecho y levantó la cabeza, retando al niño frente a ella. Sniper no reaccionó en lo más mínimo.

Haciendo una mueca, ella volvió a hundirse en su postura anterior. —¿Querías saber a qué tipo de juego estoy jugando?

—Sí.

—¿Entonces por qué no lo dijiste?

—¿Por qué estás tan enojada?

«Porque yo soy la espía y tú eres el niño mercenario espeluznante. Se supone que no debemos llevarnos bien». —Porque eres molesto y no me gustas —y eso también era cierto. Por lo tanto, era la mejor respuesta.

Sniper le dio otra de esas miradas inexpresivas. Luego se dio la vuelta, se acercó a una caja y se sentó ahí, justo como ella lo había hecho.

—Lástima —dijo, mirándola —, soy el único compañero que tienes que no es grande y peludo y tiene tu edad.

Y siguió mirándola durante lo que a ella le parecieron horas. Amanda decidió ignorarlo y comenzar otra partida en el juego. Pero él no se fue, así que ella miró en su dirección y arrugó la nariz en descontento—sin respuesta—; siguió jugando, lo miró de nuevo y le sacó la lengua—sin respuesta—, y siguió jugando. Sin embargo, no había forma de que se calmara de esta manera. Al final, después de mirarlo por milésima vez para encontrarlo todavía sentado allí mirándola, Amanda dejó escapar un suspiro de resignación—y sufrimiento—.

—Es Tetris.

—¿Qué es Tetris?

—¿No sabes qué es el Tetris?

—¿Estaría preguntando si lo supiera?

La niña se encogió de hombros. —¿Cómo puedo saberlo? No eres exactamente humano, ¿verdad?

—No, soy un soldado, así que podría dispararte si no me respondes.

—No lo harías.

—Me gustaría.

—No lo harías.

—Me gustaría.

—No-oh. Le diré al capitán y él te castigará por intimidarme.

—¿Castigarme? ¿Qué significa eso?

Amanda lo miró con la boca abierta. —¿Nunca te han castigado antes? Eso es tan injusto. Mi papá siempre- —se contuvo justo a tiempo, antes de empezar a sentirse cómoda y hablar de cosas que no debía hablar —… siempre solía castigarme.

—¿Qué? ¿plantarte en el suelo como un árbol? —dijo Sniper, en lo que probablemente sería una broma muy a su manera.

Amanda dejó escapar un suspiro, de nuevo. Fue agravante, pero también lamentable, en cierto modo. Sniper simplemente no tenía ni idea. Tal vez debería compadecerse de él y tratar de civilizarlo un poco. Dios sabía que ella tendría mucho que compensar en el departamento de buenas acciones.

—Mira —lo llamó, y le indicó que se sentara a su lado para poder mostrarle la pantalla —. Tetris es donde pequeños bloques de colores en diferentes formas bajan desde la parte superior de la pantalla y tienes que moverlos para que se alineen. Siempre que una línea está llena, desaparece, y debes mantener las líneas desapareciendo o de lo contrario la pantalla se llenará de ellos y perderás el juego.

El niño miró de cerca la pantalla mientras ella explicaba y demostraba al mismo tiempo, y asintió una vez que ella terminó de hablar y empezó una nueva partida, hundiendo botones furiosamente para no perder.

—¿Y cuándo hayas eliminado todas las líneas, corres?

Amanda frunció el ceño, solo levantando la vista de su juego momentáneamente. —No. No puedes correr en este juego. ¿Por qué lo harías?

—Como en el campo de batalla. Una vez que los enemigos estén alineados y en tu campo de visión, puedes hacer estallar una granada y los demás quedarán atrapados en la explosión. Cuando eso suceda, habrás roto sus líneas y podrás escapar.

—Ugh. Eso es deprimente.

—Creo que es más deprimente que esos bloques sigan llegando y nunca puedas huir de ellos.

—Se puede poner el juego en fácil o simplemente apagarlo si te frustras —dijo Amanda, en su mente terminando la frase con un 'tarado'. ¿No era eso lo más obvio del mundo?

—Puedes bajar tu arma, rendirte y dejar que te hagan estallar —replicó Sniper. —Eso no significa nada.

La melodía de la victoria comenzó a sonar desde la pequeña consola, y Amanda dejó escapar un suspiro de alivio a pesar del tono de voz de Sniper.

—Bueno, después de un tiempo el juego termina —dijo, y se lo mostró —. No tendrás que seguir jugando al mismo nivel para siempre. Una vez que ganes, pasas al siguiente nivel. Pero será más difícil, así que tienes que seguir mejorando para seguir ganando.

Sniper miró la pequeña pantalla que le empujaban a la cara, un poco bizco y sin parecer demasiado impresionado. —Uhm.

«Este niño nuca cree nada de lo que le digo» pensó Amanda. —¿Quieres probar?

—Pensé que yo no te agradaba.

—Bueno, está bien, no puedes intentarlo —ella resopló, y se reacomodó en la caja, sentándose de espaldas a él para reanudar su juego.

Pero antes de que supiera lo que estaba pasando, Sniper le había quitado el juego de las manos. Amanda terminó inclinada sobre su hombro, mirando, dando pistas y advertencias, y riendo un poco cada vez que él obtenía un "fin del juego".


—¡Capitán, deténgase! —dijo Sniper con urgencia.

El hombre inmediatamente apretó de golpe los frenos del vehículo. Los neumáticos chirriaron, el camión se balanceó debajo de ellos, los dados de la suerte en la ventana se sacudieron salvajemente. En un instante, unos pitidos furiosos sonaron detrás de ellos. Bueno, eso fue un alivio. Si hubieran causado una colisión con un vehículo civil al detenerse tan abruptamente, el enorme camión de carga en el que se encontraban ni siquiera se habría estremecido para avisarles. Miró a Sniper y Amanda, que estaban presionados contra la ventana de la puerta en el lado opuesto del vehículo, señalándose y susurrándose el uno al otro.

El capitán contempló el espectáculo con desconcierto. Escanear la calle por sí mismo no dio ninguna explicación de por qué su joven encargado lo había hecho detenerse en medio de una carretera transitada. —¿Dónde está el fuego, chico?

Sniper volvió la cabeza hacia él, pero nunca dejó de señalar. —No nos atacan, señor. Sólo necesito algo de dinero —luego se volvió hacia Amanda —. ¿Cuánto era?

La niña se mordió el labio, pensativa. —No lo sé. Fue un regalo.

—¿Rompiste algo? —preguntó el capitán a Sniper.

—No. ¿Su billetera, señor?

El mayor sacó su billetera del bolsillo trasero y se la entregó al niño. Lo conocía desde hacía mucho tiempo, incluso desde antes de que hablara correctamente. Seguramente tenía una buena razón para hacer esto. Sniper sacó algunos billetes, le devolvió la billetera y trepó por las piernas de Amanda para salir del camión.

El capitán vio al niño correr por la acera y desaparecer en lo que parecía, desde la pequeña imagen en el espejo, ser una juguetería. Con las cejas arqueadas en asombro, se volvió hacia la niña rubia. —¿Qué está sucediendo?

Amanda hizo un puchero. —Le dejé jugar Tetris con mi consola y luego no quiso parar aun cuando se la pedí. Así que lo amenacé con que, si no me devolvía mi juego y conseguía el suyo, lo besaría.

Le tomó un largo rato asimilar eso al hombre. Se quedó mirando la puerta abierta del camión por la que Sniper había desaparecido y luego miró a la niña hosca y de rostro enrojecido. No comprendió la situación hasta que se encontró riendo. Amanda cruzó los brazos sobre el pecho y miró hacia otro lado tercamente, pero él le dio una juguetona palmada en la cabeza y se sentó cómodamente en su asiento, dejando que los autos detrás de él tocaran la bocina al contenido de su corazón.

«Ah, estos muchachitos», pensó con un suspiro. «Lo siguiente que sabes es que serán novios. Están creciendo muy rápido».

Por dentro se secó las lágrimas de emoción del único ojo que le quedaba, riendo disimuladamente todo el tiempo.


Y eso es todo. Cuando termine la historia a la que esto pertenece originalmente, tal vez me anime a publicarla aquí también.

¡Muchas gracias por leer!